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Archive for 15/03/09


Oración: “Reconozcamos su sacrificio”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del jueves 2 de octubre de 1997.

Trasladada a la red el domingo 15 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i1.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a4/Miguel_Angel_Crucifixion_La_Redonda_Logrono_Spain.jpg/398px-Miguel_Angel_Crucifixion_La_Redonda_Logrono_Spain.jpg


ORACIÓN —

Al ver de tus heridas santas

sangre por mí derramar,

quisiera bien tus plantas

con mis lágrimas regar.

Perdonaste a Magdalena

en premio a su tierno amor.

Lloró Pedro amargamente

porque te negó tres veces.

Y apuró del penitente

el cáliz de amargas preces.

Yo mil veces te he negado,

¿Por qué no lloro, Señor?

Tus llagas serán el puerto

que del mar me abrigará.

De mi vida en el desierto

tu cuerpo será el maná.

La cruz será mi bandera,

que es del infierno el terror.

Corazón de mí, Jesús.

Jesús de mi corazón.

La pasión de la cruz

o la cruz de la pasión.

Quiero, señor Jesús compartir

contigo tus dolores y tu amor.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


EN ESTA REFLEXIÓN QUE HEMOS REALIZADO en presencia de nuestro Señor, en una plática cuyo centro es recordar ese sacrificio de nuestro señor Jesús. Todo ese peregrinar por el dolor, por la humillación, por el vejamen. Vituperado, calumniado, abofeteado y castigado por aquellos que una vez gritaran ¡Hosanna! a la entrada de Jerusalén. ¡Oh! ¡Traición vil! ¡Oh! ¡Dolores inefables! ¡Oh! ¡heridas que duelen! En este momento, hermano y hermana que me lees, es bueno reflexionar con cierta frecuencia el sacrificio de Jesús, porque la vida en el cotidiano vivir también nos va a presentar situaciones muy difíciles. Caminamos sobre las espinas, pero no sabemos entender el valor que es transitar por las piedras filosas de la vida, por las espinas que te punzan y que te causan dolor. No sabemos asumir que en el dolor, de alguna manera también, nuestra vida se ve reflejada en el dolor que Cristo sufrió. Y necesario es asumir ese dolor humildemente. Poco importa si ese dolor es físico o moral, Jesús pagó nuestras culpas, derramó su sangre en la cruz y sufrió todas las humillaciones, azotes y golpes para que nosotros fuésemos redimidos y liberados. ¡Oh! amigo y amiga que me lees, ¡cuantos abrojos encontrarás en el camino!, ¡cuántas ilusiones deshojadas por culpa de los amigos! Cuando menos pienses, esos amigos te pondrán las lágrimas en los ojos, la espina en el corazón, la hiel en la copa de la existencia. Entonces sé fuerte, perdonando como perdonó Jesús: Perdona a tus amigos, perdona las traiciones. Apaga con la dulzura de tus miradas húmedas la carcajada irónica. Vuelca en vez de sangre sobre sendero del traidor, un puñado de rosas. Exprime el panal de tu espíritu, la miel del amor y haz que gotee en el cáliz del que te hirió. Nunca ha sido mas grande el alma que en el perdón adquiere sin pensar los relieves de lo sublime, y tendrás que perdonar en el camino. A cada paso hallarás nuevas traiciones, nuevas calumnias y nuevos desengaños en los mismos que te rodean. Es que abundan las almas viles. Qué sublime y divino es pasar por la vida sembrando amor sobre todas las espinas. Ser como el cielo que, si la noche cuelga sus crespones sobre el infinito, el cielo pone sobre la oscuridad una floración de estrellas. La bondad, el perdón y el amor nos divinizan, nos asemejan a Dios, que hace brillar el sol sobre todas las frentes, hasta de aquellos de los que le maldicen. Amigo y amiga que me lees, que tu rosal tenga más tiempo para dar rosas. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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