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La Nota Corta: “Reglamento de los Emocionados Anónimos”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor

 

Redactado el miércoles 11 de febrero de 2009.

 

Publicado en la Red el domingo 15 de febrero de 2009.

 

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

 

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GENERALMENTE HE REHUIDO DE ESCRIBIR temas de muy denso contenido en textos muy cortos. Aunque sé que la comprensión y desarrollo de esos temas no depende de la mayor o menor largura de sus líneas, (Albert Einstein escribió —según comúnmente se afirma—, su Teoría de la Relatividad en escasa cuartilla y media). Hecha esta aclaratoria presento a mis lectores este Reglamento de los Emocionados Anónimos, extraído de la obra “Cómo alejar la depresión, la tristeza y el mal genio”, pensando en la gran utilidad, ayuda y auxilio que nos puede prestar para enfrentar las situaciones difíciles que la vida suele presentarnos y que de la manera en que las solucionemos dependerá nuestra alegría o tristeza, triunfo o derrota, éxito o fracaso.

 

Yo vincularía el titulo de este reglamento a las experiencias, actitudes, estrategias y mecanismos que los exitosos, triunfadores, alegres y gente de talento, cultura y sabiduría, poseedores de dones materiales y espirituales, tienen y ponen en práctica durante toda su existencia logrando, como ya he dicho, la auténtica felicidad, la paz, la armonía con Dios y con la Humanidad y fundamentalmente con los preceptos de Dios y su plan de vida.

 

Algunas de las normas de este Reglamento se refieren al muy común estado de estrés con el cual vivimos, pensando que podemos vencer el tiempo imponiéndole más rapidez a nuestras actividades, con lo cual lo único que logramos es enfermarnos. Por otro lado pretendemos ser “satélites voladores” cuando realmente somos seres andantes terrenales, es decir, creemos ser Superman o cualquier otro Superamigo, cuando realmente tenemos limitaciones que para vencerlas requieren no solamente de nuestros deseos, sino de capacidades, esfuerzos, inteligencia, y lo más importante —si se quiere lograr la auténtica y benéfica trascendencia espiritual—, la aprobación o ajuste de esas actitudes, esfuerzos o tareas al plan o proyecto de salvación que Dios tiene para cada una de sus criaturas. No seguiré interpretando las normas de este Reglamento para no barnizarlo con mis opiniones y por ende prejuiciar a alguno de mis lectores. Así que elevo desde ya mis oraciones al Sagrado Corazón de Jesús, al Espíritu Santo, con la intercesión de nuestra Virgen Santísima Madre María, Madre de Dios y Madre Nuestra, para que las enseñanzas en forma de normas y reflexiones contenidas en ese reglamento ofrezcan soluciones a vuestra vida. Amén y amén.

 

Veamos entonces, ese reglamento:


 

Primero. Relaje sus músculos. La persona alterada tiene sus músculos tensos. Para “desalterarse” hay que cavar en el jardín, o salir a dar una caminata o dedicarse a otro ejercicio físico.

 

Segundo. Modifique sus pensamientos. Deje de pensar en eso que le angustia. Ahora no tiene calma para dedicarse a resolver ese problema. Primero cálmese y después ya podrá dedicarse a buscar soluciones para esto.

Tercero. Analice cuáles son las causas de su ira. ¿No serán exageradas? quizás no corresponden a la realidad.

Cuarto. Evite el lenguaje exagerado. No diga este mal me está matando. Verdad que duele pero no hasta traer la muerte. No diga “esta vida no merece vivirse”. Verdad que está pasando un mal momento, pero los momentos malos son los menos.

Quinto. No cultive sentimientos negativos. Si se dedica a la autocompasión se le agrava su mal. Si se dedica a odiar y condenar se le aumenta su irritación. Las emociones negativas le alteran su equilibrio mental.

Sexto. Considérese una persona ordinaria. ¿Para qué tratar de ser satélite volador si somos seres que andan por la tierra? La gente ordinaria comete errores. Por eso usted también los comete. Pero reconozca que ha hecho esfuerzos por ser mejor y que ha obtenido realizaciones.

Séptimo. Pregúntese: ¿Qué es lo que más le preocupa? ¿Qué es lo que más le perturba? Encare ese problema de frente y verá que lo que parece una selva impenetrable no es sino un bosque ordinario que tiene caminos para llegar al otro lado.

Octavo. Distinga entre indudable, probable y posible. ¿De veras el mal que tiene es INDUDABLE? Quién sabe si no. Puede ser sólo PROBABLE y eso ya es mucho menos. ¿Pero y si solamente es POSIBLE? Ahí ya todo el mal disminuye.

Noveno. Piense: ¿Esto que me aflige es verdaderamente importante? ¿Tan importante que merezca afectar mi salud mental y emocional por afanarme? ¿Que su importancia no es mucha? ¿Y entonces porque tanto afán? ¿Es que ésta era la única oportunidad que había en el mundo y no hay ya más? ¿Es que con esa persona no me volveré a encontrar jamás ni en esta vida ni en la otra? ¿De veras?

Décimo. Mejore sus pensamientos y mejorará sus acciones. Si piensa positivamente actuará positivamente. Si piensa alegremente obrará alegremente.

Undécimo. Exteriorice el amor que hay en su interior. No se limite a amar a los demás. Demuéstreles que los ama. Un estrechón manos, una felicitación, una sonrisa amable, un “¡hola!” con todo el corazón. Prodigue palabras de cariño y aprecio a familiares y compañeros.


 

(Tomado de LE HAYE, T. y SALESMAN, Eliézer. Cómo alejar la depresión, la tristeza y el mal genio. Santa Fe de Bogotá, Colombia. Editorial Centro Don Bosco. 1993 pp 125-126).

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La Nota Corta: “El miedo y nuestros propios demonios: ¿Alarmas del tablero emocional?”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor

Redactado el jueves 05 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el sábado 07 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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ME PERDONAN LOS LECTORES por el símil empleado en el título de esta “Nota Corta”, pero lo juzgué apropiado, coherente, idóneo, pertinente y ajustado al contenido en el cual lo desarrollaremos. Y es que nuestra psique —según he podido intuir de las lecturas que he efectuado del tema— está, o por lo menos parece estarlo, integrada por un andamiaje estructural de emociones, percepciones, visualizaciones, representaciones mentales, racionales o espirituales, que de alguna manera forman (¿o deforman?) la personalidad, las actitudes y los modos de proceder de las gentes.

El mundo en el que vivimos ofrece a sus moradores multiplicidad de peligros, de situaciones difíciles, de problemas y de inconvenientes que por lo general vulneran la parte emotiva y conductual de de las personas. De allí que sea necesario que el individuo vaya conociendo sus propias debilidades, sus destrezas, sus fortalezas, sus actitudes y su disposición para vencer cualquier tipo de adversidad. Dentro de este conjunto de variables que afectan la vida del ser humano se encuentran el temor, el miedo, la frustración, el desengaño, la culpa, la impotencia, el fraude, la rabia, la agresividad, la ausencia de solidaridad, la vergüenza, la falta de creencia en Dios y su poder para ayudarnos en la solución de los problemas que vivimos día a día.


“El miedo, lo mismo que la felicidad es un estado de ánimo que opera en ti como un sistema de alarmas que te avisa de un peligro y te alerta para que te mantengas vigilante. Sentir miedo no es muestra de cobardía. Cuando adviertas un riesgo no te amilanes. Serénate, respirando hondo, y huye, si es prudente o emprende tu defensa para que garantices la conservación de tu vida. Manteniendo la paz interior, condiciónate a ser valiente, identificando la sinrazón de algunos miedos que sientas. El miedo vigilante y previsor es factor de seguridad.”

(LÓPEZ FERNÁNDEZ, Tiberio. 366 Maravillosas Motivaciones. Bogotá. Ediciones Paulinas 1998. p 203).



Leyendo algunas cosas sobre el tema me encontré con esta explicación sencilla, que a continuación transcribiré, sin indicar el autor pues confieso que no pude encontrarlo en las fuentes que visité.

Aun así, por considerar que ese texto o esas reflexiones pudieran ayudar a mis lectores, lo he seleccionado para que forme parte del contenido de esta NOTA CORTA. Debo necesariamente, por respeto a mis convicciones religiosas, sociales, jurídicas y de otro tipo, salvaguardar mi expresa ausencia de solidaridad con el autor y el texto de lo que a continuación se menciona, de manera que le tocará al lector determinar la utilidad, certeza e interpretación de estas argumentaciones, razón por la que invoco al Espíritu Santo para que derrame su sabiduría en quienes lean estas notas introductorias, de suerte que sean aceptadas, admitidas e interpretadas con el criterio correcto.


El miedo, la rabia, la culpa y la vergüenza: cuatro sistemas de alarmas.

“En nuestro universo interior existen cuatro sistemas de alarma, que bien usados son una bendición.


Éstos son el miedo, la rabia, la culpa y la vergüenza. Todos los sistemas de alarma responden a los instintos de sobrevivencia del individuo y de la especie.
El miedo se activa ante la presencia de un peligro externo inminente, nos avisa del peligro y nos permite reaccionar ante él, ya sea mediante la huida o la defensa, aunque también puede generar parálisis.


El problema con el miedo es que se puede activar tanto ante peligros reales como ante peligros imaginarios e inexistentes, como es el caso de las fobias.
La rabia se activa ante un ataque inminente desde el exterior, puede o no haber miedo previo, pero en el momento en que se activa la rabia, el ataque ya está realizándose, aquí también los ataques pueden ser reales o imaginarios.


La culpa, en cambio nos avisa del daño que estamos por hacerle o le hemos ya hecho a alguien o algo externo a nosotros; y su función es impedir la acción dañina o minimizar sus consecuencias si ya se ha llevado a cabo.
La vergüenza se activa ante el auto sabotaje, cuando nos hacemos daño a nosotros mismos, bueno sería que dicha alarma se activara antes de sabotearnos, en todo caso su función también es llamar nuestra atención sobre las consecuencias de nuestras acciones para así minimizar los daños.
El problema con estos sistemas de alarma es la obsesión compulsiva, que es cuando las alarmas no se apagan una vez realizada la toma de conciencia, llevándonos a estados alterados de la mente totalmente negativos, así el miedo que no se desactiva conduce a la paranoia, la rabia a la psicosis, la culpa y la vergüenza llevan a la depresión, y todos juntos pueden desembocar en la alienación propia de la esquizofrenia.


Para aclararlo más, el mal uso o la in activación de estos sistemas naturales de alarma tienen un efecto parecido al que significaría manejar un automóvil a lo largo de mil o más kilómetros con la alarma antirrobos conectada todo el tiempo.

Con razón hay quienes se suicidan, ¡qué horrendo debe ser vivir bajo tales condiciones!”.



(Tomado de GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Comentarios al vídeo reflexivo: “El miedo: ¿Un sistema de alarmas? SPE/SPI. 2009. Disponible en http://www.inemegf.blogspot.com).



Breves líneas sobre la existencia de los demonios, su creación, transformación y nuevas formas de manifestación y expresión.


“…Podemos de acuerdo a nuestras percepciones adjudicar a un ente exterior independiente, fuerte y cruel, el poder de incitarnos al mal o inclusive el de meterse dentro de nosotros y apoderarse de nuestras mentes haciéndonos actuar de forma horripilante o bien podemos pensar que esos comportamientos acontecen cuando nuestras mentes experimentan crisis producto del consumo de agentes externos como las drogas alucinógenas y el alcohol o producto de problemas mentales y emocionales profundos de los que se ocupan la psicología y la psiquiatría moderna… creo que así como los consejos para expulsar al demonio en aquel libro fueron validados con mi experiencia: hizo falta mi “voluntad como inconmovible roca”… también fueron igualmente importantes los avances de la medicina moderna… yo enfrenté a ese “demonio” y lo vencí y he reflexionado mucho sobre todo ese proceso y he llegado a algunas conclusiones: nuestra evolución intelectual y espiritual ha necesitado a través de la historia de múltiples simbolismos que han servido de puente entre la crasa ignorancia de la antigüedad y nuestro actual nivel de conocimiento. De alguna manera la inteligencia del hombre logró de forma asimilable para aquel entonces, dado a las múltiples limitaciones adolecidas por la humanidad, la explicación del mal a través de su conceptualización en el ente horripilante del “demonio”, éste surgió como todo mito producto de una necesidad, por un lado a través de ese simbolismo se logró dar “explicación” a los orígenes del mal, en carencia del conocimiento con que contamos hoy, las personas dementes, los epilépticos, los violentos compulsivos eran personas “poseídas” por “entidades diabólicas astrales”… a la vez las sociedades antiguas lograban cierta evasión de responsabilidad, era mas fácil decir que un ente externo era el causante de los males que los aquejaban que responsabilizarse por la victimización, la crueldad o la falta de compasión y ayuda sufrida por las personas víctimas, en aquel entonces, de esos males… y a la vez las causales de ciertas enfermedades, desconocidas entonces, tenían “explicación”.


Es cuando nos decidimos por lo fácil, cuando actuamos motivados por la avaricia, por la envidia, cuando nuestro ego nos domina, cuando el individualismo es mas importante que el bien común, cuando justificamos nuestra crueldad con recursos falsos y fútiles, cuando permitimos que la banalidad se entrone en nuestras mentes, cuando consideramos la violencia física y emocional como alternativa útil y la utilizamos contra el prójimo, cuando damos la espalda ante el abuso y la victimización, es entonces cuando engendramos los verdaderos demonios… nuestros “demonios”. Así como también el verdadero “exorcismo” lo ejecutamos cuando nos enfrentamos con firmeza ante las vilezas y las debilidades, lo mismo propias que ajenas, ante la injusticia social, cuando con absoluta entrega y amor ayudamos al ser querido a rebasar la crisis, no importando las dificultades que se presenten, ni el tiempo que tome, ni los sacrificios personales que el éxito de esa misión de amor exija”.

(SAN EMETERIO, Juan. Cartas a nuestra conciencia: “Nuestros demonios”. SPE/SPI. 2004. Disponible en http://www.amadosamigos.com).

El mismo artículo en otros párrafos señala:


“Recuerdo de pequeño mis primeros contactos con “el demonio”, una horrible figura humanoide con dos cuernos y un rabo esgrimiendo un tridente, rodeado de fuego, con gesto desafiante y amenazador, ciertamente que esas imágenes me impresionaban mucho de niño… al ir creciendo y a través del catecismo y los sermones de los Jesuitas con los que me eduqué hasta mi pubertad (coincidiendo con la incautación por parte de Castro de las escuelas privadas de Cuba) me fui enterando de que los demonios tenían un lugar llamado infierno donde ellos mantenían martirizando eternamente con fuego y azufre a las almas de los “malos” aquellos que pecaban contra Dios, me enteré que habían ciertos pecados que se llamaban “mortales” y que bastaría cometer uno solo de ellos para ser condenado por siempre a padecer en aquel horrible lugar donde los demonios eran reyes, señores y verdugos de esas pecadoras almas… recuerdo en ocasiones a mi, niño, atemorizado al pensar sobre todo ello y la posibilidad de llegar yo a ser merecedor de esa eterna condena… fue aun mucho mas doloroso y agonizante cuando me enteré que por ser mi padre divorciado cuando se casó con mi madre, ambos vivían en “pecado mortal” al no estar casados por la Iglesia… eso si que me dolió… ellos iban al infierno cuando murieran irremisiblemente… a esa temprana edad decidí no pensar mucho en ello porque me angustiaba mucho, nunca me atreví a preguntarle a algún cura si existía algo que mis padres o yo, quizás, pudiéramos hacer para evitar tan terrible castigo, no quería que los curas supieran que ellos no estaban casados por la Iglesia… eso era un secreto… lo conservaría en secreto hasta que yo pudiera averiguar de alguna forma si tan horrible destino era irremisible o no… jamás perdí la esperanza de que ellos pudieran evadir de alguna forma ir al infierno…


Con los años esas ideas religiosas dejaron de preocuparme, evolucioné hacia un Dios mucho mas magnánimo y que no se preocupaba por cosas efímeras ni condenaba por “pecados mortales” aunque “el demonio” siempre se mantuvo en algún rincón de mi mente de alguna forma acechándome… después de todo él es parte bien arraigada de nuestra cultura occidental y de una forma u otra simboliza al mal y tal parece que nosotros los humanos necesitamos todo tipo de simbolismos para funcionar mentalmente… y definitivamente contamos con testimonios de muchas fuentes sobre su existencia; “el demonio” es tan popular que se mantiene apareciendo gráficamente con uno u otro rostro hasta en las películas…


Un par de años atrás en medio de una crisis familiar, una persona muy querida, sentada sobre su cama, comenzó a insultarme diciendo multitud de palabras desagradables y obscenas, estaba agitada y la expresión de su rostro junto a las circunstancias de la escena me recordó la niña “poseída” en la película El Exorcista, en esos momentos percibí que ella estaba poseída por el mismísimo diablo… con firmeza, con paciencia infinita y palabras de amor pude poco a poco calmarla, el evento pudo haber durado un par de horas pero para mí fue una eternidad… terminé exhausto, me drenó de energías y decidí averiguar si realmente era un demonio lo que estaba afectándola… me di a la tarea de averiguar lo mas que pudiera sobre la realidad de lo que llamamos “demonio”.


Por mediación de un amigo mío tuve acceso a un libro de principios del siglo pasado, amarillento y con aspecto bien antiguo relativo a la “Logia Blanca” y que tenía un capítulo hablando sobre las “entidades demoníacas” tal como se le denominaba al diablo en sus páginas… paso a transcribir algunos párrafos de la página que copié del libro el cual tuve que devolver en corto tiempo pues su dueño lo valoraba mucho y solo me permitió unos días para examinarlo… “no basta con arrodillarse y orar, hay que expulsar a puntapiés al vagabundo. Esto es precisamente lo que debemos hacer con los vagabundos astrales. Quien haya experimentado sus ataques, tal vez diga al oír estos consejos que desconozco el terrible poder de las demoníacas entidades obsesoras. Pero valga advertir que su mayor empeño es alucinar a la víctima haciéndole creer que en efecto son muy poderosas. No caigamos en la insensatez de escucharlas. Las conozco perfectamente y sé que son ruines, despreciables, bravuconas y bellacas. Atormentarán durante meses enteros a una débil mujer y huirán cobardemente en cuanto una voluntad enérgica se revuelva contra ellas en justa indignación”… mas adelante siguen algunos consejos para enfrentar la situación… “no se resignan dócilmente a la expulsión: pero manteneos firmes con férrea determinación, levantad contra ellas vuestra voluntad como inconmovible roca y escaparán a toda prisa. Decidles: . Ni por un instante temáis la posibilidad de fracaso o rendición, pues Dios está en vosotros y no puede fracasar”…


Ya anteriormente hablé de la firmeza y la constancia que me han permitido triunfar en muchos de los retos que la vida me ha presentado, mi firmeza ante el evento que les relaté también me ayudó a enfrentar ese “demonio” y salir airoso de ese encuentro, ello validó de alguna forma las directrices planteadas en el libro para lograr “el exorcismo”, creo que la ayuda de los profesionales que atendieron a ese ser querido y algunas de las medicinas modernas que tratan los problemas mentales complementaron mi constancia y mi firmeza…”

(SAN EMETERIO, Juan. Cartas a nuestra conciencia: “Nuestros demonios”. SPE/SPI. 2004. Disponible en http://www.amadosamigos.com).

Aclaro que no me solidarizo con el contenido del referido y precitado artículo. Su colación se realiza para efectos pedagógicos e informativos.
Elevo al Señor mis preces para que esta Nota Corta sirva para el cumplimiento de atraer las almas al reino de Dios. Amén y amén.

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La Nota Corta: “¿Tenemos un Yo sagrado?”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor

Miércoles 21 de enero de 2009

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


despertando


CADA UNO DE NOSOTROS, en algunos momentos de carencias racionales, espirituales y emocionales, hemos dudado de nuestra esencia de santidad, y como consecuencia de ello la negación de nuestro propio yo sagrado y que de manera incuestionable, indiscutible e indubitable ha quedado categóricamente establecido por las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo contenidas en los diferentes Evangelios y diseminadas a lo largo del Nuevo Testamento.

He vuelto a leer algunas de las obras de WAYNE W. DYER y al darme cuenta del giro que le ha dado a sus creencias, tesis y opiniones, he creído prudente —salvaguardando por supuesto nuestros dogmas de fe Cristiana Católica—, someter a la consideración de mis lectores algunas líneas de su libro: “TUS ZONAS SAGRADAS”, aspirando que sean de gran utilidad, cuando se hayan leído y asimilado pasándolas por el tamiz de las verdades irrefutables de nuestra profesión de fe Católica. Solamente así se puede justificar o al menos comprender que se le traiga a esta vigía:


“Imagine esta escena si es tan amable. Dos bebés se encuentran en el útero, confinados en las paredes del seno materno, y mantienen una conversación. Para entendernos, a estos gemelos les llamaremos Ego y Espíritu. Espíritu le dice a Ego: —sé que esto va a resultar difícil de aceptar, pero yo creo de verdad en que hay vida después de nacimiento. Ego responde: —no seas ridículo. Mira a tu alrededor. Esto es lo único que hay. ¿Por qué siempre tienes que estar pensando que hay algo más aparte de esta realidad? Acepta tu destino en la vida. Olvídate de todas esas tonterías de vida después de nacimiento.


Espíritu calla durante un rato, pero su voz interior no le permite permanecer en silencio durante más tiempo. —Ego, no te enfades pero tengo algo más que decir. También creo que hay una madre. —¡una madre! —Exclama Ego con una carcajada—. ¿Cómo puedes ser tan absurdo? Nunca has visto una madre. ¿Porque no puedes aceptar que esto es lo único que hay? La idea de una madre es descabellada. Aquí no hay nadie más que tú y yo. Esta es tu realidad. Ahora cógete a ese cordón. Vete a ese rincón y deja de ser tan tonto. Créeme no hay ninguna madre. Espíritu deja, con renuencia la conversación, pero la inquietud puede con él al cabo de poco. —Ego —implora—, por favor, escucha, no rechaces mi idea. De alguna forma, pienso que esas constantes presiones que sentimos los dos, esos movimientos que a veces nos hacen sentir tan incómodos, esa continua recolocación y ese estrechamiento del entorno que parece producirse a medida que crecemos, nos prepara para un lugar de luz deslumbrante, y lo experimentaremos, pronto.


—Ahora sé que estás completamente loco —replica Ego—. Lo único que has conocido es la oscuridad. Nunca has visto la luz. ¿Cómo puedes llegar a tener semejante idea?. Esos movimientos y presiones crecientes son tu realidad, eres un ser individual e independiente. Este es tu viaje. Oscuridad, presiones, una sensación de estrechamiento a tu alrededor constituyen la totalidad de la vida. Tendrás que luchar contra eso mientras vivas, ahora aférrate a tu cordón y por favor, estate quieto. Espíritu se relaja durante un rato, pero el fin no puede contenerse por más tiempo—. Ego, tengo una sola cosa que decir, y luego no volveré a molestarte. —Adelante— responde Ego, impaciente—. Creo que todas estas presiones y toda esta incomodidad no sólo van a llevarnos a una nueva luz celestial, sino que cuando eso suceda la vamos a encontrarnos con la madre cara a cara, y conocer un éxtasis que superará todo lo que hemos experimentado hasta ahora.— Estás realmente loco. Ahora sí que estoy convencido”.



Lo que usted ha leído hasta este momento es la adaptación efectuada por WAYNE W. DYER, de la historia relatada por Henry J. M. NOUWEN, y la intención de aquel es transportar a los lectores a esa resplandeciente luz celestial, para hacérsela conocer, al tiempo que también les motivará y aguzará el conocer la maravilla de que su noble Yo triunfe sobre las demandas de su EGO, que sobre todo no quiere.

WAYNE W. DYER, organizó su libro: “TUS ZONAS SAGRADAS” (Barcelona-España no editorial Grijalbo. 2001. Pág. 13-15) en torno a las siguientes premisas:


1.- Usted es sagrado y con el fin de saberlo debe trascender del viejo sistema de creencias que ha adoptado.


2.- Es un ser divino llamado a conocer su Yo más sublime mediante el dominio de las claves de una conciencia superior.


3.- Su Yo más sublime puede triunfar sobre las identidades de su Ego y convertirse en la fuerza dominante de su vida.


4.- Puede irradiar esta conciencia más allá de sus propios límites y transmitirla a todos los habitantes de nuestro planeta.

Esas premisas configuran los principios de las cuatro partes en que se divide el libro mencionado. Cada capítulo está escrito por el autor con el propósito de ayudarle a conocer esos principios.

Siempre hemos de salvaguardar nuestras opiniones y nuestros principios por encima de los que el referido autor expresa. Ello es y será, puesto que las verdades y dogmas de nuestra fe Cristiana Católica, no dan para más y porque al vivir esta profesión de fe, nuestro Padre Celestial, su hijo amado Jesús, el Espíritu Santo, nuestra virgen madre María, todos los profetas, ángeles y arcángeles, todos los santos y los benditos del señor, sentimos y vivimos una alegría indescriptible, barnizada por la suavidad espiritual y celestial que llena los sentidos y extasía nuestros cimientos. Gracias, Señor, por permitirnos amarte, bendecirte, glorificarte, y postrarnos ante ti para adorarte y reconocerte como único Dios nuestro, en la Santísima Trinidad. De allí que, solamente por la circunstancia del giro que ese autor dio, gracias a la acción esclarecedora y salvífica del Espíritu Santo, lo trajo al redil de la Salvación Eterna. Pero aun así, todavía debe leerse con cierto aseguramiento de nuestros principios de fe, en virtud de que todavía subsisten en él, algunas tremulidades de la carne y de la racionalidad combatientes de las verdades absolutas pronunciadas por el propio Jesús, expresada por algunos profetas y resguardada por nuestra madre y Santa Iglesia Católica. Ruego a Dios que esta Nota Corta sirva para esclarecer y ayudar a nuestros hermanos en el enriquecimiento del conocimiento de Dios y de sus misterios. ¡ÁNIMO! ¡GOZO! ¡ALEGRÍA!

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