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Oración: “Al Sagrado Corazón de Jesús”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del viernes 06 de junio de 1997.

Trasladada a la red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —

Te saludamos, corazón admirable de Jesús,

te alabamos, te bendecimos, te glorificamos,

te damos gracias, te ofrecemos nuestro corazón,

te lo entregamos y consagramos, recíbelo y poséelo entero.

Purifícalo, ilumínalo y santifícalo

a fin de que vivas y reines en él, perpetuamente.

Señor nuestro, Jesucristo,

contemplando tu corazón abierto por la lanza,

deseamos completar en nuestra carne

lo que falta de tu pasión.

Danos la valentía de reparar

nuestras propias injusticias

y las de nuestros hermanos.

Queremos hoy reconocer las injusticias

que se cometen en nuestra comunidad

y luchar por la liberación

de todos los hijos de Dios,

en unión con nuestra señora del sagrado corazón,

te rogamos por nosotros pecadores,

para que sepamos salir de nuestros egoísmos

y buscar la felicidad de nuestros hermanos.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


CONTEMPLANDO EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, como lo contempló nuestra virgen madre en la cruz con el corazón traspasado por la lanza, se reflexiona en el dolor que sintió nuestro Señor y también su madre, la virgen María. Pero ese dolor se transforma en alegría y gozo cuando resuenan en nuestra memoria las palabras de Jesús: yo bajaré al sepulcro, resucitaré al tercer día y luego ascenderé al cielo, para sentarme a la diestra del padre, para garantizarles la vida eterna, porque nadie va al Padre sino es por mí. Porque Jesús nos dijo: yo soy el camino, soy la verdad y soy la vida. Gracias Jesús, gracias por ofrecernos ese, tu corazón, colmado de una infinita ternura y de una infinita capacidad de amor y de perdón. SEÑOR MÍO, JESUCRISTO, limpio de corazón y pureza para mi alma, una vez más te repito: quiero ser feliz, y tú me dirás: vive como un bienaventurado, pon en práctica el código de vida feliz que yo te he dado. En uno de sus momentos Jesús dice: “felices los que tienen el corazón puro, porque ellos verán a Dios. Felices los que tienen ojos limpios, sólo el que tenga ojos limpios podrá ver todo con mucha claridad”. El apóstol Pablo nos pidió que nos revistiéramos de Ti, evitando satisfacer los deseos la carne, de esa carne que atenta contra el espíritu. Si nos dejamos conducir por tu espíritu de amor no seremos arrastrados a los deseos de la carne. Todo esto me conmueve y atrae a mi inteligencia, aunque a veces mi voluntad se aleja débil e irresoluta. No me doy cuenta de que mi cuerpo está incorporado a Ti y es templo del Espíritu Santo, ¡oh! Sagrado Corazón de Jesús. Si tratamos con respeto a los templos de piedra, no profanándolos, con cuanta mayor razón tenemos que considerar como cosa sagrada a nuestro cuerpo, a nuestro corazón que nos dio nuestro Señor Jesucristo, piedra viva de la construcción, de su reino. ¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús, sé que mis pecados de impureza atentan contra mi propio cuerpo y que no me pertenezco a mí mismo. Sé también que el pecado comienza en el interior de mi corazón, aunque no se haya traducido en obra externa. Pero sé también, que por ese sagrado corazón tuyo, señor Jesús, seré colmado también de perdón y de amor, de misericordia y de redención, porque tú lo prometiste y porque tú no incumples lo que prometes. Tú nos dijiste: el que mire una mujer ajena deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Reconozco entonces que tanto mi alma como mi cuerpo han sido comprados por el precio de tu sangre. ¿Que sería de tu corazón traspasado por aquella lanza, señor Jesús? Imagino en este momento el recorrido de tu preciosa sangre, pagando los pecados de toda la Humanidad, los pecados del pasado, los pecados del presente y aun aquellos que vendrán, gracias ¡oh! Sagrado Corazón de Jesús. Por ello, hermano y hermana que me lees, ¿Por qué no tener un corazón puro como el de Jesús? Vamos a enamorarnos profundamente de ese Sagrado Corazón de Jesús, practicando la templanza y la mortificación de nuestros sentidos, siendo prudentes y puros en nuestras palabras, no buscándonos a nosotros mismos sino al hermano, en apertura generosa. ¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús, a ti pertenecemos. Señor, quiero ver a tu Padre a través de ti y llenarme de felicidad eterna y plena. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!


— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Artículo: “Domingo de Resurrección”

Por Alejandro Morales-Loaiza

Redactado y publicado originalmente el domingo 23 de marzo de 2008

Republicado especialmente para “Conversando con Dios” el domingo 12 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur.


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“Al tercer día resucitó entre los muertos…”

EL DÍA DE HOY, QUERIDO LECTOR, aprovecho de llegar a usted en un tiempo que representa el gozo y la alegría más grande de toda la tradición cristiana: La resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Este suceso brinda el testimonio fiel de la misericordia de Aquel que, preexistiendo divinamente a todo lo creado, se hizo hombre, padeció y murió dentro de la más pura manifestación de amor por los seres humanos; hoy, día en que se conmemora un año más de su triunfo sobre la muerte, nos llama vivamente a seguir su ejemplo con base en nuestra propia Pasión.

Adivinará pronto la vista inteligente que esta reflexión no va a dirigida principalmente a aquellos que en buen aprovechamiento de su tiempo de descanso se dedicaron a la decadencia y la depravación típica de la temporada de Pascua, relegándose a asistir a la Santa Eucaristía por una tradición que quizá vuelva para ellos en el mes de diciembre. Es así que he querido hacer llegar mis letras con mayor énfasis a aquellos que, aún sin saberlo, tuvieron su propia semana de padecimiento y muerte espiritual y que hoy desde las profundidades esperan por una resurrección que les devuelva la tan anhelada paz a su menguada existencia.

Sí, usted que pasó cada momento de esta semana en un permanente ir y venir del pensamiento sobre la vida, la muerte y el porvenir, usted que estuvo dudando sobre si vale o no la pena conmemorar algo que sucedió hace más de dos mil años, usted que en varias oportunidades se dijo “Si existe alguien allá arriba de seguro me odia”, ¿habrá quedado ciego ante su propia Pasión? ¿Continuará de tal modo su preocupación por la existencia terrenal que hará que ignore la esperanza de una resurrección a toda muerte, de un alivio a todo dolor y de un remedio a todo mal? ¡Cuánto nos cuesta asumir las promesas de nuestro Señor Jesucristo en los momentos de crisis!

Ahora le pido que se detenga un momento y reflexione sobre la semana, sobre su propia semana de Pasión, esa semana que quizá duró meses o incluso años, y dígame ¿no merecemos acaso salir del tiempo de tribulación para gozar en Cristo una resurrección espiritual? Analicemos sinceramente y procuremos no engañarnos, ya bien dice mi querido amigo el Doctor Mervy Enrique González Fuenmayor que “también hay quien salta del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección sin pasar por la Pasión”; están con el resucitado pero no estuvieron con el crucificado, todo dentro del pensamiento humano de evitar a toda costa el sufrimiento. (Seguro estoy que, aunque la salud al Doc le trató duramente en los días precedentes, el día de mañana se reirá conmigo de aquello por lo que pasó).

Si bien mi mensaje clama por que abra usted su espíritu a ataviarse con la vestidura del Hombre Nuevo de la que habló San Pablo dejando atrás los momentos aciagos, procuro en él no despreciar al sufrimiento ni al dolor por considerarles un camino muy necesario a la reconversión cristiana. Tanto como el dolor -biológicamente considerado-, cumple con la función de informarnos de que algo no va bien con nuestro cuerpo, el padecimiento espiritual nos recuerda que debemos retomar las riendas de nuestra vida y hacer ese cambio que, a manera de aliciente o medicina nos cicatrice la herida sangrante que no nos deja continuar con buen pie. Considere lo que sería del ser humano si fuese totalmente incapaz de sentir dolor ¿Cuántos de nosotros no moriríamos de una simple congestión estomacal? Es así que Dios permite que el dolor exista para algo bueno: y esto es para que no muramos en la carrera por alcanzar la vida eterna. Recordando a Cristo en el Evangelio según San Mateo “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su vida?” Sería totalmente nuestro el mundo si no tuviésemos dolores ni padecimientos, pero ello nos condenaría a una muerte segura.

Si en algún momento de su vida piensa que la cruz que carga es muy grande, tómela sobre su hombro y condúzcase con la fe que le hará ver que en su tribulación sigue al Maestro, y que todo el que se crucifica con Él, de corazón, como lo hizo el ladrón arrepentido, recibirá una pronta resurrección y la vida eterna. Dése la oportunidad de sufrir, dése la oportunidad de reflexionar, pero dése también la oportunidad de resucitar a través de la misericordia y el perdón.

Finalmente, mi muy querido lector, pido a Dios Padre Todopoderoso, a nuestro Señor Jesucristo, a nuestro Espíritu Santo y con la intercesión de la bienaventurada virgen madre María, que con su bendición nos permitan despertar a la renovación espiritual en la esperanza de la vida eterna. Amén y Amén.

ADDENDUM – Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor.

“Estas reflexiones expresadas por el colega, amigo y dilecto discípulo: abogado Alejandro René Morales Loaiza, constituyen un verdadero aporte a la interpretación correcta del significado de la Semana Mayor, conocida también como Semana Santa. Se explanan en este artículo: “DOMINGO DE RESURRECCIÓN” con profundo y certero tino las diversas aristas de este tiempo de conversión o reconversión —según sea la hipótesis de la persona que se encuentra prisionera de sus disyuntivas, o de la vorágine que genera el mundanal ruido—, y que apuntan hacia una percepción totalmente distinta a la que hoy se tiene del cómo vivir este tiempo, considerado uno de los más importantes, dentro del ritual católico. Felicito al distinguido colega Morales Loaiza por su congruente, acertado —y por demás conforme a las precisiones teológicas—, examen, análisis y conclusiones sobre su apreciación del estado degenerativo en que se encuentra la sociedad actual respecto de los valores tradicionales, trascendentales y más puros del ser humano. Del mismo modo me permito testimoniarle mi felicitación por la claridad con la cual desarrolla los aspectos bíblicos del tema. ¡Avanti caro amico!

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Oración: “Dame un corazón sano”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del miércoles 9 de julio de 1997.

Trasladada a la red el viernes 27 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

[CORAZÓN+DAME+UN+NUEVO+B.MEGF.JUEVES+26+MARZO+2009.468854864_0cb2024c42.jpg]


ORACIÓN —

Éstas son mis cuentas, Señor.

Mi corazón está de pie

y mi vida transcurre en el trabajo.

Mis manos tejen horas

a tu servicio y sin descanso.

Tuya es mi vida, Tú sólo mi salario.

Dame un corazón sano.

Guarda mi corazón

de levadura de maldad

y cámbialo sinceramente

en fermento de bondad.

Quiero en esta mañana

tan limpia y virginal

prometerte con fe

ser levadura de humildad.

Mis labios te confiesan ¡Oh! Señor.

Me gozo ante los ángeles del cielo

y ante los hombres de la tierra

de proclamar tu nombre, mi Señor,

con arpa y con salterio de alborada,

con platillos sonoros de montañas.

Que todos los momentos de este día

aplaudan a Jesús, el Salvador.

Te espero iluminado en el corazón,

te busco y te requiero

y espero con amor la boda.

Hoguera son mis ojos

y lenguas de deseos son mis manos.

¿Quien más amado que el amor

clavado en cruz y bautizado en sangre?.

Ven señor y termina ya la noche,

y brille tu fulgor al levantarme.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡QUÉ MARAVILLOSO ES ESTAR EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR Y CONVERSAR CON ÉL! Es un conjunto de emociones y sensaciones que toca lo mas profundo de nuestra alma. Platicar con el Señor es dejar todo en sus manos. Es glorificarle, es santificarle, es decirle: Señor Jesús estoy en tu presencia, límpiame y sáname. Es importante en este momento, hermano y hermana que me lees, saber que nuestra vida es un regalo de Dios y que debemos asumirla con todas las alegrías, pero también con las adversidades. Y ello nos lleva nuevamente a afirmar que debemos llevar la cruz que en justicia nos ha tocado en esta vida. Debes entender que la cruz es tu verdadera gloria. Señor Jesús, muerto en el madero de la cruz para darnos gloria y vida. A los ojos de la carne la cruz fue tu gran fracaso, tu tremenda derrota, sin embargo mirándote en la cruz con los ojos de tu Padre descubrimos que convertiste el madero infamante en árbol de gloria. Por la ignominia de la muerte conquistaste la vida, la reconquistaste. Por el paso patético de la cruz nos ganaste el gozo de la gloria. Por eso no consideramos a tu cruz como un instrumento de suplicio, sino como nuestra señal, como nuestro signo y ese signo no es de muerte, es de vida y victoria. Los apóstoles te predicaron crucificado, pero ellos quisieron mostrarte pagando un precio de redención, para obsequiarnos el fruto de ese pago cruento: la gloria de tu reino, que es el mismo reino de tu padre, Cristo sinónimo de vida, tu ya pasaste por la cruz, pero nosotros todavía debemos pasar por tu cruz, el Padre no te la ahorró. Pues bien, no es el discípulo mayor que su maestro. ¿Seremos capaces, hermanos y hermanas que me leen, de beber el cáliz que el Señor Jesús bebió? ¿Podremos atravesar su sacrificio, triunfantes como él? ¿Soportaremos la prueba para recibir la corona de vida que nos prometió Jesús a quienes le aman? ¿Nos alegraremos por la cruz, felices por compartirla o la rechazaremos como algo que se debe evitar? ¿Sabremos que tú fuiste Jesús, varón de dolores para que nosotros fuésemos gozosos beneficiarios del cielo? ¿Acaso me daré cuenta de que debo unirme a tu cruz para resucitar contigo? ¿Reconoceré que sin sangre no hay salvación y que mi felicidad tiene un precio: el de tu entrega en la cruz? Señor Jesús, dame la felicidad de saber que en la cruz reside tu gloria. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —

AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Vídeo Reflexivo: “Jesús arroja a los vendedores del Templo”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el lunes 16 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

A CONTINUACIÓN SE TRANSCRIBE para consideración vuestra, un fragmento aleccionador:

Evangelio según San Juan 2, 13-25

1.- INTRODUCCIÓN.

Los dos primeros domingos de Cuaresma, nos han revelado las tentaciones y la transfiguración del Señor, ahora, desde este domingo de Cuaresma y los siguientes, nos darán el sentido de la radicalidad de lo que conocemos por la fe como el Misterio Pascual, que es la síntesis de la vida de Cristo, quien pasando por el mundo y la humanidad que salva, nos conduce hacia el gozo de su resurrección, ya presente en nuestro camino terreno en un avance que se interioriza en nuestra fe de cristianos y nos impulsa por la esperanza y el amor para que por Él y con la acción del Espíritu Santo, logremos la comunión definitiva con el Padre eterno en la mansión celeste.

Hoy contemplamos a Cristo, como Templo vivo de Dios que nos convoca y reúne en su Iglesia por la ley, la cruz y la oración.

2.- CRISTO ES EL TEMPLO VIVO DE DIOS.

Partimos del pasaje bíblico del evangelio de San Juan, que nos narra la acción valiente y llena de autoridad de Jesús, cuando arroja a latigazos con furor santo a los hombres que profanaban el Templo de su Padre, con el comercio de animales para los sacrificios cultuales; los dineros de los cambistas que se ordenaban a pagar los impuestos del Templo y los vendedores de palomas que ofrendaban los pobres en el lugar santo del Señor: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. El celo por la casa de su Padre fue captado por los discípulos suyos, según lo que ya se anunciaba en las Escrituras.

Ante este hecho intervinieron los judíos para preguntarle qué señal les daba para actuar así y Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Cuando los judíos le replicaron que el templo había sido construido durante cuarenta y seis años, creían que era absurdo y desproporcionado que Él lo reconstruyera en tres días, pero Jesús no hablaba sino de su propio cuerpo que resucitaría glorioso a los tres días después de su muerte. Los discípulos de Jesús, recordarían después estas palabras del Salvador a propósito de su muerte en la cruz y creyeron entonces en la Escritura santa y en las palabras que Jesús había dicho.

Cristo al asumir una naturaleza humana limpia de pecado, se constituyó como el Templo vivo de la Casa de Dios, sellado y consagrado con la inmolación de sí mismo y con la entrega hasta la muerte y muerte de Cruz para la gloria de Dios y salvación de los hombres. Él como templo resucitado reúne a los hijos de su Padre dispersos por el pecado y la rebeldía en contra de Dios.

3.- CRISTO CONVOCA Y REUNE EN SÍ MISMO A LOS HOMBRES POR MEDIO DE LA LEY, LA CRUZ Y LA ORACIÓN.

A).- La Ley: la antigua alianza de Dios con los hombres se cerró con las ofrendas presentadas en el templo de Jerusalén, que fueron figura de la realidad plena de la nueva alianza. Esas ofrendas obedecían al mandato de la ley mosaica, pero con Cristo en la plenitud de los tiempos dentro de la historia de la salvación esas ofrendas han quedado superadas por la nueva ley que Cristo instaura y lleva a plenitud al ofrecerse como víctima perfecta para la salvación y redención humanas.

B).- La Cruz: es el ara del sacrificio de Jesucristo, como nuevo y definitivo Sacerdote oferente. Su motor es el amor, porque ninguno ama tanto sino aquel que da la vida por los que ama. Cristo al ofrecerse y morir en la cruz expresó irrebatiblemente su amor divino humano por los hombres pecadores y por el rescate del universo entero. La Cruz es la suprema insignia del amor de Jesús por los hombres y por la creación elevadas a la unión íntima con Dios.

C).- La Oración: Cristo con lágrimas y clamor válidos oró por los hombres muertos por el pecado y la condenación eterna. Al ofrecerse a su Padre movido con gemidos inenarrables que el Espíritu Santo hizo brotar de su corazón doliente y oferente, pudo enseñarnos lo qué es la oración que desde el ara de la cruz dirigió a su Padre con las siete palabras que dan unidad total a toda su vida de oración. El Padrenuestro es la manifestación orante perfecta y definitiva que nos enseñó para alcanzar perdón y gracia de parte de su Padre y las bendiciones del Espíritu Santo, para ser santos y alcanzar la gloria eterna más allá de esta vida asumida para siempre en el misterio de la Resurrección final.

4.- CONCLUSIÓN.

Así, los cristianos somos en forma participada el templo vivo de Cristo. Por el bautismo y demás sacramentos, vivificados por la Palabra. Llamados a formar la comunión eclesial del amor y del servicio con la cruz de cada día, orando sin cesar para cumplir la voluntad de Dios, pero realizando la ley del amor que se refiere a Dios mismo y a los hermanos…¡Vivamos pues, con el cumplimiento de la nueva ley por la cruz redentora y por la oración incesante, que como incienso de suave y fragante aroma sube hasta la presencia del Altísimo en el Templo, lleno de luz y vida, de Cristo muerto y resucitado!…

+ Fernando Mario Chávez Ruvalcaba

Obispo Emérito de Zacatecas

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Oración: “Reconozcamos su sacrificio”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 2 de octubre de 1997.

Trasladada a la red el domingo 15 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i2.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a4/Miguel_Angel_Crucifixion_La_Redonda_Logrono_Spain.jpg/398px-Miguel_Angel_Crucifixion_La_Redonda_Logrono_Spain.jpg


ORACIÓN —

Al ver de tus heridas santas

sangre por mí derramar,

quisiera bien tus plantas

con mis lágrimas regar.

Perdonaste a Magdalena

en premio a su tierno amor.

Lloró Pedro amargamente

porque te negó tres veces.

Y apuró del penitente

el cáliz de amargas preces.

Yo mil veces te he negado,

¿Por qué no lloro, Señor?

Tus llagas serán el puerto

que del mar me abrigará.

De mi vida en el desierto

tu cuerpo será el maná.

La cruz será mi bandera,

que es del infierno el terror.

Corazón de mí, Jesús.

Jesús de mi corazón.

La pasión de la cruz

o la cruz de la pasión.

Quiero, señor Jesús compartir

contigo tus dolores y tu amor.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


EN ESTA REFLEXIÓN QUE HEMOS REALIZADO en presencia de nuestro Señor, en una plática cuyo centro es recordar ese sacrificio de nuestro señor Jesús. Todo ese peregrinar por el dolor, por la humillación, por el vejamen. Vituperado, calumniado, abofeteado y castigado por aquellos que una vez gritaran ¡Hosanna! a la entrada de Jerusalén. ¡Oh! ¡Traición vil! ¡Oh! ¡Dolores inefables! ¡Oh! ¡heridas que duelen! En este momento, hermano y hermana que me lees, es bueno reflexionar con cierta frecuencia el sacrificio de Jesús, porque la vida en el cotidiano vivir también nos va a presentar situaciones muy difíciles. Caminamos sobre las espinas, pero no sabemos entender el valor que es transitar por las piedras filosas de la vida, por las espinas que te punzan y que te causan dolor. No sabemos asumir que en el dolor, de alguna manera también, nuestra vida se ve reflejada en el dolor que Cristo sufrió. Y necesario es asumir ese dolor humildemente. Poco importa si ese dolor es físico o moral, Jesús pagó nuestras culpas, derramó su sangre en la cruz y sufrió todas las humillaciones, azotes y golpes para que nosotros fuésemos redimidos y liberados. ¡Oh! amigo y amiga que me lees, ¡cuantos abrojos encontrarás en el camino!, ¡cuántas ilusiones deshojadas por culpa de los amigos! Cuando menos pienses, esos amigos te pondrán las lágrimas en los ojos, la espina en el corazón, la hiel en la copa de la existencia. Entonces sé fuerte, perdonando como perdonó Jesús: Perdona a tus amigos, perdona las traiciones. Apaga con la dulzura de tus miradas húmedas la carcajada irónica. Vuelca en vez de sangre sobre sendero del traidor, un puñado de rosas. Exprime el panal de tu espíritu, la miel del amor y haz que gotee en el cáliz del que te hirió. Nunca ha sido mas grande el alma que en el perdón adquiere sin pensar los relieves de lo sublime, y tendrás que perdonar en el camino. A cada paso hallarás nuevas traiciones, nuevas calumnias y nuevos desengaños en los mismos que te rodean. Es que abundan las almas viles. Qué sublime y divino es pasar por la vida sembrando amor sobre todas las espinas. Ser como el cielo que, si la noche cuelga sus crespones sobre el infinito, el cielo pone sobre la oscuridad una floración de estrellas. La bondad, el perdón y el amor nos divinizan, nos asemejan a Dios, que hace brillar el sol sobre todas las frentes, hasta de aquellos de los que le maldicen. Amigo y amiga que me lees, que tu rosal tenga más tiempo para dar rosas. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “El cuerpo de Jesús”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del viernes 26 de septiembre de 1997.

Trasladada a la red el lunes 9 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i2.wp.com/www.marianland.com/tan/passion_supper.jpg


ORACIÓN —

Te adoro ¡Oh! eterno Hijo

y te doy gracias por el amor infinito

con el que por mí quisiste

tomar la carne humana,

nacer en un pesebre,

ser educado en un taller

y padecer hambre,

sed, frío ,calor, penas, trabajos,

desprecios, persecuciones, azotes,

espinas, clavos y luego la muerte

en un madero durísimo de la Cruz.

Te rindo gracias con toda la iglesia

triunfante y militante,

por la infinita caridad con la que

instituiste el Santísimo Sacramento,

para manejar mi alma.

Te adoro, Señor, en todas las hostias

consagradas del mundo

y te doy gracias también

por aquellos que no te conocen

ni te tributan gratitud.

Quisiera dar la vida

para que seas conocido,

amado y honrado

en este Sacramento de amor

e impedir las irreverencias

que se cometen y los sacrilegios

que se ejecutan.

Te amo, Jesús, salvador nuestro

y deseo amarte y recibirte con el amor,

la pureza y los afectos

de tu santísima madre,

con el amor y perfección

de tu mismo purísimo corazón.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —

ES EXTRAORDINARIAMENTE MARAVILLOSO ENCONTRARNOS EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR, en el cuerpo sacramentado de Jesús, al cual podemos acercarnos diariamente por medio del sacramento de la comunión. Pero es necesario que no pongamos barreras entre el Señor y nosotros. Debemos alabarle y bendecirle, glorificarle, manifestarle que Él es la verdad, la vida, el camino y la luz. Que nosotros hemos abierto nuestra mente, nuestro espíritu, nuestro cuerpo, para que Él sea nuestro guía, sea nuestro conductor. Para que dejemos a un lado todas nuestras conductas que están caracterizadas por actitudes y deseos que son contrarios a la justicia, al amor, a la equidad, a la solidaridad humana, al amor por Dios y al amor por el prójimo. Esas razones y muchas otras son imperativas para afirmar en este día que Cristo es el camino. No hay otro camino. Si quieres vencer debes vencerte, véncete y vencerás, esfuérzate y triunfarás. Después de los combates, después de los esfuerzos cotidianos, vuela al Sagrario, sea ése el manantial de aguas vivas, hasta donde bajas a refrigerar y reconfortar tu espíritu. Toda lucha debilita. Ve a buscar en el amor del Sagrario nuevas fuerzas y nuevas energías. No quieras buscarlas en otra parte: no hermano, no hermana, perderás tu tiempo. Los consuelos humanos, si bien a veces, son necesarios, no tendrán nunca la virtud de reponer tus energías. No sacies tu sed en las cisternas humanas, corre como el ciervo a la fuente, que sana toda herida y apaga toda sed. Las almas olvidan con frecuencia estas aguas, de allí que la sed que las consume sea inmensa e inapagable. Cualquiera que beba de otra agua, dice Jesús, tendrá otra sed. Quien bebiera del agua que yo le dé, jamás volverá a tener sed. Antes bien, el agua que le daré, vendrá a ser en su interior un manantial de agua que manará sin cesar hasta la vida eterna. Si estás triste, hermano y hermana que me lees, corre al Sagrario. Pero sí tienes también la alegría del triunfo, vuela a regocijarte con el amado, si experimentas cansancio, échate en los brazos del maestro y verás como las sombras se disipan, como las luces crecen y como las fuerzas se centuplican ¡Venid, venid a mí! que yo os aliviaré la carga ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —

AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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La Nota Corta: “Breves explanaciones sobre nuestros conflictos internos”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el jueves 26 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el domingo 8 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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EN MUCHO NO LOGRAMOS ENTENDER que somos criaturas muy frágiles, incapaces de agregar aunque sea un solo centímetro a nuestra estatura, ni un solo cabello a nuestra cabellera, y sin embargo continuamos desafiando a Dios, ofendiéndolo, transgrediendo sus normas y pensando que, por habernos dado Dios la gran oportunidad de poder someter todas las fuerzas del universo a nuestro dominio, ese solo hecho basta para que podamos vivir sin su amparo, sin su amor y protección. Esta situación es la que ha hecho que la Humanidad se encuentre en el estado de deterioro, de depauperación, dentro de esa gran crisis de valores que hoy azota nuestra sociedad y que la ha transformado en una sociedad pendenciera, belicosa, prostituida, anómica, caminando de espaldas a Dios y que la coloca al borde del precipicio, precipicio en el cual el mal y el príncipe de las tinieblas reinan. Disculpen ustedes, amigos lectores, que le haya girado el contenido de estas reflexiones hacia lo teológico, filosófico y religioso, pero no podía hacer menos, ya que hablar de nuestros conflictos internos siempre nos desplazará el análisis hacia nuestras actitudes, conductas y procederes en la familia, en la sociedad y en la generalidad de nuestras interrelaciones personales. Nos pavoneamos pensando que somos autosuficientes, que podemos lograr todo y que no nos hace falta Dios para conquistar cualquier cosa que no propongamos, bastándonos única y exclusivamente nuestros esfuerzos. ¡Qué ilusos!.

Si nuestro buen padre Dios no hubiese enviado a su hijo, nuestro buen señor Jesucristo para redimir nuestros pecados, pagar nuestras culpas, morir en una muerte de cruz, pasar por la pasión, crucifixión, muerte y posterior resurrección, no tendríamos nada de lo que hoy disfrutamos, como por ejemplo el perdón de los pecados y la vida eterna por la pura misericordia de Dios. Ya tendríamos un tiempo bastante prolongado compartiendo con las criaturas del mal en el averno. Jesús tomó su cruz con fuerza, con estoicidad y murió allí, él que no tenía pecados, para pagar la factura por los nuestros, allí en la cruz la clavó y ese acto devino en la derrota y en la muerte del maligno.

La mayoría de nuestros conflictos internos, de nuestras batallas interiores, se originan en la violación o transgresión por parte nuestra de los designios y preceptos del Señor y también por un acto de cobardía cuando no enfrentamos la realidad, cuando no asumimos nuestra verdadera función frente a la sociedad, frente a nuestra familia, frente a nuestro trabajo, frente al mundo. Es un acto de cobardía que tiene que ver con no tomar nuestra cruz y seguir a Jesucristo. Es un acto de cobardía por no negarnos a nosotros mismos, es decir negar que somos ciudadanos del mundo y que no obstante que vivimos en el mundo terrenal, somos seres espirituales, somos seres hechos a imagen y semejanza de Dios y cuyo reino no es de este mundo sino del mundo de la verdad, del mundo de la justicia, del mundo del amor, del mundo en donde no existen penas, ni enfermedades, ni el dolor, ni la muerte. Es el mundo celestial, es el mundo de Dios, es el reino del amor, es el reino de la justicia, es el reino de la paz, ese reino que, aunque no lo creamos, está destinado para nosotros.

A continuación y con la aquiescencia de mis lectores transcribiré una de las citas bíblicas correspondientes al episodio según el cual Jesús debía morir en una muerte de cruz, al tiempo que se nos refiere la necesidad por parte nuestra de negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir a Jesús como señal y signo auténtico de nuestra cristiandad:


Lucas 9, 22-25


En aquel tiempo, dijo Jesús: El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día. Decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?

En el orden que nos hemos propuesto, el lector encontrará la transcripción de algunos fragmentos contentivos de algunas reflexiones de San Juan de Ávila y que estoy seguro serán de mucha utilidad para el tema que hoy abordo en esta Nota Corta:

¿TIENES GUERRA EN EL INTERIOR?


La paz en el creer está, no en el escudriñar. En el obedecer con simpleza lo que Dios envía, no en creer que otra cosa fue mejor. En ser regido, no en regir. En seguir, los ojos cerrados, tras esa luz divina que errar no puede, no en tenerlos abiertos a escudriñar lo que alcanzar no podemos y lo que nos hace verdaderamente ciegos, consistiendo nuestra luz en seguir la divina.”


(Fragmento tomado de San Juan de Ávila…c 117).


“Cuando el niño se porta como tal, tiene asegurada la protección, la ayuda y el cariño de su padre. Sería fatal para él insolentarse y rechazar a su padre para vivir según sus caprichos, creyendo que se basta a sí mismo.


Lo mismo nos sucede a los cristianos. Solamente nos va bien y tenemos paz y alegría verdaderas, si vivimos evangélicamente: como niños que se pliegan en torno a la voluntad del padre. Lo fatal es que dejándonos llevar del secreto deseo de divinidad robada que heredamos de nuestros primeros padres, tratemos de suplantar a Dios y de que, por encima de su voluntad se imponga y prevalezca la nuestra. Entonces viene la intranquilidad, la turbación y la guerra interior.

Si queremos paz y felicidad no hay más remedio que conformar nuestra voluntad a la de Dios y lograr que nuestro entendimiento acepte como mejor lo que él dispone. Por que sólo expulsado de nosotros el contrario, “no hay quien riña con Dios”, como decía San Juan de Ávila.


El mismo santo explicaba esto gráficamente mediante la comparación de un mozo pendenciero que alborota la casa. No hay más remedio que expulsarlo para que se acaben las revueltas y peleas y haya paz y tranquilidad en casa. Y lo mismo nos pasaría a nosotros. “Si dejásemos nuestro propio parecer y siguiéramos el de Dios y lo dejásemos a él hacer, en nuestra casa habría paz. Ella fuera tu propio sentido y quedarás en paz. Quiero decir que, si Dios te quiere llevar por breñas y barrancos, no te parezca que irías mejor por lo llano o por otra parte que eso es lo que te hace tener guerra entre ti”.


El precio, pues, de la paz interior es negar nuestros quereres y juicios contrarios a Dios. El entendimiento no rendido a él es “el derramasolaces, enemigo de la paz… e ídolo puesto en el lugar santo de Dios.


Desatinamos cuando juzgamos los acontecimientos según criterios humanos, que son medida inadecuada para la anchura y altura del cielo. Creer que Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y que no quiere sino nuestro bien, y que nos ayudará a salir airosos de cualquier trance difícil, es lo que únicamente nos conserva en paz y tranquilos. Sólo así nos liberaremos de los grandes desasosiegos que sienten los que a su propio parecer miran. Porque quieren escudriñar los altos y ocultos juicios de Dios por su flaca y poca sabia razón, que, para las cosas de Dios, es como ojos de lechuza a para los claros rayos del sol”.


Esta es la primera letra del a, b, c,: que quien quiere seguir a Cristo se niegue a sí mismo. En esto habréis de trabajar: en que se rinda vuestro corazón a Dios. Cuando vuestra voluntad estuviere tal que en todo quiera lo que quiera Dios y no lo que vos, entonces os irá bien”.

(Estos fragmentos fueron tomados del libro: ¿CÓMO SUPERAR EL DOLOR? Autoría de MARINO PURROY. Santa Fe. Bogotá Colombia. Editorial San Pablo. Sexta edición. 1995. Págs. 69- 71).

Aunque no queramos, aunque no nos guste, aunque pasemos la mayor parte de nuestra vida evitando esa situación, nunca podremos lograr esa evasión ya que está escrito que para poder ganar el reino de Dios es necesario tomar nuestra cruz, negarnos a nosotros mismos y seguir a Jesucristo. No hay otra manera, Jesús lo dijo: yo soy el camino, la verdad y la vida. No hay otro camino hacia el Padre. No hay otro camino hacia la salvación. De allí amigo lector, mi palabra de exhortación para que de una vez por todas le abramos la puerta de nuestro corazón a nuestro señor Jesús para que nos conduzca, para que nos guíe, para que nos oriente y para que podamos llevar nuestra cruz con estoicidad, con alegría, en la seguridad de que Jesús, de que Dios, de que el Espíritu Santo, de que nuestra virgen madre María estarán haciendo esa cruz más liviana, menos pesada y en el cumplimiento de nuestra misión para que cumpliendo de esta manera con el proyecto de salvación que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros podamos morar en la casa de nuestro padre. Amén y amén…

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