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Oración: “Jesús, alimento de mi alma”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 25 de septiembre de 1997.

Trasladada a la red el domingo 08 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i2.wp.com/www.rosario.org.mx/domingo/fotos/ago0705.jpg


ORACIÓN —

Tú te has dado a nosotros, Jesús nuestro,

en el Santísimo Sacramento,

no sólo como alimento

y sostén de nuestra vida sobrenatural

sino también como recompensa

de nuestros trabajos

y esfuerzos en tu santo servicio.

Recibe mis pobres acciones gratas,

que yo quisiera fuesen infinitas

por tu inefable bondad.

No quiero, señor Jesús,

otra recompensa,

sino a ti solamente.

Nada hay para mí,

en el cielo ni sobre la tierra,

fuera de ti que eres el Dios

de mi corazón y mi herencia para siempre.

Hazme gustar la suavidad

y la mucha dulzura que escondes aquí

en este mundo para los que te aman.

Del calvario de mis penas vendré al tabor,

al tabor de tus tabernáculos,

para encontrar en ellos fuerzas y alivio.

El peso de mis cruces se hará liviano

con los encantos de tu divina presencia.

Por el fuego que aquí enciende tu amor,

es como se puede decir

con aquella santa:

o padecer o morir,

o con aquella otra,

padecer y no morir.

Cuando yo aprenda

a no deleitarme sino en ti,

¡oh! salvador mío,

nada me será duro

en el servicio que te debo.

¿Qué importan, Señor,

todos los trabajos de este mundo,

si Tú estás a nuestro lado?

No te separes de mí, Señor,

y enséñame a buscarte aquí siempre,

para que te encuentre también

en las alturas de tu gloria.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —

ES VERDADERAMENTE INDESCRIPTIBLE e inexpresable con palabra alguna lo que se siente al estar delante del Señor y tener por su misericordia la oportunidad de platicar con Él, en un diálogo hermoso, en donde nos acercamos al Señor para alabarle, bendecirle, glorificarle, y para decirle: Señor Jesús, aquí estoy ante ti, postrado con un corazón humilde sencillo. Para decirte también Señor, que quiero que continúes en mi vida por siempre, guiándola, conduciéndola por los caminos de la luz, de la paz, santidad, de la gracia y del amor, de la justicia, de la solidaridad. Pero también, Señor, en este día hemos reflexionado sobre nuestra propia manera de ver las cosas y hemos concluido que esa manera particular de conducirnos en algunas oportunidades dejándonos guiar por nuestras propias convicciones humanas, no nos conducen a lo que te agrada. Y también hemos concluido que debemos vencer nuestras actitudes negativas, nuestros sentimientos como el odio, la envidia, la vanagloria o la omnipotencia humana. Por ello en este día debemos aprender, hermano y hermana que me lees, a vencernos para poder vencer, así como lo lees, si quieres vencer debes vencerte. Únicamente sobre los despojos de las propias pasiones se incorporará la contextura de un hombre nuevo. No existe mayor triunfo que el triunfo y la victoria sobre uno mismo. Cristo es la fortaleza. Él y solamente Él, nos auxiliará en esa tarea. Recordemos que hasta Cicerón, el orador pagano, proclamó la victoria de César, al perdonar a Marcelo, como superior a cuantas había conseguido contra los enemigos de la patria. Es relativamente fácil obtener éxitos que nos conquisten aplausos y nos llenen de gloria ante los hombres. Pero cuesta conseguir esos triunfos silenciosos sobre las pasiones propias y sobre los naturales defectos, y sin embargo es directa la proporción que existe entre el vencimiento de uno mismo y la elevación espiritual. Tanto más efectivo es el progreso y cuánto mayor es el empeño en vencerse y superarse. Son muchos, hermano y hermana, los que aman las alturas, pero muy pocos los que quieren subir por el camino lleno de la abnegación y de sacrificios que conducen a ellas. Quisiéramos tal vez ascensores eléctricos que en un día nos subieran a las cumbres, desconociendo que para escalar las alturas de la propia percepción no sirven esos inventos. Es indispensable que te convenzas de que solamente violentándote a ti mismo, renunciando a tus propios gustos e imponiéndote a tus propios caprichos e inclinaciones, llegarás a triunfar. Entonces ¿qué esperas? Vamos a vencer nuestras pasiones, nuestras tristezas, nuestras actitudes negativas, clamando al Dios para que se enseñoree en nuestra vida. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —

AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Vídeo Reflexivo: “No te estaciones, ¡continúa!”.

Grabado el jueves 11 de diciembre de 2008.

Trasladado a la red el jueves 15 de enero de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

Una acentuada distorsión se presenta en muchos católicos cristianos: creen que siendo o llevando una vida modelo, cumpliendo con todos los requerimientos terrenales y celestiales, por ello van a estar libres de cualquier tipo de situación que pueda afectar su vida. Nada más lejano a ello. Por el contrario, quienes viven una vida de servicio a Dios, quienes dedican su vida a la construcción del Reino de Dios, del amor y de la paz, quienes hacen de su vida un auténtico apostolado en beneficio de los que menos tienen, de los que necesitan justicia y paz. Aquellos que cumplen cuidadosamente los preceptos y el mandato de Dios, estarán siempre sujetos y serán frecuentemente abordados por las fuerzas del Mal, distinto de aquellos que transitan por esta vida disfrutando de todos los placeres mundanos, cometiendo abusos, viviendo sin temor a Dios y de sus leyes, haciendo un lado la moral y la ética en sus actuaciones. Dada esta última condición, ya el demonio piensa que no necesita estar cuidándolos, siendo que por el contrario le da vuelta frecuente y periódica a quienes sirven a Dios, para tratar a través de las tentaciones de desviarlos de su camino para hacerlos caer y que así dejen de molestar a sus súbditos o a quienes están haciendo carrera para perder su alma y ganar el infierno. Por ello las aflicciones, las tribulaciones, las tragedias y todo ese tipo de cosas que afectan gravemente la vida de un ser humano, estarán siempre presentes a las puertas de aquellas personas que se han comprometido con Dios y con la Iglesia en la difusión del Evangelio. No temas, recuerda el caso de Job a quien le fueron quitadas todos sus riquezas, su familia, sus amigos, ¡y aún así no desdijo de Dios!, ante esta situación fortaleció su creencia y su fe en el Señor. Así debemos ser nosotros, no importa la tragedia o la dificultad que toque nuestra vida, Dios está siempre con nosotros y con quienes le sirven. No dejará Dios que sus criaturas sucumban ante el Mal. En este vídeo se tratan algunas de esas situaciones y pido, con la intercesión de nuestra virgen madre María, al buen Jesús que permita a quienes compartan el vídeo muchas bendiciones, dones y un profundo amor a Dios y a todas sus manifestaciones. Amén y amén.

(Tomado de GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Comentario al Vídeo Reflexivo “Tendréis persecuciones y aflicciones, pero las venceréis”. SPE / SPI 2008. Disponible en http://www.justicerman.blogspot.com).

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Oración: “Señor, no dejes perderme en mis culpas”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del miércoles 10 de septiembre de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 14 de enero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


La mano de Dios


ORACIÓN —


¡Oh! Señor Jesús

¡Oh! Buen Pastor

¡Oh! Verdadero Pan de Vida

Ten misericordia de nosotros,

apaciéntanos, defiéndenos

y haz que lleguemos a ver los bienes eternos

en la tierra de los vivientes.

Tú, mi Señor, que lo sabes todo y lo puedes todo.

Tú, Señor Jesús, que nos apacientas en la tierra,

llévanos a tu gloria y haznos allí tus comensales,

compañeros y coherederos de los habitantes

de la Jerusalén celestial.

Señor Jesús, tendré siempre puesta mi vista en ti,

y vendré a buscar tu dirección y tus enseñanzas

en el Santísimo Sacramento de la Comunión.

No me apartes, Señor Jesús, de tu lado

y no me desprecies para que yo no vaya

a perderme en el laberinto de mis culpas

y de mis malas pasiones.

¡Oh! Guíame, maestro de mi alma.

¡Ten piedad de mí!

Amén y amén.


— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡Qué grato es conversar a diario con el Señor! Y qué grato es poder adorarle, bendecirle, glorificarle y decirle al Señor que Él es el centro de nuestra vida, abrirle las puertas de todo nuestro ser para que Él dirija nuestra existencia, para que Él se enseñoree. Para que Él, al igual que un padre con su niño, nos tome con su santa mano, guiándonos por los caminos y laberintos de esta vida terrenal difícil, pues sólo en Él reside el poder de la misericordia, del amor, de la bondad, de la caridad, de la templanza, de lo sublime, de lo puro, de lo extraordinariamente bello. Esas, razones hermano y hermana que me lees, hacen imperioso reflexionar acerca de las capacidades nuestras, que son un regalo del Señor, y así tener conciencia de que todo lo podemos en aquel que es Cristo. A veces la vida nos da dificultades y problemas. Pero no te asustes, si te parece costosa la vida de elevación, es necesario que sepas que no debes luchar sólo, debes llenar toda tu debilidad con la plenitud de la fortaleza divina. Si buscas las fuerzas en El que te puede dar todo, todo te será posible. La convicción de esta absoluta posibilidad es indispensable, hermano y hermana, para triunfar. Sin ella fracasarías. Saulo de Tarso, consciente de esta verdad, se atrevía a exclamar: ¡Todo lo puedo confortado con la gracia del Omnipotente! Lucha por ascender, pero no prescindas nunca de Jesús, y verás como todas las victorias son posibles y superables todos los obstáculos en la vida espiritual. Como en toda vida de elevación es insuficiente el esfuerzo propio, lo dijo ya claramente Jesús en su Evangelio: sin mi nada podréis hacer. Entonces no batalles tu solo. Únete a Cristo y Él pondrá en ti alientos de gigante. No quieras experimentar, no camines sólo, te cansarías, irías al fracaso. San Jerónimo hace muchos siglos afirmaba: Sin Cristo yo no soy más que la impotencia. Es así hermano, que debemos entregarnos de lleno a la renovación de nuestra vida, pongamos decididamente manos a la obra. Deja a un lado todas las cobardías y miserias y elévate. Las cumbres se han hecho para tu vuelo. Compenétrate con la grandeza de tu ideal y dales todas tus energías, identifícalo contigo mismo; entonces habrás creado un ser nuevo que vibra con tu misma vida. Las vanidades mundanas, cuando se las mira de cerca tienen un encanto seductor. La materia atrae a la materia. Pero si reflexionas en su efímera realidad y las comparas con la verdad de las cosas divinas, verás entonces que no pasan de ser simples espejismos. Convéncete de que la única realidad amable es Dios, con Él la felicidad, y sin Él la tristeza del vacío. La vida corre, huye, vuela demasiado y para hacer algo es necesario entregarse decididamente y con entusiasmo a la lucha. Quince, veinte, veinticinco años de experiencia te habrán hecho comprender que la vida está llena de vaciedad y tu corazón repleto de hojarasca. Hermano y hermana, entrégate a Dios y llena tu espíritu de aspiraciones grandes y sublimes, no quieras ser un pigmeo pudiendo ser un gigante. Ya es tiempo de sacudir todo letargo, dice San Pablo, y añade enseguida: dejemos ya las obras de las tinieblas y revistámonos de las bellezas y los encantos de la luz, que es la luz de nuestro señor Jesucristo. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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