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Oración: “Quiero ser amable, bueno y confiado”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 17 de julio de 1997.

Trasladada a la red el viernes 10 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —

Tú eres mi Dios único y verdadero.

Tú el único de todos.

Tú el centro de mi vida.

Mi corazón es tuyo y solamente tuyo.

Mi Dios y mi tesoro.

Quiero sentirte vivo en mi,

calor de mi alegría.

A tus pies estoy, Señor.

Tú eres el pan y la mesa

y yo Lázaro el enfermo,

en espera del bocado,

del bocado caliente de tu Evangelio.

Qué sabroso amanecer

con olor a pan de cielo,

y qué alegría saber

que en el pan Tú estas cubierto.

Aumenta mi fe.

Llena mi corazón

de una fe grande y autentica,

fe de niño pequeño,

fe de granito de mostaza

que se entierra en el suelo

y de su muerte nace un árbol

con ilusión de cielo.

Auméntame, Señor, la fe,

en esta Pascua de mi tiempo.

Quiero ser niño ¡oh! Señor.

Enséñame, Jesús, a valorar

los ojos de los niños.

Es tan inmaculada su pupila

y tan sutil el cáliz de su flor;

y dame un corazón de niño

abierto a la alegría del amor.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


CUANDO ABORDAMOS AL SEÑOR CON NUESTRO CORAZÓN ABIERTO, con un corazón contrito, cuando dejamos de lado todas nuestras actitudes negativas: el odio, el rencor, la envidia y la incapacidad de perdonar, cuando estamos en la presencia de nuestro señor Jesús y entablamos una plática amorosa con él, dejando que su dulce presencia nos invada totalmente, entonces emerge la sinceridad del planteamiento, la glorificación y la santificación al Señor, el reconocimiento de su cualidad de ser unigénito, de ser el Hijo de Dios, de ser el Redentor y el Salvador, el Ungido. También es momento adecuado para pedirle al Señor que nos haga amables, buenos y confiados. Señor Jesús, único bueno, quiero ser feliz, tú lo sabes, y sé que lograré esa felicidad, poniendo en práctica las obras del espíritu, las obras que tu espíritu de amor logra en mí. Seré feliz si soy amable. Seré feliz si soy grato en mis palabras y en mis obras, si hay dulzura en mi corazón y en mi accionar. Seré feliz, Señor, si hay suavidad en mi interior y en mis modales, suavidad que no será falta de vigor, sino ausencia de violencia. Jesús, mi bueno y afable amigo, dame la felicidad de ser amable. Señor Jesús, quiero ser feliz y tú lo sabes, y la felicidad consistirá en hacer el bien a quien se cruce en mi camino, convirtiendo al lejano en mi próximo, en mi prójimo. Debo buscar no mi propio bien sino el bien para el otro. Mi búsqueda será de tal intensidad, que debería alcanzar el bien para el otro. El otro también será, porque yo busqué y encontré el bien para el otro. Tú, Jesús, que conoces mis entrañas y penetras lo más profundo de mi espíritu, de mi alma y corazón, sabes perfectamente que cuando he buscado y encontrado el mal para el otro, cuando fui malo, fui también desgraciado y la infelicidad embargó mi alma. No se puede ser feliz sino del bien y en el bien para el otro. Señor Jesús, muchas veces me invade la desconfianza que me hace un desesperado frente a ti y también me invade la desconfianza ante los hermanos, sospecho de ellos, preveo todos los deslices en que puedan caer para saltar sobre ellos, como sobre una presa codiciada. Muchas veces, Señor, estoy triste ante esta situación que me domina. Quiero salir de ella, pues la tristeza no fue hecha para un cristiano. Heme aquí, Cristo bueno, Cristo afable. Heme aquí confiado y dispuesto a recomenzar el buen combate, dispuesto a vivir según los ritmos de tu espíritu de bondad. De este modo seré signo claro de que tu espíritu no vino en vano. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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La Nota Corta: “Cómo tener una buena relación contigo y con los demás”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el miércoles 1 de abril de 2009

Publicada en la Red el domingo 5 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


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LAS RELACIONES ENTRE LAS PERSONAS, en ninguna de las etapas Humanidad, han sido fáciles ni mucho menos sencillas. Antes por el contrario esas relaciones son tan complejas, entramadas, densas, enrevesadas, impredecibles y en algunas ocasiones inescrutables, que el conocimiento humano ha generado una variedad de disciplinas científicas para estudiarlas y analizarlas, con el objeto de comprender la diversidad de problemas que se materializan en la práctica con ocasión de aquellas. Pueden mencionarse entre otras ciencias la Filosofía, la Sociología, la Psicología, la Comunicación y el Lenguaje, las ciencias jurídicas, la Historia con sus modalidades propias como la historiografía, etc., de allí que no sea una tarea simple el indagar, precisar y diagnosticar la multiplicidad de agentes que ejercen su influencia en el mundo de las relaciones humanas. Ello obliga a cada ser humano a adaptarse a un conjunto de patrones culturales, conductuales y tipológicos como referentes para conducirse, dirigir y actuar de manera equilibrada, armónica y en paz. Entre otros cabe mencionar las normas del hablante y del buen oyente, marco fundamental para una buena comunicación entre personas. El aspecto emocional es otra faceta que caracteriza la interrelación de seres humanos. No es igual el trato que se pueda dispensar o recibir a aquellas personas malgeniadas, de carácter avinagrado, que las que actúan de manera ponderada, afable y con un trato dulce y comprensivo. Debemos revisar la orientación, características y valores en los que se fundamenta nuestro trato, nuestra comunicación, nuestra forma de actuar y esencialmente lo que somos capaces de hacer para transformarnos y llevar una existencia en sintonía con Dios y con nuestro prójimo. Uno de los factores que no debe desecharse es aquel vinculado con valorizar el momento actual. De allí que es necesario dejarnos guiar por la experiencia como por una maestra sabia. Debemos estar conscientes de las provechosas lecciones, no solamente de la experiencia común vividas por nosotros mismos sino también las experiencias que arrojan las conductas, actitudes y hechos de los otros. Debemos aprender también que el único tiempo que tenemos disponible y a nuestra disposición es el tiempo presente, que el pasado no puede recrearse y que el futuro está por llegar, pero no sabemos si llegará a nosotros. Por otro lado el instante actual es la riqueza de la que somos dueños. Utilicemos entonces con la mayor sabiduría esa riqueza, destinándola fundamentalmente a nuestro propio crecimiento espiritual, profesional, social y material, recordemos que nadie puede dar lo que no tiene y si no somos ricos en amor, en sosiego y paz, no podremos amar ni socorrer al prójimo. Aprovecha, hermano y hermana que me lees, esa riqueza en tu humanización. Desarrolla igualmente tu capacidad para ser solidario con tus semejantes, con los menesterosos, con los desprotegidos. El momento actual es importante. No te paralices. Hazlo hoy. Tus ideas, tus pensamientos, tus proyectos, ponlos en práctica, hoy es el momento, hoy es tu día, hoy es el punto de partida para iniciar las grandes cosas.

Asimismo debemos cultivar el hábito de actuar siempre de manera positiva. En esta área hay que destacar que actuamos como pensamos y pensamos como actuamos. Es un binomio indisoluble. Por lo tanto es sugerente erradicar de nuestra mente los pensamientos negativos, puesto que pueden —y de hecho así sucede—, originar actuaciones desequilibradas, poco armónicas y hostiles, que en definitiva aumentan el riesgo de segregación, discriminación y aislamiento de quien actúe de esta manera. No dejemos entonces que estos pensamientos nos invadan y nos empujen a decir y obrar inadecuadamente, impertinentemente, agresivamente, de forma ofensiva o con actitudes deleznables.

La moraleja de todo este asunto es que debemos preferir ser bondadosos a ser justicieros. Porque la justicia es, siempre, aplicar la medida de darle a cada cual lo que le corresponde. En cambio la bondad es la práctica de dar siempre lo bueno, lo beneficioso, lo favorable, para aquellos que incluso no lo merecen, por una razón muy sencilla: quien yerra, quien ha vivido de espaldas a la verdad, a la decencia, a la probidad, y a los más sublimes valores del espíritu, siempre tienen la gran oportunidad de arrepentirse de sus pecados, en orden a no volverlos o cometer. Recordemos que el señor Jesús nos mandó perdonar hasta setenta veces siete. Tú decides: ¿Quieres mantener una buena relación con tu prójimo? Entonces ya sabes lo que tienes que hacer. ¡ÁNIMO! ¡GOZO! ¡ALEGRÍA!

(Tomada parcialmente de GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Comentario al Vídeo Reflexivo: “Valoriza el momento actual”. Venezuela. 2008. SPE/SPI [En línea] http://mervyster.blogspot.com).

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Oración: “Paz en tu amor”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 10 de julio de 1997.

Trasladada a la red el lunes 30 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —

Préndeme en tu fuego, mi Señor.

Fuego revelan tus palabras.

Fuego levantan tus milagros.

Eres fuego de Dios en cruz

de amor transfigurado.

Tu fuego es pan de vida

y vino de misterio consagrado.

Bendito fuego salvador,

acrisola mi vida en tu costado.

Dame la paz de tu amor.

Paz y guerra definen las huellas

remarcadas de tu paso.

La paz de tu Evangelio es guerra

y lucha de amor contra el pecado.

Abres caminos con tu andar

y dejas un mundo nuevo a tu paso.

Danos la paz de tu saludo

a tanto pueblo atribulado.

Dame ojos, Señor, que te sepan ver.

Me gusta disfrutar los hechos

diarios de la calle.

Amo la aurora y amo al sol.

Disfruto con la brisa de la tarde

y siento con placer

la voz de Dios en sus detalles.

Revela, mi Señor, tu voluntad.

Háblame al corazón y no te calles.

Hazme, Señor, instrumento de perdón.

La vida es un camino de paz y de fraternidad.

Cualquier ofensa recibida lleva

también consigo el don de perdonar.

Enséñame ¡oh! buen Jesús

y señor de la mañana,

a ser fuente de amor y paz.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


ES SENCILLAMENTE EXTRAORDINARIO TENER LA OPORTUNIDAD DE HABLAR CON EL SEÑOR. Sentir su presencia amorosa. Sentir cómo un fuego de luz misteriosa, de amor, de paz, de serenidad y de sosiego va invadiendo muy lentamente toda nuestra vida y nuestro corazón. Y en este momento que anuncia el nacimiento de un nuevo tiempo, amigo y amiga que me lees, debemos hacernos el firme propósito de ser constructores de la paz. Cristo pacífico, príncipe de la paz, sé que la paz es la tranquilidad en el orden pero no en cualquier orden, sino en el orden de tu gracia. Tú proclamas: bienaventurado hijo de Dios el que construye la paz de la cual está enamorado. Esa paz que es calma y liberación, paciencia y perdón, misericordia y justicia. Pero también una paz que muchas veces es espada. Tú también dijiste, Señor: mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da, la doy yo. Esto supone, Señor que hay una paz según categorías mundanas y otra que es la paz que tú nos das. La paz del mundo se firma con una mano y se violenta con la otra. La paz del mundo es doble. Los enemigos de ayer son hoy nuestros aliados. Y nuestros enemigos de hoy son nuestros aliados de ayer. Tu paz es a veces espada, espada contra nosotros mismos, que somos nuestros peores enemigos. Sé que al entrar en una casa debo comunicar la paz y construir allí mismo la paz. Sé también que en muchas ocasiones tendré la paz al constatar que mi fe me ha salvado. Sé que tú viniste para enderezar nuestros pasos por los caminos de la paz. Sé también que tu apóstol deseaba gloria, honra y paz a todo el que practica el bien. Tu Padre nos dio la paz y aplastará a la cabeza de Satanás en el último día. Sé que el fruto de la justicia puede ser sembrado sólo en paz y que debo procurar que el día de la justicia de Dios nos encuentre en paz con Él y con el hermano. ¿Qué hago cuando la paz se ausenta de mi corazón, cuando la duda siembra allí sus gérmenes? Acordarme de ti, amar tu paz, saberme feliz y perdonado, saberme hijo de Dios. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “Enséñame a ser yo”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 3 de julio de 1997.

Trasladada a la red el martes 24 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i2.wp.com/www.naceira.com/wp-content/uploads/2009/01/nubes.jpg


ORACIÓN —


Te seguiré, Señor.

Hoy decido subir contigo,

camino de Jerusalén.

No me importa el peligro,

me bastan las señales de tus pies.

Si contigo la muerte viene,

a Pascua subirá después.

Dame la decisión, Señor,

de serte siempre fiel.

Dame el don de saber admirar.

Cada día tú me enseñas

nuevos caminos de amor.

Hoy tu Palabra me dice

que en la vida todo es don,

no llorar por el jardín

mientras se goza de la flor.

El miedo me tranca, Señor.

El alba vence las tinieblas

y da sentido a cada cosa.

La verdad es aurora de la vida

y llena de alegría la tierra.

Solamente tu luz y tu verdad

consagran la belleza de las obras.

Dame el don de vivir en libertad

y rompe el miedo de mi boca.

Enséñame a ser yo.

Ser lo que soy es caminar en la verdad,

amarme como soy.

Es crecer sin rivalidad.

¿Cuánto amor necesito para aceptar mi identidad?

Dame tu luz, Señor de la mañana

y enséñame a vivir en humildad.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡QUÉ HERMOSO ES PLATICAR CON EL SEÑOR! en un diálogo afectuoso, en un diálogo amoroso, en un intercambio de emociones, de palabras hermosas que nos llenan de paz en este momento y en el cual anotaremos los hechos que hemos de realizar y las actividades en las cuales vamos a participar. Estas actividades y estos hechos deben estar signados por la fuerza del amor, por la fuerza que deviene de la Palabra del Señor. Es momento de aceptarnos tal como somos. Es un día que es propicio para dejar las penas, las adversidades, las angustias, los afanes de la vida, para emprender nuestro trabajo en nuestro hogar, en nuestra oficina, en cualquier actividad que nos desenvolvamos, a iniciar esta actividad con mucha paz y con el amor del Señor. En la palabra de Mateo en su capítulo 7 versos 15 al 20, el Señor nos dice: tengan cuidado de los falsos profetas que se presentan cubiertos de pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces, por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos e higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Al árbol que no produce frutos buenos se le corta y se le echa al fuego, por sus frutos, entonces, lo reconoceréis. Esta es la Palabra del señor y en ella encontramos una gran enseñanza: el verdadero cristiano es un árbol que produce frutos. Hay cristianos falsos que ocupan terrenos inútilmente, son parásitos de los demás, no han descubierto para qué los creó Dios. Cada ser humano es una obra pensada por el Creador y debe cumplir su misión, debe dar frutos, por su frutos los conoceréis. Porque hay frutos buenos y frutos malos. Hay quienes alimentando intereses egoístas se afirman en el dinero y en sus ganancias, en el sexo y sus placeres, en el poder y sus privilegios; aquí, los frutos son destructivos del hombre, porque no alimentan su trascendencia sino el momento presente. Estos frutos, hermanos y hermanas que me escuchan no son los que Dios espera, porque Cristo nos enseña que estamos aquí para reconstruir lo dañado y presentarlo a Dios. Estamos aquí para aplicar la redención a los hombres de nuestros tiempos enseñando a vivir la fe que se expresa en la caridad, creando unidad fraternal bajo la paternidad de Dios, construyendo un reino que sacia plenamente las ansias de felicidad del genero humano. Estos son los frutos que Dios espera. Estos son los frutos de los verdaderos cristianos. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “Creo en ti, Dios de la Vida”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del miércoles 04 de junio de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


Fe-en-Jesus.jpg picture by skyeyes_photo

ORACIÓN —

¡Cómo disfruto al escuchar tu Palabra!

Hazme sentir tu gracia, Señor,

al paso de la brisa matinal.

Eres Palabra de hombre

pronunciada con voz de eternidad.

Habla señor.

Quiero escucharte y nada más.

Enséñame a amar.

Labra en mi corazón y mis entrañas

el mandamiento de tus labios.

¡Qué bello es adorarte! ¡oh! Dios.

Lavando los pies a todos los olvidados.

¡Qué lindo es proclamar tu nombre

con gestos de servicio a los demás!

Revélame tu cuerpo en mis hermanos

y que te adore en el amar.

Soy tu imagen, Señor.

En la moneda de mi cuerpo

brilla la imagen de tu rostro.

Soy tuyo. A ti me elevo.

Té eres mi César, mi único Señor.

Toma mi vida entre tus manos.

Haz de mí lo que tú quieras.

Si soy moneda de tu amor,

¿puedo acaso tener mayor riqueza?

Creo en ti, Dios de la Vida.

Yo creo firmemente

que tú eres Dios de amor,

en ti no hay muerte

ni sombra de condenación.

Eres Dios de la luz.

El gozo de mi eterno amanecer.

Eres Dios de la vida,

Pascua Florida de mi salvación.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡QUÉ HERMOSO! ¡QUÉ MARAVILLOSO ES PLATICAR CON EL SEÑOR. Es manifestarle al Señor nuestro gozo. Es declararle al Señor nuestra gratitud por el inmenso amor que Él nos dio, nos da y nos dará. Por ello llegamos al punto exacto de todo este hermoso misterio que es la revelación del Él mismo, escondido en los siglos, en Jesús. Jesús, que es la plenitud de los tiempos y la consumación de la obra creadora. Es Jesús el significado profundo de su Pasión y el porqué de la presencia del Espíritu Santo en cada uno de nosotros. Se trata nada menos que de realizar la unión entre la criatura y el creador. Entre el Padre que es Dios y sus hijos que somos nosotros. Y esta unión no es una unión natural, sino una unión vital. El hombre tiene que esforzarse por entrar en la Vida, en la Vida Divina. En aquella definida por Jesús como conocimiento sobre todo. No puedo amar lo que no conozco y Dios que lo sabe mejor que yo, no pudo llamarme a su amor, y menos aún, obligarnos a Él, justamente con el primer mandamiento: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, sin hacernos posible previamente su conocimiento. Es decir, conocemos al Señor aunque no lo veamos, porque su presencia está en nosotros por siempre y para siempre. Pero no se trata de un conocimiento natural o racional de Dios, ni un conocimiento analógico al que tengo acceso por la razón y el buen sentido. Aquí se trata de ese conocimiento verdadero que nos viene por intermedio de la fe. Es el mismo conocimiento que tendré, cuando rasgado el velo de la fe contemple a Dios, cara a cara, y solamente Dios puede darme este conocimiento, porque solamente Él puede decirme lo que es. Amontonando todos los razonamientos humanos sobre Dios, no lograré elevarme ni siquiera un centímetro sobre mi estatura, pero aceptando su revelación, hermano y hermana, entro de lleno en el misterio, participo en su filiación y vivo en su misma vida. La verdadera dimensión del cristiano es la Vida Divina, que se halla en Él. La verdadera preocupación, amigo y amiga que me lees, es el conocimiento de Dios. Es la preocupación de los cristianos, porque esta preocupación por conocer a Dios nos arrastrará hacia los caminos de amor, de caridad, que tal y como dice San Pablo: es un bien superior a cualquier otro, pues consiste en la presencia de Dios mismo en nosotros ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “Tanto amor me sobrepasa”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del martes 05 de agosto de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 11 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


https://i2.wp.com/www.actosdeamor.com/cristomundo2.jpg

ORACIÓN —

Gracias, Padre.

Tu amor al Hombre

se llama Jesucristo.

Con él me has regalado

lo más profundo de tu ser.

Él es tu salvación en mí,

¡qué insondable es tu amor!

Hazme sentir esta alegría

en lo profundo de mi corazón.

Crece tú en mí, Señor

y haz disminuya yo.

Tú eres simiente de vida

sembrado en mi corazón.

Crece tú en mí

y haz que disminuya yo.

¿Hay acaso alegría más grande

que ser aurora del sol?

Señor, dame de esa agua.

Tú eres mi pozo.

De ti quiero beber el agua viva,

el amor y la gracia del perdón,

de la paz y de la justicia.

Mis labios tristemente

se saciaron en fuentes corrompidas,

dame, Señor, del agua

que brota de tus ojos fresca y limpia.

Busco tu vida en plenitud.

El hombre busca vida en plenitud

Y Tú, Señor, te ofreces a ser

manantial de vida para el corazón que cree.

Tú eres mi Pascua verdadera,

mi gozo en clara fuente.

Gracias, señor Jesús, por tu bondad

en este día nuevo que amanece.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


ES EXTRAORDINARIAMENTE HERMOSO Y MARAVILLOSO en este momento sostener una conversación con Dios. Sentir cómo su presencia va penetrando todo nuestro cuerpo, cuando nos acercamos a Él con un corazón contrito arrodillados en su presencia, glorificando su santo nombre y abriendo nuestra mente, cuerpo y espíritu, nuestro corazón a su Palabra y nos dejamos tomar por esa presencia hermosa que está frente a nosotros con sus brazos extendidos, con una mirada de amor y presto a seguir dándonos su misericordia, su paz y su amor. Por ello, hermano y hermana que me lees, debemos vivir una vida llena de paz, con alegría y con paz contagiosa. El Señor es el camino, la verdad y es la paz, pues Él es manso y humilde. Señor Jesús, príncipe de la paz y fuente de alegría. Sé que la alegría y la paz son obras del espíritu de amor que procede de ti y de tu Padre. Sé que la alegría y la paz son tu felicidad. Yo ando buscando la felicidad, a veces la encuentro y a veces no. Otras veces, Señor, pierdo la felicidad que un día encontré. Yo tengo, Señor, muchos motivos para vivir en alegría y en paz. No hay guerra en mi patria, tengo trabajo, tengo salud, tengo familia, soy cristiano. Tú me devuelves la paz, cuando después de pecar me arrepiento. Me devuelves la alegría cuando la tristeza invade mi alma. Tengo paz y alegría. Pero esa paz y alegría que me hacen feliz, no pueden quedar guardadas en una vitrina, en un armario, ni en mi corazón, ni en las cuatro paredes de mi pequeño hogar. Esa paz y alegría que tú me obsequiaste inmerecidamente, es tu paz y tu alegría. Tus dones son los que me hicieron feliz. Pero tus dones, Señor, son para expandirlos, multiplicarlos, cómo la buena semilla hambrienta de buena tierra. Sería yo un infeliz si no hiciera feliz a otros, aunque fuera a uno solamente. Señor Jesús, príncipe de la paz y fuente de alegría, dame la perseverancia de pedir a tu espíritu la fuerza para poder cumplir con tus obras .Dame el deseo y la perseverancia para comunicar los demás los bienes que tú me has dado gratuitamente, como siempre nos das tus cosas. Como siempre te nos das tú mismo. Haz que la felicidad que tengo por vivir tu paz y tu alegría se contagie a mis hermanos. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “Eres el Cristo, mi Señor”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del viernes 01 de agosto de 1997.

Trasladada a la red el martes 10 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


ORACIÓN —

Hazme testigo de mi propia vida.

Eres verdad en flor y luz de Dios en el camino.

Tus obras que acreditan

testigo fiel del Padre y de su Reino.

Dame humildad de aurora

y hazme luz de mi propia vida.

Eres el Cristo, mi Señor.

Eres el Cristo de Dios,

conozco el sitio de tu cuna

y el pueblo de tu historia.

Conozco el campo de tu andanza,

el surco arado por tu mano

y el brillo de tus ojos infinitos.

Gracias por este día

y por ser tú quién eres: mi Señor.

Tú eres mi vida única y verdadera

vienes del Padre a la tierra

y floreces en carne humana.

Por ti amanecen horizontes

con rayos de justicia y de esperanza.

Esa es la voluntad del Padre:

que siembres vida en abundancia.

¡Oh! Cristo, Pan de Vida,

siémbrate en mí con claridad de Pascua.

Dame vida eterna.

Amanezco contigo dentro.

Medito lentamente tu Palabra,

te siento en mí, fuego de letra pronunciada.

Te acepto mi Señor.

Quiero vivir contigo sin distancia.

Tú eres mi yo profundo,

yo soy la carne de tu gracia.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —

¡QUÉ HERMOSO ES PLATICAR CON EL SEÑOR!, glorificarle y santificarle, reconocer su infinito amor para nosotros. ¡Gracias, Señor Jesús, por este momento! ¡Gracias, Señor Jesús, por este día! ¡Gracias, Señor Jesús, por todo lo que hoy tengo y aún por aquello que me has quitado! En este momento, por esta conversación que hemos tenido con nuestro Señor, le hemos alabado, pero también le hemos hecho sentir la tristeza que en algunas oportunidades nos causa la circunstancia de no tener sembrado a Dios en nuestro corazón. Pero también es bueno reflexionar, hermano y hermana que me lees, en esa actitud que nosotros debemos tener por siempre y no cansarnos de ella cuando hacemos el bien. Por ello debemos decirle al Padre: Dios, bien supremo, bien para los hombres, Tú eres el bien que no cambia y por el contrario, yo, ¡cuán cambiante soy! Muchas veces hago el bien, no lo niego. Muchas veces gano tu amor en mis desamores, no lo niego, pero también más de una vez me canso de hacer el bien, lo logro un día o una semana o un mes, pero después siento que ya hice demasiado bien, como si hubiese un límite para desplegar tu amor. Tu hijo no se cansó de hacer el bien, lo logró hasta en último momento. Convirtió al buen ladrón. Pidió perdón para sus verdugos porque no sabían lo que hacían. A veces, Señor, yo tampoco sé lo que hago, pero muchas veces sí sé lo que hago. Hay en mí tibieza. Y sabemos muy bien Tú y yo que el amor es siempre en caliente, para ser feliz no cansándome nunca de hacer el bien, no debo dejar enfriar el corazón. Debo resistir la verdadera tentación del cansancio, cansancio de ser misericordioso, de ser paciente, de contestar bien cuando me agreden de palabra, cansancio, Señor, de ser solidario ante el mal de mi prójimo, cansancio de estar presente cuando todo me pide que huya, Dios, bien supremo, bien para los hombres, Tú sabes que quiero ser feliz y que el cansarme de hacer el bien me trae tristeza y desazón. Dame la gracia, sé que depende sólo de ti no cansarme de hacer el bien a quien se cruce en mi camino. También a mis enemigos y a quienes me adversan. Dame la gracia de serte fiel en esta tarea de estar siempre en pie, para ser un buen hombre, para ser un buen cristiano, para ser bueno como tu Hijo bueno lo fue. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —

AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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