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Archive for 31 marzo 2009


Artículo: Perezosos Mentales

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el lunes 30 de marzo de 2009

Publicado en la Red el martes 31 de marzo de 2009

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur

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¿CUÁNTA GENTE HABRÁ VISTO, TRATADO Y/O ESCUCHADO USTED que solamente se expresa en términos, palabras y actuaciones negativas y derrotistas? Seguramente dirá que son muchísimas, y está en lo cierto, pues un porcentaje muy elevado de la población mundial vive en una continua y permanente sombra de ignorancia, apatía, fracaso y desesperanza. Han olvidado que son seres vivos, criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios, que han nacido para ser prósperos, exitosos, triunfadores, para alcanzar cualquier meta o propósito que se hayan trazado. Los seres humanos están dotados de inteligencia, de capacidad mental, de facultades extraordinarias tanto sensoriales como extrasensoriales, para vencer cualquier obstáculo o adversidad. Por allí existe una máxima que repiten aquellos que utilizan su mejor esfuerzo para cumplir sus ideales: “QUERER ES PODER”. Aclaro que cuando utilizo el vocablo extrasensorial no necesariamente me estoy refiriendo a la parapsicología, al espiritismo, al esoterismo, a la cábala, al rosacrucismo, a la Nueva Era o a cualquier otra secta reñida con mi profesión de fe católica. A lo que me refiero son a los dones del Espíritu Santo: el don de ciencia, el don de la palabra, el don de piedad etc.

Tal como lo has leído… “SI LO QUIERES… LO PUEDES”. Lo primero que debes hacer es establecerte una meta o fin, algo que quisieras lograr: un titulo profesional, el triunfo o campeonato en algún deporte, ser un empresario próspero, ser un destacado sacerdote, distinguirte por tu solidaridad con los demás, el reconocimiento social por la justicia con la que actúas, ser auténtico seguidor de Cristo, alcanzar la presidencia u otro cargo político de importancia, ser un buen docente, profesor o maestro. Una vez que hayas delimitado tu aspiración, es tiempo entonces de realizar todas aquellas actividades tendentes a facilitar su logro. Es muy, pero muy importante el ejercicio de una facultad con la cual Dios nos dotó: la facultad de imaginar, de hacer representaciones mentales, de visualizar aquello que deseamos. Mientras más vívida sea la visualización mental, mientras más te vincules con ella, más deseos e inquietudes te sobrevendrán para materializarla. Hay que soñar despierto. Soñar despierto es vivir interna e intensamente lo que deseamos y queremos.
Pero siempre hay perezosos mentales que son incapaces de generar un sólo esfuerzo para alcanzar algo. Son como aquel personaje del chiste que se cuenta en mi ciudad de Maracaibo, que fue a buscar trabajo, el patrono le dijo que efectivamente contaba con una vacante y que debía comenzar desde ese mismo momento, a lo cual este personaje contestó: ¡EL TRABAJO QUE BUSCO NO ES PARA MÍ, SINO PARA MI HERMANO!. Aquí la pereza además de mental es física. Para ser un ciudadano digno, ejemplar, capaz y decente, se requiere en principio ser un buen cristiano, y además ejercitarnos con asiduidad en el gimnasio de la fe, de la esperanza y del esfuerzo.

A continuación tomo prestadas las siguientes líneas, tendentes a reforzar lo que ya expuse:


“LA EFICACIA DE LA ORACIÓN: ¿Por qué pedimos y no recibimos?


Dios no necesita que le expongamos nuestras necesidades, dice el Evangelio. “Bien sabe vuestro Padre lo que necesitáis” (Lc. 12, 30), pero en la práctica quiere que humildemente se las expongamos como si no las conociera; que le pidamos con fe (oración de corazón) y humildad todo cuanto necesitemos, pero dejando en Sus manos la solución.


En el Evangelio se dice que TODO CUANTO PIDIEREIS EN LA ORACIÓN. Observen que dice “Todo cuanto pidiereis en la oración, como tengáis fe de conseguirla, se os concederá” (Mc. 11, 24). Dos cosas son necesarias: 1º Fe y 2º No vacilar.


Muchas personas se preguntan: ¿por qué Dios no responde a nuestras oraciones? O en otras palabras: ¿por qué nuestra oración no es siempre eficaz, o por lo menos parece no serlo?


Entre los católicos, unos dicen que no somos oídos porque no oramos con la debida humildad; otros porque nos falta la perseverancia; otros porque no nos resignamos a la voluntad de Dios; y la verdadera razón, si no la única de que nuestra oración deje de ser eficaz, es pura y llanamente PORQUE ANDAMOS VACILANDO. Y esto no es opinión nuestra, es sentencia de Cristo: “En verdad os digo que, si tenéis fe y no andáis vacilando, no solamente haréis lo de la higuera, sino que, aun cuando digáis a ese monte, arráncate al mar, así lo hará, y todo cuanto pidiereis en la oración, si tenéis fe, lo alcanzaréis” (Mt. 21, 22)

Y a Sor Josefa Menéndez la reveló particularmente esta misma doctrina que estamos enseñando, al decirle: “Si vacilan, si dudan de Mí, no honran mi Corazón. Pero si esperan firmemente lo que me piden, sabiendo que sólo puedo negárselo si es conveniente al bien de su alma, entonces me glorifican”


Cristo no puso un límite ni a su omnipotencia ni a nuestra confianza. Dios quiere que le pidamos como a Padre, con entera confianza de hijos. Al Padre le toca discernir si las concede o no.


Basados en estos mismos principios de Fe y Esperanza, Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, le hicieron aquella famosa petición que tanto molestó al resto de los apóstoles. “Maestro, quisiéramos que nos concedieses TODO CUANTO TE PIDAMOS”. Y el Señor, sin reprenderlos en lo más mínimo por la palabra TODO, les preguntó: ¿Qué cosa deseáis que os conceda? Y cuando la oyó, les contestó: “No sabéis lo que pedís” (Mt. 20, 22). Sin embargo, a pesar de que “no sabían lo que pedían”, sacaron al final un asiento muy elevado en el reino de Dios: “Os sentaréis (les dijo a los doce) sobre doce sillas, juzgando a las doce tribus de Israel”. Y en la última cena, cuando instituyó la Eucaristía, el Sacramento del Amor, se sentaron uno a la derecha y el otro –según revelaciones de Anna Catalina Enmerich- a la izquierda.


Muy pocas personas hay en este mundo que, de una manera constante y ordinaria, sepan pedir lo que ellas mismas quieren en las diversas ocasiones de la vida. El andar vacilando de una cosa a otra es lo más común, y aunque en ocasiones tomemos una resolución que aun a nosotros mismos nos parezca definitiva, todavía pasa, con demasiada frecuencia que “llevamos la procesión por dentro” temiendo que hayamos hecho un disparate. Es el “no sabéis lo que pedís”. O dicho de otro modo: “vacilamos en nuestra oración”, pues algo nos dice en nuestro interior que esa petición estaba viciada de pasión o ambición personal desde la raíz.


¿Por qué Dios, decimos en ocasiones, no ha escuchado mi oración? Esto es lo que se llama el problema de la oración no respondida. Nuestra respuesta es la de Santiago: “Pedimos y no recibimos, porque pedimos mal” (St. 4. 3). Y pedimos mal, porque pedimos –entre otras cosas- sin la debida fe, y sobre todo porque andamos vacilando, amén de querer satisfacer nuestras pasiones poco ordenadas.

EN DIOS NO HAY EXCLUSIÓN DE PERSONAS


Cuando Jesús dijo: “Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá” (Mt. 7, 8), no hizo exclusión de ninguno, fuera israelita, romano o cananeo; y así Cristo, admirando la fe de la mujer sirio fenicia (de religión pagana), le concedió inmediatamente lo que pedía, obrando un portento a favor, no de ella, que era la que creía, sino a favor de la hija (creyera o no), por la cual la madre, llena de fe, suplicaba.


Nadie puede considerarse excluido. Todo el que pide con fe, sin andar vacilando, recibe, aunque no sea cristiano, sea protestante, o sea un católico muy pecador. Queda, pues, echada por tierra la objeción de algunos: ¿Cómo voy yo a pedirle a Dios tal o cual cosa, si soy un desastre que le fallo a Dios constantemente?


Sobre estas almas, que por haber pecado se sienten alejadas del Señor, dice algo muy consolador el propio Jesús a Sor Josefa Menéndez: “Estas almas no me conocen; no han comprendido lo que es mi divino Corazón…porque precisamente sus miserias y sus faltas son las que inclinan hacia ellas mi Bondad. Si reconocen su impotencia y debilidad, si se humillan y vienen a Mí llenas de confianza, me glorifican mucho más que antes de haber caído”

Todos, por tanto, hombres y mujeres, justos y pecadores, católicos, protestantes, moros o judíos están incluidos en aquellas palabras de “el que pide, recibe”. Dios quiere que todos los hombres se salven, sean justos o pecadores, todos son obra de sus manos, y todo el que pide con fe, sin vacilar, le da Dios ampliamente y con generosidad. La eficacia de la oración está en razón directa de nuestra confianza.


Pero hacemos notar que no se trata de la confianza en la oración, sino de nuestra confianza en Dios. No hay que tener fe en nuestra fe, sino fe en Dios. Creer en la bondad de Dios Padre, que me ha prometido darme todo lo que necesite, si se lo pido sin vacilar. Pero el problema que se suele dar es que el que vive en pecado habitual, el que es consciente de estar separado de Dios por un concreto estado de pecado, y más aún si el pecado concreto es de caridad (odiar o sentir rencor por otros) influye en que disminuya su confianza, y que por tanto su oración sea ineficaz. Por eso el santo es el que más recibe, no porque sea santo, sino porque confía más que nosotros en el amor de Dios. Está más unido a Él y conoce bien su infinita Bondad y su deseo de dar.


“Por medio de la confianza obtendrán copiosísimas gracias para sí mismas y para otras almas. Quiero que profundicen esta verdad porque quiero que revelen los caracteres de mi Corazón a las pobres almas que no me conocen” (El Señor a Sor Josefa Menéndez)


Hay personas que afirman: Le he pedido a Dios que me diera dinero para poder atender a mi hijo que estaba muy enfermo y no me ha escuchado. Conclusión: Dios no me ha oído, luego no existe. Y desde entonces su confianza actual en Dios se ha reducido a cero.


NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA


Si tú tienes la fortuna de saber de un modo cierto “lo que realmente quieres”, tendrás mucho adelantado al hacer tu oración, pues no andarás vacilando de una petición a otra.


Suponiendo que sepas lo que quieres, queda aún por averiguar: ¿Es esto lo que te conviene? Aquí entran de nuevo las vacilaciones. Cristo Nuestro Señor no se comprometió a darte siempre lo que más te conviniera, sino lo que le pidieras con confianza. Por ejemplo. San Francisco de Borja, antes de entrar a jesuita, rezaba por la salud de su esposa enferma con total confianza. El Señor se le apareció y le dijo: “Te concedo lo que me pides: la salud de tu esposa, pero te advierto que ni a ti ni a ella os conviene”. El santo entonces, aceptó con generosidad la voluntad de Dios y su esposa falleció a los pocos días. Por eso, cuando pedimos a Dios algo –sobre todo si es material o de orden natural- conviene que añadamos, al igual que San Francisco de Borja o el mismo Jesús en el Huerto de los Olivos, “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. O bien: “Que se haga, Señor, como tu dispongas”.


Había un padre muy querido en una poderosa ciudad. Enfermó de tifus, y, a pesar de haberle dado la mejor asistencia, siendo asistido por los mejores médicos, su fin se acercaba irremisiblemente, en opinión de los facultativos. Pero fueron tantas y tan fervientes las oraciones que por su salud se hicieron, que finalmente sanó, siendo el caso considerado, por muchos, como milagroso. La oración había triunfado….Dos años más tarde moría en un sanatorio mental, presa de una locura espantosa… Una de las personas que más había rogado, nos decía compungida: “¡Cuánto mejor hubiera sido que muriera de tifus!”. (Cf. Padre Heredia. Pág. 91 Una fuente de Energía)


De aquí deducimos una cosa bien clara: si al orar no nos ponemos en las manos de Dios, diciéndole: “Hágase tu voluntad”, llevamos siempre las de perder, aun en el caso de que nos conceda lo que pidamos.


Sobre esto, en concreto, dice San Agustín:


<>. Luego –concluye San Agustín en uno de sus sermones- no siempre es bueno recibir lo que se pide.


Esto no quiere decir que no pidamos. Todo lo contrario. Hay que pedirle muchas cosas, todas las que necesites, pero mostrándole en esta petición, nuestro sincero deseo de que se cumpla sólo Su santa Voluntad, demostrando con este gesto lo mucho que nos fiamos de Él. La Voluntad de Dios es siempre lo mejor y el mayor bien para el hombre. Este ejercicio continuo de pedir y dejarnos en sus manos irá formando en nosotros el verdadero hábito de la oración y de la confianza. Y esto nos dará paz. Paz aun en medio de la tribulación, la enfermedad o la soledad. Hay personas que nunca tienen paz, porque no terminan de confiar en Dios, y porque creen que sólo si Dios les da lo que ellas creen bueno estarán contentas. Debemos, por tanto, acostumbrarnos a pedir y a depender después de Dios en nuestra petición, que es lo que Cristo nos enseñó de palabra y con el ejemplo.


Pero si, a pesar de todo, nosotros queremos hacer nuestra propia voluntad y continuamos pidiéndole a Dios lo que queremos, considerando que nuestra felicidad está en que me dé aquello y sólo aquello que yo interpreto como lo mejor para mí, puede ocurrir que Él, en algunas ocasiones, te lo conceda, pero…no te quejes después si el resultado no era como tú habías imaginado. Como dice el refrán: “Tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten”(sic).

(por mariamensajera @ 14:41).

Finalmente hay que permitir que Dios entre en nuestra corazón, en nuestra mente y en nuestro espíritu, pero esa entrada debemos desearla, quererla sinceramente, espontáneamente, decisivamente, solamente así tendremos la seguridad de que el proyecto de salvación elaborado por Dios para nosotros se cumpla. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Vídeo Reflexivo: “Te haré pescador de hombres”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el martes 31 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

SIENDO PEDRO PURIFICADO POR SU CONFESIÓN de reconocer a Jesús como el Mesías, al tiempo que se declara pecador y no merecedor siquiera estar en la presencia del Enviado de Dios, le dice el Señor: “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.” Como si le dijera: “Como yo te he atraído a mí, tú atraerás a muchos… No temas el ambiente pecaminoso que te rodee: eres enviado de parte del Señor. Él te dará fuerza, paz y compasión para que conquistes el alma pecadora, y la atraigas a la presencia de Cristo, y quede ‘admirada’.”

Cuando los discípulos llegaron a tierra, “dejando todo, lo siguieron” ¿Qué son las redes, y qué las barcas, ante la belleza y la luz de este Hombre? y tú, ¡oh! alma, ¿acaso todavía sigues cautivada en las redes de tus deseos y de la vanagloria, o quieres ser pescada por Cristo, pescador de hombres?
Del mismo modo podríamos decir nosotros: ¿Qué valor pueden tener las redes del placer, de lo material, de las riquezas, del reconocimiento social y mundano, de la vanidad, de la prepotencia, frente a la excelsitud, grandeza y poder de Dios? Las barcas de la ignorancia, del pecado, de los abusos, de las perversiones, de la s injusticias, de la indolencia y otras barcas son una afrenta al amor, a la misericordia y a la caridad de nuestro buen Dios.

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Vídeo Reflexivo: “La sanación de la suegra de Simón (Pedro)”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el martes 31 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

EN ESTE EPISODIO BÍBLICO PODEMOS NOTAR cómo nuestro Señor Jesucristo apenas cuando le dijeron que la suegra de Simón estaba enferma, no hizo reparo alguno en acudir a la casa donde permanecía para sanarla. Muestra esta actitud de Jesús no solamente su preocupación por los que están frente a él, por los que se relacionan con él, sino también por lo que están ausentes, por aquellos que sufren sus penalidades sin que la mayor parte de las personas se enteren de ello. Por eso Jesús acude a sanar a la suegra de Simón Pedro, no tanto para dejar constancia de su poder sino para que quede como una enseñanza de que las bendiciones, los frutos y los beneficios materiales o espirituales pueden ser recibidos de Dios padre, de Jesús y del Espíritu Santo sin necesidad de que se tenga una vinculación presencial con ellos. Basta tener fe y tener fe como un granito de mostaza para poder asegurar que nuestras oraciones, nuestros pedimentos, nuestras solicitudes, llegarán al conocimiento de Dios, siempre que estén envueltas en una fe infinita, en una subordinación, en un amor y en un afecto sin límites hacia Dios. Nos enseña también este fragmento de la palabra de Dios, la gratitud que debe permanecer en la persona que ha sido beneficiada con el amor de Dios. Es común ver el poco agradecimiento, la ingratitud y la falta de reconocimiento por los favores que se han alcanzado. Una vez que la persona ha recibido el auxilio divino, se olvida de él muy pronto y regresa a su vida pecaminosa, licenciosa y ajena a la orientación de Dios. Es así que la suegra de Simón, al ser sanada inmediatamente se puso a servirles, lo cual habla muy bien de su amor, fe y agradecimiento a nuestro Señor Jesús.

Por considerarlo un interesante, me permito transcribir los siguientes trozos de texto, que podrían ser de gran utilidad para mis lectores:


“La suegra de Simón (Mc 1,29-39)

Nos cuenta el Evangelio d que Jesús se fue a la casa del futuro jefe de los apóstoles y “la suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos”.

Es una sanación más que hace el Maestro, dejando evidente que el Reino de Dios no es solamente algo espiritual, o solamente algo para “la otra vida”, sino que nos compromete con las realidades concretas de este mundo.

El sanó la suegra de Pedro y varias otras personas, sea de enfermedad física, sea de enfermedad psico-espiritual: es un gesto de amor de Dios hacia nosotros, gesto que muestra que nuestras inquietudes le interesan.

Notemos la expresión “se lo dijeron”, para enseñar que hemos de mantener un diálogo fluido con Jesucristo, presentándole también la situación de otras personas a quienes queremos bien.

El Señor nunca se pone indiferente delante de las miserias humanas y toma la iniciativa de hacer algo para mejorar la situación. En este caso, se puso más cerca, la tomó de la mano y este contacto la hizo restablecerse.

La reacción de la suegra de Simón Pedro es ejemplar: “se puso a servirlos”.

Está siempre latente el riesgo de uno de pedir cosas, como sanación, beneficios económicos y tranquilidad y, después de recibir muchas bendiciones de Dios, se olvida de todo, se muestra ingrato y lo que es peor: vuelve a su egoísmo de antes.

Es hermoso pedir con fe por nuestras necesidades y las de los demás también, pero es sumamente necesario ser agradecido al Señor. Y le agradecemos cumpliendo sus mandamientos.

Otro aspecto interesante es la persona de la “suegra”, figura, a veces, tan polémica dentro de las familias.

Hay suegras que son verdaderas hadas y ejercen una benéfica influencia para la pareja, pues saben mantener conveniente distancia, son fervorosas en la oración por los otros y les agrada ser disponibles.

Infelizmente, hay también la otra cara de la moneda: suegras que se meten demasiado en la vida de la pareja, estimulan en el hijo una “eterna mamitis” y les gusta decir que todo lo que la nuera hace está mal, porque no cuida bien de la casa, no sabe cocinar, gasta mucho en la peluquería, etc.

A todos de la familia es fundamental considerar: Jesús nos sana gratuitamente, por lo tanto, levantémonos y pongámonos al servicio de los demás.

(hnojoemar@bol.com.br , Hno. Joemar Hohmann).

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La Nota Corta: “Breves sobre el Síndrome de la Abuelitis”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el sábado 28 de marzo de 2009.

Publicada en la Red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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ME HE PERMITIDO TOMAR ALGUNOS FRAGMENTOS de la súper autopista de la información para introducir el tema de la “abuelitis” que como ya todos deben saber es un fenómeno universal, cuyas consecuencias tienen de cabeza a psicólogos, sociólogos y demás especialistas en la conducta humana.

Nadie ha escapado, y con seguridad tampoco escapará, de este síndrome que transforma a los abuelos, en algunos casos, en verdaderas marionetas manejadas por sus nietos. Observe usted las iniciativas, conductas y hasta posiciones extremas de algunos abuelos. Afirman los psicólogos que este fenómeno ocurre en virtud de que los abuelos se consideran un puente entre la generación nueva de sus nietos y ellos mismos. Toda la severidad, rigidez y forma de educar a sus propios hijos resulta vulnerada, neutralizada y hasta edulcorada tras la presencia de los nietos. Atrás quedaron los duros castigos, las sanciones a conductas inadecuadas de sus hijos, el rigor en el aspecto de la formación educacional y cultural de sus vástagos, para darle paso a la conductas complacientes, amorosas, a las actitudes y decisiones subordinadas, casi totalmente, a la voluntad de los nietos, bien se trate de los pequeñines o de los nietos que se encuentren en la adolescencia, la pubertad, en la adultez o en la madurez. No hay límite alguno para evidenciar la sobreprotección y la aceptación incondicional de las acciones, omisiones y hasta algunas transgresiones de los nietos. Y si usted, amigo lector, se le ocurre la penosa idea de hacerles saber a los abuelos lo nocivo y tóxico de esas conductas, forma de pensar y de actuar, ¡usted se lo ha buscado! Se ha convertido, por ese sólo hecho, en enemigo a ultranza de esos abuelos. Pero veamos el siguiente fragmento, para que de él podamos extraer algunas conclusiones, sin que se requiera de haberse profesionalizado en psicología, sociología o cualquier otra disciplina cuyo objeto de estudio sea la conducta humana; son tan elementales esas consecuencias que se pueden mostrar en unos cuantos ejemplos:


“Soy abuela, que emoción!” “No es por nada, pero mi nieto está bellísimo, sólo mírale esa nariz, igualito al abuelo Toño”, dice la señora María al recibir a su primer nieto en el hospital. La llegada de su nieto es tan especial como lo fue el matrimonio de su única hija. Mejor dicho, no hay palabras para describir los sentimientos que se desbordan al ver al nuevo miembro de la familia. Si pudiésemos tener una fotografía de cómo se ven los abuelos en este preciso minuto verían a dos erguidos personajes de la realeza, orgullosos y llenos de alegría. Es un momento de inspiración al ver físicamente al sucesor de sus esperanzas y sueños a través del nieto. Empieza la “abuelitis”. Inmediatamente se preparan las abuelas para cuidar, asistir y ayudar a los nuevos padres de familia. La abuela María se va de inmediato a hacer compras de todo lo que hace falta al nieto. Busca las sabanitas y camisitas que usaron sus propios hijos, hasta encontró un traje típico para cuando el bebé tenga un par de meses. En casa, empieza a buscar fotos de la infancia de su esposo para mostrar el parecido entre su nieto y el abuelo. El abuelo muy contento se va al banco para abrirle una cuenta de ahorros al nieto y compartir la novedad con la gente. Si antes se reunía a jugar con sus compañeros, ahora tiene la excusa de que es “abuelo”. Le compra su primer carrito y una pelota de baloncesto, hasta ya tiene vistos los juguetes para Navidad. Se toman muchas fotos y se hace un álbum para mostrar a sus amistades. El tema central de conversación es “mi nieto y mi nieto…”. Definitivamente que “abuelitis” da con ganas.”(sic)

(Versión libre tomada de Internet: Ariadna Espanó de Ponce).

Es tan arraigado “el amor de los abuelos” que generalmente se traduce en enfrentamientos entre éstos con los padres de sus nietos. La problemática empieza a tomar forma cuando se desautoriza a los papás, pretendiendo los abuelos dictar pautas a la formación, enseñanza y desarrollo de los nietos. Se generan verdaderos combates entre abuelos y los padres de los hijos. Esta situación no resulta conveniente para nadie. En la misma todos pierden, nadie gana. Los abuelos pierden porque serán el blanco de las críticas de sus hijos, pudiendo aparecer un distanciamiento tal que fracture esas relaciones filiales, con la posibilidad de que se rompa definitivamente ese nexo. Pierden también los padres porque se ven privados del legítimo derecho de criar a sus hijos conforme al marco y escala de valores que ellos han elegido. Pero también pierden los nietos debido a la confusión que se genera en ellos en cuanto al modelo a seguir en su desarrollo personal, social, educacional, psicológico y cultural. Se dirán “si sigo a mis abuelos tendré problemas con mis padres”, pero “si sigo mi padres, los problemas los tendré con mis abuelos”. En ambas situaciones los nietos considerarán que ese problema fácilmente pudiera mal interpretarse como disminución o ausencia de afectos a los unos o a los otros.

Los abuelos parecen olvidar que sí es cierto que su presencia, su amor y su afecto por los nietos es necesario, adecuado y positivo para estos, aún así, deben entender que su misión no es formarlos, y que sus consejos, sugerencias y reflexiones deben expresarlas en forma privada a los padres o cuando éstos se los exijan. De otra forma pudieran convertirse en verdaderos factores de perturbación en las relaciones filiales de padres e hijos, lo cual precisamente no les gustará a los abuelos. Antes por el contrario el amor que les profesan a sus nietos procurará siempre el bienestar de ellos, su felicidad, su alegría, su éxito. Recordemos que la palabra de Dios nos enseña que el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse en matrimonio con una mujer y con ella formará una familia. Es claro que se trata de una familia diferente, aunque procedente de un mismo tronco común, posee particularidades que les son propias y que justamente las hace distintas a su familia de origen. No entraremos aquí a examinar la problemática que sucede cuando son los padres de los hijos le dejan a su vez a sus padres la crianza de aquellos y que cuando ya están bien creciditos se aparecen nuevamente por casa, a quitárselos a sus abuelos creando un problema de magnitudes impredecibles y que en la mayor parte de los casos terminan discutiéndose en los estrados judiciales. De estos aspectos nos hemos de expresar prontamente, en un artículo dedicado al tema, abundando con mayor profundidad sobre las situaciones originadas con ocasión de este “Síndrome de la Abuelitis” y demás escenarios relacionados con aquellas. Aclaro que esta nota corta no va dirigida a ningún destinatario en especial. Hago la salvedad en vista de un gran número de amigos y amigas que son abuelos y que sus conductas y actitudes no necesariamente pueden subsumirse en las tratadas en este escrito. Finalmente elevo mis oraciones a Dios, con la intercesión de nuestra virgen madre María, madre de Dios y madre nuestra, para que sean abundantes en discernimiento y sabiduría, no solamente los abuelos, sino también los padres y los nietos, todo para favorecer la unidad de la familia y el amor filial y celestial que debe reinar en todas las familias del mundo, para que sean un modelo de la sagrada familia formada por José, María y Jesús. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Un comentario que se ajusta bien al contenido de este vídeo reflexivo, lo podemos encontrar en La Nota Corta: “Hablar con autoridad”.

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La Nota Corta: “Hablar con autoridad”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el sábado 28 de marzo de 2009.

Publicada en la Red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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UNA DE LAS CAUSAS POR LAS CUALES EL MUNDO NOS OBSERVA con desconfianza y hasta con cierta ironía y sorna, es la relacionada con nuestra doble moral, con la falta de autoridad con la que hablamos, actuamos y pensamos. No somos auténticos cristianos y mucho menos personas que se involucran con los problemas de la sociedad. Nos creemos terrenos aislados, compartimientos estancos desvinculados del entorno social, de la vida en común y de la humanidad. A propósito, y algunas veces por ignorancia, olvidamos que somos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y el tope de la creación de nuestro Señor. En la palabra de Dios, Jesús siempre habla con autoridad, autoridad que es capaz de resucitar a un muerto, sanar a un paralítico, hacer ver a un ciego, sanar a una hemorroisa, expulsar demonios y cualquier otro acto o milagro inimaginable. Así es el gran poder de Dios. Y ese poder, esa autoridad, también reside en nosotros, porque somos santos y porque el propio Jesús así se lo manifestó a sus discípulos. Nuestra palabra, al igual que la palabra del Señor, tiene poder. Lo que ocurre es que a veces le damos más importancia a las técnicas humanas que a nuestra propia fe y por ello los resultados no son siempre los que se desean. De allí que en algunos casos seamos el hazmerreír, con la agravante de que sometemos al entredicho la Palabra de Dios y su gran poder. Desconfiamos frecuentemente de la enseñanza que Dios nos legó por intermedio de sus profetas en el Viejo Testamento y las excelsas y sublimes contenidas en el Nuevo Testamento, procedentes del mismísimo Dios en la persona de Jesús. A tales efectos resulta de gran pertinencia traer a colación las palabras del Papa Pablo Sexto quien nos recuerda en su exhortación sobre la evangelización del mundo contemporáneo: “Tácitamente o a gritos pero siempre con fuerza se nos pregunta: ¿creen verdaderamente en lo que anuncian? ¿Viven en lo que creen? ¿Predican lo que viven? Hoy más que nunca el testimonio de la vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación. Sin andar con rodeos, podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del evangelio que proclamamos” (números 76, siguientes).

No se trata entonces de referirnos al texto bíblico o a la palabra de Dios como un manantial de fuerza, de poder, de gracia, de misericordia, de piedad y de milagros. De lo que se trata realmente es de nuestra forma de conducirnos y de actuar en la sociedad. ¿Hasta qué punto somos auténticos cristianos atribuidos de la autoridad con la cual Cristo nos enseñó y delegó en nosotros tan extraordinaria facultad y poder? Se trata de nuestra ninguna o poca fidelidad o lealtad hacia el Señor y su palabra. Nuestros rasgos carnales y la debilidad de esa carne nos lleva a dudar de la fuerza, del poder, de la magnificencia, de la verdad y del extraordinario amor con el cual Dios se ha manifestado no solamente en obras, sino también en la persona del verbo encarnado, de su hijo amado: nuestro buen Jesús.

Es triste ver como depreciamos nuestra vida en asuntos banales, triviales, sin importancia y preñados de vacíos e insustancialidades. Todavía no nos hemos dado cuenta que Jesús vino para que construyamos el reino del amor a través del perdón, de nuestro sacrificio por el prójimo, por el poder de la autoridad que él representa y que nosotros estamos obligados a extenderla con nuestras iniciativas, con nuestra fe inquebrantable en su palabra, en su amor, en su fidelidad y en recordar siempre que Dios no miente y que siempre cumple lo que promete. En nuestras relaciones interpersonales debemos tener siempre presente que somos hijos de Dios y que como tal ha de ser nuestro comportamiento, nuestro proceder y nuestra actitud. De otro modo comprometemos peligrosamente de la fe de los demás e igualmente la firmeza, veracidad e imperatividad de los mandatos, preceptos y enseñanzas contenidas en la Santa Biblia. No queramos pasar a la historia de nuestro ciclo vital como desertores o traidores del Señor.

En conclusión se nos pide y se nos exige que hablemos con la autoridad que el Señor nos legó. Es demasiado trascendente e importante la misión que nosotros tenemos en la edificación del reino de Dios. En razón de ello debemos comportarnos de manera honesta, decente y cumplidora, no solamente de las obligaciones sociales, legales y terrenales, sino también subordinarnos a la preceptiva, designios, enseñanzas y mandatos expresados en el texto sagrado por boca de los profetas enviados por Dios y por la boca del mismísimo Jesús, el Verbo Encarnado, el Mesías, el Hijo amado de nuestro Señor.

Asumir el compromiso de ser cristiano va unido a la circunstancia de hablar con autoridad donde quiera que vayamos, y la tarjeta de presentación de la autoridad con la cual debemos proceder es la Palabra de Dios. No temamos cuando nos involucremos en las causas justas y en las cuales podemos arriesgar incluso nuestra propia vida. Es preferible mil veces que nos recuerden por haber muerto cuando interveníamos a favor del débil, del desprotegido o de una causa noble, que haber muerto cometiendo un hecho ilícito, haber abusado de nuestro prójimo, o haber cometido un pecado mortal. Tuya es la decisión, por lo tanto también tu futuro. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Vídeo Reflexivo: “Jesús es rechazado”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el lunes 30 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

LA EXPERIENCIA Y UNA SIMPLE OBSERVACIÓN DE LA REALIDAD y del mundo que nos rodea, nos permitirá sencillamente y sin hacer ningún tipo de esfuerzo intelectual concluir que la mayor parte de las personas que integran la sociedad se pasan la vida en una continua QUEMADERA, portando como estandarte la circunstancia de que han sido rechazados bien en su trabajo, bien por su familia, bien en su entorno social o sencillamente no son aceptados por las personas con las que interactúan. El rechazo es condimento de la vida. Un viejo refrán repetido en mi pueblo enseña que “no somos moneditas de oro para gustarles a todos”, por lo tanto siempre habrá personas a quienes no les caigamos bien, a quienes no les gustemos o que simplemente no nos acepten, a veces por nuestro color de piel, otras por nuestras ideas, tal vez por nuestra fisonomía u origen social o étnico; de todas maneras tenemos que vivir, aunque tengamos que soportar esta difícil situación. Algo similar, pero en mayor gravedad, le ocurrió a nuestro señor Jesús cuando predicaba, incluso la gente que lo escuchaba trató de arrojarlo de allí por la fuerza y empujarlo del precipicio al cual lo habían llevado, con el objeto de matarlo (Evangelio según San Lucas 4,23-30). Imaginemos cómo se sentiría el hijo de Dios frente a semejante actitud. Si a Dios le tocó vivir tan injusta circunstancia, ¿cómo explicar entonces, nuestra irritación o descontento, porque eso mismo nos suceda a nosotros? Por lo pronto conviene recordar que la Humanidad presente vive en decadencia, envuelta en una crisis de valores en la que se aplaude lo malo, injusto, inmoral y carente de ética, y por el contrario se censura lo que es justo, verdadero, moral, ético y bondadoso. Lo cierto es que el hombre debe transformarse, cambiar, enmendarse, para que una vez que lo logre se materialice la transformación de la sociedad toda. Hay que abandonar las conductas, actitudes y procederes abusivos, irrespetuosos de los derechos humanos, violatorios de los principios éticos, morales y cristianos. Es imperativo volver al encuentro de Dios y sus mandatos para que esta sociedad sea más justa, más humana, más solidaria y más apegada a los designios de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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