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Archive for 26 abril 2009


La Nota Corta: “Prohibido decir: Hoy no puedo”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el martes 14 de abril 2009

Publicada en la Red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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¡CUÁNTO NOS CUESTA A NOSOTROS iniciar un proyecto, un plan, una misión, o desarrollar una idea! Ello sucede comúnmente porque primero vemos los obstáculos, las dificultades que rodean al proyecto, los medios necesarios para concretarlos e incluso el tiempo y las fuerzas que nosotros debemos invertir para lograrlos. Es decir, primero vemos el problema sin aspirar a encontrar la solución. Actuamos como el soldado que va a la guerra con la creencia de que la va a perder. Es obvio que aunque tuviese más fuerza que el enemigo y sus armas fuesen más potentes, aún así la perdería, pues su actitud de derrota lo ha condicionado, lo ha programado para perderla.

En la vida cotidiana nos paralizamos cada vez que tenemos que enfrentarnos a una situación difícil. Creemos que la mayor parte de las veces las situaciones difíciles, adversas o graves que tocan nuestra puerta, son mayores a nuestra disposición, medios y fuerzas de las que disponemos para vencerlas. Nos mostramos perdidosos, vencidos y derrotados antes de comenzar la batalla para solucionar nuestros problemas. En otras ocasiones nuestro principal enemigo no es el desgano o la mala actitud diferente a los problemas, sino ese terrible vicio de dejar para mañana lo que debemos hacer hoy. Es la comodidad hecha regla. Es pensar que el tiempo tiene que ajustarse a nosotros y no nosotros al tiempo. En otros aspectos nos vencen las voces agoreras de nuestro entorno, de esos “familiares”, de esos “amigos”, que continuamente nos dicen que no somos capaces de hacer tal o cual cosa y que deberíamos dedicarnos a tal o cual actividad. Nunca nos reconocerán que somos capaces de realizar cualquier cosa. Somos víctimas del “qué dirán” y de la opinión determinante de los “otros”, de manera que nuestro presente y nuestro futuro no son ni serán el resultado de una decisión libre y espontánea, sino más bien de la decisión de los “otros”. Triste realidad, pero así es. De esta manera podemos seguir enunciando las hipótesis en las cuales nos movemos y que dan como resultado la frase típica de “no puedo hacerlo”.

Presento a mis lectores un conjunto de normas y de reglas el libro: “SECRETOS PARA TRIUNFAR EN LA VIDA” (SALESMAN Eliecer. Bogotá. Colombia. Editorial Centro Don Bosco. 1991. Págs. 170-171):


“1.-Solamente la acción es la palanca que pone en movimiento la gran planta de energía que hay en mi personalidad. La acción es el combustible que lleva al éxito. Por eso: “Procederé ahora mismo”.


2.-El temor detiene el éxito. Al temor se le vence con la acción. Al tigre del terror lo hace huir el conejito de la acción. Empieza a obrar y el temor se va alejando.

3.- la luciérnaga sólo proyecta luz cuando va volando. Mi personalidad solamente podrá demostrar los valores que tiene si me dedico a obrar.


4.-No dejaré las tareas de hoy ni las postergaré para mañana. Es mejor fracasar actuando, que quedarse sin hacer nada y fracasar lo mismo.


5.-Procederé ahora mismo. Procederé ahora mismo. Procederé ahora mismo. Estas palabras repetidas se me tienen que convertir en una costumbre como la de respirar.


6.-Cuando el fracasado exclame: “dormiré una hora más”, yo me levantaré diciendo: “procederé ahora mismo”. Cuando el pusilánime esté pensando: “quizá no voy a tal cliente porque me va a recibir mal”, yo iré hacia dicho señor repitiéndome “procederé ahora mismo.


7.-Cuando el otro pase por frente a la puerta sin llamar porque teme que no lo atenderán, levantaré mi mano para tocar la puerta, y mientras tanto iré repitiendo: “procederé ahora mismo”.


8.-Cuando desanimado oiga una voz traicionera que me grita: “ya no luchemos mas, que todo es inútil”, levantaré mi paso de vencedor y diré entusiasmado “procederé ahora mismo” y transitaré por los caminos por donde un fracasado no se atreve a andar, y trabajaré cuando un fracasado se dedicaría a descansar, y hablaré mientras un fracasado se quedaría en silencio. Afirmaré: “todavía es posible”, cuando un pesimista exclame: “ya es demasiado tarde”.


9.-“Mañana” que sea la palabra de los haraganes. Mi palabra es “ahora”, por qué ese es mi tesoro. Cuando el león tiene hambre ataca Yo tengo hambre de éxitos y quiero obrar para conseguirlos, pero no desde mañana, sino desde “ahora mismo”.


10.-Mi momento oportuno es el “ahora.”. Si dejo para más tarde el empezar la obra, Dios puede vender a otros los éxitos que tenía para mí. El mundo es de Dios pero Él se lo alquila a los valientes.”

Ya lo debemos tener claro: nadie hará nuestro trabajo, nadie se esforzará como nosotros para hacer lo que se requiera para lograr el éxito, el triunfo y la victoria. ¡Animo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Oración: “Prepárame, Señor”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del lunes 09 de junio de 1997.

Trasladada a la red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —


Eres río de agua viva, Jordán de mi corazón.

Sepúltame en tu corriente y bautízame en tu amor.

Conságrame con tu espíritu y empápame con tu unción.

Hazme renacer de nuevo, hijo pequeño de Dios.

Tú nos has dicho: He resucitado, soy yo.

Ve y anuncia el Evangelio,

sé testigo de mi obra con tu palabra de fuego.

Es hora de caminar, de prender el fuego nuevo

y comienza por tu casa a ser testigo del Reino.

Quien se da a sí mismo, ¿qué más puede entregar?

La viuda dio centavos guardados por necesidad,

con ello dio su corazón y Dios bendijo su bondad,

lo difícil no es dar limosnas, sino entregarse a los demás.

Te espero, mi Señor, estoy despierto

y preparado antes que el día goce en despuntar.

Mi corazón se alegra y canta: ven Señor, no tardes en llegar,

hasta el pecado de mi carne se viste de alegría al esperar.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —



EN ESTA PLÁTICA AMOROSA CON EL SEÑOR hemos disertado acerca de la necesidad de estar preparados siempre, para ser testigos de la obra del Señor a través de nuestros actos, de nuestras conductas, asumiendo dentro de la sociedad en la cual vivimos una conducta ejemplar, una conducta acorde con los patrones de la moral, de la honestidad, de la justicia, porque en nuestra vida estamos sujetos a diferentes pruebas y a veces podemos ser tentados a caer en conductas que no son precisamente las que el Señor quiere de nosotros, ni las que a Él le agradan. Así como existe el vértigo de sentir entre las manos la eficacia de Dios, por desventura, existe también el vértigo de gritar que ya no se cree en el Señor. Así cuando todo se oscurece ante nosotros y su luz se esconde tras las nubes tormentosas de la prueba, hay quienes dicen “Ya no creo en el Señor”, pero nada más claro que la existencia de Dios y nada más oscuro, pues nada nos proporciona una alegría tan gozosa como sentir nuestra mano en la mano del Señor y no hay oscuridad más dolorosa que los momentos de fe desnuda. Gracias a la fe creemos que Dios ha creado el mundo, nuestros mandamientos nos ayudan mas no bastan. Podemos decir, con verdad, que tenemos a la vista todas las pruebas capaces de demostrar su presencia y al mismo tiempo podemos experimentar el temor de que nada es posible añadir con fuerza suficiente para que depongamos nuestra incredulidad. La fe no es sentimiento ni raciocinio, es un acto de abandono en la oscuridad a un Dios escondido para nuestra naturaleza de hombres. A un Dios, que a veces esconde, que a veces es tinieblas, pero no por falta de luz sino porque esa luz que nos deslumbra y a la que no estamos acostumbrados todavía, dentro del curso de nuestra pequeña historia, nos enceguece por la falta de nuestra fe y la falta de conocimiento del Señor. Por ello en ese campo donde convergen la razón y la fe, en donde se cruzan luces y sombras, provenientes de esferas tan distintas como las de lo invisible y de lo visible, es a veces complicado para nuestra capacidad pequeña de ser humano. La luz que emana de la nube divina de lo que no se ve y no se conoce, al encontrarse con la tierra en que vivimos, forma como una niebla, tal como lo dice son Pablo: niebla que envuelve todas las cosas y nos obliga a caminar, como a tientas , según se narra en los hechos de los apóstoles. Pero esto nos hace precavidos y nos sumerge en el ansia continua de la espera, de una de una espera que nos obliga a fijar la mirada siempre adelante y que nos da la impresión de un destello repentino de sol, que en su día vendrá. Y en este campo difícil, Dios nos aguarda. Antes o después como esperó a Abraham, a Moisés, a Job, porque Dios normalmente nos deja vivir en nuestras tiendas, como al pequeño Isaac bajo la mirada amorosa del padre, nos deja reír, correr tranquilos como hijos amados, por la casa de su padre, o sobre la colina de la vida, llena de paz y de abundancia, entonces no se duda de Él. Y hasta es fácil como el latir de corazones jóvenes o el respirar profundo y saludable del que se encuentra bien. Pero cuando nos llega la prueba el cielo se oscurece y la fe se desnuda como cuchillos sin funda que nos hunde la carne y entonces exclamamos ¿Pero es posible que un Dios tan amoroso exija tal sacrificio?¿No es un engaño acaso toda nuestra fe? ¿Tal vez una ilusión psicológica? ¿Es posible que hayan niños muriéndose de hambre? ¿Es posible que un inocente muera mientras triunfa el malvado? ¿Es posible de un temblor de tierra abata la casa de los pobres y que una sequía mengüe aún más su miserable saco de arroz? Es la hora de la prueba, es la hora del escándalo, ante nuestras angustias el cielo sigue cerrado, silente, y nuestra súplica vuelve sin respuesta. Debemos estar apegados a la voluntad del Señor. El Señor es el único Dios, principio y fin de todo, vino para darnos vida eterna, sin Él nada podemos hacer, sin Él nos perdemos en las tinieblas porque Él es la luz, de allí que la confianza y la fe no debe abandonarnos nunca. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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La Nota Corta: “Reputación cuestionada… ¡Agua derramada!”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el martes 14 de abril 2009

Publicada en la Red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

https://i0.wp.com/www.infobae.com/adjuntos/imagenes/07/0120726B.jpg


LO MÁS FÁCIL EN UNA CONVERSACIÓN es destruir la reputación, el honor y el patrimonio moral de una persona. Suele ocurrir en las diversas conversaciones que se dan, bien cuando acudimos a alguna fiesta, a reuniones de tipo social, de tipo académico o de cualquier otra especie. Somos muy ligeros al momento de calificar, apreciar y valorar las conductas, actitudes y hechos de otras personas. No medimos la gravedad de lo que estamos haciendo ni de lo que le pueda ocurrir a esa persona de la cual estamos hablando o sometiéndola al escarnio público. Ojalá fuésemos así para calificar lo positivo, lo meritorio, lo favorable, lo agradable de otras personas. Es más fácil destruir que construir. Esta desafortunadamente es una de las grandes verdades de nuestro tiempo. Por ello debemos ser muy cuidadosos cuando nos toque responder acerca de la conducta, la actitud, los valores y forma de conducir de nuestros amigos, de nuestros vecinos o de otras personas. Nuestro filamento lingual es muy rápido y veloz para la crítica artera y por el contrario es lento, pausado, llegando casi a la parálisis, cuando se trata de corroborar, acentuar, divulgar y refrendar el ejemplo, los valores, la ética, la justicia y la conducta paradigmática de nuestro prójimo. El honor de las personas es su patrimonio de mayor valor. Y así como no nos gusta que se refieran a nosotros utilizando epítetos, maledicencias, murmuraciones y que nos coloquen en el banquillo de los acusados y bajo el escrutinio recriminatorio de la sociedad, de esa misma manera debemos evitar arrojar la sombra de las dudas, de las falsas imputaciones, de lo falsos rumores y de las medias verdades sobre nuestro prójimo. Debemos pedirle al Señor que mantenga nuestra lengua aletargada y adormecida cuando nos toque referirnos a los demás, lo mismo que conserve nuestra mente, racionalidad, espíritu y cuerpo siempre en santidad, para no cometer errores de lo cuales tengamos que arrepentirnos después… ¡Animo! ¡Gozo! ¡Alegría!

(Tomado de GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Comentario al Vídeo Reflexivo: Respetar el honor ajeno. SPE/SPI 2008. Disponible en http://www.inemegf.blogspot.com).

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Oración: “Al Sagrado Corazón de Jesús”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del viernes 06 de junio de 1997.

Trasladada a la red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

http://byfiles.storage.live.com/y1pWVDSuju3v6UrqHExc9RotRLX1vnRfsTr5btXUDisQjaOYV6xqNu8Qd-V2R5XSE5KHdjikegcMXk


ORACIÓN —

Te saludamos, corazón admirable de Jesús,

te alabamos, te bendecimos, te glorificamos,

te damos gracias, te ofrecemos nuestro corazón,

te lo entregamos y consagramos, recíbelo y poséelo entero.

Purifícalo, ilumínalo y santifícalo

a fin de que vivas y reines en él, perpetuamente.

Señor nuestro, Jesucristo,

contemplando tu corazón abierto por la lanza,

deseamos completar en nuestra carne

lo que falta de tu pasión.

Danos la valentía de reparar

nuestras propias injusticias

y las de nuestros hermanos.

Queremos hoy reconocer las injusticias

que se cometen en nuestra comunidad

y luchar por la liberación

de todos los hijos de Dios,

en unión con nuestra señora del sagrado corazón,

te rogamos por nosotros pecadores,

para que sepamos salir de nuestros egoísmos

y buscar la felicidad de nuestros hermanos.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


CONTEMPLANDO EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, como lo contempló nuestra virgen madre en la cruz con el corazón traspasado por la lanza, se reflexiona en el dolor que sintió nuestro Señor y también su madre, la virgen María. Pero ese dolor se transforma en alegría y gozo cuando resuenan en nuestra memoria las palabras de Jesús: yo bajaré al sepulcro, resucitaré al tercer día y luego ascenderé al cielo, para sentarme a la diestra del padre, para garantizarles la vida eterna, porque nadie va al Padre sino es por mí. Porque Jesús nos dijo: yo soy el camino, soy la verdad y soy la vida. Gracias Jesús, gracias por ofrecernos ese, tu corazón, colmado de una infinita ternura y de una infinita capacidad de amor y de perdón. SEÑOR MÍO, JESUCRISTO, limpio de corazón y pureza para mi alma, una vez más te repito: quiero ser feliz, y tú me dirás: vive como un bienaventurado, pon en práctica el código de vida feliz que yo te he dado. En uno de sus momentos Jesús dice: “felices los que tienen el corazón puro, porque ellos verán a Dios. Felices los que tienen ojos limpios, sólo el que tenga ojos limpios podrá ver todo con mucha claridad”. El apóstol Pablo nos pidió que nos revistiéramos de Ti, evitando satisfacer los deseos la carne, de esa carne que atenta contra el espíritu. Si nos dejamos conducir por tu espíritu de amor no seremos arrastrados a los deseos de la carne. Todo esto me conmueve y atrae a mi inteligencia, aunque a veces mi voluntad se aleja débil e irresoluta. No me doy cuenta de que mi cuerpo está incorporado a Ti y es templo del Espíritu Santo, ¡oh! Sagrado Corazón de Jesús. Si tratamos con respeto a los templos de piedra, no profanándolos, con cuanta mayor razón tenemos que considerar como cosa sagrada a nuestro cuerpo, a nuestro corazón que nos dio nuestro Señor Jesucristo, piedra viva de la construcción, de su reino. ¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús, sé que mis pecados de impureza atentan contra mi propio cuerpo y que no me pertenezco a mí mismo. Sé también que el pecado comienza en el interior de mi corazón, aunque no se haya traducido en obra externa. Pero sé también, que por ese sagrado corazón tuyo, señor Jesús, seré colmado también de perdón y de amor, de misericordia y de redención, porque tú lo prometiste y porque tú no incumples lo que prometes. Tú nos dijiste: el que mire una mujer ajena deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Reconozco entonces que tanto mi alma como mi cuerpo han sido comprados por el precio de tu sangre. ¿Que sería de tu corazón traspasado por aquella lanza, señor Jesús? Imagino en este momento el recorrido de tu preciosa sangre, pagando los pecados de toda la Humanidad, los pecados del pasado, los pecados del presente y aun aquellos que vendrán, gracias ¡oh! Sagrado Corazón de Jesús. Por ello, hermano y hermana que me lees, ¿Por qué no tener un corazón puro como el de Jesús? Vamos a enamorarnos profundamente de ese Sagrado Corazón de Jesús, practicando la templanza y la mortificación de nuestros sentidos, siendo prudentes y puros en nuestras palabras, no buscándonos a nosotros mismos sino al hermano, en apertura generosa. ¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús, a ti pertenecemos. Señor, quiero ver a tu Padre a través de ti y llenarme de felicidad eterna y plena. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!


— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “Aquí estoy, Señor. Envíame”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 05 de junio de 1997.

Trasladada a la red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —


¿Dónde está mi luz?

Me invitas a ser luz,

mientras levanta el sol su fuego.

Qué claro queda el día.

Qué concretas se ven las cosas.

La luz es la belleza del planeta

y el gozo de la creación.

Prende mi corazón en ti, Señor,

y hazme ser alegría de la tierra.

Es mañana de luz,

la tierra se abre al sol.

Siembra en mi corazón

el grano de tu Palabra

¡Oh! Sembrador

y hazme semilla de tu reino

sembrada con amor.

Aquí estoy, envíame.

Ya se anuncia el sol sobre la noche

y alegra el rostro de la tierra.

Su paso es Evangelio de alegría,

sembrado con besos de cariño.

Señor, mírame y llámame,

quiero ser Evangelio de esperanza,

semilla de tu Pascua

y luz de un nuevo amanecer.

Te seguiré, Señor, aunque me censuren,

me ofendan y critiquen.

¡Qué difícil ser profeta en tierra propia, Señor!

¡Qué difícil entre hermanos ser palabra de tu amor!

Cuando los ojos se cierran,

imposible es ver el sol.

Jesús: dame en este día ser testigo de tu voz.

Amén y amén.


— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


HEMOS CONVERSADO CON EL SEÑOR. Hemos sostenido con Él un diálogo. Con Él hemos conversado acerca de lo difícil que es ver la verdad, cuando cerramos nuestros ojos. Hemos conversado acerca de lo que es ser soldado de Cristo, ser profeta en la tierra que nos vio nacer. La historia sagrada está preñada de ejemplos, de todos aquellos que siendo profetas en su tierra, cargaron con la responsabilidad, el estigma y la consecuencia de perder hasta la vida por llevar el mensaje del Señor. Pero en la mañana de hoy, conversando con nuestro Señor, hemos aprendido que Él nos ha dicho que Él es la luz, que Él es el camino, que de Él es el reino. Y cuando se camina en la luz no se siente miedo a la oscuridad, pues la luz disipa las tinieblas. Y la fuerza del Señor, que es la fuerza de su luz, de su gracia y de su santidad, nos acompaña todos los días de nuestra vida, hasta el final de los tiempos. Por esa razón en este amanecer vamos a tomar la decisión, amigo y amiga que me lees, de comprometernos a llevar la Palabra del Señor, sin importar la actividad que tú realices, por muy sencilla que ésta sea, no hay excusa alguna que argumentar para no poder llevar la Palabra del Señor a quien no lo conoce o a aquellas personas que conociéndolo han cerrado sus ojos para no ver la luz. En esta mañana debemos prometer sinceramente que vamos a tener una transformación en nuestra vida, que vamos a tomar la decisión de transformar igualmente y de cambiar nuestra forma de conducirnos, nuestras actitudes frente a la vida, para ser más solidario con el desprotegido, con el humilde , para dedicarnos a nuestras actividades con amor, en la seguridad de que el Señor nos acompaña siempre y de que en la adversidad o dificultad de nuestra vida, el Señor está siempre con nosotros, para extendernos sus brazos y decirnos: “hijo mío, yo estoy contigo”. Solamente se requiere que tú le digas al Señor: “Señor Jesús, en este momento, yo abro las puertas de mi mente, de mi corazón, de mi espíritu, para que Tú te entronices en él, para que Tú te enseñorees en mi vida y pueda yo ser tu instrumento llevando una vida honrada, una vida productiva, desde el punto de vista material y espiritual, para que pueda ser solidario con los desprotegidos de esta tierra, para que me des discernimiento y poder determinar lo bueno y diferenciarlo de lo malo”. Por eso, Señor Dios, te decimos en este momento, “Concédenos serenidad para aceptar aquellas cosas que no podemos cambiar, concédenos valor para tener la fuerza suficiente de cambiar aquellas cosas que podemos, concédenos sabiduría para poder diferenciar entre las cosas que debemos aceptar y aquellas cosas que debemos cambiar”. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!


— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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La Nota Corta: “Si yo pudiera cambiar. Reglas simples para el cambio”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el domingo 12 de abril de 2009

Publicada en la Red el domingo 26 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


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EL MUNDO HA SIDO SIEMPRE INCOMPRENSIBLE, difícil de entender y mucho más difícil de definir. La dificultad principal viene dada por el hombre, por la persona humana. Deviene de la naturaleza humana: compleja, enrevesada a veces, complicada, en otras ocasiones inexpugnable, voluble, cambiante, con situaciones, reacciones, sentimientos, emociones y actitudes que guardadas en el sótano de nuestra conciencia, hacen casi imposible, por no decir que lo es, determinar su verdad, esencia y su razón de ser.

No podía ser de otra manera. Somos criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios y por ende participamos de todas las características de nuestro Creador. Él nos concedió libre albedrío, la inteligencia que según algunos expertos es rayana en lo infinito. Tan compleja y tan perfecta es la naturaleza humana —partiendo de la circunstancia de que Dios es perfecto— que El Todopoderoso le sometió todas las fuerzas de la naturaleza a su dominio y lo creó tan perfecto que le otorgó también discernimiento para distinguir entre el bien y el mal. Y aunque ya sabemos cuál fue la consecuencia de su desdichada primera elección, aún así el hombre sigue recibiendo el afecto y amor de nuestro Dios, habida cuenta de la salvación y redención que nos proveyó a través de su hijo Jesús, a quien envió, para qué después de ser igual a nosotros excepto en el pecado, pues él no tuvo ninguno, fuese maltratado, vejado, humillado, acusado de traición, condenado y crucificado, para luego resucitar venciendo a la muerte, al maligno, al pecado subiendo luego al cielo para sentarse a la derecha del Padre, cerrando así el ciclo que se inició con la transgresión de Adán y Eva.

Cada uno de nosotros está dotado de independencia, autonomía y libertad para elegir su vida, para tomar sus decisiones, su esposa, su trabajo, su posición social y todo lo que implique su llamada vida o existencia. Esta podrá ser exitosa, triunfante, próspera, feliz, placentera, tranquila, llena de paz, saludable y con abundantes bienes materiales o espirituales. Por el contrario la vida de una persona puede ser, atendiendo a sus decisiones y actitudes, ruinosa, derrotada, fracasada, infeliz, inicua, intranquila y llena de desasosiego, violenta, enferma y totalmente desprovista de bienes materiales y espirituales, es decir la vida de pobreza material, moral y espiritual.

Cuando el individuo vive estas crisis de fracasos, decepciones, derrotas y demás situaciones que afectan no solamente el aspecto económico de esa persona, sino también su esfera social , su entorno familiar, su paz interior, en definitiva su tranquilidad mental y espiritual, entonces comienza por preguntarse ¿Porque llegué hasta estos extremos? ¿Por qué no tomé decisiones más sabias? Si yo pudiera cambiar… Si yo pudiera devolver el tiempo y tomar las decisiones correctas… Si yo pudiera cambiar y mejorar mi personalidad, mi actitud frente a la vida… Ojalá existiera un método o camino, para el cambio… Seguro que yo lo seguiría.

Cierto es que sí existen caminos, vías, sendas, que pueden conducirnos hacia una transformación de nuestra mente y de nuestro espíritu y en consecuencia, también, de nuestras actuaciones orientadas hacia la obtención del éxito, de la paz, del amor, de la justicia y de la verdad. En principio debemos reconocernos como transgresores de las leyes en algunos casos humanas, pero en la mayor parte de ellas: son las leyes espirituales, aquellas en las que el hombre no sigue a Dios, no cumple los mandatos contenidos en la santa Biblia para poder llevar una vida ética, con justicia, con moral, con verdad, con sosiego y reconciliados no solamente con Dios sino también con el individuo y con la sociedad. San Pablo nos decía en una de sus epístolas que había que renovarse por la transformación de nuestra mente y esta transformación debe venir de adentro hacia fuera, no podemos cambiar lo que está en el exterior de nuestra vida sin que antes iniciemos y desarrollemos un cambio profundo en nuestros modos de pensar, en nuestros valores, en nuestros patrones de conducta y en cuanto a las definiciones y discernimiento del bien y del mal, de la justicia y de la injusticia, de la verdad y de la mentira, de la paz y de la violencia, del vivir amando al prójimo o desconociéndolo y humillándolo o sacando ventaja de él. Sí, hay que cambiar. Si no cambiamos, nuestra vida seguirá por el despeñadero, el precipicio que conduce a la muerte eterna. Para que esta Nota Corta no quede únicamente en un exhorto al cambio ético y moral, he decidido traer a colación algunas notas que seguro nos pondrán en perspectiva respecto de cómo entienden los expertos en psicología el asunto de la conducta humana y sus actitudes.


Concepto y Fundamento de la Psicología Social.


1. Introducción.


La psicología social es uno de los campos científicos dedicados al estudio objetivo de la conducta humana. Su enfoque particular esta orientado hacia la comprensión de la conducta social, sobre la base del proceso de influencia social. El carácter distintivo de la psicología social es que surge de dos factores fundamentales: a) el interés en el individuo como participante social y b) la importancia que le atribuye a la comprensión de los procesos de influencia social.

Sobre la base del proceso de influencia social de fenómenos tales como la conformidad, el liderazgo, el prejuicio, la moral colectiva y el conflicto intergrupal.


La psicología Social presenta cuatro aspectos fundamentales.


Un conjunto de fenómenos de interés.

Un cuerpo de teoría.


Hallazgos acumulados.


Un conjunto de métodos de investigación.


2. La psicología social en el Marketing.


El marketing puede utilizar un marco socio psicológico de análisis dentro de su propio campo o como instrumento interdisciplinario lo que permite un conocimiento más amplio sobre el comportamiento del consumidor, la dinámica de los grupos e interacción social favorecer su aporte a la generación de nuevas alternativas y en el progreso empresarial; para conocer la orientación de efectos de una campaña publicitaria; para la ejecución de análisis de mercado, de productos y servicios.


3. Individuo y sociedad.


Sociedad y Cultura.


Todos nacemos en una sociedad humana organizada, un medio social. En el proceso de crecimiento dentro de este ambiente aprendemos a adoptar los usos y costumbres de otros individuos. El contenido de este proceso varía enormemente según las personas y las circunstancias con las que establecemos contacto.

Los otros individuos con quienes mantenemos contacto son parte de una sociedad; su cultura, representada en las pautas de vida que aplican, consiste en las prácticas y las instituciones vigentes, transmitidas de generación en generación. En nuestra sociedad el lenguaje, la familia monógama, la propiedad privada representan pautas culturales ilustrativas.

La cultura representa un contexto de experiencia. Para ampliar nuestra comprensión del comportamiento social, admitimos de hecho las otras personas son estímulos sociales ante las cuales reaccionamos, sino también que ellas crean colectivamente otros estímulos, significativos desde el punto de vista social, dotados de valor simbólico como las palabras, preferencias alimentarias, moneda, bandera, etc.


La influencia Social.

Los seres humanos están necesariamente orientados hacia otros seres humanos dentro de su medio, y la influencia social se manifiesta cada vez que un individuo responde a la presencia real o implícita de otro u otros.

La mayoría de nuestras características – incluyendo nuestra personalidad – son de un modo u otras influidas por la interacción social.


Las relaciones de influencia que existen entre un grupo y un individuo son: la conformidad, el liderazgo, el prejuicio, la moral colectiva y otros fenómenos propios de los grupos.


La conformidad y el liderazgo: en este caso la fuente o el agente de influencia es aquí un individuo capaz de dirigir y modificar los comportamientos y las actitudes de los otros. El prejuicio es un fenómeno intergrupal cuyo origen se halla en los efectos de la identificación de grupo. La moral colectiva es una actitud compartida por el grupo que influye sobre otros resultados individuales.


La influencia social esta vinculada también con la relación que existe entre dos o más grupos, que puede definirse en su sentido mas restringido de camarillas internas dentro de una fraternidad, o en su sentido más amplio en las relaciones internacionales.


4. Interacción social


La conducta social depende de la influencia de otros individuos y la interacción social es una de las claves de este proceso. Si la conducta es una respuesta al estímulo social producido por otros, incluido los símbolos que ellos producen, la interacción social puede ser concebida como la secuencia de esas relaciones estímulo – respuesta. La interacción social produce efectos sobre la percepción, la motivación y, especialmente sobre el aprendizaje y la adaptación del individuo.”

Ahora les ofreceré un listín que contiene un conjunto de reglas muy simples, que si las ponemos en práctica obtendremos un cambio favorable en nuestra vida:


REGLAS SIMPLES PARA EL CAMBIO.

  1. Si yo cambiara mi manera de pensar hacia otros, me sentiría sereno.
  2. Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás, los haría felices.
  3. Si yo aceptara a todos como son, sufriría menos.
  4. Si yo me aceptara tal como soy, quitándome mis defectos, cuánto mejoraría mi hogar, mi ambiente.
  5. Si yo comprendiera plenamente mis errores, sería humilde.
  6. Si yo deseara siempre el bienestar de los demás, sería feliz.
  7. Si yo encontrara algo positivo en todos, la vida sería digna de ser vivida.
  8. Si yo amara al mundo… lo cambiaría.
  9. Si yo me diera cuenta que al lastimar, el primer lastimado soy yo.
  10. Si yo criticara menos y amara más…
  11. Si yo cambiara… cambiaría el mundo…

(Tomado de “Dinámica del Éxito” de Autor Desconocido).

Estas, amigos lectores, son normas muy simples y sencillas de cumplir. Entonces, ¿por qué no iniciamos desde ya el cambio que nos conducirá seguramente a vivir en sintonía con Dios, con el prójimo, con la familia, con la sociedad y con nosotros mismos? ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Oración: “Amor cristiano”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del miércoles 23 de julio de 1997.

Trasladada a la red el lunes 13 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i2.wp.com/paz-amor.blogia.com/upload/20070118103158-jesus-10..jpg


ORACIÓN —

Dios mío, nuestro Padre y nuestro Señor Jesús,

allanen nuestro camino hacia vosotros

y que se nos haga crecer en el amor,

hasta desbordar de los unos hacia los otros,

y hacia todo lo demás.

Ese sentimiento como lo es el amor

y que nosotros os tenemos,

que haga firmes nuestros corazones,

santos e irreprochables ante Dios,

nuestro Padre,

para la venida de nuestro Señor Jesucristo

con todo su pueblo santo.

Es el amor que tenemos por el señor Jesús.

A ti señor te ofrecemos nuestra humildad

y nuestras carencias.

Enséñanos a crecer en el amor

que tú nos enseñaste, ¡oh! buen Jesús,

para traducir con hechos la conducta

que tú deseas que tengamos,

para agradarte, para glorificarte y santificarte.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —



EN ESTA HERMOSA CONVERSACIÓN CON EL SEÑOR debemos recordar a San Pablo, quien en la primera carta a Tesalonicenses en su capítulo 3, versos 11 al 13, desea un nuevo encuentro con sus fieles y que éstos crezcan en el amor mutuo y en la firmeza. Es como un augurio o petición indirecta y sorprendentemente se dirige a Dios, Dios Padre y al Señor Jesús al mismo tiempo. El amor efectivo de los unos hacia los otros y de todos hacia los demás, es lo que realmente hace el ser cristiano. Crecer en el amor es condición indispensable para que el amor no muera. No es para obra del Hombre, es la fuerza del amor infinito, sentido y conocido, que al revelarse en Cristo le da la firmeza al cristiano. El amor es el documento de identidad para el momento del juicio, que lo pondrá todo en claro. En el amor a los demás, se está uno decidiendo ante lo último, ante la meta de la vida cristiana. Mientras el amor no desborde, no se está preparado para llegar, ni se está siquiera de cara hacia la meta, y de ello depende la propia realización o salvación. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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