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Archive for 28 febrero 2009


La Nota Corta: “Me siento mal… no tengo cualidades para brillar”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el miércoles 25 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el sábado 28 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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COMO DICEN EN MI CIUDAD, MARACAIBO: “no es maña sino costumbre”. Algunas veces vamos por allí por el mundo gimoteando, llorando, quejándonos, exhibiendo nuestras penas y nuestras tristezas; prácticamente vamos con un megáfono en nuestra mano colocado cerca de la comisura de los labios manifestándole a todo el mundo que estamos deprimidos, que nos sentimos muy mal, que Dios no nos ha concedido suficientes dones y talentos y que no tenemos cualidades para brillar. Es la misma historia. Pasamos la mayor parte de nuestra vida viendo el arado, pero incapaces de poner nuestras manos en él para iniciar la tarea creadora y productora. Acostumbramos a echarle la culpa a Dios por nuestros contratiempos, por nuestros inconvenientes, por nuestras incomprensiones, por nuestra equivocada forma de asumir las contrariedades y situaciones que la vida cotidiana nos plantea. Es una quejabanza necia, absurda y carente de una buena dosis argumental razonable y aceptable.

La mayoría de la gente siente depresión al pensar en sus deficientes cualidades, sobretodo porque se dedican a compararse con los que brillan y triunfan de manera especial. En la vida todo es competencia, y siempre encontraremos en toda actividad a alguien que es mejor que nosotros, y esto nos puede traer autocompasión y depresión. Y nos dedicamos a hacer comparaciones injustas entre nosotros y los demás. Comparamos nuestros aspectos flacos y débiles con los aspectos fuertes de los otros. Cuando debería ser más bien lo contrario.


“DOBLE CAMPEONATO, PERO FALSO.


Se cuenta de un caso de una persona que decía: “logré vencer al campeón mundial de boxeo y al campeón mundial de billar”. La gente le preguntaba: —¿cómo logró vencerlos? Y esa persona cada vez que le preguntaban lo mismo respondía lo siguiente —Al campeón de billar lo vencí boxeando y al campeón de boxeo lo vencí jugando el brillar…. Así si es fácil vencer. Y eso es lo que hacemos contra nosotros mismos: Comparamos un aspecto exitoso del otro con un aspecto defectuoso nuestro y empezamos a creer injustamente que somos gentes sin cualidades.


Nos comparamos con el modo maravilloso con el que aquel hombre famoso juega al fútbol, al lado de él nos sentimos como un cero a la izquierda. Pero ¿por qué no compararnos más bien con ese jugador del fútbol en el aspecto religioso, en el trato con la familia, en el cumplimiento del deber diario? Ya veremos que en esto ya no nos sentimos tan chiquitos ante él. Nos comparamos con aquel que tiene una capacidad asombrosa para adquirir y acumular dinero, y sentimos que somos nada ante él. ¿Pero por qué no comparar nuestra vida en la familia, con la vida agitada y angustiada que él vive? ¿Por qué no comparar la suave amistad y paz que tenemos con Dios, con el abandono espiritual que quizás está sufriendo el otro? Cada uno es fuerte en algún aspecto de su vida y débil en otros. A ellos y a nosotros a todos nos sucede lo mismo.


Entonces ¿por qué desanimarnos por nuestras fallas en vez de pensar en nuestras cualidades? No nacimos, además, para brillar sino para cumplir bien nuestros deberes diarios y ganarnos con ellos un alto puesto en el cielo. Y allá “muchos primeros serán los últimos, y muchos últimos serán primeros”, decía Cristo (Lucas, 13,30).


Aquí podemos estar de últimos por unas docenas de años, pero sí cumplimos seriamente y con alegría nuestros deberes diarios no nos queda otro destino que el de ser del grupo de los “primeros” en el reino de los cielos para siempre, para siempre. Amén.”

(LE HAYE, T. y SALESMAN, Eliécer. Cómo alejar la depresión, la tristeza y el mal genio. Santa Fe de Bogotá, Centro Editorial Don Bosco. 1993. pp 250-251).


Finalizo esta nota corta o la siguiente reseña:


Aunque sientas el cansancio,

Aunque el triunfo te abandone,

Aunque un error te lastime,

Aunque un negocio se quiebre,

Aunque una traición te hiera,

Aunque una ilusión se apague,

Aunque el dolor queme tus ojos,

Aunque ignoren tus esfuerzos,

Aunque la ingratitud sea la paga,

Aunque la incomprensión corte tu risa,

Aunque todo parezca nada,

VUELVE A EMPEZAR. . .

Recuerda que Dios está siempre con todos y cada uno de nosotros, es el amigo que no falla, es el padre que nos guía, es nuestra fortaleza, es nuestro cayado, es la fuerza que permite que venzamos cualquier obstáculo, es principio y fin de todas las cosas. Con Él podemos contar siempre en todo lugar y en todo momento. Confía en Dios, confía en su poder, confía en su amor, confía en su misericordia, confía en su perdón, confía en su piedad, confía en su justicia y podrás triunfar en cualquier cosa que te propongas. Amén y amén.

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Artículo: ¿Tenemos responsabilidad en la pérdida de fe de otras personas?

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el martes 24 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el sábado 28 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur.


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SIEMPRE PRETENDO INICIAR LA REDACCIÓN DE MIS ARTÍCULOS o reflexiones arguyendo la dificultad, importancia o trascendencia del tema que se va a abordar. Pero le confieso, amigo lector, que definitivamente este es un espinoso asunto que muchas veces por salvaguardar la integridad de nuestra Santa Madre Iglesia Católica y de todos y cada uno de sus integrantes, desde la más alta autoridad hasta el más sencillo de sus servidores, se mantiene o se quiere preservar en secreto a toda costa la irresponsabilidad de una porción de feligreses, muy abultada en número, en relación con la defensa de nuestra fe, y precisamente con la circunstancia de no tener una doble moral ni un doble discurso, ni mucho menos actuar de manera diferente a lo que la Palabra de Dios nos enseña y a lo que nosotros mismos difundimos como verdades absolutas y como reglas de convivencia dentro de un marco normado por los principios más excelsos de la moralidad, la ética, las buenas costumbres, la verdad y la justicia. Causa realmente lástima la realidad que nos rodea y en la cual participamos. Esa realidad nos señala con su dedo acusatorio que somos culpables de que muchas personas pierdan su fe, la neutralicen o la debiliten, cuando observan que no somos buenos cristianos, que somos inmorales, que somos hipócritas, que decimos una cosa pero hacemos otra, que tenemos una Biblia cuyo contenido es maleable, expandible, modificable y acomodable a nuestros intereses y deseos. Que tenemos un Dios a nuestra medida cuyos designios y preceptos manejamos a nuestro antojo y los sujetamos a nuestros propios fines y propósitos. Quizás esta introducción no me gane muchos amigos, ni sea asumida de manera constructiva. Tal vez, muchos considerarán que he sido muy estricto y severo con la calificación de esa responsabilidad de nuestra parte en la pérdida de fe de muchas personas. Transijo entonces en que existan las excepciones, pero aún así la situación es tan grave que nos llama a la reflexión. En la universidad en la que dicto cátedra tanto en el pregrado como en el posgrado, es más que frecuente observar este tipo de actitudes acomodaticias, interesadas, hipócritas, caricaturizadas, y con un profundo hedor a inmoralidad, corrupción fraude y engaño. Si esto ocurre en nuestras casas superiores de estudio, calcule usted lo que ocurre en aquellos lugares y ambientes en los cuales la discusión científica y la búsqueda de la verdad no sea el objeto más inmediato de la existencia de los seres que viven en esos espacios. Particularmente he vivido la experiencia de conocer a esas personas no solamente en las universidades, sino también en otros espacios, lugares y escenarios. Allí precisamente en los escenarios no académicos ni intelectuales, se tropieza con este grupo de personas por cuya culpabilidad los infieles no encuentran a Dios, ni a la fe. En los suburbios, en los barrios, en los pueblos donde las personas cuentan con un exiguo y casi ningún recurso económico para subsistir, allí precisamente se pueden observar estas situaciones en la que las personas, por no contar con la solidaridad de otras, con la justicia, con el buen ejemplo y antes por el contrario con la práctica maniquea de un cristianismo de pacotilla y que originan como ya he dicho que muchos pierdan su fe, agravándose así el problema de la marginalidad, del analfabetismo, de la prostitución, de la corrupción, de latrocinio, del fraude religioso, de la injusta distribución de la riqueza, de la explotación del hombre, del abuso y de la violencia en contra de la mujer y de los niños, la desprotección de los discapacitados. A ello ha de agregarse la actitud que hemos mantenido los cristianos y hombres de buena voluntad en no asumir la cuestión política como algo necesario y complementario en la construcción del reino del amor. Creemos que al alejarnos de la política y de la conducción del poder nos hacemos mejores cristianos. Esto ha traído como consecuencia que los incapaces, los mediocres, los incompetentes, los comunistas, los propagadores y defensores de ideologías que niegan a Dios y niegan al cristianismo niegan la justicia, la verdad, a piedad y la solidaridad, hayan asumido el poder en la mayor parte de los países, con las consecuencias que ya conocemos. También se adiciona la multiplicación de sectas que con el propósito de “enseñar la palabra de Dios” han asaltado los bolsillos y la buena fe de esas buenas gentes que por no tener un pastor que las oriente en el discernimiento, interpretación y dominio de la Palabra del Señor, caen en la redes de estos estafadores profesionales, que han visto que las cosas que se realizan en nombre de Dios crecen y se desarrollan rápidamente generando buenos frutos de diversa índole, de modo que aprovechándose de esta circunstancia, engañan, timan a los ignorantes, a los incrédulos, a las gentes de buena fe, haciéndolas tropezar para caer confundidas bajo el manto de oscuridad, de las tinieblas y de los embaucadores.

Las razones y reflexiones que hemos efectuado anteriormente nos llevan de manera irremediable a transcribir algunos párrafos contenidos en la obra: “CIEN PREGUNTAS A LOS CATÓLICOS”, de MADINGER, Herbert (Caracas, Venezuela. Ediciones Paulinas 1991 pp 97-99). Allí, en esa obra y bajo el título de “POR CULPA AJENA PIERDEN LA PERSONAS SU FE” leemos lo siguiente:

“Las especulaciones filosóficas son tan sólo raramente las verdaderas causas del ateísmo. Por lo general, la fe en Dios se quiebra por culpa de la gente, a menudo también por culpa ajena. Mil millones de comunistas, o sea la tercera parte del mundo no creen actualmente en Dios. Ese comunismo se originó el siglo pasado en el corazón de Alemania. Su símbolo es el puño cerrado. En aquel entonces los trabajadores alemanes privados de sus derechos empezaron a levantar el puño cerrado contra sus explotadores. Estaban enfermos, desamparados, faltos de recursos, abandonados de toda protección jurídica, y sus hijos pedían pan a gritos. Entonces nació el odio de esos proletarios contra sus amos, que se llamaban cristianos. De ese odio contra los negreros cristianos se originó el odio contra Dios, contra la religión y contra los católicos. El comunismo nació por culpa de los cristianos. ¿Quién podrá responder alguna vez de ello ante Dios?


¡Tal vez los cristianos de nuestros días seamos culpables del mismo modo en la incredulidad de los pueblos que sufren hambre! En Europa, en América, en los países cristianos del mundo, viven los habitantes más ricos de la tierra. Nosotros consumimos miles de millones tan sólo para el alcohol y nicotina. En Austria, por ejemplo cada familia gasta mensualmente 300 chelines por término medio sólo para alcohol.
[Nota de MEGF: estas cifras son para el año 1991] Pero a nuestro lado mueren anualmente en el mundo millones de seres. ¿Quién de nosotros está dispuesto a ceder a esas personas hambrientas algo de lo que les sobra?


¡Esos pueblos se cierran hoy al mensaje del evangelio, porque no pueden creer en el amor fraterno cristiano! Ellos aman a Cristo, pero odian a los cristianos, dijo Gandhi. ¿Quién podrá responder alguna vez de ello?


Si los estudiantes afro-asiáticos vienen a las universidades europeas como personas religiosas, en su mayor parte se marcha en Europa como ateos, como seres sin Dios. Es cierto que ellos han aprendido en nuestros países la técnica, el twist, el rock, pero no han conocido a nadie que haya convertido a Dios en el centro de su vida. Y por esa razón no creen más en Él. Como líderes de sus pueblos jóvenes edificarán los nuevos Estados sin Dios. Nosotros ¿En qué forma podremos responder de ello alguna vez?


Los hombres necesitan siempre seres que les sirvan de ejemplo. Ellos precisan ver un corazón ardiente o a un hombre entusiasmado; después están en condiciones de creer en la grandeza arrolladora de Dios. Más ¿Cómo han de calentarse los corazones fríos sino encuentren en ninguna parte el ardor de Dios?


Los jóvenes salen del colegio y entran en las empresas como aprendices. A los pocos meses están adiestrados por los compañeros de mayor edad. El tema número uno es el sexo. Dios es aire y burla.


Para nosotros los cristianos habrá una vez una responsabilidad muy dura. ¡En el juicio final tendremos que reconocer que los infieles, no pudieron encontrar por culpa nuestra, la fe en Dios! Los pecados graves de las personas creyentes repugnan a los que no creen. Y la repugnancia contra los cristianos se convierte en repugnancia hacia Dios y hacia la fe. Los que se han apartado ven a los cristianos como seres brutales, desconsiderados y egoístas. Pero, según su parecer la religión se vuelve antipática y sin valor alguno, porque aparentemente no tiene la fuerza de hacer mejores a las personas.

Por estar compuesta de pecadores, también la iglesia en su totalidad comete continuamente faltas en razón de las cuales los seres se sienten repelidos por la religión. La fuerza divina que se halla en la religión ha sido oscurecida a menudo por muchos pecados en tal modo que los hombres, desengañados, han dado la espalda a esa iglesia. Con ello, con frecuencia perdieron también su vinculación a Dios.


Tenemos que temer la responsabilidad que llevamos los unos para los otros, que no vacilen los demás en su fe en Dios, por culpa nuestra; que no permanezcan en las tinieblas por nuestra culpa, porque ellos no ven ninguna luz en nosotros.”

De los párrafos transcritos se concluye una verdad que realmente asusta y atemoriza: SOMOS CORRESPONSABLES DE LA PÉRDIDA DE LA FE DE MUCHOS DE NUESTROS CONGÉNERES, DE MUCHOS DE NUESTROS HERMANOS. Pero aun así contamos con el Espíritu Santo que nos concede el discernimiento y la fuerza necesaria para solicitarle a Dios Padre, a Dios Hijo, con la intercesión de nuestra virgen madre María, madre de Dios y madre nuestra, que nos suministre la suficiente sabiduría y la suficiente disposición y fuerzas para enrolarnos en una campaña permanente, diaria, frecuente, cotidiana, absoluta y total para servirle al Señor en la difusión de su Palabra, de su Evangelio, en un asumir nuestra vida como testigos auténticos de Jesucristo, siendo nosotros ejemplos a emular, hacedoras de buenas obras, ejemplos de vida edificante y edificadora, de familia santa, de hijos respetuosos y subordinados a la voz de Dios. Elevo al Señor mis oraciones para que estas peticiones que hemos formulado, sean provistas para la gloria y la honra del Señor. Amén y amén.

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Oración: “Creo en ti, Dios de la Vida”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del miércoles 04 de junio de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


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ORACIÓN —

¡Cómo disfruto al escuchar tu Palabra!

Hazme sentir tu gracia, Señor,

al paso de la brisa matinal.

Eres Palabra de hombre

pronunciada con voz de eternidad.

Habla señor.

Quiero escucharte y nada más.

Enséñame a amar.

Labra en mi corazón y mis entrañas

el mandamiento de tus labios.

¡Qué bello es adorarte! ¡oh! Dios.

Lavando los pies a todos los olvidados.

¡Qué lindo es proclamar tu nombre

con gestos de servicio a los demás!

Revélame tu cuerpo en mis hermanos

y que te adore en el amar.

Soy tu imagen, Señor.

En la moneda de mi cuerpo

brilla la imagen de tu rostro.

Soy tuyo. A ti me elevo.

Té eres mi César, mi único Señor.

Toma mi vida entre tus manos.

Haz de mí lo que tú quieras.

Si soy moneda de tu amor,

¿puedo acaso tener mayor riqueza?

Creo en ti, Dios de la Vida.

Yo creo firmemente

que tú eres Dios de amor,

en ti no hay muerte

ni sombra de condenación.

Eres Dios de la luz.

El gozo de mi eterno amanecer.

Eres Dios de la vida,

Pascua Florida de mi salvación.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡QUÉ HERMOSO! ¡QUÉ MARAVILLOSO ES PLATICAR CON EL SEÑOR. Es manifestarle al Señor nuestro gozo. Es declararle al Señor nuestra gratitud por el inmenso amor que Él nos dio, nos da y nos dará. Por ello llegamos al punto exacto de todo este hermoso misterio que es la revelación del Él mismo, escondido en los siglos, en Jesús. Jesús, que es la plenitud de los tiempos y la consumación de la obra creadora. Es Jesús el significado profundo de su Pasión y el porqué de la presencia del Espíritu Santo en cada uno de nosotros. Se trata nada menos que de realizar la unión entre la criatura y el creador. Entre el Padre que es Dios y sus hijos que somos nosotros. Y esta unión no es una unión natural, sino una unión vital. El hombre tiene que esforzarse por entrar en la Vida, en la Vida Divina. En aquella definida por Jesús como conocimiento sobre todo. No puedo amar lo que no conozco y Dios que lo sabe mejor que yo, no pudo llamarme a su amor, y menos aún, obligarnos a Él, justamente con el primer mandamiento: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, sin hacernos posible previamente su conocimiento. Es decir, conocemos al Señor aunque no lo veamos, porque su presencia está en nosotros por siempre y para siempre. Pero no se trata de un conocimiento natural o racional de Dios, ni un conocimiento analógico al que tengo acceso por la razón y el buen sentido. Aquí se trata de ese conocimiento verdadero que nos viene por intermedio de la fe. Es el mismo conocimiento que tendré, cuando rasgado el velo de la fe contemple a Dios, cara a cara, y solamente Dios puede darme este conocimiento, porque solamente Él puede decirme lo que es. Amontonando todos los razonamientos humanos sobre Dios, no lograré elevarme ni siquiera un centímetro sobre mi estatura, pero aceptando su revelación, hermano y hermana, entro de lleno en el misterio, participo en su filiación y vivo en su misma vida. La verdadera dimensión del cristiano es la Vida Divina, que se halla en Él. La verdadera preocupación, amigo y amiga que me lees, es el conocimiento de Dios. Es la preocupación de los cristianos, porque esta preocupación por conocer a Dios nos arrastrará hacia los caminos de amor, de caridad, que tal y como dice San Pablo: es un bien superior a cualquier otro, pues consiste en la presencia de Dios mismo en nosotros ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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La Nota Corta: “Milagros: ¿Los merecemos? ¿Tenemos derecho a ellos?”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el lunes 23 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


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EL TEMA DE LOS MILAGROS HA SIDO ABORDADO desde diferentes ángulos, desde diferentes perspectivas, incluyendo la perspectiva racional, cognitiva, intelectual y científica. La mayor parte de las personas creen que tienen derecho a recibir algún milagro de su santo patrono, de su patrona, del mismo Dios o del santo a quien veneran. Su argumento para concluir tal aseveración es que todos somos criaturas de Dios y siendo Él misericordioso, justo y caritativo, es obvio que sus milagros son para todos, bastando para ello que los pidamos para obtenerlos. Otras argumentaciones tienen que ver con “el mayor o menor grado de pobreza” que se ostente o exhiba. De tal suerte que en la medida en que seamos más pobres, pareciese que el milagro se hará más prontamente. Lo mismo sucede con la humildad, pues se cree que en tanto más humilde sea el peticionario del milagro, en la misma proporción recibirá lo que se pide. Estas conclusiones por supuesto tampoco son ciertas de manera absoluta, porque ni la pobreza, ni la humildad, ni la buena disposición al servicio de Dios son garantías para obtener un milagro. Yo conozco gentes que siendo muy pobres, en el fondo poseen actitudes más reprobables que aquellos que son ricos y poderosos desde el punto de vista económico, político o social. Hay pobres que si fueran ricos ya habrían acabado con el planeta tierra, con sus abusos y malos comportamientos y violación de los derechos humanos que serían realmente insoportables. De esta forma tampoco es la humildad, la pobreza o la disposición al servicio del Señor el aval para que se lo concedan las cosas que pedimos.

Los más cultos y estudiados, generalmente profesionales universitarios o gente vinculada estrechamente con el servicio de Dios, creen a pie juntillas que son merecedores del milagro que solicitan habida cuenta de que han hecho suficientes méritos y trabajos al servicio de la causa celestial. Es decir que el labrar sus obras, sus trabajos en beneficio de la humanidad o de la sociedad, o el servicio absoluto al Señor, les hace forzosos destinatarios de la bienaventuranza divina. Se trata, si lo vemos objetivamente, de una especie de contrato bilateral, sinalagmático perfecto, dadas las circunstancias de que si yo realizo obras buenas y en cantidad suficiente y satisfactoria a los ojos de Dios, ya esta situación obliga a nuestro Padre Creador, a Dios, al santo a quien veneremos, a la virgen cuya advocación también veneremos, a proveernos el milagro que le pedimos. En este caso da la impresión de que es fácil “contratar con Dios la provisión de un milagro”. Como puede ver el lector la autonomía, el poder, la disposición de nuestro buen Dios han sido mercantilizadas por este grupo de personas en función de las obras que ellos realizan, lo cual no deja de ser un burdo negocio civil o mercantil, toda vez que su amor a Dios y su fe en Él es interesada y labrada en función del lucro, de la renta o del bienestar que el mismo Dios pueda darles.

El apóstol Santiago nos dice que la fe sin obras es muerta. De manera que podemos tener mucha fe, amar mucho al Señor, pero si no tenemos obras qué mostrarle, obviamente estaremos en condiciones inferiores a aquellas personas que teniendo mucha fe y amando al Señor tengan obras, servicios realizados en beneficio de la predicación, de la construcción del Reino del amor, de la práctica de la caridad cristiana, del amor al prójimo y de la solidaridad con los que menos tienen y con los que sufren. Lo que tratamos de decir es que para exhibir obras no se requiere ni dinero, ni salud, ni riquezas, ni poder, etc. Quien quiera practicar la bondad lo único que necesita es disposición para hacerlo. Muchas veces argüimos la excusa de no visitar un enfermo o a un recluso o preso, porque no tenemos nada que llevarle. Estas son excusas baladíes, pues muchas veces el enfermo, el preso, el sufriente, la persona que tiene problemas, el ser humano que padezca de soledad y que viva un estado frecuente de ansiedad, de depresión, de tristeza, en fin, de malvivir, agradecería más una palabra motivadora, una palmadita en el hombro, una palabra de fe y de buenos deseos, que cualquier otra cosa material que pudiéramos llevarle. No hay razones para no tener obras. Como tampoco hay razones para no tener fe en Dios. Basta con ver la cantidad de milagros que realizó en su tránsito por este mundo y que continúa realizando con otros. Dios es el mismo ayer, hoy y siempre.

En relación con los milagros, a su petición y a su obtención, de lo que se trata es no de recibirlos ni de pedirlos, sino más bien de nuestro amor a Dios, de la intensidad mayor o menor de nuestra fe y de poner en práctica nuestras actitudes, conductas y comportamientos en beneficio de la construcción del Reino del amor, de la predicación del evangelio y de la solidaridad por los que sufren, por los que no tienen nada. De lo que se trata es del ejercicio de la caridad cristiana, de la buena disposición para traer almas al redil, en definitiva del cumplimiento del nuevo mandamiento del amor que Jesús nos trajo: “Amarás al señor tu Dios con toda la fuerza de tu corazón… y al prójimo como a ti mismo”. Si cumpliésemos este mandamiento, con toda seguridad el Señor proveerá todo cuanto le pidamos. A diferencia de nuestra profesión de fe católica, los protestantes pretenden interpretar “racionalmente” las escrituras, llegando el punto de expresar que aunque tú tengas obras y tu fe no sea tan intensa, no obtendrás el milagro. Realmente esto es una blasfemia, pues Dios es el único que puede decir quién se merece un milagro, Él es omnipotente, omnisciente y omnipresente. Él es el principio y el fin. Es la plenitud. Él es la verdad y el camino. Él conoce a cada uno de nosotros aún antes de que naciéramos, aún antes de que nuestros pensamientos sean pensados. Por ello es una pretensión bien infundada hacernos creer que la interpretación exégetica, auténtica y subjetiva efectuada por nosotros los mortales (especialmente por los protestantes), pueda tener visos de definitiva, ignorando que solamente a Dios le corresponde todo, pues Él es la plenitud, es la nada y es Él todo, Él es en Él, por Él y para Él.

No obstante transcribiré algunos segmentos de la predicación del Pastor protestante Cash Luna en la cual se refieren medias verdades y medias mentiras, por ello no me solidarizo con esa predica, dejando a salvo la algunas citas bíblicas, las que en algunas oportunidades también han sido modificadas por la Biblia que esa secta utiliza. Recordemos que ellos son seguidores del protestantismo, originado por el cisma de la Iglesia Católica en época del Lutero y de Calvino, quienes por problemas personales con el Papa de la época se fueron de nuestra Santa Iglesia Católica y montaron tienda aparte. De allí que nosotros lo digamos con la certeza que obra del Espíritu Santo y todo los hechos debidamente documentados por la Santa Iglesia Católica que es la única, universal y verdadera iglesia. Veamos entonces las notas de Cash Luna, manteniendo siempre el cuidado de no caer en las omisiones, desviaciones y modificaciones que de la Palabra del señor realiza ese Pastor y su predicación:

¿Qué debo hacer para recibir sanidad u obtener un milagro?


Ésta es una pregunta que la gente se hace frecuentemente. En el libro de Hechos, se narra el milagro de un cojo de nacimiento, al cual llevaban a la entrada del templo que se llamado la Hermosa a pedir limosna. Un día cuando Pedro y Juan iban a entrar al templo, él fijó la mirada en ellos, obviamente esperando recibir algo. Pedro con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy”. Y tomándolo de la mano asió de él y le dijo: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Le sanaron en el nombre de Jesucristo. (Hechos 3:1-8) Más adelante, en la Palabra quedo escrita una de las cosas que hay que hacer para recibir milagros. En el versículo 12 dice: “Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿Por qué os maravilláis de esto? ¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” Un milagro no se recibe por ningún poder humano, ni siquiera por su amor o piedad, aunque la Biblia dice que la fe obra por amor, pero el amor sólo como tal no produce un milagro, pero la fe sí. Es importante pues, tener fe para recibir un milagro sin dejar de tener amor para ministrarlo. La clave para recibir un milagro está en el versículo 16, donde dice: “…la fe que es por Él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros”. La sanidad que este recibió fue por la fe en el nombre de Jesús todo poderoso. Es Jesús el que murió para perdonar todos nuestros pecados, pero a la vez también quien sufrió todos nuestros dolores, quien llevó nuestras enfermedades y por su herida fuimos sanados. De tal manera que no es por nuestro amor, no es por nuestro poder, pero sí por la fe en el nombre de Jesús. Crea en el nombre de Jesús. En el libro de Gálatas 3:5 dice: “Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿Lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?” El problema por el que quizás no ha recibido un milagro es porque esta buscando que obra hacer para recibirlo, y lo que esta tratando de hacer es comprarlo, y los milagros Dios no los tiene a la venta; es la fe la que los produce. Escuche con fe la Palabra de Dios, escuche con fe sus promesas, y usted va a recibir ese milagro que tanto a deseado y querido. Regularmente, cuando empiezo a ministrar, he hecho una prueba con la gente, comienzo a dar testimonio de los milagros impresionantes de los que he sido testigo. Por ejemplo: el pecho de una mujer creció porque no tenía, el Señor hizo un milagro creativo y la reestructuró. Al hacer esto, empiezo a ver como la gente que esta en el auditórium abre sus ojos y tiene fe; otros fruncen el ceño y demuestran su falta de fe, y la duda ante lo que estoy contando. Obviamente, hay gente que esta oyendo con fe, y otros sin fe. Si eres una persona que le cree más a Dios que lo que lo estudia, seguramente eres un candidato para recibir un milagro. Y la última cosa que quiero decirles al respecto, se encuentra en Marcos 11:24 que dice: “Por tanto, os digo que todo lo que pidieres orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. ¿Qué hacer entonces? Pedir a Dios ese milagro creyendo que lo recibirá, y entonces vendrá. Pida creyendo y lo recibirá.

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Oración: “Libérame con tu poder”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del martes 03 de junio de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


[ENFERMOS+SANANDO+JESÚS+B.MEGF+MART+03+FEB+2009clip_image006_0064.jpg]

ORACIÓN —

Parte el pan y dame de comer.

Háblame con la luz del nuevo día.

Reparte a manos llenas tu palabra.

Mi boca hambrienta está de pan.

De ese pan que hornea tu corazón en brasas.

Sacia mi corazón hambriento

del pan, Señor, que tu regalas.

Tus huellas serán mi camino.

Dame fuerzas, Señor, para vivir sencillamente

y caminar ligero de equipaje.

Quiero ser un peregrino pobre,

pero con la alegría de saber que sólo Tú me bastas.

¡Oh! preciosa luz de la mañana

para romper amarras y volar.

Libérame, Señor, con tu poder.

Soy pobre y vengo ante Ti,

con el corazón manchado en esta mañana nueva.

Busco el calor de tu mano.

Mírame al pasar, Señor, y regálame un milagro.

Gracias, Señor, por mirarme así.

Mi corazón con esa mirada

que tú le has dado, ya está sano.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


ES HERMOSO CONVERSAR CON DIOS, es gratificante saber que el Señor nos escucha. Es hermoso, extraordinario, saber que el Señor puede intercambiar con nosotros, no solamente palabras sino gestos, miradas, sentimientos y emociones. Porque como sus hijos, Él nos regala su amor, su misericordia, su fuerza, la plenitud de la vida. Sí, Dios está ante ti y te mira. Y su mirar es creador capaz de cosas imposibles y al igual que en el Génesis dio existencia al Cosmos con sólo mirar al Caos y planear sobre las aguas, sonriente. Así, mirándote y sonriéndote lleva a cabo la plenitud de la creación que es el amor. Sí, adelante cobra ánimo y gozo, pues Dios te ama. Ya sé que no lo merecemos, es inútil insistir, pero Dios nos ama. Ya sé que a veces nos retorcemos llenos de dudas, pero no tengamos miedo, Dios nos ama y su amor es gratuito. No nos ama por lo que valemos. Dios nos ama porque Dios no puede menos que amarnos. Él es el amor. Déjate hacer, déjate abrazar, Dios nos considera como sus hijos. Yo sé que a veces tratamos de escapar de la realidad, tratamos de escapar de los problemas, tratamos de huir de lo que nos ha tocado vivir, pero esas cosas ya pasaron, no pensemos más en ellas, pues ha llegado el tiempo de amar, mas ¿Cómo podremos amar a quien no conocemos y responder al amor de aquel que no vemos? Se nos ha dicho que Dios no puede conocerse, pero allí, hermano y hermana, radica la dificultad de nuestro contacto. Y tal vez tengan razón, Dios es incognoscible, pero siendo el mismo la esencia del amor, ha decidido darse a conocer, como el Dios invisible e intocable, se hizo visible y tocable en Cristo mediante la encarnación. Así, el Dios incomunicable e incognoscible se vuelve comunicable y cognoscible en el amor. Al aceptar su amor en la oración, le permites hacerte el regalo de su conocimiento y al ofrecerle limpia la pizarra de tu alma, le das la posibilidad de dibujar sobre ella los rasgos de su cara. El incognoscible se torna en conocimiento. Él amor franquea los limites de lo invisible, el más allá de las cosas pasa de este lado y se hace vida, vida que Jesús ha definido como eterna y precisado con estas palabras. “La vida eterna, es que te conozcan a ti: el único Dios verdadero y al que tu enviaste: JESUCRISTO ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Artículo: ¿Acudir a los médicos para curarnos y tomar medicinas es contrario a la Biblia?

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el domingo 22 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur.

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EL CONTENIDO DEL PRESENTE ARTÍCULO, más que un artículo propiamente dicho, constituye la presentación sistemática, coherente, orgánica, del resultado de un conjunto de investigaciones de mi autoría en las cuales, después de haber empleado largas horas de trabajo visitando las fuentes que me han servido para poner a consideración de mis lectores el siguiente trabajo, contienen las conclusiones a las que han llegado varios investigadores respecto del tema de la vinculación de la medicina con la teología y la relación de la ingesta de medicamentos y nuestra fe. Confieso que he tenido que batallar en esta presentación documental que hoy muestro, con voces muy autorizadas provenientes de la Psicología, de la Filosofía, de la Antropología a la Teología, la Sociología, la Doctrina Social de la Iglesia Católica, el Protestantismo, el Judaísmo, etc., opiniones que como ya he dicho tienen un peso específico elevado en el concierto del tema sobre la fe, la deidad, la religión, la creencia en Dios y otros temas vinculados con el Hombre y su sintonía con el Creador. No ha sido fácil. No obstante asumo de una vez mi criterio y posición, pues soy de los que piensan que la circunstancia de acudir a los médicos buscando la salud e ingiriendo el medicamento prescrito, sean drogas u otras especies curativas, no nos hacen mejores o peores cristianos. Antes por el contrario, ya el propio Dios a través de sus profetas y apóstoles nos sugiere —y en otros casos nos ordena— acudir al médico y someternos a sus tratamientos. No hay que olvidar que los médicos con seres humanos, son criaturas de Dios, son hijos de Dios, por ello también cumplen la gran misión de coadyuvar con Dios en llevarle y mantenerle la salud sus congéneres. A propósito de ello es prudente recordar el viejo adagio según el cual. “Dios dirige las manos y el discernimiento de los médicos en el ejercicio de su noble profesión”. Por ello cuando vamos al médico buscando la diagnosis de nuestra enfermedad y su sanación, esto no se traduce en la negación de nuestra fe o en la falta de creencia en Dios. Por el contrario incurriríamos en un pecado grave, como es no realizar lo que fuese necesario para salvar nuestra vida, que es un don y regalo de Dios, y ello sería como no ir al consultorio médico cuyo tratamiento ha sido probadamente eficiente y eficaz para la cura de los males que padecemos. De allí que ni es pecado, ni falta de fe, ni falta de amor o creencia en Dios, acudir al médico para curar nuestras enfermedades, ni mucho menos tomar los medicamentos que él nos prescribe. Los médicos son una bendición de Dios. De allí que debemos orar para que existan mayor cantidad de médicos, mayor cantidad de buenos médicos, mayor cantidad de buenos y santos médicos.

Pasemos lista entonces a las fuentes consultadas y al final encontraremos algunas líneas a manera de conclusiones:

Primera Parte: Antecedentes históricos sobre los aspectos de la fe, el médico y la medicina.


Planeta Médico


La Medicina en los textos sagrados

Los textos de la Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento, y el Talmud ofrecen testimonios literarios importantes que marcan claramente las relaciones de aquel pueblo, el hebreo, con temas relacionados con la salud; sobre todo, cómo prevenirla y cómo tratarla.


Antiguo Testamento

Casi todo lo que realmente conocemos de la medicina hebrea se encuentra en el Levítico, tercer libro del Pentateuco.

Los hebreos en el período que abarca el Antiguo Testamento (S. XIII a II a. de C.) seguían creyendo, como los mesopotámicos, que la enfermedad estaba relacionada con un castigo divino, siendo la manifestación externa del pecado. También heredaron de la medicina asiria-babilónica la práctica del aislamiento de los impuros y, de alguna forma, la dedicación del sábado al descanso (un día de cada siete). Curiosamente, y por temor al maligno Séptimo Espíritu, los médicos en Mesopotamia no actuaban en los días divisibles por siete.

• Entre uno y otro pueblo, mesopotámico y hebreo, había, a pesar de estas similitudes, notables y esenciales diferencias. Los semitas, aunque admitían una causa sobrenatural para las enfermedades, no creían en la influencia de los malos espíritus o demonios. Jehová era el único administrador de la salud individual y colectiva. Por ello, la enfermedad, conceptuada según el Antiguo Testamento como instrumento providencial y castigo divino, ha condicionado la actitud colectiva frente a la terapéutica desde remotas fechas hasta el presente, tanto en los mundos judaico, cristiano e islámico. Dios era el médico del alma y del cuerpo. La actitud refractaria del judaísmo ante el médico en los tiempos precristianos estuvo condicionada por esta idea de la influencia divina. En consecuencia, no pudo desarrollarse una Medicina auténticamente judía.


“Y Yahvé dijo a Satanás, he aquí Job, está en tu mano; mas guarda su vida; entonces salió Satanás de la presencia de Yahvé e hirió a Job desde la planta del pie a la coronilla con una sarna maligna” (Job).

Dice así Moisés en el Antiguo Testamento (II, Éxodo, 15, 26): “Si de veras escuchas la voz de Yahvé, tu Dios, y haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque Yo soy Yahvé, el que sana (Deuteronomio). “El que sana todas tus dolencias” (Salmos).

Pero son sobre todo las preocupaciones sanitarias las que quedan muy reflejadas en el Levítico, donde destacan las referentes a las condiciones higiénico-sanitarias del pueblo, haciendo referencia a la higiene personal y a ciertas normas preventivas: “No llevéis la cabeza desgreñada, ni rasguéis vuestros vestidos…cuando hayáis de entrar en la Tienda del Encuentro, no bebáis vino ni bebida que pueda embriagar, ni tú ni tus hijos…”

La normativa en cuestiones de alimentación se ve asimismo influenciada por motivaciones ‘divinas’, clasificándose los alimentos en puros e impuros, pero en razón, sobre todo de prohibiciones religiosas muy antiguas: “Es puro lo que puede acercarse a Dios, son por el contrario impuros los que pareciendo al hombre repugnantes o malos, se cree que desagradan a Dios” (J.A. Ubieta, 1975).

Por ello, aparecen claramente expuestas algunas reglas en materia de alimentación, que por ser sagradas, deben ser cumplidas scrupulosamente: “Yhavé habló a Moisés y a Aarón diciéndoles: Hablad a los israelitas y decidles: de entre los animales terrestres podréis comer… cualquier animal de pezuña partida, hendida en mitades y que rumia… pero no comeréis camello… ni liebre… ni cerdo. No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; serán impuros para vosotros”.

Según Lyons (1978), la prohibición de comer carne de cerdo se relacionó por la competitividad con el hombre en cuanto a la utilización del agua y el grano, lo que no ocurriría con el ganado vacuno y ovino que consume relativamente poca agua y mordisquea el forraje que no es comestible para el hombre”.

La prohibición de comer otros animales se extiende también a los que viven en las aguas: “De entre los animales que viven en las aguas, podréis comer estos: cuantos tienen aletas y escamas”. La prohibición se extiende a las aves: “No se podrán comer por ser abominación: el águila, el quebrantahuesos, toda clase de cuervos, el avestruz, la gaviota, la cigüeña, la abubilla y el murciélago”.
Asimismo, el concepto de contagio, presente en ambas culturas, era diferente. Para los hebreos no representaba un traslado del espíritu maligno del enfermo al sano, sino un signo de impureza espiritual por haber estado en contacto con el enfermo castigado por Dios. El concepto de contagio tiene un carácter simbólico y religioso: el alejamiento de todo lo que contamina al hombre y encarna la idea de pecado.

Hay varias citas en el Antiguo Testamento que relacionan de una u otra forma el pecado con la enfermedad: “El hijo de David y Betsabé enfermó gravemente y murió a causa del pecado de adulterio de sus padres”. “Los hermanos Moisés, María y Aarón, que fueron castigados con una enfermedad de la piel por murmurar contra Moisés” (Números).

Pero sí hay que resaltar que al aspecto punible de la enfermedad se le añaden otros significados de carácter constructivo espiritual, de obtención del perdón, de alabanza a Dios, convirtiéndose la enfermedad de esta forma en una experiencia que rebaja el orgullo del hombre y le acerca a su propia debilidad: “Bendice, alma mía, a Yahvé…Él es quien perdona todas tus iniquidades y sana todas tus dolencias” (Salmos).

Las normas de prevención en lo que afecta a la transmisión de la infección por contagio van más allá, teniendo algo que ver con el mundo de los muertos y el contacto con sus cuerpos: “El que levante alguno de sus cadáveres tendrá que lavar sus vestidos y quedará impuro cualquier objeto sobre el que caiga uno de sus cadáveres… ya sea un instrumento de madera, o un vestido, una piel, un saco o cualquier utensilio”. Se sigue observando la influencia que las connotaciones religiosas tienen sobre la Medicina y sus normas sanitarias.

En cuanto a las enfermedades que los hebreos padecían en aquellos tiempos, son numerosas en la Biblia las menciones a la lepra, enfermedad muy temida por miedo al contagio, temor que infundadamente ha llegado a nuestros días en forma de cabalístico maleficio. La enfermedad aparece citada muchas veces en el Levítico, aunque sí sabemos que la lepra era frecuentemente confundida en sus manifestaciones clínicas, y por tal podían entenderse otros procesos como psoriasis, diferentes tiñas o sífilis.

“Yahvé habló a Moisés y a Aarón diciendo: Cuando uno tenga en la piel de su carne tumor, erupción o mancha blancuzca brillante, y se forme en la piel de su carne como una llaga de lepra, será llevado al sacerdote… examinará la llaga… si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y la llaga parece mas hundida que la piel de su carne, es llaga de lepra; le declarará impuro. Más si hay en la piel de su carne una mancha blancuzca brillante sin que parezca más hundida que la piel, y sin que el pelo se haya vuelto blanco, el sacerdote recluirá durante siete días. Pasados estos siete días, el sacerdote lo examinará nuevamente: si ve que la llaga ha perdido su color y no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo declarará puro; no se trata más que de una erupción. Lavará sus vestidos y quedará puro”.

A lo largo de los textos bíblicos se relatan otras enfermedades que son muy bien apuntadas por el doctor Raúl García Pérez. Se nos habla de ataques epilépticos o accidentes vásculo-cerebrales (“La mano que había extendido contra él se le secó y ya no la pudo enderezar” -Reyes I-), de úlcera de Egipto que correspondería a la Leishmaniasis cutánea o botón de Oriente, de “carcoma de los huesos” refiriéndose a la osteomielitis, de “flujos” para definir las menorragias o leucorreas, de peste bubónica, tisis y muy variadas enfermedades de los ojos, desde cataratas a tracomas o diferentes tipos de ceguera.

La mujer puérpera y el fruto de su gestación también se veían afectados por los mandamientos religiosos. La mujer israelita que daba a luz en un taburete circular, ayudada por la comadrona, se convertía en “impura” por el hecho de parir, y más impura aún si había alumbrado una hembra: “Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días… Mas, si da a luz una niña, durante dos semanas será impura…”

Los aspectos obstétricos y patológicos de carácter sexual también estaban contemplados en los textos bíblicos, que incurren una y otra vez en señalar la impureza que causan las enfermedades.

La actividad sexual en cuanto al concepto de pureza también comprometía, ya que si “padece flujo seminal es impuro a causa del flujo. En esto consiste la impureza causada por su flujo: sea que su cuerpo deje destilar el flujo, o lo retenga, es impuro, y no sólo su cuerpo quedaba impuro sino todo lecho…quien toque el lecho…quien toque el cuerpo del que padece flujo…lavará sus vestidos…El hombre que tenga derrame seminal lavará con agua todo su cuerpo y quedará impuro hasta la tarde. Si el que padece flujo sana de él, se contarán siete días para su purificación; después lavará sus vestidos, se bañará en agua viva y quedará puro. Cuando una mujer se acueste con un hombre, produciéndose efusión de semen, se bañarán ambos con agua y quedarán impuros hasta la tarde”.

También los métodos anticonceptivos aparecen en los textos sagrados. La manifestación escrita más antigua sobre un método de contracepción procede, ni más ni menos, que del Génesis (38: 8-10) y hace referencia al mandato que recibió Onán de procrear en su cuñada viuda, para asegurar de esta forma la sucesión de la tribu, mandato que él desobedeció al practicar con ella el método anticonceptivo más espontáneo y antiguo que existe, el coitus interruptus: “…pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba en la mujer de su hermano se derramaba en tierra. Por lo cual el Señor le hirió de muerte por acción tan detestable”.

Lo que no deja de tener tintes curiosamente cómicos es que el patronímico de Onán, que protagonizó, como queda dicho, el más famoso coitus interruptus bíblico, al beneficiarse por mandato paterno de su cuñada, ha sido utilizado a lo largo de la Historia para furtivamente denominar al onanismo, práctica sexual que nada tiene que ver, como es sabido, con la que, según el Génesis, practicó Onán.

Pero el papel del médico era muy discutido entonces, y lo fue durante muchos siglos, en cuanto a la eficacia de sus métodos. Incluso en la Biblia alternan las manifestaciones positivas y negativas sobre la práctica utilizada en sus curaciones.

Los médicos, según el Antiguo Testamento, debían pertenecer a la tribu sacerdotal de los Levitas y, bien porque el diagnóstico se basase exclusivamente en la inspección o por otras razones de componente religioso, no podían tratar a los enfermos en habitaciones oscuras o al anochecer o en días nublados, así como tampoco si tenían insuficiencias visuales. Generalmente entre los hebreos los médicos eran tenidos en gran estima. “Cuando te sientas enfermo implora a Dios y busca al médico, porque los hombres prudentes no desprecian los remedios de la tierra”.

El Libro del Eclesiástico (cap. 38) alaba a los médicos: “Atiende al médico antes de que lo necesites…pues del Altísimo tiene la ciencia de curar, y el rey le hace mercedes. Hijo mío, si caes enfermo…llama al médico porque el Señor lo creó y no le alejes de ti”.

Pero el diagnóstico de las enfermedades se basaba, sobre todo, en la inspección. Todo lo más, se completaba con el examen de la orina como medio de rutina para conocer el estado funcional de los riñones, habiendo espacio en los libros sagrados para regular las relaciones conyugales, la esterilidad, el trabajo y el descanso, la eliminación de basuras y excrementos, etc.

En su “Apología de médico” (XXXVIII, 1-4) Jesús, hijo de Sirach (también denominado el Eclesiástico), hace figurar al médico como instrumento de Dios: “Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor. Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe”.

La terapéutica en la Biblia hace referencia a variados remedios naturales, como la mandrágora, esencias y bálsamos. Son pocas, sin embargo, las menciones a prácticas quirúrgicas, excepción hecha de la circuncisión que se practicaba, como es sabido, más como motivo religioso que higiénico.

Entre las normas preventivas contra las enfermedades infecciosas, en las que dominaba la idea del contagio, resaltaba como actitud única el aislamiento del enfermo fuera de las ciudades, que no sólo se reservaba para los procesos cuarentenables, sino que lo sufrían también algunos enfermos afectos de psicosis: “Fue echado de entre los hombres -refiriéndose al rey Nabucodonosor- y comía hierba como los bueyes…” -Daniel-.

Porque si algo parca, por lo que sabemos, era la medicina semita en cuanto a la terapéutica farmacológica y quirúrgica, no lo era tanto en cuanto a lo que hoy llamamos medicina preventiva, que normas en este sentido habíalas y muy numerosas y bien reguladas. El Deuteronomio ya reseña que “todo guerrero debe llevar, entre sus armas, una estaca para cavar una fosa y cubrir sus excrementos”.

Son abundantes los consejos en esta misma línea de prevención, y los hay acerca de las relaciones sexuales en cuanto a su frecuencia, de los baños tras el coito y la menstruación, de los vestidos, de la vivienda, de las comidas, del lavado antes de ellas, de la cuarentena y de la fumigación de las casas.

El Talmud (siglo II a. de C. – IV d. de C.)

Su texto está notablemente influenciado por las culturas de aquellos otros pueblos con los que el judío se vio obligado a convivir (persa, babilonio, griego) durante el largo período de redacción de la obra (cinco o seis siglos).
Para los semitas, con arreglo al Talmud, la enfermedad está causada por demonios actuando a través del mal de ojo o la magia; demonios a veces especializados en determinados males, como los que originaban la rabia, la lepra, la locura o el crup. Sin embargo, cuando asimilaron las teorías helénicas, atribuían, como los griegos, las enfermedades a un desequilibrio de los cuatro humores orgánicos: flema, sangre, bilis amarilla y bilis negra.
Adquirió importancia entre los hebreos el examen anatómico postmorten, tanto de los animales sacrificados a Dios, con objeto de averiguar si estaban contaminados por gusanos, como los llevados a cabo en cadáveres humanos.

Se pensaba también que la carencia de sal podía producir enfermedades y que los males que afectaban a la médula espinal producían parálisis.

Por otra parte, se prohibía realizar la circuncisión a niños con antecedentes familiares de hemofilia.

En cuanto a las prácticas quirúrgicas, se describen técnicas generales para tratar heridas y luxaciones, describiendo el texto minuciosamente algunas intervenciones muy especializadas y de rara incidencia, como es el ano imperforado, cuya técnica quirúrgica se describe con minuciosidad.

Se describen otras muchas enfermedades, desde la rabia del perro al delirium tremens o el yerakon (de yerek = verde) para significar algún caso de ictericia o de anemia ferropénica.

Persistían, también, con todo su alcance las normas ya reseñadas de medicina preventiva del Antiguo Testamento: “La limpieza corporal lleva a la limpieza espiritual” (Avoda Zara en el Talmud de Jerusalén).

Aunque intervenciones menores eran practicadas por barberos o curanderos, el ejercicio médico estaba reservado a los rophe, médicos-cirujanos, con apoteca propia. Los sacerdotes tuvieron sus propios médicos del templo. Eran muy propensos a afecciones probablemente virales, condicionadas por el frío, a causa de los baños fríos, las ropas livianas y a caminar descalzos sobre las gélidas losas. También existían profesionales dedicados exclusivamente a intervenciones quirúrgicas, los uman.

Aunque criticados por algunos, los médicos generalmente eran respetados y en los libros sagrados se contemplan aspectos prácticos del ejercicio médico, como pueden ser sus honorarios. Léese en el segundo Libro de Moisés (Éxodo XXI, 18-19): “Si dos hombres riñen, y uno hiere a otro con una piedra o el puño, pero no muere, sino que después de guardar cama puede levantarse y andar por la calle, apoyado en su bastón, el que le hirió quedará exculpado, pero pagará el tiempo perdido y los gastos de curación completa”.

Muy demostrativa, en este sentido, es esta bella sentencia: “El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña”.

No obstante, el judaísmo de los tiempos talmúdicos también evidenció escasa confianza en los médicos: “No vivas en una ciudad cuyo rector sea un médico… No bebas ningún medicamento. No te dejes arrancar ningún diente”.

Aunque en Alejandría, baluarte de la Medicina antigua, vivía una importante colonia donde trabajaban médicos judíos, la Medicina de Palestina permaneció libre de toda influencia. Las prácticas mágicas continuaron matizando acusadamente el quehacer de los médicos judíos. Cuando un fiel se sentía aquejado por alguna enfermedad, recurría preferentemente a los remedios religiosos: oraciones, votos o sacrificios.

Sin embargo, no perduraron con el paso del tiempo las recomendaciones médicas del Talmud, que fueron reemplazándose por otras concepciones donde no se tenía en cuenta el concepto mágico de enfermedad, que quedaba relegado a nivel de las medicinas populares.


Dr. Ángel Rodríguez Cabezas Miembro de la Asociación Española de Médicos Escritores y de la Sociedad Española de Historia de la Medicina

Segunda Parte: Una versión del Protestantismo sobre los medicamentos y el médico.

¿Es correcto visitar médicos y tomar medicinas? Esta pregunta ha levantado controversia entre algunos círculos de personas, pero según lo que la Palabra del Señor en 1 de Timoteo 5:22 donde dice: “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro”. Le esta dando consejo de no participar en pecados de conservarse puro, le esta dando consejo de santidad, y en el siguiente versículo dice: “Ya no bebas agua, sino usa un poco de vino por causa de tu estómago, y de tus frecuentes enfermedades”. Al parecer, Timoteo padecía de algunas enfermedades estomacales y el agua le caía mal; entonces Pablo le esta dando aquí un consejo medicinal. No le esta diciendo bebe vino para ponerte alegre o porque hay alguna fiesta, le esta diciendo que beba vino a causa de una enfermedad que tiene en el estómago que le esta molestando frecuentemente, aquí se ve el vino como una medicina. También recuerda que se cree, según los datos de la historia, que Lucas (uno de los discípulos de Jesús) era médico. Dentro de nuestro equipo, tengo médicos que nos ayudan a evaluar a las personas que quieren testificar que han sido sanas. Hay otra escritura que me agrada mucho y la aplico a este asunto. En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto”. En lo personal, yo creo que la medicina es una buena dádiva, así que no hay nada de malo en hacer uso de la medicina y de los doctores. Uno de los doctores que nos ayudan a examinar los testimonios, fue sano de diabetes en una de nuestras reuniones. Tenemos los exámenes médicos que demuestran como estaba antes y como esta ahora, para la buena honra y gloria de nuestro Señor. No piense que es pecado visitar un médico o tomar alguna medicina, pero tampoco permitas que eso ayude a que no ejerzas fe para recibir un milagro de sanidad.

(Tomado de la predica de Cash Luna).

A modo de conclusiones

1. NO ES ANTI-CRISTIANO ACUDIR AL MÉDICO PARA CURARNOS.

2. TOMAR MEDICAMENTOS NO DAÑA NUESTRA FE.

3. En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto”. En lo personal, yo creo que la medicina es una buena dádiva, así que no hay nada de malo en hacer uso de la medicina y de los doctores. 4.- LO QUE AFIRMA EL LIBRO DE ECLESIATICO Y SU RELACIÓN CON LOS MEDICOS Y LAS MEDICINAS : CAPÍTULO 38 Los buenos servicios del médico 38:1 Honra al médico por sus servicios, como corresponde, porque también a él lo ha creado el Señor. 38:2 La curación procede del Altísimo, y el médico recibe presentes del rey. 38:3 La ciencia del médico afianza su prestigio y él se gana la admiración de los grandes. 38:4 El Señor hizo brotar las plantas medicinales, y el hombre prudente no las desprecia. 38:5 ¿Acaso una rama no endulzó el agua, a fin de que se conocieran sus propiedades? 38:6 El Señor dio a los hombres la ciencia, para ser glorificado por sus maravillas. 38:7 Con esos remedios el médico cura y quita el dolor, y el farmacéutico prepara sus ungüentos. 38:8 Así, las obras del Señor no tienen fin, y de él viene la salud a la superficie de la tierra. 38:9 Si estás enfermo, hijo mío, no seas negligente, ruega al Señor, y él te sanará. 38:10 No incurras en falta, enmienda tu conducta y purifica tu corazón de todo pecado. 38:11 Ofrece el suave aroma y el memorial de harina, presenta una rica ofrenda, como si fuera la última. 38:12 Después, deja actuar al médico, porque el Señor lo creó (…).

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La Nota Corta: “La aprobación de la Enmienda Reeleccionista en Venezuela, los arlequines de la Oposición y los no-alineados”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el domingo 22 de febrero de 2009.

Publicado en la Red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


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NUNCA ME HA GUSTADO ESCRIBIR DEL TEMA DE LA POLÍTICA, ya que considero que la misma por estar integrada por interrelaciones, estructuras e instituciones proclives a la corrupción, a la decadencia y al fraude, no merecen un estudio serio ni mucho menos ético, por no tenerlo. Claro que me refiero a la política que se hace en los últimos años, ya que la política según Aristóteles es el arte y la ciencia de gobernar, aquí por supuesto excluyo esta definición y las situaciones que generan la política como verdadero arte y como verdadera ciencia para gobernar los destinos de una sociedad. No obstante los resultados del proceso comicial según el cual se aprobó la enmienda propuesta por el comandante golpista Hugo Rafael Chávez Frías para su reelección ad infinitud, me obligan a expresarme como ser humano, ciudadano, y docente universitario. Es incomprensible sencillamente el resultado obtenido: 54% de los electores han renunciado a su derecho a elegir y ser elegidos desde el punto de vista particular a un cargo determinado. Un 45% de la población electoral votó en contra de esa reelección y el grupo de los no-alineados, se fueron a las playas o las montañas a disfrutar de su falta de responsabilidad. Sobre ellos ya escribí en una nota anterior que serán vomitados por la propia boca de Dios: porque no son ni fríos ni calientes, son tibios, son irresponsables, no les gusta meterse en problemas, no asumen actitudes o posiciones principistas, son cero a la izquierda, por eso ni hoy y ni mañana pueden opinar del presente o del futuro de nuestro país. No tienen derecho a ello, su posición antiparabólica es el fundamento de esta sanción.

El espectáculo producido con ocasión de la aprobación de la enmienda que se orienta a la reelección indefinida del Presidente de la República de Venezuela, de los diputados, de los gobernadores y de otros funcionarios señalados en el texto de la respectiva enmienda, es realmente grotesco, tragicómico, burlón y una especie de misil que ha destruido las bases democráticas de esta hermosa nación, cuyas características históricas de ser iniciadora de grandes empresas y causas y cambios a favor de la libertad, se ven hoy disminuidas, deterioradas y yo diría totalmente muertas.

Es así. Desde que el Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías ascendió al gobierno por el camino democrático (no obstante estar incurso en un Golpe de Estado fallido en 1992), se le permitió un conjunto de atropellos, abusos y transgresiones al texto constitucional vigente a su ascensión al poder (Constitución de 1961), que a decir de la ex magistrado Cecilia Sosa, más que un homicidio judicial de la misma, el Estado o el gobierno se había suicidado en materia del máximo tribunal y sus instituciones. No hay que olvidar que en una alocución presidencial de ese que hoy llaman Comandante-Presidente Chávez, título que el propio Chávez exigió a subalternos, para que se dirigieran a él, logró también incluirla en sucesivas reformas a algunas leyes y ya hoy reformas de Derecho, según el resultado del referéndum aprobatorio de la enmienda realizado el domingo 15 de febrero de 2009. En esa alocución presidencial, franqueado en su mano izquierda estaba el gobernador del Estado Miranda: Enrique Capriles Radonski, en aquel tiempo Presidente de la Cámara de Diputados del extinto Congreso Nacional y en el flanco derecho la doctora Cecilia Sosa, todavía Presidente de la antigua Corte Suprema de Justicia, haciéndole carantoñas al autócrata gobernante. Fueron muy pocos los que se opusieron a esa mascarada de convocatoria a una Asamblea Constituyente, en la cual producto de los llamados quinos de Chávez, ideados por esa meta lúcida, brillante y entrenada para las situaciones con un entramado confuso: el ministro Merentes de la época, se logró que el régimen obtuviera el 99,60 por ciento de su integración, con lo cual ya todo estaba hecho y dicho. Desde allí en adelante: 1999, todo seguiría el curso que el teniente coronel golpista de 1992, había preestablecido en su mente difusa y confusa en la ideología que le serviría de base hasta los momentos: él es cristiano, judío, protestante, católico, comunista, socialista, franquista, maoísta, guevarista, fidelista, marxista, estalinista, leninista, musulmán, árabe, budista, beisbolista, boxeador, abogado, economista, contador, espiritista, astronauta, financista y todo lo que termine en ista: jurista golfista, surfista, alquimista, analista, alpinista, etc.
Los mismos que tuvieron la oportunidad de enfrentársele, cuando apenas iniciaba su gobierno este autócrata, no lo hicieron, pensaron más bien en sus intereses personales y políticos antes que en los del país, por ello se explica que después de diez años todavía nos inviten a sufragar con el trivial motivo de que solamente con votos podemos sacar a Chávez del poder. Aclaro que no estoy llamando a movimiento violento alguno y siempre he sostenido que la solución para sacar a Chávez del poder es electoral y no violenta, por ello también es pertinente precisar que nuestra constitución de 1999 aprobada y discutida por el grupete de Chávez, contiene mecanismos para hacer menos oneroso el tránsito de la salida del golpista Teniente Coronel Chávez. Tenemos el referendo revocatorio, el artículo 350 del texto constitucional, además de la declaratoria de insania mental que se puede pedir en cualquier momento. De manera que no hay obstáculo alguno que se oponga a transitar los caminos democráticos para salir de éste régimen nefasto y funesto.

Además se debe advertir a la sociedad venezolana que vendrán nuevamente los ARLEQUINES de la oposición, pseudolíderes acomplejados por poseer un capital político que no tienen. Y los viejos o antiguos políticos que causan pena, tristeza y hasta cierta reacción de aversión por no haber defendido nuestra democracia como debían y por estar llorando como niñas lo que no supieron defender como hombres. Para que no haya duda de quienes son los arlequines me permito transcribir la definición que el diccionario del Real Academia Española de la Lengua tiene para ellos:

arlequín. (Del it. arlecchino, y este del fr. ant. Hellequin, nombre de un diablo). m. Persona cuyo vestido en un espectáculo o fiesta remeda el de Arlequín, personaje de la comedia del arte, que llevaba mascarilla negra y traje de cuadros o losanges de distintos colores. || 2. Gracioso o bufón de algunas compañías de volatines. || 3. Cada uno de los dos bastidores verticales que, en cada lateral, definen con el bambalinón la embocadura del escenario en los teatros. || 4. coloq. Persona informal y ridícula. || 5. coloq. Sorbete de dos o más sustancias y colores. || 6. desus. Tejido de hilo o lana y de colores variados.

Entre quienes vivimos en Venezuela y quienes han seguido de cerca la política de nuestro país, nos bastarán las definiciones que sobre arlequín trae el diccionario de la Real Academia para que particularicen quienes son esos arlequines. En principio los hay muy jóvenes, jóvenes, adultos, sexagenarios, septuagenarios, octogenarios y hasta muchos que ya pasaron la línea de los 90. Es una vergüenza nacional, que hoy nos digan que tendremos que sufragar en las elecciones de 2012, mientras Chávez camina sin prisa pero sin pausa hasta el año 2049. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? Sin embargo este pueblo algún día reaccionará y le dará una lección tanto a esta oposición come flores, cómplice y colaboracionista con el régimen, así como a quienes vienen medrando de los frutos del Estado: representado por los gobernantes, sus funcionarios y la mayoría de los beneficiarios de las misiones y otras pseudo instituciones que sólo han servido para mantener la holgazanería, así como el parasitismo, la flojera y la vagancia de un sector mayoritario de nuestra sociedad, que por supuesto le conviene al gobierno del golpista Comandante-Presidente, y su “CHAVEZ FOR EVER” (CHÁVEZ PARA SIEMPRE). De la misma forma la sociedad se encargará de sancionar severamente al grupo no-alineado y a los ni-ni, por su falta de solidaridad con el país y por su egoísmo de cuidar y mantener únicamente sus intereses personales. La justicia tarda, pero llega.

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