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Oración: “Paz en tu amor”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 10 de julio de 1997.

Trasladada a la red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —

Préndeme en tu fuego, mi Señor.

Fuego revelan tus palabras.

Fuego levantan tus milagros.

Eres fuego de Dios en cruz

de amor transfigurado.

Tu fuego es pan de vida

y vino de misterio consagrado.

Bendito fuego salvador,

acrisola mi vida en tu costado.

Dame la paz de tu amor.

Paz y guerra definen las huellas

remarcadas de tu paso.

La paz de tu Evangelio es guerra

y lucha de amor contra el pecado.

Abres caminos con tu andar

y dejas un mundo nuevo a tu paso.

Danos la paz de tu saludo

a tanto pueblo atribulado.

Dame ojos, Señor, que te sepan ver.

Me gusta disfrutar los hechos

diarios de la calle.

Amo la aurora y amo al sol.

Disfruto con la brisa de la tarde

y siento con placer

la voz de Dios en sus detalles.

Revela, mi Señor, tu voluntad.

Háblame al corazón y no te calles.

Hazme, Señor, instrumento de perdón.

La vida es un camino de paz y de fraternidad.

Cualquier ofensa recibida lleva

también consigo el don de perdonar.

Enséñame ¡oh! buen Jesús

y señor de la mañana,

a ser fuente de amor y paz.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


ES SENCILLAMENTE EXTRAORDINARIO TENER LA OPORTUNIDAD DE HABLAR CON EL SEÑOR. Sentir su presencia amorosa. Sentir cómo un fuego de luz misteriosa, de amor, de paz, de serenidad y de sosiego va invadiendo muy lentamente toda nuestra vida y nuestro corazón. Y en este momento que anuncia el nacimiento de un nuevo tiempo, amigo y amiga que me lees, debemos hacernos el firme propósito de ser constructores de la paz. Cristo pacífico, príncipe de la paz, sé que la paz es la tranquilidad en el orden pero no en cualquier orden, sino en el orden de tu gracia. Tú proclamas: bienaventurado hijo de Dios el que construye la paz de la cual está enamorado. Esa paz que es calma y liberación, paciencia y perdón, misericordia y justicia. Pero también una paz que muchas veces es espada. Tú también dijiste, Señor: mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da, la doy yo. Esto supone, Señor que hay una paz según categorías mundanas y otra que es la paz que tú nos das. La paz del mundo se firma con una mano y se violenta con la otra. La paz del mundo es doble. Los enemigos de ayer son hoy nuestros aliados. Y nuestros enemigos de hoy son nuestros aliados de ayer. Tu paz es a veces espada, espada contra nosotros mismos, que somos nuestros peores enemigos. Sé que al entrar en una casa debo comunicar la paz y construir allí mismo la paz. Sé también que en muchas ocasiones tendré la paz al constatar que mi fe me ha salvado. Sé que tú viniste para enderezar nuestros pasos por los caminos de la paz. Sé también que tu apóstol deseaba gloria, honra y paz a todo el que practica el bien. Tu Padre nos dio la paz y aplastará a la cabeza de Satanás en el último día. Sé que el fruto de la justicia puede ser sembrado sólo en paz y que debo procurar que el día de la justicia de Dios nos encuentre en paz con Él y con el hermano. ¿Qué hago cuando la paz se ausenta de mi corazón, cuando la duda siembra allí sus gérmenes? Acordarme de ti, amar tu paz, saberme feliz y perdonado, saberme hijo de Dios. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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