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Posts Tagged ‘adoración’


Vídeo Reflexivo: “Adorarán al Padre en Espíritu y Verdad”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el jueves 26 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

ADORAR AL PADRE EN ESPÍRITU Y VERDAD, implica para nosotros dar una muestra de autenticidad, de integridad, de sinceridad. No es posible manipular ni engañar a Dios. Estas actitudes y conductas son más que frecuentes en estos tiempos. Ello se debe a que el hombre, dado el avance de la ciencia y la tecnología, cree que lo puede todo, lo sabe todo y que su actividad no tiene límites morales o éticos. Craso error. Dios, quien sí es OMNIPRESENTE, OMNIPOTENTE Y OMNISCIENTE, conoce los pensamientos y el corazón de los hombres, por ello sabe de nuestras hipocresías, engaños y disimulos. Si no adoramos a Dios en Espíritu y Verdad, nos resultará difícil nuestra reconciliación con Él, lograr su misericordia y su piedad. Todavía es tiempo de decirle al Señor que le amamos, que le adoramos, que reconocemos que somos su creación, que el envió a su Hijo Jesús para redimir nuestras culpas y ganar para nosotros la Vida Eterna. Amén y amén…

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Oración: “Eres quien eres, sobre todo”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del lunes 04 de agosto de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 11 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

https://i0.wp.com/jesuschrist.lds.org/JesusChrist_files/images/quote-image-who-is-jesus-2.jpg

ORACIÓN —

No me condenes, Señor.

Aunque mil hombres me condenen,

Tú eres la fuente de mi paz,

conozco tu mirada de perdón

y tu palabra de bondad.

¡Qué grande es tu ternura,

cuando te inclinas para levantar!

Enséñame, Jesús, en este día,

a comprender y a no juzgar.

Eres quien eres, sobre todo.

De nuevo te confieso mi Señor,

en cruz, crucificado.

Gozosamente te bendigo:

mi Dios y mi Salvador.

Concédeme saber mirarte en esa cruz,

adivinar quién eres

y rendirme a tus pies con amor.

Enséñame señor a morir para vivir.

La carne no es eterna;

está sembrada en corrupción.

El Hombre muere

y con su muerte anuncia la resurrección.

Qué triste resultara la noche

si no anunciara el sol.

Señor Jesús, sumérgeme en tu muerte

para que anuncie tu resurrección.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


EN ESTE MOMENTO CARGADO DE MATICES MULTICOLORES hemos conversado con el Señor, hemos dialogado con Él y en este diálogo le hemos glorificado, le hemos hecho saber que Él es nuestro Dios y Salvador. Le hemos manifestado que nos enseñe a comprender y a no juzgar, pero también le hemos puesto de manifiesto al Señor que Él es el centro de nuestra vida y que hemos comprendido que la carne es corrupción y que el Hombre tiene su muerte, pero al morir anuncia la resurrección, pues si por un hombre la muerte y el pecado entró a la vida del Hombre, por la muerte y por uno que no tuvo pecado, vino la Salvación: Jesús, Pan de Vida, camino de la luz y la verdad. Y en este momento, hermanos y hermanas, es bueno reflexionar que tenemos que dejar a un lado los ídolos que la sociedad nos ofrece en esa vorágine de transculturación, no seremos idólatras ni supersticiosos, porque tenemos a Cristo, tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, así como la virgen venerable su madre María. Señor, Dios padre todopoderoso y eterno, único digno de gloria, sé que sólo a Ti debo adorar si quiero ser feliz. A veces adoro a hombres y a objetos: soy un idolatra. Tú fuiste honrado por los justos de la antigua alianza, tú eres honrado en tu Hijo por quienes hoy te aman. Reconocen en su persona a ti en su presencia. Sé que en el cielo todo será adoración y caridad. Se que allí no podremos hacer otra cosa sino adorarte en el cara a cara de tu visión. Pero mi tragedia, Señor, es aquí. No debo honrarte desde la carne sino en espíritu y en verdad. Se que la idolatría es un gran pecado y aunque no sea un idólatra con toda su grave formalidad me he forjado ídolos que te reemplazan: el dinero, tal o cual artista de cine, mi ropa fina, mi fama, mi cultura y me doy cuenta, Señor, que a esta actitud de espíritu, añado la superstición, que es un feo modo de infidelidad que surca la historia de nuestro pueblo. También, Señor, a veces creo en la magia y en la posibilidad de ciertos males y pavas, y me pregunto: ¿qué lugar ocupas tu en todo esto? ¿No eres tú acaso más grande que los magos? ¿No eres más poderoso que los hacedores de males? ¿No eres Tú, Señor, más inteligente que las curanderas que descubren mi pava? Soy un infeliz en el sentido propio de la palabra. No he sabido descubrir que Tú eres la sabiduría y que sólo Tú eres capaz de llenar mis ansias de felicidad y de atenuar mis miedos, no me he dado cuenta a pesar de los años que llevo de bautizado, que en tu Palabra debo encontrar mi paz y mi salvación. Que sólo allí está revelado todo lo que necesito para saciar mis deseos y más allá del hambre de Dios que llevo en mí. Señor Jesús, nuevamente hazme feliz, barre con mi idolatría y mi superstición. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Oración: “Adoración al Padre”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del viernes 12 de septiembre de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 21 de enero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


Adoración al Padre


ORACIÓN —


Ilumina mi alma, Señor Jesús,

para que yo conozca

lo que me vale tu divina amistad.

No permitas que te traicione más

y haz que desde hoy repare mi falta

con mi visita frecuente al Sagrario.

Quiero confiarte, Señor Jesús,

las penas que me afligen de mi pasado,

por mi olvido e indiferencia.

Te escojo desde hoy

como divino amigo de mi corazón,

y te pido, Señor Jesús,

que hagas sostener en mí

este propósito hasta el fin.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


HERMANOS Y HERMANAS, cuando nos disponemos a platicar con el Señor y nos postramos en su presencia, una situación hermosa, indescriptible e inenarrable se apodera de todo nuestro ser. Pues como criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios, nuestro corazón se alegra infinitamente por la presencia de Jesús, su Hijo, quien vino al mundo a dar su vida por nosotros, para redimirnos de todas nuestras culpas y pecados; las culpas y pecados del pasado, las del presente y aún aquellas que con nuestra actitud todavía no hemos cometido, pero que están allí escondidas en nuestro corazón, en nuestro pensamiento, y sin embargo pueden ser enervadas, neutralizadas y extinguidas cuando nos ponemos en la presencia de Señor y permitimos que Él nos guíe, que Él nos conduzca, porque Él es el amigo fiel, el amigo que no falla, el amigo que está siempre con nosotros, en las alegrías, en las tristezas, en la salud y en la enfermedad. Una palabra dulce, hermano y hermana, multiplica los amigos, la lengua afable multiplica los saludos, puedes relacionarte con muchas personas, pero amigo de verdad: uno entre mil. Si te encuentras un amigo trátale con tiento y no tengas prisa en confiarte a él, porque hay amigos de conveniencias que te abandonan cuando llega la adversidad. Hay amigos que se vuelven enemigos y para avergonzarte revelarán la disputa; hay amigos que se sientan a tu mesa y que te abandonan cuando llega la adversidad. Mientras las cosas están bien estarán unidos a ti y se mostrarán amistosos, amigables con los de tu casa, pero si eres humillado se volverán en tu contra y evitarán hasta mirarte. Aléjate de tus enemigos; sé precavido con tus amigos. Un amigo fiel es apoyo seguro, el que lo encuentra, encuentra un tesoro; un amigo fiel no tiene precio, no se puede ponderar en su valor. Un amigo fiel es bálsamo de vida, los que temen al Señor lo encontrarán. El que honra al Señor cuida su amistad, porque su amigo será como sea Él. El Espíritu Santo ha dicho que nada hay comparable a un amigo fiel y que los tesoros de la tierra no podrán ponerse nunca en competencia con el valor de una santa amistad, y ciertamente, hermano y hermana, en el desierto de este mundo y entre las tristezas incesantes de esta vida, uno de los consuelos más poderosos está en encontrar un amigo, cuya fidelidad y afectos sean inalterables y le impulsen siempre a tendernos la mano y a sobrellevar a nuestro lado los accidentes y contratiempos de nuestra peregrinación. Pero ¿dónde está este amigo? ¿Acaso lo has buscado en la tierra y no lo has encontrado? Tal vez la amargura de las decepciones ha colmado más de una vez tu corazón y quisiera Dios que en lo que creías una buena amistad no hayas encontrado sólo la decepción, la caída y el pecado. Entonces, hermano y hermana, no busques en la tierra lo que la tierra rarísimamente alguna vez produce: un amigo. Ve al Sagrario, mira a Jesucristo oculto allí en el misterio de su amor. Este es el amigo fiel, no temas nunca que te engañe, que te traicione, ni que te abandone. Tú puedes contar con Él, si quieres amarle y gozar de su amistad para todos los días de tu vida y para los días de la eternidad. Por ti solamente se ha quedado en el sacramento augusto. Ël te ha buscado a ti primero ¿Por qué lo has despreciado? Ojalá conozcas al fin el don de Dios y no te apartes más de Jesucristo, fidelísimo amigo de tu alma ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!

— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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