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Archive for 30/03/09


La Nota Corta: “Breves sobre el Síndrome de la Abuelitis”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el sábado 28 de marzo de 2009.

Publicada en la Red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

https://i2.wp.com/1.bp.blogspot.com/_-YHF6Q0vXTw/RnzsA5DTE1I/AAAAAAAAAf8/Mquw4cHGx3o/s400/Abuelos%26nietos.jpg


ME HE PERMITIDO TOMAR ALGUNOS FRAGMENTOS de la súper autopista de la información para introducir el tema de la “abuelitis” que como ya todos deben saber es un fenómeno universal, cuyas consecuencias tienen de cabeza a psicólogos, sociólogos y demás especialistas en la conducta humana.

Nadie ha escapado, y con seguridad tampoco escapará, de este síndrome que transforma a los abuelos, en algunos casos, en verdaderas marionetas manejadas por sus nietos. Observe usted las iniciativas, conductas y hasta posiciones extremas de algunos abuelos. Afirman los psicólogos que este fenómeno ocurre en virtud de que los abuelos se consideran un puente entre la generación nueva de sus nietos y ellos mismos. Toda la severidad, rigidez y forma de educar a sus propios hijos resulta vulnerada, neutralizada y hasta edulcorada tras la presencia de los nietos. Atrás quedaron los duros castigos, las sanciones a conductas inadecuadas de sus hijos, el rigor en el aspecto de la formación educacional y cultural de sus vástagos, para darle paso a la conductas complacientes, amorosas, a las actitudes y decisiones subordinadas, casi totalmente, a la voluntad de los nietos, bien se trate de los pequeñines o de los nietos que se encuentren en la adolescencia, la pubertad, en la adultez o en la madurez. No hay límite alguno para evidenciar la sobreprotección y la aceptación incondicional de las acciones, omisiones y hasta algunas transgresiones de los nietos. Y si usted, amigo lector, se le ocurre la penosa idea de hacerles saber a los abuelos lo nocivo y tóxico de esas conductas, forma de pensar y de actuar, ¡usted se lo ha buscado! Se ha convertido, por ese sólo hecho, en enemigo a ultranza de esos abuelos. Pero veamos el siguiente fragmento, para que de él podamos extraer algunas conclusiones, sin que se requiera de haberse profesionalizado en psicología, sociología o cualquier otra disciplina cuyo objeto de estudio sea la conducta humana; son tan elementales esas consecuencias que se pueden mostrar en unos cuantos ejemplos:


“Soy abuela, que emoción!” “No es por nada, pero mi nieto está bellísimo, sólo mírale esa nariz, igualito al abuelo Toño”, dice la señora María al recibir a su primer nieto en el hospital. La llegada de su nieto es tan especial como lo fue el matrimonio de su única hija. Mejor dicho, no hay palabras para describir los sentimientos que se desbordan al ver al nuevo miembro de la familia. Si pudiésemos tener una fotografía de cómo se ven los abuelos en este preciso minuto verían a dos erguidos personajes de la realeza, orgullosos y llenos de alegría. Es un momento de inspiración al ver físicamente al sucesor de sus esperanzas y sueños a través del nieto. Empieza la “abuelitis”. Inmediatamente se preparan las abuelas para cuidar, asistir y ayudar a los nuevos padres de familia. La abuela María se va de inmediato a hacer compras de todo lo que hace falta al nieto. Busca las sabanitas y camisitas que usaron sus propios hijos, hasta encontró un traje típico para cuando el bebé tenga un par de meses. En casa, empieza a buscar fotos de la infancia de su esposo para mostrar el parecido entre su nieto y el abuelo. El abuelo muy contento se va al banco para abrirle una cuenta de ahorros al nieto y compartir la novedad con la gente. Si antes se reunía a jugar con sus compañeros, ahora tiene la excusa de que es “abuelo”. Le compra su primer carrito y una pelota de baloncesto, hasta ya tiene vistos los juguetes para Navidad. Se toman muchas fotos y se hace un álbum para mostrar a sus amistades. El tema central de conversación es “mi nieto y mi nieto…”. Definitivamente que “abuelitis” da con ganas.”(sic)

(Versión libre tomada de Internet: Ariadna Espanó de Ponce).

Es tan arraigado “el amor de los abuelos” que generalmente se traduce en enfrentamientos entre éstos con los padres de sus nietos. La problemática empieza a tomar forma cuando se desautoriza a los papás, pretendiendo los abuelos dictar pautas a la formación, enseñanza y desarrollo de los nietos. Se generan verdaderos combates entre abuelos y los padres de los hijos. Esta situación no resulta conveniente para nadie. En la misma todos pierden, nadie gana. Los abuelos pierden porque serán el blanco de las críticas de sus hijos, pudiendo aparecer un distanciamiento tal que fracture esas relaciones filiales, con la posibilidad de que se rompa definitivamente ese nexo. Pierden también los padres porque se ven privados del legítimo derecho de criar a sus hijos conforme al marco y escala de valores que ellos han elegido. Pero también pierden los nietos debido a la confusión que se genera en ellos en cuanto al modelo a seguir en su desarrollo personal, social, educacional, psicológico y cultural. Se dirán “si sigo a mis abuelos tendré problemas con mis padres”, pero “si sigo mi padres, los problemas los tendré con mis abuelos”. En ambas situaciones los nietos considerarán que ese problema fácilmente pudiera mal interpretarse como disminución o ausencia de afectos a los unos o a los otros.

Los abuelos parecen olvidar que sí es cierto que su presencia, su amor y su afecto por los nietos es necesario, adecuado y positivo para estos, aún así, deben entender que su misión no es formarlos, y que sus consejos, sugerencias y reflexiones deben expresarlas en forma privada a los padres o cuando éstos se los exijan. De otra forma pudieran convertirse en verdaderos factores de perturbación en las relaciones filiales de padres e hijos, lo cual precisamente no les gustará a los abuelos. Antes por el contrario el amor que les profesan a sus nietos procurará siempre el bienestar de ellos, su felicidad, su alegría, su éxito. Recordemos que la palabra de Dios nos enseña que el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse en matrimonio con una mujer y con ella formará una familia. Es claro que se trata de una familia diferente, aunque procedente de un mismo tronco común, posee particularidades que les son propias y que justamente las hace distintas a su familia de origen. No entraremos aquí a examinar la problemática que sucede cuando son los padres de los hijos le dejan a su vez a sus padres la crianza de aquellos y que cuando ya están bien creciditos se aparecen nuevamente por casa, a quitárselos a sus abuelos creando un problema de magnitudes impredecibles y que en la mayor parte de los casos terminan discutiéndose en los estrados judiciales. De estos aspectos nos hemos de expresar prontamente, en un artículo dedicado al tema, abundando con mayor profundidad sobre las situaciones originadas con ocasión de este “Síndrome de la Abuelitis” y demás escenarios relacionados con aquellas. Aclaro que esta nota corta no va dirigida a ningún destinatario en especial. Hago la salvedad en vista de un gran número de amigos y amigas que son abuelos y que sus conductas y actitudes no necesariamente pueden subsumirse en las tratadas en este escrito. Finalmente elevo mis oraciones a Dios, con la intercesión de nuestra virgen madre María, madre de Dios y madre nuestra, para que sean abundantes en discernimiento y sabiduría, no solamente los abuelos, sino también los padres y los nietos, todo para favorecer la unidad de la familia y el amor filial y celestial que debe reinar en todas las familias del mundo, para que sean un modelo de la sagrada familia formada por José, María y Jesús. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Un comentario que se ajusta bien al contenido de este vídeo reflexivo, lo podemos encontrar en La Nota Corta: “Hablar con autoridad”.

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La Nota Corta: “Hablar con autoridad”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el sábado 28 de marzo de 2009.

Publicada en la Red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

https://i0.wp.com/2.bp.blogspot.com/_P1ZOPSPDQc4/SCIpyQKAnkI/AAAAAAAABPU/r2WLa6a85vs/s400/jesus.jpg


UNA DE LAS CAUSAS POR LAS CUALES EL MUNDO NOS OBSERVA con desconfianza y hasta con cierta ironía y sorna, es la relacionada con nuestra doble moral, con la falta de autoridad con la que hablamos, actuamos y pensamos. No somos auténticos cristianos y mucho menos personas que se involucran con los problemas de la sociedad. Nos creemos terrenos aislados, compartimientos estancos desvinculados del entorno social, de la vida en común y de la humanidad. A propósito, y algunas veces por ignorancia, olvidamos que somos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y el tope de la creación de nuestro Señor. En la palabra de Dios, Jesús siempre habla con autoridad, autoridad que es capaz de resucitar a un muerto, sanar a un paralítico, hacer ver a un ciego, sanar a una hemorroisa, expulsar demonios y cualquier otro acto o milagro inimaginable. Así es el gran poder de Dios. Y ese poder, esa autoridad, también reside en nosotros, porque somos santos y porque el propio Jesús así se lo manifestó a sus discípulos. Nuestra palabra, al igual que la palabra del Señor, tiene poder. Lo que ocurre es que a veces le damos más importancia a las técnicas humanas que a nuestra propia fe y por ello los resultados no son siempre los que se desean. De allí que en algunos casos seamos el hazmerreír, con la agravante de que sometemos al entredicho la Palabra de Dios y su gran poder. Desconfiamos frecuentemente de la enseñanza que Dios nos legó por intermedio de sus profetas en el Viejo Testamento y las excelsas y sublimes contenidas en el Nuevo Testamento, procedentes del mismísimo Dios en la persona de Jesús. A tales efectos resulta de gran pertinencia traer a colación las palabras del Papa Pablo Sexto quien nos recuerda en su exhortación sobre la evangelización del mundo contemporáneo: “Tácitamente o a gritos pero siempre con fuerza se nos pregunta: ¿creen verdaderamente en lo que anuncian? ¿Viven en lo que creen? ¿Predican lo que viven? Hoy más que nunca el testimonio de la vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación. Sin andar con rodeos, podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del evangelio que proclamamos” (números 76, siguientes).

No se trata entonces de referirnos al texto bíblico o a la palabra de Dios como un manantial de fuerza, de poder, de gracia, de misericordia, de piedad y de milagros. De lo que se trata realmente es de nuestra forma de conducirnos y de actuar en la sociedad. ¿Hasta qué punto somos auténticos cristianos atribuidos de la autoridad con la cual Cristo nos enseñó y delegó en nosotros tan extraordinaria facultad y poder? Se trata de nuestra ninguna o poca fidelidad o lealtad hacia el Señor y su palabra. Nuestros rasgos carnales y la debilidad de esa carne nos lleva a dudar de la fuerza, del poder, de la magnificencia, de la verdad y del extraordinario amor con el cual Dios se ha manifestado no solamente en obras, sino también en la persona del verbo encarnado, de su hijo amado: nuestro buen Jesús.

Es triste ver como depreciamos nuestra vida en asuntos banales, triviales, sin importancia y preñados de vacíos e insustancialidades. Todavía no nos hemos dado cuenta que Jesús vino para que construyamos el reino del amor a través del perdón, de nuestro sacrificio por el prójimo, por el poder de la autoridad que él representa y que nosotros estamos obligados a extenderla con nuestras iniciativas, con nuestra fe inquebrantable en su palabra, en su amor, en su fidelidad y en recordar siempre que Dios no miente y que siempre cumple lo que promete. En nuestras relaciones interpersonales debemos tener siempre presente que somos hijos de Dios y que como tal ha de ser nuestro comportamiento, nuestro proceder y nuestra actitud. De otro modo comprometemos peligrosamente de la fe de los demás e igualmente la firmeza, veracidad e imperatividad de los mandatos, preceptos y enseñanzas contenidas en la Santa Biblia. No queramos pasar a la historia de nuestro ciclo vital como desertores o traidores del Señor.

En conclusión se nos pide y se nos exige que hablemos con la autoridad que el Señor nos legó. Es demasiado trascendente e importante la misión que nosotros tenemos en la edificación del reino de Dios. En razón de ello debemos comportarnos de manera honesta, decente y cumplidora, no solamente de las obligaciones sociales, legales y terrenales, sino también subordinarnos a la preceptiva, designios, enseñanzas y mandatos expresados en el texto sagrado por boca de los profetas enviados por Dios y por la boca del mismísimo Jesús, el Verbo Encarnado, el Mesías, el Hijo amado de nuestro Señor.

Asumir el compromiso de ser cristiano va unido a la circunstancia de hablar con autoridad donde quiera que vayamos, y la tarjeta de presentación de la autoridad con la cual debemos proceder es la Palabra de Dios. No temamos cuando nos involucremos en las causas justas y en las cuales podemos arriesgar incluso nuestra propia vida. Es preferible mil veces que nos recuerden por haber muerto cuando interveníamos a favor del débil, del desprotegido o de una causa noble, que haber muerto cometiendo un hecho ilícito, haber abusado de nuestro prójimo, o haber cometido un pecado mortal. Tuya es la decisión, por lo tanto también tu futuro. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Vídeo Reflexivo: “Jesús es rechazado”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el lunes 30 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

LA EXPERIENCIA Y UNA SIMPLE OBSERVACIÓN DE LA REALIDAD y del mundo que nos rodea, nos permitirá sencillamente y sin hacer ningún tipo de esfuerzo intelectual concluir que la mayor parte de las personas que integran la sociedad se pasan la vida en una continua QUEMADERA, portando como estandarte la circunstancia de que han sido rechazados bien en su trabajo, bien por su familia, bien en su entorno social o sencillamente no son aceptados por las personas con las que interactúan. El rechazo es condimento de la vida. Un viejo refrán repetido en mi pueblo enseña que “no somos moneditas de oro para gustarles a todos”, por lo tanto siempre habrá personas a quienes no les caigamos bien, a quienes no les gustemos o que simplemente no nos acepten, a veces por nuestro color de piel, otras por nuestras ideas, tal vez por nuestra fisonomía u origen social o étnico; de todas maneras tenemos que vivir, aunque tengamos que soportar esta difícil situación. Algo similar, pero en mayor gravedad, le ocurrió a nuestro señor Jesús cuando predicaba, incluso la gente que lo escuchaba trató de arrojarlo de allí por la fuerza y empujarlo del precipicio al cual lo habían llevado, con el objeto de matarlo (Evangelio según San Lucas 4,23-30). Imaginemos cómo se sentiría el hijo de Dios frente a semejante actitud. Si a Dios le tocó vivir tan injusta circunstancia, ¿cómo explicar entonces, nuestra irritación o descontento, porque eso mismo nos suceda a nosotros? Por lo pronto conviene recordar que la Humanidad presente vive en decadencia, envuelta en una crisis de valores en la que se aplaude lo malo, injusto, inmoral y carente de ética, y por el contrario se censura lo que es justo, verdadero, moral, ético y bondadoso. Lo cierto es que el hombre debe transformarse, cambiar, enmendarse, para que una vez que lo logre se materialice la transformación de la sociedad toda. Hay que abandonar las conductas, actitudes y procederes abusivos, irrespetuosos de los derechos humanos, violatorios de los principios éticos, morales y cristianos. Es imperativo volver al encuentro de Dios y sus mandatos para que esta sociedad sea más justa, más humana, más solidaria y más apegada a los designios de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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La Nota Corta: “El Credo del egoísta: primero yo, segundo yo y tercero yo”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el viernes 27 de marzo de 2009.

Publicada en la Red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

http://camfreedom.files.wordpress.com/2009/03/egoista1.jpg


LA PERSONA EGOÍSTA ESTÁ CENTRADA EN SÍ MISMA Y VIVE EN UN MUNDO CERRADO.

El egoísmo es diferente al amor propio, que es necesario y saludable, porque el egoísta no siente amor hacia su persona sino desprecio, y quiere todo para él porque se siente miserable y vacío.

La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.

Buda decía que si la gente no se odiara tanto a si misma, habría menos sufrimiento en el mundo, porque el odio hacia sí mismo se proyecta con agresividad y violencia.

El hombre egoísta está solo y aislado, por eso trata de llenar su vida con objetos. Su personalidad puede ser depresiva con rasgos obsesivos.

Esta introducción es necesaria para abordar las actitudes de esas personas que tal y como lo reseña el titulo de esta nota corta, solamente piensan en sus propios intereses, en sus metas, propósitos y objetivos. Generalmente se trata de personas vanidosas, superficiales, egoístas, ególatras, indolentes, insolidarias y ajenas a los problemas del mundo y sus soluciones. Son incapaces de dar un paso al frente cuando alguien los necesita. Viven en su propio mundo, si es que “eso” puede llamarse mundo.

Estos “individuos” anhelan poseer todo, figurar en todo, lograr todo, destacarse en todo, y para ello no ahorran “esfuerzos” aunque estos estén reñidos con la ley, con la moral y con las buenas costumbres. No les importa llevarse por delante a nadie, con tal y obtener lo que se propongan. Para nada reflexionan en la necesidad de respetar el derecho de los demás, sus oportunidades y medios para concretar aquello a lo cual también aspiran.
Estos “personajillos” son la negación de la esencia de bondad con la que Dios creó al hombre. Por ello siempre afirman “Primero yo, Segundo Yo, Tercero Yo, y si hubiese un cuarto también sería yo”. Ellos forman parte del paisaje grotesco de la sociedad. Su número es grande en términos de población grupal, gran parte de la humanidad los conoce, los tolera, los acepta y hasta los ensalza. En mi país, por ejemplo, muchos de ellos se pasean por la calles exhibiendo una riqueza ofensiva, amén de su ilegitima e ilícita procedencia, con aire desvergonzado, aparecen en las páginas sociales de los medios impresos y aun con la complicidad de algunos canales de televisión son hasta elevados como “paradigmas del éxito, la fama y el trabajo”. Son de los que afirman: “LA VERGÜENZA PASA, PERO EL DINERO QUEDA”.

Esta nota corta pretende ser una campanada, una clarinada, para que iniciemos la transformación interior de cada uno de nosotros. Se impone un cambio profundo en la escala de valores que sirve de guía a nuestra vida. Es necesario que le demos paso al ejercicio de una verdadera justicia, al respeto de los derechos de los demás, a la práctica de la solidaridad, de la justicia, de la caridad. En fin, un giro de ciento ochenta grados que permita que nos convirtamos en seres humanos útiles, prudentes, respetuosos, sensatos y luchadores por las mejores y más nobles causas de la sociedad. En definitiva, hay buscar el Reino de Dios y lo demás se nos dará por añadidura. Recordemos que el egoísmo es una enfermedad terminal del alma. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Oración: “Paz en tu amor”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 10 de julio de 1997.

Trasladada a la red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i0.wp.com/www.reclinux.net/david/viana/auroros/auroros_viana_misa_navarra_03.jpg


ORACIÓN —

Préndeme en tu fuego, mi Señor.

Fuego revelan tus palabras.

Fuego levantan tus milagros.

Eres fuego de Dios en cruz

de amor transfigurado.

Tu fuego es pan de vida

y vino de misterio consagrado.

Bendito fuego salvador,

acrisola mi vida en tu costado.

Dame la paz de tu amor.

Paz y guerra definen las huellas

remarcadas de tu paso.

La paz de tu Evangelio es guerra

y lucha de amor contra el pecado.

Abres caminos con tu andar

y dejas un mundo nuevo a tu paso.

Danos la paz de tu saludo

a tanto pueblo atribulado.

Dame ojos, Señor, que te sepan ver.

Me gusta disfrutar los hechos

diarios de la calle.

Amo la aurora y amo al sol.

Disfruto con la brisa de la tarde

y siento con placer

la voz de Dios en sus detalles.

Revela, mi Señor, tu voluntad.

Háblame al corazón y no te calles.

Hazme, Señor, instrumento de perdón.

La vida es un camino de paz y de fraternidad.

Cualquier ofensa recibida lleva

también consigo el don de perdonar.

Enséñame ¡oh! buen Jesús

y señor de la mañana,

a ser fuente de amor y paz.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


ES SENCILLAMENTE EXTRAORDINARIO TENER LA OPORTUNIDAD DE HABLAR CON EL SEÑOR. Sentir su presencia amorosa. Sentir cómo un fuego de luz misteriosa, de amor, de paz, de serenidad y de sosiego va invadiendo muy lentamente toda nuestra vida y nuestro corazón. Y en este momento que anuncia el nacimiento de un nuevo tiempo, amigo y amiga que me lees, debemos hacernos el firme propósito de ser constructores de la paz. Cristo pacífico, príncipe de la paz, sé que la paz es la tranquilidad en el orden pero no en cualquier orden, sino en el orden de tu gracia. Tú proclamas: bienaventurado hijo de Dios el que construye la paz de la cual está enamorado. Esa paz que es calma y liberación, paciencia y perdón, misericordia y justicia. Pero también una paz que muchas veces es espada. Tú también dijiste, Señor: mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da, la doy yo. Esto supone, Señor que hay una paz según categorías mundanas y otra que es la paz que tú nos das. La paz del mundo se firma con una mano y se violenta con la otra. La paz del mundo es doble. Los enemigos de ayer son hoy nuestros aliados. Y nuestros enemigos de hoy son nuestros aliados de ayer. Tu paz es a veces espada, espada contra nosotros mismos, que somos nuestros peores enemigos. Sé que al entrar en una casa debo comunicar la paz y construir allí mismo la paz. Sé también que en muchas ocasiones tendré la paz al constatar que mi fe me ha salvado. Sé que tú viniste para enderezar nuestros pasos por los caminos de la paz. Sé también que tu apóstol deseaba gloria, honra y paz a todo el que practica el bien. Tu Padre nos dio la paz y aplastará a la cabeza de Satanás en el último día. Sé que el fruto de la justicia puede ser sembrado sólo en paz y que debo procurar que el día de la justicia de Dios nos encuentre en paz con Él y con el hermano. ¿Qué hago cuando la paz se ausenta de mi corazón, cuando la duda siembra allí sus gérmenes? Acordarme de ti, amar tu paz, saberme feliz y perdonado, saberme hijo de Dios. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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