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ARTÍCULO: “BREVES SOBRE EL ORIGEN DE LA IGLESIA ANGLICANA”.NUESTRA OPINIÓN SOBRE LAS SECTAS.

IMAGEN: PROF.DR.MERVY ENRIQUE GONZÁLEZ FUENMAYOR, DISERTANDO SOBRE LA PALABRA DE DIOS…

“LA DISIDENCIA ES DERECHO IRRENUNCIABLE”.MEGF. (SABÁDO 18 DE SEPTIEMBRE DE 2010).

ARTÍCULO: “BREVES SOBRE EL ORIGEN DE LA IGLESIA ANGLICANA”.NUESTRA OPINIÓN SOBRE LAS SECTAS.
POR PROF.DR.MERVY ENRIQUE GONZÁLEZ FUENMAYOR.
MARACAIBO-ESTADO ZULIA-REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA-AMÉRICA DEL SUR.
REDACTADA Y PUBLICADA: SÁBADO 18 DE SEPTIEMBRE DE 2010.
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BREVE HISTORIA DE LA IGLESIA ANGLICANA…
“El rey Enrique VIII del Reino Unido es el gran protagonista y fundador de la Iglesia nacional anglicana. Nace el 28 de junio de 1491 en Greenwich. Era hijo del rey Enrique VII, fundador de la dicha dinastía Tudor, y de su esposa Isabel de York, y nieto por via paterna de Eduardo Tudor, conde de Richmond, y de Margarita Beaufort. Su padre gobierna y mantiene el poder real con mano firme, pone a raya a la nobleza y amontona dinero. Prefiere la diplomacia a la guerra para solucionar sus problemas y asuntos políticos. A su muerte en 1509, dejará una fortuna de dos millones de liras esterlinas al erario público inglés.
El padre de nuestro gran protagonista, tuvo de su esposa Isabel, además, otros dos hijos llamados: Arturo, príncipe de Gales, y Margarita. Pide para su hijo Arturo la mano de Catalina de Aragón, nacida el 15 de diciembre de 1485, en Alcalá de Henares a sus padres, la reina Isabel de Castilla (1451-1504) y el rey Fernando II de Aragón (1452-1516). Ambos Reyes Católicos eran primos y oriundos de la dinastía de los Trastamara, fundada por el rey Enrique II de Castilla, hijo bastardo del rey Alfonso XI y de Leonor Pérez de Guzmán y Ponce de León, dama sevillana y oriunda de León.
En 1501, la princesa Catalina de Aragón, con el fin de contraer matrimonio con Arturo, príncipe de Gales, viaja por tierras castellanas y gallegas para embarcar en A Coruña con dirección al Reino Unido. Le acompañan, entre otros magnates, el arzobispo Alonso Fonseca II de Santiago de Compostela, que a la sazón se hallaba en Alcalá de Henares. Visita la iglesia basílica catedral compostelana, ora ante la tumba del apóstol Santiago, ve funcionar el botafumeiro, que casualmente ese día se desprende su amarre cayendo al suelo, pero sin víctimas y heridos.
Prosigue su viaje A Coruña, desde donde se embarca con su séquito al Reino Unido. Desembarca el 2 de octubre de 1501 en Plymouth. Su matrimonio con Arturo, que contaba 14 años, se celebra con gran pompa, falleciendo al poco tiempo, en abril de 1502, sin consumar ambos contrayentes el matrimonio y quedando Catalina de Aragón viuda y viviendo en dicho reino.
En 1503, por deseos de su suegro, el rey Enrique VII, la viuda Catalina de Aragón se promete en matrimonio con su hijo Enrique VIII, nuestro gran protagonista, que contaba 12 años de edad y era un niño inquieto, aficionado a los juegos, caprichoso y muy distinto a ella, ya que Catalina, de 18 años, era de costumbres y prácticas religiosas católicas firmes y rígidas, heredades de su madre, la reina Isabel. En dicho año, el rey Enrique VII casa a su hija Margarita con Jacobo IV de Escocia.
Los Reyes Católicos tuvieron, además, de Catalina, otros cuatro hijos más: un varón, llamado Juan, y tres hembras, Isabel, Juana y Maria. Juan casa con Margarita de Austria, hija de Maximiliano I de los Habsburgo de Austria y emperador del Sacro Imperio Germánico Romano, falleciendo al poco tiempo debido a su constitución débil. Isabel casa con el rey Manuel I, el Afortunado de Portugal, que fallecida en 1500, casa con su hermana María. En 1497, Juana (1479-1555) casa con Felipe, el Hermoso, señor de Flandes y de Borgoña e hijo de Maximiliano I de los Habsburgo de Austria y emperador de Imperio de la Sacro Imperio Germánico Romano, de cuyo matrimonio nacen cinco hijos: Leonor, Carlos, María, Isabel, Catalina y Fernando.
Leonor casará con el rey Manuel de Portugal y en segundas nupcias con el rey Francisco I de Francia. Carlos, futuro rey de España y emperador de Alemania, con la princesa Isabel de Portugal. María, con el rey Luis II de Hungría. Isabel, con el rey Cristian II de Dinamarca. Catalina, con el rey Juan II de Portugal y Fernando, con Ana de Bohemia y Hungría, al que su hermano Carlos le cederá el Sacro Imperio Romano Germánico.
En 1504, Juana hereda, por testamento de su madre, el reino de Castilla con las posesiones de las Indias, y por el de su padre el reino de Aragón con las posesiones de Nápoles, Sicilia y Norte de África, pero al hallarse incapacitada para gobernar por sus condiciones sicológicas de trastorno mental, la corona de dichos reinos pasa a su hijo Carlos I según las dichas disposiciones testamentarias de sus abuelos. Su madre Juana, retirada en Tordesillas del poder político del gobierno de los reinos de Castilla y de Aragón, fallecerá en 1555.
En 1517, su hijo, el rey Carlos I toma posesión de dichos reinos, que adelante conformarán el reino de España, y en 1519, hereda en representación de su padre difunto, Felipe el Hermoso, el Sacro Imperio Germánico Romano por muerte de su abuelo Maximiliano I de Austria y es nombrado su emperador por los electores alemanes, con la oposición del rey Francisco I de Francia que tambien pretendía dicho imperio.
Me paro en el estudio de estas citadas y poderosas dinastías y familias reales por la importancia que la genética, educación, religión, política, costumbres y personalidad de ellas tendrán en las vidas y relaciones de convivencia, fidelidad y respeto entre el rey Enrique VIII y la reina Catalina de Aragón como personas, esposos y reyes.
En 1509, por fallecimiento de su padre en dicho año, Enrique VIII hereda el Reino Unido, contando 18 años. En este mismo año se une en matrimonio con nuestra protagonista Catalina de Aragón, de 24 años, viuda de su hermano Arturo, con la aprobación unánime de Parlamento inglés. Cumplía así su compromiso que había adquirido con su padre de casarse con ella.
El rey Enrique VIII tuvo dos etapas: una, antes de su divorcio, y otra, después del mismo. En la primera, se muestra como esposo y padre amante, hábil y culto estratega político y militar y se ufanaba de ser rey católico y ortodoxo. Sus relaciones con su esposa la reina Catalina son normales teniendo cinco hijos, tres varones y dos hembras, sobreviviendo una sola mujer, María, que nace el 18 de febrero de 1515 en Greenwich. La presentan cariñosamente a los embajadores y magnates del reino, como ornato de su corte, timbre de su poder y esperanza risueña de sus vidas.
Como hábil y cuto estratega militar, en 1513, vence a los franceses en la batalla “de las espuelas”. Firma la paz con el rey Luis XII de Francia por consejo del paciente cardenal Wolsey, su mano derecha y gran consejero, que le resuelve todos los problemas y ejecuta fielmente sus órdenes, y da a dicho rey francés a su hermana María por esposa. En 1520, apoya políticamente al emperador Carlos V, sobrino de la reina Catalina, que deseaba casar a su hija María con él, pero por circunstancias políticas casará con su prima, la princesa Isabel de Portugal, de cuyo matrimonio nacerá el rey Felipe II de España.
En 1521, el rey Enrique VIII, hombre de convicciones religiosas y preocupado por la religión cristiana, publica el libro Assentio septem sacramentorum contra Lutherum, por lo que el papa Adriano VI le honra con el título de Defensor Fidei. En 1522, el rey Enrique VIII conoce a Ana Bolena, hija de Tomas Boleyn. Había llegado a la corte real inglesa como dama de compañía de la reina Catalina. Anteriormente, había estado en la corte real francesa de París entre los años 1519 al 1521. Su hermana María se hallaba ya en la corte inglesa, con la que el rey Enrique VIII había tenido relaciones amorosas.
En 1525, el rey Enrique VIII se alía con la política de Francia y de los Estados Pontificios, dirigida por el papa Clemente VII, para hacerle frente al poder del emperador Carlos V en Italia, cuyas tropas españolas y alemanas habían vencido a las francesas en la batalla de Pavia, y su rey Francisco I había sido hecho prisionero y llevado a Madrid.
En 1527, el rey Enrique VIII, apasionado y ambicioso y deseando tener un hijo varón, se enamora de Ana Bolena, ambiciosa protagonista cortesana, y pide la nulidad eclesiástica de su matrimonio con la reina Catalina al papa Clemente VII, que se hallaba sitiado en Santángelo por las tropas españolas y alemanes del emperador Carlos V. Alega que su matrimonio con Catalina no es válido, en base a que ella anteriormente había estado casada con su hermano Arturo, príncipe de Gales, y había consumado su matrimonio con él.
Clemente VII, sobrino de Lorenzo de Médicis, había sido elegido Papa en el consistorio turbulento del 18 de septiembre de 1523 en unas circunstancias difíciles y borrascosas de la Iglesia católica y de la política internacional por las guerras entre españoles, franceses y venecianos, por las cuestiones territoriales en Italia, por la reforma protestante en Alemania que amenazaba extenderse a Francia y por la amenaza de la separación de la Iglesia anglicana de la Iglesia católica en el caso de no concederle la nulidad matrimonial al rey Enrique VIII.
El papa Clemente VII le contesta al rey Enrique VIII dando dilaciones y delega su caso en los cardenales Wolsey y Campeggio para que lo estudien y resuelvan, reservándose la solución definitiva. Con arreglo a las leyes eclesiásticas no podía anularlo. Por otra parte, Clemente VII habia formado la Liga Clementina político-militar con el rey Francisco I de Francia y que el rey Enrique VIII del Reino Unido apoyaba para defender los Estados Pontificios contra las tropas de emperador Carlos V en Italia, que, además, se oponía a la nulidad de su matrimonio con la reina Catalina, tía suya y hermana de su madre, la reina Juana.
En vista de ello, el condestable francés Borbón, jefe de las fuerzas militares del emperador Carlos V, asalta con su tropa Roma muriendo de un tiro de arcabuz cuando trepaba un muro de dicha ciudad. Su ejército, lleno de odio y venganza por la muerte de su condestable que lo idolatraba, se apodera de Roma cometiendo horribles escenas de dolor, muerte y destrucción, cuyos principales autores fueron los soldados alemanes luteranos.
El papa Clemente VII, refugiado en el castillo de Santángelo, tuvo que huir a otro lugar más seguro. La noticia de tal suceso consterna y escandaliza a Europa. El emperador Carlos V la recibe en Valladolid estando celebrando el nacimiento de su hijo Felipe. Escribe al Papa y a los príncipes cristianos lamentando dicho acontecimiento acaecido sin su voluntad y sin su conocimiento.
En este espacio de tiempo, el cardenal Wolsey, primero y después el cardenal Campeggio que se había desplaza desde Roma a Inglaterra dan su opinión negativa sobre la nulidad del matrimonio del rey Enrique VIII con la reina Catalina después de oír a los parlamentarios laicos y a obispos ingleses. El cardenal Wolsey, que había prestado al rey Enrique VIII tantos y tan útiles servicios, pierde confianza del rey, cae en desgracia y muere en oscuras circunstancias. El cardenal Campeggio regresa a Roma e informa negativamente al papa Clemente VII sobre dicho caso.
En 1528, el rey Enrique VIII, por consejo de Tomás Cromwell, nombra un tribunal presido Crammer, de tendencias protestantes, para que falle sobre su nulidad matrimonial. Cita a la reina Catalina a declarar sobre la legitimidad de su matrimonio con el rey Enrique VIII, pero ella la rehúsa manteniendo con entereza la validez y legitimidad de su matrimonio y considerándose legítima reina del Reino Unido.
El rey Enrique VIII impaciente decide hacer vida marital con su amada Ana Bolena, y por indicación de Crammer traslada la consulta de la nulidad de su matrimonio a las universidades inglesas y extranjeras. En 1529, por consejo de Tomás Cromwell convoca al Parlamento inglés, hechura de su política, para que apoye sus pretensiones y apruebe el Acta de Apelaciones, por la cual se prohíba a los tribunales eclesiásticos apelar a Roma lo aprobado y sentenciado en el Reino Unido.
A principios del año 1530, el emperador Carlos V visita a Clemente VII, que se había desligado de la política del rey Francisco I de Francia. Se presenta al Papa como el gran defensor de la causa católica contra los protestantes, de la paz entre los cristianos y de la guerra contra los paganos. El 24 de febrero de este año, Clemente VII, en agradecimiento, le corona como emperador del Sacro Imperio Romano Germano en Bolonia. Ambos son partidarios de un concilio ecuménico para concretar las soluciones a los problemas eclesiales, pero mientras el Papa era partidario de vía dogmática, el emperador Carlos V era de la via disciplinaria.
En 1533, el rey Enrique VIII, por consejo de Tomas Cromwell, nombra arzobispo de Canterbury al protestante Crammer, quien declara disuelto el matrimonio del rey Enrique VIII con la reina Catalina y se divorcia de ella. Pide a su canciller Tomás Moro que acepte su divorcio de la reina Catalina, pero se niega a dicha petición y pide la dimisión de dicho cargo. En adelante, comienza la segunda etapa del rey Enrique VIII en la que se mostrará pasional, despótico, cruel y tirano perdiendo la honra y la consideración de sus súbditos.
En el día de Pentecostés de este año de 1533, el rey Enrique VIII se casa con Ana Bolena en la iglesia de Wetminster y la proclama reina del Reino Unido, que esperaba un hijo suyo. Nombra canciller del Reino Unido, en sustitución de Tomás Moro, a Tomas Cromwell que era un jurista ayudante del cardenal Wolsey. Por indicación de su nuevo canciller Tomás Cromwell, el rey Enrique VIII despoja a los monasterios de sus bienes eclesiásticos y los pasa al patrimonio de la corona real del Reino Unido.
Por fuerte presión sicológica de Ana Bolena, el rey Enrique VIII retira a la reina Catalina la corona real, la recluye en el castillo de Kimbolton y le reduce sus ingresos y personal a su servicio. Separa a su hija María de su madre, la reina Catalina, la obliga asistir a la boda y coronación de su madrastra, Ana Bolena, a ver el trono, mesa y tálamo de su madre ocupado por ella y a asistir al parto de su nueva hermanastra Isabel
Es más, su padre que le había dado el ser, por presión de Ana Bolena, le presenta a su hija María un documento a su firma para que reconociese la ilegitimidad de su apellido Tudor y la legitimidad de la Iglesia anglicana como independiente de la autoridad papal. Le anula sus títulos de heredera del reino de Inglaterra y los transfiere a su hermanastra Isabel, hija de Ana Bolena, en base a que ella era adulterina y que su hija Isabel es la legítima.
María Tudor, educada en la religión católica, prácticas, virtudes morales y políticas de su católica madre Catalina, sufre y llora amargamente los despegos y desamor de su padre el rey Enrique VIII hacia su querida madre y hacia ella. Su educación religiosa y moral le sirve de consuelo y alivio en sus sufrimientos y tristezas.
El 11 de julio de 1533, el papa Clemente VII, informado del divorcio del rey Enrique VIII con la reina Catalina y de su nuevo matrimonio con Ana Bolena llevados a cabo por el arzobispo Crammer de Canterbury, los declara nulos, y amenaza al rey con excomulgarle. El 7 de octubre de este año, nace en Greenwich la niña Isabel, hija del rey Enrique VIII con su amada Ana Bolena.
En 1534, el Parlamento del Reino Unido, a indicación del canciller Cromwell, por el Acta de Supremacía, declara nula la autoridad papal como cabeza de la Iglesia anglicana y nombra al rey Enrique VIII su cabeza suprema, con la oposición el cardenal Fischer, arzobispo de Winchester, y del lor y ex-canciller Tomás Moro, quienes defienden la autoridad del Papa como cabeza suprema de la Iglesia universal según la tradición cristiana. Por tal motivo, ambos son condenados a muerte y decapitados. Sus injustas y crueles asesinatos causan una gran consternación en toda Europa y un profundo pesar y dolor en la Santa Sede.
El 25 de septiembre de 1534 fallece el papa Clemente VII, y el 13 de octubre de dicho año, Alejandro Farnesio, persona de poder y gobierno, es elegido Papa con el nombre de Paulo III. En 1538, publicará la bula de Deposición del rey Enrique VIII del Reino Unido. En 1540, aprobará la orden religiosa de la Compañía de Jesús, y en 1545 convocará el concilio de Trento para resolver las cuestiones dogmáticas protestantes luteranas.
El 15 de enero de 1536, Catalina de Aragón fallece en el castillo de Kimbolton considerándose reina del Reino Unido y protestando con entereza contra las injusticias de que era víctima por parte de su marido el rey Enrique VIII, pero sin rencor. En sus últimos de su vida le escribe una carta en la que le hace unas cariñosas advertencias sobre cómo conservar la fe cristiana para poder salvar su alma y cómo mirar por su hija María. El rey al leerla lloró, pero sin enmendarse siguió persiguiendo a los partidarios de la reina Catalina y a cuantos se le cruzaban en sus propósitos.
La muerte de su querida madre Catalina y las injusticias, contrariedades, tribulaciones y amarguras que ha padecido y sufrido por parte de su padre el rey Enrique VIII causan a María Tudor un estado de ánimo triste, penoso y amargo que la hará estar enferma en el resto de sus días y generar en ella dolor, rabia y ansias de hacer justicia vindicativa, que acusará como reina del Reino Unido.
En este mismo año de 1536, en el que fallece la reina Catalina, el rey Enrique VIII decapita a Ana Bolena, su segunda esposa, en Tow Green, acusándola de adulterio incestuoso con su hermano, lor Rochfort, que también le guillotina días después. Al poco tiempo, casa con Juana Seymour, que había sido dama de la reina Ana Bolena, de la que, al año siguiente, nace su hijo Eduardo, falleciendo ella de parto.
Inmediatamente, el rey Enrique VIII desea cansarse con una cuarta mujer. Por consejo de su canciller Tomás Cromwell, que le engaña con un retrato de marfil de Holbein, elige por esposa a la princesa Ana de Cleves, perteneciente a una de las familias más nobles de Francia y creyendo que era una dama muy hermosa. Cuando la ve delgadísima en el dormitorio, de torpes modales, de irregulares facciones y picada de viruelas, queda desencantado y manda decapitar a canciller Tomás Cromwell por haberle engañado.
Seguidamente en agosto de 1540, el rey Enrique VIII se une matrimonio con Catalina Howard, su quinta esposa, que fallece decapitada en febrero de 1541, alegando que le había ocultado relaciones anteriores con un apuesto y noble joven. Después de un año de viudez, en 1542, elige por sexta esposa a Catalina Parr, viuda de dos lores, Nevill y Latimer.
Catalina Parr era famosa por la finura de sus facciones y por la gracia de su conversación. Estuvo a punto de matarla no por celos, sino por considerarla herética. Se salva de ser guillotinada al decirle que no le hablase de cosas peligrosas, porque el hombre que había sido creado a imagen de Dios, le toca hablar de cosas divinas, y la mujer criada a la imagen del hombre debe pensar en cosas divinas como piensa el hombre.
El rey Enrique VIII fallece el 28 de enero de 1547 a los 56 años de edad y 38 de rey del Reino Unido dejando testamento hecho, por el cual reconoce y nombra legítimos herederos suyos del Reino Unido a sus tres hijos por el siguiente orden: Eduardo, María e Isabel. Para Maria, la muerte de su padre no serena su corazón, ya que fue un tirano para ella y un verdugo para su madre Catalina, aunque la reconoce como legítima heredera del Reino Unido después de su citado medio hermano.
La coronación de su medio hermano Eduardo IV como rey del Reino Unido, a la edad de 13 años, preocupa e entristece a María que contaba 32 años de edad, no solo por ser ella la verdadera hija legítima y más antigua descendiente del rey Enrique VIII, sino porque Eduardo IV era partidario de la religión cristiana anglicana y la protegía.
Su padre, aunque no reconocía la autoridad del Papa como cabeza de la Iglesia Anglicana, al menos, respetaba el dogma, el culto, la liturgia y cánones de la Iglesia católica, cosa que no hacía su medio hermano el rey Eduardo IV, educado en el protestantismo por los lores ingleses y enriquecidos con los bienes eclesiásticos. Es más, influenciado por el arzobispo Crammer de Canterbury, prohibe las misas y proclama los dogmas luteranos.
María, muy contrariada en sus creencias y en su piedad católica, le ruega insistentemente al rey Eduardo IV no cambie ni innove cosa alguna en la cuestión religiosa católica. El duque de Somerset, valido real y hermano de Juana Seymour, madre del joven rey Eduardo IV, aunque apreciaba a María, desoye por completo sus peticiones, y la requiere para que deje asistir y participar en la misa ortodoxa católica que diariamente oía en el más secreto en el palacio. Pero ella luchando contra todos y contra todo, mantiene su fe católica aprendida de su madre Catalina y regada con sus lágrimas.
El duque de Somerset caído en desgracia ante su sobrino el rey Eduardo IV, lo sustituye por el duque de Northumberland, quien conspira contra las princesas María e Isabel suplantando sus derechos y tratando de nombrar reina de Reino Unido a una nuera suya, pariente del rey Enrique VIII, cuando fallezca el rey Eduardo IV. Con esta finalidad, Northumberland manda decapitar al duque de Somerset que protegía a su sobrina la princesa Isabel.
En 1553, el joven rey Eduardo IV fallece de una gravísima enfermedad, que los médicos no pudieron curar, y que una bruja curandera con sus potingues lo lleva al cementerio, contando 19 años de edad y 6 de reinado, y sin la presencia de sus medias hermanas, María y Isabel, a las que el duque Northumberland oculta dicho suceso por largo tiempo. Se lo da a conocer cuando tenía todo preparado para deshacerse de ellas. Lleva a su nuera Juana Grey según el ceremonial real a la Torre de Londres para a continuación conducirla a la abadía de Westminster y allí ser coronada reina del Reino Unido.
Entonces, María Tudor, avisada de todo lo que dicho duque tramaba contra su persona y sus derechos, evoca la legalidad, la justicia y los derechos de heredera a la corona del Reino Unido por testamento de su padre, el rey Enrique VIII, y consigue formar un numeroso ejército popular para defenderla y salvarla. Puesta al frente del mismo, como un general, destruye y aniquila dicha conspiración y usurpación real. Su conspirador y usurpador, el duque de Northumberland, muere en el cadalso haciendo muestras de adhesión al culto católico.
En 1553, María Tudor, acompañada de su media hermana Isabel, de Juana de Cleves, sexta esposa repudiada el rey Enrique VIII, y de una gran cometida de obispos, lores y damas, es coronada reina del Reino Unido en la abadía de Westminster bajo el canto del Veni Creator Santi Spíritu y Tedeum laudamus, según lo establecido por normas ceremoniales antiguas inglesas. A continuación, se celebra un banque en el palacio de Westminster en el que participan los primeros lores y damas.
A propuesta de la reina María, el nuevo Parlamento del Reino Unido declara nulo el divorcio de su padre el rey Enrique con su madre Catalina. Anula todas las normas religiosas contrarias al culto católico ordenadas por su medio hermano el rey Eduardo VII bajo severas penas a su desobediencia. Prohibe, sin su autorización bajo pena de muerte, predicar a los sacerdotes, traducir a los intérpretes y vender libros a los libreros. Encierra en prisión a los obispos anglicanos y persigue a los anglicanos protestantes. Dominada la insurrección que estas medidas provocaron, manda ejecutar a más de 200 personas, entre ellas a Juana Grey, denominándola los protestantes y anglicanos “sanguinaria”.
Se une a la política del papa Paulo IV y guerrea contra Francia perdiendo Calais. Por mandato suyo, el canciller Gardiner presenta a la Cámara de los Lores y a la de los Comunes el matrimonio de la reina María Tudor con Felipe II, a la sazón, rey de Nápoles y de Sicilia y heredero de los reinos de España, para su consideración y aprobación. Lo fundamenta en que María, como mujer y como reina, tiene el derecho de elegir esposo y consorte real que más convenga a su persona y a los intereses políticos de la monarquía del Reino Unido. Ambas Cámaras lo aprueban como esposo y rey consorte de la reina María.
El 12 de julio de 1554, Felipe II, por consejo de su padre Carlos V, embarca en A Coruña con su séquito con dirección a Inglaterra con el fin de contraer dicho matrimonio la reina María. El emperador Carlos veía muy bien el matrimonio de su hijo con su prima María Tudor que tanto la estimaba, quería y defendía, como anteriormente estimaba, quería y defendía a su madre la reina Catalina que era tía suya. Felipe II desembarca en Southampton, donde descansa unos días, dirigiéndose después a Winchester, donde le aguardaba la reina María.
El 25 de julio de 1554 llega a dicha ciudad. Le recibe el obispo de la dicha diócesis que era, a la vez, el canciller del reino del Reino Unido. Le acompaña y le introduce en la catedral, a donde a los pocos minutos, llega la reina María. Se leen las capitulaciones del contrato matrimonial que ambos cónyuges aceptan. A continuación, el obispo los une en matrimonio dando ellos su consentimiento matrimonial. La reina María Tudor contaba 39 años y el rey Felipe II tenía 27 años.
Fortalecido el poder político de reina María con su matrimonio con el rey Felipe II, ella ordena devolver los bienes eclesiásticos a los monasterios y a los cabildos y restaurarlos. Encarcela y condena a muerte, previo juicio, a ciertos defensores de la Iglesia anglicana. Concretamente, al arzobispo luterano y anglicano Crammer de Canterbury, muriendo ejecutado, por haber dado la sentencia de divorcio de su padre Enrique VIII con su madre la reina Catalina.
El regreso de su esposo Felipe II a España para atender y hacerse cargo de su gobierno de los reinos de España amargan la vida de la reina María Tudor. Austera en sus costumbres y alejada de todos los placeres de la vida, no halla compensación alguna al sentimiento amoroso de su alma en la soledad de su trono. Su salud se resiente y empeora con el paso del tiempo, falleciendo el 27 de noviembre de 1558, contando 42 años.
El 18 de octubre de 1558, por testamento del rey Enrique VIII, la princesa Isabel, hija de Ana Bolena, es nombrada reina del Reino Unido, a la edad de 25 años. Se había educado al lado de sus hermanos María y Eduardo bajo la tutela de Catalina Parr, última esposa de su padre. Al principio de su reinado respetó las costumbres, órdenes y política de su media hermana, la reina María, pero luego influenciada por los obispos y lores anglicanos y protestantes las anula. Restablece la Iglesia anglicana, las normas y costumbres de su padre Enrique VIII y de su medio hermano Eduardo IV y persigue a los católicos condenando y mandando ejecutar a muchos.
Si bien la política económica de la reina Isabel, dirigida por su ministro Cecil mejora la economía del Reino Unido, sin embargo, su política internacional es injusta con España por haber ayudado a los protestantes holandeses a independizarse en los Países Bajos, por sus ataques al comercio español procedente de América, por haber mandado ejecutar a María Estuardo y perseguir a los católicos.
El rey Felipe II, fortalecido por anexión de Portugal a España y contando con todos sus efectivos militares y marinos, manda una gran escuadra marítima, La Armada Invencible, que sale de Lisboa en mayo de 1588, para derribar del poder a la reina Isabel. Pero las fuertes tempestades marítimas y los ataques de la armada del Reino Unido, dirigidos por el audaz y experto marino Drake, la destruyen.Era mandada por el duque de Medina Sidonia, soldado valeroso pero inexperto marino, por fallecimiento del marqués de Santa Cruz. La reina Isabel fallece el 26 de marzo de 1603, terminando con ella la dinastía Tudor.
Este es, pues, el origen de la Iglesia nacional anglicana. Su diferencia con la Iglesia católica es que defiende y sostiene que su cabeza suprema no es el Papa, sino el Rey o Reina de Reino Unido. Su coincidencia es que la Iglesia anglicana sostiene y mantiene los mismos dogmas, sacramentos, culto y liturgia de la Iglesia católica, aún después de haber pasado cuatro siglos y medio de su existencia. Pues bien, aunque es importante lo que separa a ambas Iglesias, es más importante lo que las une.
Ante ello, nos preguntamos, ¿es posible la unión fraterna entre ambas Iglesias, a pesar de la mucha sangre derramada y de los muchos odios, rencores e injusticias entre ellas. En mi humilde opinión, creo, que es que posible, si ambas Iglesias tratan de perdonar el pasado, olvidar sus diferencias y lo que les desune, y fijarse más en sus coincidencias y en lo que las une a luz del concepto bíblico de Iglesia, que san Pablo da en su epístola a los Efesios: “la Iglesia es el Cuerpo místico cuya cabeza es Cristo”.
Según dicho texto bíblico, la cabeza suprema de la Iglesia es Cristo. La Iglesia católica y la Iglesia anglicana como cuerpo místico cristiano, pues, no tienen más que una cabeza suprema que es Cristo, regida bajo la ley fundamental evangélica del amor fraterno. Jesús en su Ultima Cena, como despedida de este mundo, dice a sus discípulos y a nosotros: “Un precepto nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conoceréis que sois mis discípulos” (Jn. 13, 34-35).
Ahora bien, históricamente la tradición cristiana consideró a los obispos como cabezas de sus iglesias particulares, dándole una autoridad especial a los obispos de las sedes apostólicas y una autoridad espacialísima sobre la Iglesia universal al obispo de Roma por ser sucesor del apóstol san Pedro, fundamentada en las palabras de Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos, y todo lo que ates o desates en la tierra será atado y desatado en el cielos” (Mt. 16, 18-20)
Conforme a ello, el obispo de Roma, como sucesor del apóstol Pedro, ha ejercido siempre una autoridad suprema sobre la Iglesia universal desde sus inicios, obedeciéndole miles de millones de cristianos a través de la historia de la humanidad, y aunque ha sido contestada por millones de cristianos ortodoxos orientales, protestantes, calvinistas, anglicanos…,sin embargo, miles de teólogos, reyes, príncipes, emperadores, presidentes, sabios y científicos la ha reconocido y respetado.
El papa Benedicto XVI, pues, como cabeza de la Iglesia católica por un lado, y la reina Isabel del Reino Unido, como cabeza de la Iglesia anglicana junto con el arzobispo de Canterbury por otro, deben encontrarse cordialmente y humildemente y tratarse como hermanos y miembros de una única Iglesia, Cuerpo místico, cuya cabeza suprema es solamente Jesucristo, para hallar un entendimiento y una solución a la unión de ambas Iglesias, católica y anglicana”.( Fuente Ecclesia Digital, con comentario de José Barros Guede – A Coruña, 14 de septiembre de 2010).

COMENTARIO DE JOSÉ BARROS GUEDE, MARTES 14 DE SEPTIEMBRE DE 2010.

Origen de la Iglesia Anglicana y su posible unión a la Iglesia Católica

“ Con motivo de la beatificación del cardenal John Henry Newmam, el papa Benedicto XVI visita el Reino Unido los próximos días 16 al 19 de este mes de septiembre por invitación de la reina Isabel II y de su gobierno, que le recibirán en Edimburgo, el día de su llegada.

Dicha visita tiene tres objetivos: el discurso y encuentro del Papa con la sociedad y cultura inglesas en Westminster Hall, el encuentro y celebración ecuménica con el arzobispo de Canterbury y Primado de la Iglesia anglicana, y la beatificación del célebre cardenal Newmam en Birmingham
La población del Reino Unido es 59.381.000 habitantes, de los cuales son católicos: 5.300.000 laicos, 59 obispos, 3.819 sacerdotes diocesanos, 1.406 sacerdotes religiosos, 6.155 religiosas profesas, 160 miembros pertenecientes a Institutos Seculares y 2.977 parroquias.
Con esta ocasión, humildemente, quisiera recordar el origen de la separación de la Iglesia anglicana de la Iglesia católica, estudiando sus causas, sus protagonistas, sus circunstancias políticas internacionales con su acción y reacción, y encontrar una posible solución a la unión de ambas Iglesias, como quiso el benemérito y siervo de Dios, cardenal Newmam, modelo a seguir.
Vincent Nichosl, arzobispo de Westminster y presidente de la Conferencia de Inglaterra Episcopal Católica de Inglaterra y Gales, escribe en el Observatorio Romano: “el cardenal Newmam fue un estudioso de gran profundidad, un escritor y poeta de méritos admirables, un sacerdote de parroquia muy querido por todos los que le conocieron. Era un hombre que entendía que la mente y el corazón deben andar a la par en grandes empresas de la vida, la más grande de las cuales es la búsqueda de Dios y de la relación salvífica con Él”.

NUESTRA OPINIÓN SOBRE LAS SECTAS Y LOS HERMANOS SEPARADOS.

“I N T R O D U C C I O N

Los problemas que se plantean con ocasión a la determinación de cuál fue la primera Iglesia ,generan situaciones más o menos graves, dependiendo de si se trata de países fundamentalistas como los del Medio Oriente, o más tolerantes como los de América Latina.En esta Investigación Documental se persigue demostrar que la verdadera Iglesia Universal, Única y Verdadera, es la Santa Iglesia Católica.
Se señalan y analizan criterios contrarios a la profesión de fe católica y se presentan igualmente los que se oponen.Nietzsche aporta sus polémicos criterios, a los que el autor le sale al paso, para neutralizarlos.Se aborda el tema de los sacerdotes y su necesaria participación en las tareas de la evangelización, caridad, y representación de Jesucristo en la Tierra.Otro tema que se especula es el de la no existencia de Dios y la situación que genera esta hipótesis.

1.- ASPECTOS GENERALES Y DE RELEVANCIA PRÁCTICA
Las reflexiones contenidas en este artículo no surgen de manera incidental. Ellas son el producto de largas horas de oración, de doblegamiento a la palabra de Dios, de un continuó postrarse ante el rey de Reyes y señor de señores. También se y comprendo que a muchos de los que siguen estos artículos les disgustara los planteamientos que aquí formulo. Del mismo modo y en el mejor de los casos disentirán de los argumentos que esgrimimos y quizás— ojalá esto no ocurra— un porcentaje menor optará por la ofensa y hasta me someterán al descrédito. Todo ello ya está debidamente previsto. En mi vida me ha tocado caminar por veredas cubiertas de piedras sinuosas, filosas, cortantes que han hecho sangrar mis pies en ese tránsito difícil, tortuoso e impregnado del mal, como lo cielos la puerta angosta, el caminó duro y empedrado del servicio Dios, de la predicación y obligación como buen soldado de Cristo he asumido en anunciar la buena noticia, el evangelio y la segunda venida de Jesús: el hijo de Dios, el cordero, Jesús hombre salvador, el príncipe de la paz; para la instauración definitiva del reino de los cielos. De allí que aunque mi carne se torne temerosa, mi espíritu quiere lo suficiente fuerza para quebrantar la carne y aceptar las consecuencias, cualquiera que éstas sean, siempre que se generen por actuar y vivir con la verdad, en la luz, con la justicia y en franca e incondicional subordinación a nuestro señor. Por estas razones me veo obligado a dejar de lado “la comprensión” de gran auxilio por estos días, para enfrentar una vez más el mal en cualquiera de sus representaciones o manifestaciones. Siendo una de ellas la manipulación de la verdad en cuanto a los dogmas de la fe cristiana y del catolicismo. Lo mismo que la multiplicación de sectas que han dado origen a un número bien elevado de nuevos-ricos que bajo la figura o representación de pseudo- pastores, pseudo-predicadores, charlatanes, cobradores de ofrendas dinerarias por el oficio y verborrea de sus peroratas cuasi cristianas, habladores y propagadores del mal mediante la imposición del miedo y el temor a caer en el infierno o en el averno que ellos han inventado con características propias, blandiendo como arma de ataque la falta de cumplimiento de “la ofrenda o el diezmo ” y que según su particular interpretación es obligatoria conforme al libro de Malaquías y que prevé una sentencia terrible: el infierno para aquel quien no diezme. Independientemente de la opinión que se tenga respecto del diezmo o de la ofrenda, lo que sí es censurable y despreciable es la actitud que asumen estos personajes de opereta bufa, con todo su teatrillo y payasos profesionales a disposición para ” enganchar ” a los ingenuos y sacarles hasta el último centavo de dólar, euro, libra, marco o de cualquier otra moneda, aprovechándose de su dolor, enfermedad, miseria y a veces de su ignorancia.Planteado asi el tema y con la fuerza de la palabra de Dios y la protección de EL mismo, abordemos la temática de seguidas. Debo ab initio hacer propias unas citas bíblicas que seleccioné especialmente para este artículo y para que los lectores de una vez por todas sepan que la verdadera iglesia, la única iglesia, la iglesia universal, el cuerpo místico de Cristo es la santa y apostólica iglesia católica.”.(Tomado de: EXTRACTO DE LA INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL DE MI AUTORÍA. “RAZONES PARA SER CATÓLICOS Y NO ATEOS, PROTESTANTES NI DE OTRAS SECTAS”: VERDADES IRREFUTABLES ANTE LA MANIPULACIÓN Y LA MALEDICENCIA.(VER CONTENIDO COMPLETO Y ORIGINAL.PUBLICADO EN LA RED EL LUNES 22 DE FEBRERO DE 2010).POR PROF.MERVY ENRIQUE GONZÁLEZ FUENMAYOR.MARACAIBO-ESTADO ZULIA-REPÚBLICA DE VENEZUELA-AMERICA DEL SUR.REDACTADO Y PUBLICADO EN LA RED: VIERNES 02 DE ABRIL DE 2010) .

Para citar este artículo: si se tratase del caso ejemplificado

GONZÁLEZ FUENMAYOR,Mervy Enrique Ejercicio del Principio Inquisitivo: ¿Ofrenda a la Ética o a la Justicia?.Maracaibo, Venezuela La Universidad del Zulia. 28-Enero-2009.Disponible en:http://www.inemegf.blogspot.com)

IMAGEN: PROF.DR.MERVY ENRIQUE GONZÁLEZ FUENMAYOR, DISERTANDO SOBRE LA PALABRA DE DIOS…

“LA DISIDENCIA ES DERECHO IRRENUNCIABLE”.MEGF. (SABÁDO 18 DE SEPTIEMBRE DE 2010).

©..DERECHOS RESERVADOS
FORMA Y REQUISITOS EN LA CITA DE ARTICULOS, NOTAS, REFLEXIONES AUTORÍA DE MEGF. REDACTADA EL 01 DICIEMBRE DE 2009.
1.-REQUISITOS DE LA CITA ELECTRÓNICA.
¿Como citar los artículos, reflexiones, notas cortas, oraciones y otros materiales, en su versión electrónica, autoría de Prof. Dr. Mervy Enrique González Fuenmayor? Para citar las reflexiones, artículos, notas cortas, oraciones y otras materiales contenidos en los Blogs de Prof. Dr. Mervy Enrique González Fuenmayor, sírvase colocar la siguiente nota: GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique .Título de la publicación. Blog de Dr. Mervy Enrique nombre a mejoran con nosotros González Fuenmayor, o los títulos de alguno de mis otros blogs Año. [En línea]. Puesto en línea el (fecha de publicación). URL: http://mervyster.blogspot.com/…./ Consultado el dia (fecha de consulta)
2.-REQUISITOS DE LA CITA A PARTIR DE LA VERSIÓN IMPRESA O DE AQUELLA QUE SIN HABER SIDO PUBLICA, FORMA PARTE DEL PATRIMONIO DE LAS INSTITUCIONES ACADÉMICAS, EDUCATIVAS, CULTURALES O DE LAS DIVERSAS BIBLIOTECAS.
¿ Como citar la versión impresa? Primero.- : datos del autor: GONZALEZ FUENMAYOR( los apellidos del autor todos en mayúsculas) y luego los nombres( solamente la primera letra en mayúscula ) Mervy Enrique. Segundo.- El titulo( entrecomillado y todo en mayúsculas ) del articulo, nota corta, reflexiones, oraciones etc. ejemplo “CUARTILLA A MARACAIBO” .Tercero.- El lugar de publicación o impresión( Ciudad y País ) ejemplo Maracaibo-Venezuela, o Bogotá-Colombia. Cuarto.-La editorial que lo imprimió o diseñó: ejemplo: Vadell Hermanos Editores (la primera letra en mayúscula).Si lo que se va a citar se encuentra presentado a alguna Institución biblioteca d académica, educativa, organizaciones publicas o privada, y/o permanece en alguna(s) biblioteca(s), o acaso ese material a citar no se ha impreso o publicado, entonces se coloca el nombre de esa Institución u Organización, Biblioteca, etc. ejemplo. La Universidad del Zulia, La Organización de Naciones Unidas, Biblioteca Central del Estado Zulia, etc. Quinto.-Se coloca el año de presentación, impresión o publicación. Ejemplo: año 2008. Sexto.-El total de las paginas del artículo, notas, reflexiones etc. el numero de las paginas consultadas .Ejemplo: Articulo de 35 paginas. Consultadas: 28-32

Publicado por Mervy Enrique Gonzalez Fuenmayor en 4:40 PM

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Artículo: “¿Jesús Resucitó?”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado y publicado el sábado 11 de abril de 2009

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur.


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NO SOLAMENTE LOS INCRÉDULOS sino también los creyentes —en algunas oportunidades—, han dudado de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Esto sucede cuando no se tiene una fe vigorosa, cuando no hay una verdadera conversión, cuando decimos que creemos en Dios, pero “por si acaso”, “de que vuelan… vuelan”, implicando tal afirmación la debilidad de nuestra fe y la creencia en más de un solo señor, creer en brujos, hechiceros, espiritistas, rosacruces, etc. Algunos han calificado a este tipo de personas como verdaderos positivistas, es decir, personas que creen únicamente en lo que ven y en aquello que puede ser probado. Son también —según afirman los expertos—, escépticos, que dudan de todo y no creen en nadie, no obstante que pudieran andar frecuentemente predicando incluso la Palabra de Dios, con la Biblia bajo el brazo, pero dudando de lo que predican y de la certeza de la Palabra del Señor.

Existe una expresión según la cual “la duda mata la fe”. Esta sentencia afecta la estructura, la base, el fundamento y los postulados supremos del cristianismo. La catolicidad, la doctrina cristiana, presumen la existencia de dogmas de fe, que deben aceptarse sin cuestionamientos. A nadie se le obliga a ser católico cristiano, y si aceptamos serlo, por ese sólo hecho debemos también aceptar los dogmas de fe. Dios nos concedió libre albedrío, libre arbitrio, la posibilidad de decidir, de escoger, de admitir cualquier idea, creencia, fe o inclinación. De allí la respuesta a la proliferación de las numerosas sectas que hoy invaden a la Humanidad. Hay “iglesias” para todos los gustos, colores y sabores. Muchos “pastores” de esas falsas iglesias, de esas sectas, manipulan, interpretan y acomodan la Palabra de Dios según su propia conveniencia, que en definitiva no es más que una conveniencia económica. La Humanidad, la Historia y la Sociedad, han dado cuenta de estas falsas doctrinas que terminan siempre con el descubrimiento de que las cabezas visibles de esas sectas son estafadores de oficio, engañadores, tramposos, embaucadores y personas que llevan una doble vida. Por supuesto deben hacerse excepciones, que son aquellas relacionadas con los individuos que realmente creen que su predicación es la que acertadamente se conforma al Texto Sagrado, aunque sabemos que están equivocados, porque Dios fundó una sola iglesia en la cabeza de Pedro, primer pontífice de la Iglesia Universal Católica Cristiana. Todas las demás “iglesias” son fundadas por hombres y en consecuencia no son verdaderas, ni legítimas, ni auténticas, ni mucho menos fundadas por Dios. De allí que haya de afirmarse de una manera categórica y precisa que la única iglesia documentada, acreditada y legitimada por las Santas Escrituras, es nuestra Santa Iglesia Católica.

La interrogante sobre la resurrección de nuestro Señor Jesucristo generalmente surge de individuos y personas que están alejadas de las enseñanzas del Señor, o aquellas que siendo creyentes poseen una fe débil y enclenque, además de no participar en su profesión de fe, están alejados del cumplimiento de los mandatos de Dios, no celebran la eucaristía de manera frecuente y cuando lo hacen, son o asumen la actitud de los convidados de piedra, de asistentes a una fiesta de la cual no participan, son aguafiestas, meros espectadores de la realidad circundante. Por otro lado se trata también de gentes que no escudriñan la Palabra de Dios, que no oran, que no se preocupan por conocer aún más de la grandeza, de la misericordia y del amor de nuestro buen Jesús, el Hijo de Dios. Son analfabetas bíblicos o analfabetas cristianos. Desconocen la importancia, la trascendencia y la necesidad de vincularse con la Palabra de Dios. Todas estas situaciones se combinan para dilatar, engrandecer y generar mayores dudas sobre la resurrección de Jesucristo.

Quienes se encuentren en esta situación, necesariamente no cuentan con una sólida base de cognición espiritual para sostener y defender en cualquier foro, lugar o rincón, la certeza, la firmeza, la categórica e irrefutable verdad sobre el hecho o situación de que Jesucristo resucitó al tercer día después de su muerte. Sin embargo, se podrá incluso carecer de los conocimientos bíblicos necesarios para creer en esa resurrección y aún así aceptar que la misma ocurrió, bastando para ello la tenencia o posesión de una fe firme, fuerte y resistente ante cualquier duda o contrariedad. Algo así como la fe de Moisés, de Pedro, de Job, del centurión romano, de Jairo, del paralítico, de Bartimeo, de Pablo, etc.

De manera que negar la resurrección de Jesucristo es una necedad y una posición que no resiste ni el más leve análisis. Jesucristo resucitó según las profecías. Dan cuenta de ello las apariciones que hizo después de su muerte. Así como las continuas investigaciones arqueológicas que se han venido desarrollando a lo largo de estos últimos 2000 años.

De seguidas transcribiré algunos párrafos extraídos de el libro “CIEN PREGUNTAS A LOS CATÓLICOS” del autor HERBERT MADINGER (Caracas Venezuela. Ediciones Paulinas. Págs. 136-138), que permitirán al lector adquirir algunas informaciones elementales sobre algunos hechos y circunstancias vinculados con la resurrección de nuestro señor Jesucristo.

“Tú te preguntas si hay realmente milagros. Sí, efectivamente ocurren milagros hechos por Cristo y su iglesia es una prueba de que Dios está actuando.

Jesucristo se remite en varias ocasiones a sus milagros: “si no hago las obras de mi Padre, no me creáis” (San Juan 10:37). “Las obras que Yo realizo dan testimonio de mi, que es el Padre quien me ha enviado” (San Juan 5:2.36). Estas obras de Cristo son auténticos milagros. Las curaciones a distancia, la resurrección de un muerto que llevaba ya cuatro días en el sepulcro, la multiplicación de los panes, etc. Son obras imposibles de realizar por un ser humano, pues los hombres no somos omnipotentes.


El milagro más decisivo y más importante de Cristo es su resurrección. La fe de la iglesia primitiva se basó especialmente en este milagro. La resurrección de Cristo de entre los muertos fue el tema esencial de la predicación en la comunidad primitiva cristiana. Las predicaciones de San Pedro y las cartas del apóstol San Pablo conservadas hasta el presente se remiten continuamente a la resurrección de Cristo. Los apóstoles casi consideraron como su verdadera misión dar testimonio de la resurrección de Cristo. Por esa razón en la elección del nuevo apóstol Matías exige San Pedro: “es pues necesario que de en medio de los varones que nos han acompañado durante todo el tiempo en que entre nosotros entró y salió el señor Jesús, se haga con nosotros testigo de su resurrección” (Hechos de los apóstoles 1: 22). Por ese testimonio ellos abrazaron también la muerte.

En su predicación San Pedro se remite de continuo a la resurrección de Jesús como prueba de que Cristo es realmente el Mesías. En el discurso de Pentecostés, en el interrogatorio ante el Sinedrio, en la instrucción para el bautismo de Cornelio, en la curación de un tullido de nacimiento, etc., San Pedro predica constantemente: “a quien Dios ha levantado de entre los muertos; de lo cual nosotros somos testigos” (Hechos de los Apóstoles 3:15).


Del mismo modo, las predicaciones San Pablo en Antioquia, Tesalónica, Atenas y Cesárea, reseñadas en los Hechos de los Apóstoles, pregonan continuamente la resurrección de entre los muertos. En su primera carta a los corintios, escrita en el año 56, San Pablo se remite incluso a 500 hermanos en Cristo a los que se les apareció el Señor repentinamente y Pablo escribió en aquella ocasión: “de los cuales la mayor parte viven hasta ahora” (primera carta a los corintios 15:6).


La Biblia describe con gran insistencia la muerte real de Jesús, su última exclamación, la lanzada abierta en su costado, para asegurarse de su muerte; el desprendimiento, la sepultura, la colocación de la losa sepulcral y la guardia del sepulcro.


DOCE APARICIONES DE JESÚS, DESPUÉS DE SU MUERTE, DOCUMENTADAS EN LA SANTA BIBLIA:


Total, la Biblia nos habla del 12 apariciones del resucitado:1.- A María Magdalena “el primer día de la semana” (domingo de la resurrección); 2.- A las mujeres que fueron a visitar el sepulcro; 3.- A los discípulos de Emaús; 4.- A Pedro el domingo de resurrección; 5.- A los once apóstoles reunidos en el cenáculo el día de la resurrección; 6.- A los discípulos en la reunión durante la cual San Pedro fue instituido pastor supremo del rebaño de discípulos —incluido Tomás—, ocho días después; 7.- La aparición junto al mar de Tiberíades; 8.- La aparición en el monte de Galilea, durante la cual Cristo transfigurado impartió la orden de la misión; 9.- Los últimos avisos del resucitado en Jerusalén 10.- La ascensión a los cielos ; 11.- La aparición a los 500 hermanos; Al Apóstol Santiago; y 12.- finalmente el Señor transfigurado se le apareció aún a Saulo delante, camino de Damasco.


Los apóstoles no eran hombres crédulos. Dudaron continuamente de los relatos de las personas a las que se había aparecido el Señor. Pero estos relatos aparecieron ante los ojos de ellos como un delirio, y no les dieron crédito (San Lucas 24: 11). “…pero tampoco a ellos les creyeron” (San Marcos 16: 13). Y cuando Jesús aparece repentinamente a sus discípulos, “ellos creían ver un espíritu” (San Lucas 24:37). Jesús tiene que comer y beber con sus Apóstoles, dejarse tocar por ellos y mostrarle su manos y sus pies antes de que ellos crean. Pese a todas éstas pruebas, Tomás duda aun: “si yo no veo en sus manos las marcas de los clavos, y no pongo mis manos en su costado, de ninguna manera creeré” (San Lucas 20:25). Ocho días después: “Alarga tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino creyente” (San Lucas 20:27. Sólo podemos pedir al Dios que también nosotros podamos responder con Tomás en un modo cada vez más profundo: “¡Señor mío y Dios mío!” (San Juan 20:28).”

Termino con una frase extraída del Nuevo Testamento: “DICHOSOS AQUELLOS QUE CREEN EN MÍ SIN HABERME VISTO” ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Vídeo Reflexivo: “Creer sinceramente en Dios”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el jueves 26 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

LA PALABRA DE DIOS NOS REITERA que el Señor Jesús le dijo a sus discípulos que todo aquel que en Él crea tendrá Vida Eterna. Esta gran verdad, este regalo inmerecido que Dios nos hizo, no obstante nuestra desobediencia y transgresión, pareciese resultar una tarea muy fácil. Lo cierto es que los hechos y las situaciones que ocurren en la vida cotidiana muestran otras realidades: EL CULTO A SECTAS SATÁNICAS, PRÁCTICAS DE OCULTISMO, EL ESPIRITISMO, EL ESOTERISMO, LA CÁBALA, LA CIENTOLOGÍA, LA CREACIÓN DE IGLESIAS PARTICULARES, EL ROSACRUCISMO, EL ATEÍSMO, THE NEW AGE Y OTRA FORMAS DE NEGACIÓN DE DIOS Y SUS MANDATOS. La pregunta que debemos formularnos es ¿Cuál ha sido nuestra posición y proceder respecto de estos cultos y creencias? ¿Estamos dispuestos a volver a nuestra Iglesia Católica para reconciliarnos con Dios y ejercer nuestra fe dentro de la única y universal Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo?

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Vídeo Reflexivo: “Jesús arroja a los vendedores del Templo”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el lunes 16 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

A CONTINUACIÓN SE TRANSCRIBE para consideración vuestra, un fragmento aleccionador:

Evangelio según San Juan 2, 13-25

1.- INTRODUCCIÓN.

Los dos primeros domingos de Cuaresma, nos han revelado las tentaciones y la transfiguración del Señor, ahora, desde este domingo de Cuaresma y los siguientes, nos darán el sentido de la radicalidad de lo que conocemos por la fe como el Misterio Pascual, que es la síntesis de la vida de Cristo, quien pasando por el mundo y la humanidad que salva, nos conduce hacia el gozo de su resurrección, ya presente en nuestro camino terreno en un avance que se interioriza en nuestra fe de cristianos y nos impulsa por la esperanza y el amor para que por Él y con la acción del Espíritu Santo, logremos la comunión definitiva con el Padre eterno en la mansión celeste.

Hoy contemplamos a Cristo, como Templo vivo de Dios que nos convoca y reúne en su Iglesia por la ley, la cruz y la oración.

2.- CRISTO ES EL TEMPLO VIVO DE DIOS.

Partimos del pasaje bíblico del evangelio de San Juan, que nos narra la acción valiente y llena de autoridad de Jesús, cuando arroja a latigazos con furor santo a los hombres que profanaban el Templo de su Padre, con el comercio de animales para los sacrificios cultuales; los dineros de los cambistas que se ordenaban a pagar los impuestos del Templo y los vendedores de palomas que ofrendaban los pobres en el lugar santo del Señor: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. El celo por la casa de su Padre fue captado por los discípulos suyos, según lo que ya se anunciaba en las Escrituras.

Ante este hecho intervinieron los judíos para preguntarle qué señal les daba para actuar así y Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Cuando los judíos le replicaron que el templo había sido construido durante cuarenta y seis años, creían que era absurdo y desproporcionado que Él lo reconstruyera en tres días, pero Jesús no hablaba sino de su propio cuerpo que resucitaría glorioso a los tres días después de su muerte. Los discípulos de Jesús, recordarían después estas palabras del Salvador a propósito de su muerte en la cruz y creyeron entonces en la Escritura santa y en las palabras que Jesús había dicho.

Cristo al asumir una naturaleza humana limpia de pecado, se constituyó como el Templo vivo de la Casa de Dios, sellado y consagrado con la inmolación de sí mismo y con la entrega hasta la muerte y muerte de Cruz para la gloria de Dios y salvación de los hombres. Él como templo resucitado reúne a los hijos de su Padre dispersos por el pecado y la rebeldía en contra de Dios.

3.- CRISTO CONVOCA Y REUNE EN SÍ MISMO A LOS HOMBRES POR MEDIO DE LA LEY, LA CRUZ Y LA ORACIÓN.

A).- La Ley: la antigua alianza de Dios con los hombres se cerró con las ofrendas presentadas en el templo de Jerusalén, que fueron figura de la realidad plena de la nueva alianza. Esas ofrendas obedecían al mandato de la ley mosaica, pero con Cristo en la plenitud de los tiempos dentro de la historia de la salvación esas ofrendas han quedado superadas por la nueva ley que Cristo instaura y lleva a plenitud al ofrecerse como víctima perfecta para la salvación y redención humanas.

B).- La Cruz: es el ara del sacrificio de Jesucristo, como nuevo y definitivo Sacerdote oferente. Su motor es el amor, porque ninguno ama tanto sino aquel que da la vida por los que ama. Cristo al ofrecerse y morir en la cruz expresó irrebatiblemente su amor divino humano por los hombres pecadores y por el rescate del universo entero. La Cruz es la suprema insignia del amor de Jesús por los hombres y por la creación elevadas a la unión íntima con Dios.

C).- La Oración: Cristo con lágrimas y clamor válidos oró por los hombres muertos por el pecado y la condenación eterna. Al ofrecerse a su Padre movido con gemidos inenarrables que el Espíritu Santo hizo brotar de su corazón doliente y oferente, pudo enseñarnos lo qué es la oración que desde el ara de la cruz dirigió a su Padre con las siete palabras que dan unidad total a toda su vida de oración. El Padrenuestro es la manifestación orante perfecta y definitiva que nos enseñó para alcanzar perdón y gracia de parte de su Padre y las bendiciones del Espíritu Santo, para ser santos y alcanzar la gloria eterna más allá de esta vida asumida para siempre en el misterio de la Resurrección final.

4.- CONCLUSIÓN.

Así, los cristianos somos en forma participada el templo vivo de Cristo. Por el bautismo y demás sacramentos, vivificados por la Palabra. Llamados a formar la comunión eclesial del amor y del servicio con la cruz de cada día, orando sin cesar para cumplir la voluntad de Dios, pero realizando la ley del amor que se refiere a Dios mismo y a los hermanos…¡Vivamos pues, con el cumplimiento de la nueva ley por la cruz redentora y por la oración incesante, que como incienso de suave y fragante aroma sube hasta la presencia del Altísimo en el Templo, lleno de luz y vida, de Cristo muerto y resucitado!…

+ Fernando Mario Chávez Ruvalcaba

Obispo Emérito de Zacatecas

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Vídeo Reflexivo: “Tú eres Simón y te llamarán Kefas (Pedro, Piedra)”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el domingo 8 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

PEDRO, NOMBRE PROPIO DE PERSONA, tiene un origen bíblico. Fue el nombre que dio Jesús a Simón desde el momento de conocerlo. Pedro es la traducción del nombre arameo Kefas que significa tanto ‘piedra’ como ‘roca’. Pedro significa propiamente ‘roca’, pues para una piedra suelta el griego tiene la palabra lithos. Existen varias palabras compuestas o cultismos en español que tienen como primer elemento la palabra griega lito ‘piedra’: litografía, litosfera, litografiar, litógrafo, etc.

La Palabra del Señor es riquísima en enseñanzas y en la participación de un conjunto de personas que en la medida en que uno las va conociendo se va sintiendo cada vez más impactado, emocionado, alegre, y con un orgullo sano, por la existencia de las mismas y por su destacada actividad y función en el cumplimiento de los designios y preceptos de la Sagrada Escritura. Uno de estos personajes es Simón Pedro, el primer pontífice de la Santa Iglesia Católica y en el que Jesucristo fundó la verdadera iglesia, la única, la universal, la iglesia católica. A él le dijo: tú eres Simón, pero de aquí en adelante te llamarán KEFAS que significa piedra, Pedro. En la siguiente cita bíblica encontraremos la trascendencia, importancia y proyección de San Pedro como apóstol de Jesucristo, la roca en la cual está edificada la Santa Iglesia Católica y el gran papel que Jesús le asignó a Pedro como custodio de esa iglesia y como administrador del reino de los cielos. Obsérvese:


Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, 13llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos:

— ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

14 Ellos contestaron:

— Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

15 Él les preguntó:

— Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

— Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

17 Jesús le respondió:

— ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

18 Ahora te digo yo:

— Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

19 Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Orientaciones para la lectura

La lectura del Evangelio se centra en la figura de San Pedro, el portavoz de los apóstoles. Mt 16, 13-19 presenta la famosa “confesión de San Pedro” y la respuesta de Jesús a tal confesión de fe.

El suceso se sitúa en Cesarea de Filippo, región pagana en el antiguo territorio de Palestina, como una previsión de que Pedro y los apóstoles no se quedarán limitados a su propio país. Deben estar dispuestos a alcanzar las regiones paganas y seguir al Maestro donde quiera llevarles.

“¿Quién dice la gente que soy yo?” El Maestro Jesús comienza con una pregunta impersonal. ¿Qué impresión tienen los otros de mí? ¿Cómo me ven? A esto responden los discípulos: “Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, Jeremías o uno de los profetas.” Lo evidente es que la gente percibe a Jesús como un hombre santo, en línea con los profetas. En este momento crítico de la historia de la salvación judía, le ven como portavoz de Dios.

“Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?” Jesús no deja a los apóstoles sólo en un nivel superficial. Quiere una relación más personal: decidme “¿quién pensáis vosotros que soy yo?”

“Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” Así respondió Pedro a aquel examen, hablando por sí mismo y por los demás apóstoles. Es una profesión de fe de más alcance que la expresada por la gente. Jesús no es un mero profeta; es mucho más. Es el Mesías largamente esperado, el Ungido de Dios, realmente el Hijo mismo de Dios. Conociéndole y permaneciendo con él, Pedro y los apóstoles poseen la auténtica presencia de Dios, aquella “luz atractiva” imposible de despreciar y de renunciar.

“Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia…” En reconocimiento de la respuesta de Simón Pedro, le da Jesús un nombre nuevo. Darle un nombre nuevo significa una nueva vocación y misión de Pedro (ver también Gen 17, 5; 32, 28-29). Participa ahora de la misión misma de Cristo, es decir, Pedro se convierte en trabajador-compañero de Jesús para la reconstrucción del nuevo Israel, la nueva casa y familia de Dios. Jesucristo es realmente la piedra angular de este nuevo “edificio” (ver Mc 12, 10, en ref. al salmo 118, 22; ver también Efes 2, 20ss y 1Pe 2, 7ss). Comenzando desde Pedro, todos los apóstoles y sus seguidores están destinados a participar en esta vocación y misión de Cristo, su Maestro, reconocido por ellos como el Hijo de Dios vivo. La legitimidad de su función nace de este mandato dado a Pedro por Jesús. De aquí surge también la seguridad de que, mientras permanezcan fieles a este mandato, ningún poder, ni terreno ni sobrehumano, prevalecerá sobre ellos.

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Artículo: ¿Tenemos responsabilidad en la pérdida de fe de otras personas?

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el martes 24 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el sábado 28 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur.


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SIEMPRE PRETENDO INICIAR LA REDACCIÓN DE MIS ARTÍCULOS o reflexiones arguyendo la dificultad, importancia o trascendencia del tema que se va a abordar. Pero le confieso, amigo lector, que definitivamente este es un espinoso asunto que muchas veces por salvaguardar la integridad de nuestra Santa Madre Iglesia Católica y de todos y cada uno de sus integrantes, desde la más alta autoridad hasta el más sencillo de sus servidores, se mantiene o se quiere preservar en secreto a toda costa la irresponsabilidad de una porción de feligreses, muy abultada en número, en relación con la defensa de nuestra fe, y precisamente con la circunstancia de no tener una doble moral ni un doble discurso, ni mucho menos actuar de manera diferente a lo que la Palabra de Dios nos enseña y a lo que nosotros mismos difundimos como verdades absolutas y como reglas de convivencia dentro de un marco normado por los principios más excelsos de la moralidad, la ética, las buenas costumbres, la verdad y la justicia. Causa realmente lástima la realidad que nos rodea y en la cual participamos. Esa realidad nos señala con su dedo acusatorio que somos culpables de que muchas personas pierdan su fe, la neutralicen o la debiliten, cuando observan que no somos buenos cristianos, que somos inmorales, que somos hipócritas, que decimos una cosa pero hacemos otra, que tenemos una Biblia cuyo contenido es maleable, expandible, modificable y acomodable a nuestros intereses y deseos. Que tenemos un Dios a nuestra medida cuyos designios y preceptos manejamos a nuestro antojo y los sujetamos a nuestros propios fines y propósitos. Quizás esta introducción no me gane muchos amigos, ni sea asumida de manera constructiva. Tal vez, muchos considerarán que he sido muy estricto y severo con la calificación de esa responsabilidad de nuestra parte en la pérdida de fe de muchas personas. Transijo entonces en que existan las excepciones, pero aún así la situación es tan grave que nos llama a la reflexión. En la universidad en la que dicto cátedra tanto en el pregrado como en el posgrado, es más que frecuente observar este tipo de actitudes acomodaticias, interesadas, hipócritas, caricaturizadas, y con un profundo hedor a inmoralidad, corrupción fraude y engaño. Si esto ocurre en nuestras casas superiores de estudio, calcule usted lo que ocurre en aquellos lugares y ambientes en los cuales la discusión científica y la búsqueda de la verdad no sea el objeto más inmediato de la existencia de los seres que viven en esos espacios. Particularmente he vivido la experiencia de conocer a esas personas no solamente en las universidades, sino también en otros espacios, lugares y escenarios. Allí precisamente en los escenarios no académicos ni intelectuales, se tropieza con este grupo de personas por cuya culpabilidad los infieles no encuentran a Dios, ni a la fe. En los suburbios, en los barrios, en los pueblos donde las personas cuentan con un exiguo y casi ningún recurso económico para subsistir, allí precisamente se pueden observar estas situaciones en la que las personas, por no contar con la solidaridad de otras, con la justicia, con el buen ejemplo y antes por el contrario con la práctica maniquea de un cristianismo de pacotilla y que originan como ya he dicho que muchos pierdan su fe, agravándose así el problema de la marginalidad, del analfabetismo, de la prostitución, de la corrupción, de latrocinio, del fraude religioso, de la injusta distribución de la riqueza, de la explotación del hombre, del abuso y de la violencia en contra de la mujer y de los niños, la desprotección de los discapacitados. A ello ha de agregarse la actitud que hemos mantenido los cristianos y hombres de buena voluntad en no asumir la cuestión política como algo necesario y complementario en la construcción del reino del amor. Creemos que al alejarnos de la política y de la conducción del poder nos hacemos mejores cristianos. Esto ha traído como consecuencia que los incapaces, los mediocres, los incompetentes, los comunistas, los propagadores y defensores de ideologías que niegan a Dios y niegan al cristianismo niegan la justicia, la verdad, a piedad y la solidaridad, hayan asumido el poder en la mayor parte de los países, con las consecuencias que ya conocemos. También se adiciona la multiplicación de sectas que con el propósito de “enseñar la palabra de Dios” han asaltado los bolsillos y la buena fe de esas buenas gentes que por no tener un pastor que las oriente en el discernimiento, interpretación y dominio de la Palabra del Señor, caen en la redes de estos estafadores profesionales, que han visto que las cosas que se realizan en nombre de Dios crecen y se desarrollan rápidamente generando buenos frutos de diversa índole, de modo que aprovechándose de esta circunstancia, engañan, timan a los ignorantes, a los incrédulos, a las gentes de buena fe, haciéndolas tropezar para caer confundidas bajo el manto de oscuridad, de las tinieblas y de los embaucadores.

Las razones y reflexiones que hemos efectuado anteriormente nos llevan de manera irremediable a transcribir algunos párrafos contenidos en la obra: “CIEN PREGUNTAS A LOS CATÓLICOS”, de MADINGER, Herbert (Caracas, Venezuela. Ediciones Paulinas 1991 pp 97-99). Allí, en esa obra y bajo el título de “POR CULPA AJENA PIERDEN LA PERSONAS SU FE” leemos lo siguiente:

“Las especulaciones filosóficas son tan sólo raramente las verdaderas causas del ateísmo. Por lo general, la fe en Dios se quiebra por culpa de la gente, a menudo también por culpa ajena. Mil millones de comunistas, o sea la tercera parte del mundo no creen actualmente en Dios. Ese comunismo se originó el siglo pasado en el corazón de Alemania. Su símbolo es el puño cerrado. En aquel entonces los trabajadores alemanes privados de sus derechos empezaron a levantar el puño cerrado contra sus explotadores. Estaban enfermos, desamparados, faltos de recursos, abandonados de toda protección jurídica, y sus hijos pedían pan a gritos. Entonces nació el odio de esos proletarios contra sus amos, que se llamaban cristianos. De ese odio contra los negreros cristianos se originó el odio contra Dios, contra la religión y contra los católicos. El comunismo nació por culpa de los cristianos. ¿Quién podrá responder alguna vez de ello ante Dios?


¡Tal vez los cristianos de nuestros días seamos culpables del mismo modo en la incredulidad de los pueblos que sufren hambre! En Europa, en América, en los países cristianos del mundo, viven los habitantes más ricos de la tierra. Nosotros consumimos miles de millones tan sólo para el alcohol y nicotina. En Austria, por ejemplo cada familia gasta mensualmente 300 chelines por término medio sólo para alcohol.
[Nota de MEGF: estas cifras son para el año 1991] Pero a nuestro lado mueren anualmente en el mundo millones de seres. ¿Quién de nosotros está dispuesto a ceder a esas personas hambrientas algo de lo que les sobra?


¡Esos pueblos se cierran hoy al mensaje del evangelio, porque no pueden creer en el amor fraterno cristiano! Ellos aman a Cristo, pero odian a los cristianos, dijo Gandhi. ¿Quién podrá responder alguna vez de ello?


Si los estudiantes afro-asiáticos vienen a las universidades europeas como personas religiosas, en su mayor parte se marcha en Europa como ateos, como seres sin Dios. Es cierto que ellos han aprendido en nuestros países la técnica, el twist, el rock, pero no han conocido a nadie que haya convertido a Dios en el centro de su vida. Y por esa razón no creen más en Él. Como líderes de sus pueblos jóvenes edificarán los nuevos Estados sin Dios. Nosotros ¿En qué forma podremos responder de ello alguna vez?


Los hombres necesitan siempre seres que les sirvan de ejemplo. Ellos precisan ver un corazón ardiente o a un hombre entusiasmado; después están en condiciones de creer en la grandeza arrolladora de Dios. Más ¿Cómo han de calentarse los corazones fríos sino encuentren en ninguna parte el ardor de Dios?


Los jóvenes salen del colegio y entran en las empresas como aprendices. A los pocos meses están adiestrados por los compañeros de mayor edad. El tema número uno es el sexo. Dios es aire y burla.


Para nosotros los cristianos habrá una vez una responsabilidad muy dura. ¡En el juicio final tendremos que reconocer que los infieles, no pudieron encontrar por culpa nuestra, la fe en Dios! Los pecados graves de las personas creyentes repugnan a los que no creen. Y la repugnancia contra los cristianos se convierte en repugnancia hacia Dios y hacia la fe. Los que se han apartado ven a los cristianos como seres brutales, desconsiderados y egoístas. Pero, según su parecer la religión se vuelve antipática y sin valor alguno, porque aparentemente no tiene la fuerza de hacer mejores a las personas.

Por estar compuesta de pecadores, también la iglesia en su totalidad comete continuamente faltas en razón de las cuales los seres se sienten repelidos por la religión. La fuerza divina que se halla en la religión ha sido oscurecida a menudo por muchos pecados en tal modo que los hombres, desengañados, han dado la espalda a esa iglesia. Con ello, con frecuencia perdieron también su vinculación a Dios.


Tenemos que temer la responsabilidad que llevamos los unos para los otros, que no vacilen los demás en su fe en Dios, por culpa nuestra; que no permanezcan en las tinieblas por nuestra culpa, porque ellos no ven ninguna luz en nosotros.”

De los párrafos transcritos se concluye una verdad que realmente asusta y atemoriza: SOMOS CORRESPONSABLES DE LA PÉRDIDA DE LA FE DE MUCHOS DE NUESTROS CONGÉNERES, DE MUCHOS DE NUESTROS HERMANOS. Pero aun así contamos con el Espíritu Santo que nos concede el discernimiento y la fuerza necesaria para solicitarle a Dios Padre, a Dios Hijo, con la intercesión de nuestra virgen madre María, madre de Dios y madre nuestra, que nos suministre la suficiente sabiduría y la suficiente disposición y fuerzas para enrolarnos en una campaña permanente, diaria, frecuente, cotidiana, absoluta y total para servirle al Señor en la difusión de su Palabra, de su Evangelio, en un asumir nuestra vida como testigos auténticos de Jesucristo, siendo nosotros ejemplos a emular, hacedoras de buenas obras, ejemplos de vida edificante y edificadora, de familia santa, de hijos respetuosos y subordinados a la voz de Dios. Elevo al Señor mis oraciones para que estas peticiones que hemos formulado, sean provistas para la gloria y la honra del Señor. Amén y amén.

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Oración: “Jesús es mi guía”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del martes 16 de septiembre de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 21 de enero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


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ORACIÓN —


¡Oh! Jesús mío, esperanza y apoyo de mi alma

en el Santísimo Sacramento,

me aflige la visión de mis pecados pasados

y el pensamiento de que no he hecho penitencia de ellos.

El día en que habrás de ser mi juez se acerca

y esta mansedumbre inagotable

que me consuela hoy en el misterio del altar

se trocará en el semblante severo

con que examinarás toda mi vida.

Señor Jesús, yo sé que el Santísimo Sacramento

es la ofrenda y el sacrificio con el que pagas

la deuda de nuestros pecados.

Que no quede yo excluido de esta

misericordiosa compensación

y que en la hora de la justicia,

ella me presente salvo en tu divina presencia.

Señor Jesús, deseo hacer penitencia de mis pecados

y unir mis cortos y escasos sufrimientos

a los que tú aceptaste por mí en la tierra.

Jesús, fórmame en la escuela de la cruz,

para que yo repare las caídas

y lave las manchas de mi alma.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


HERMANO Y HERMANA que me lees, en el Santísimo Sacramento, Jesús es nuestro guía, él es el apoyo necesario para lavar nuestras culpas, el que soportó toda clase de humillaciones, venciendo la muerte, venciendo al pecado y al maligno para ascender gloriosamente al cielo. Él es el único camino. Es la verdad. Él es el reino. Acerquémonos a él con un corazón humilde, con un corazón arrepentido de todas nuestras malas actitudes y conductas. Jesús en el Santísimo Sacramento, hermano y hermana que me lees, es nuestro guía. Dios dio a los israelitas una columna de nubes para que los guiara en el camino del desierto. Aquella columna les servía de luz en la noche, de sombra refrigerante en el día, y desde ella dispersó y confundió muchas veces a los enemigos de su pueblo. El Santísimo Sacramento es para el pueblo cristiano la columna que le guía en el desierto de esta vida. Allí está la luz. En tus dudas, en tus cavilaciones, en las tinieblas con que te ofuscan tus pasiones. No busques otro remedio más que la claridad divina del Santísimo Sacramento. En la fatiga del combate te sostiene contra tus enemigos. No busques otra sombra, refugio, ni descanso, sino esta nube misteriosa que Jesucristo nos formó con el Sacramento de su cuerpo y de su sangre, y acuérdate, hermano y hermana, que en el Santísimo Sacramento está tu defensor que pone en fuga a tus enemigos y te concede el gozo y la seguridad de la victoria. No solicites otro guía, ni otro maestro que Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Aquí Él tiene para tu alma palabras de vida eterna y sólo obedeciéndole hallarás la Salvación. “Tendré puesta, siempre, mi vida en ti, Señor Jesús y vendré a buscar tu dirección y tus enseñanzas en el Santísimo Sacramento. No me apartes de tu lado y no me desprecies para que no vaya a perderme en el laberinto de mis culpas y de mis malas pasiones. ¡Oh! Señor Jesús, guía y maestro de mi alma, ten piedad de mí” ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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