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Posts Tagged ‘falsedad’


La Nota Corta: “La brujería, el espiritismo y el dinero: ¿cuál es tu ídolo?”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el miércoles 8 de abril de 2009

Publicada en la Red el jueves 9 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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En estos tiempos, hermanos y hermanas, es bueno reflexionar que tenemos que dejar a un lado los ídolos que la sociedad nos ofrece en esa vorágine de transculturación. No seamos idólatras ni supersticiosos, porque tenemos a Cristo, tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, junto a la virgen venerable, nuestra madre María. Señor Dios, Padre todopoderoso y eterno, único digno de gloria, sé que sólo a ti debo adorar si quiero ser feliz. A veces adoro a hombres y a objetos; soy un idólatra. Tú fuiste honrado por los justos de la antigua alianza, Tú eres honrado en tu hijo por quienes hoy te amamos. Reconocen en su persona a ti en su presencia. Sé que en el cielo todo será adoración y caridad. Sé que allí no podremos hacer otra cosa sino adorarte en el cara a cara de tu visión. Pero mi tragedia, Señor, es aquí. No debo honrarte desde la carne sino en espíritu y en verdad. Sé que la idolatría es un gran pecado y aunque no sea un idólatra con toda su grave formalidad, me he forjado ídolos que te reemplazan: el dinero, tal o cual artista de cine, mi ropa fina, mi fama, mi cultura, y me doy cuenta, Señor, que a esta actitud de espíritu añado la superstición, que es un feo modo de infidelidad. Falsos ídolos que surcan la historia de nuestro pueblo. También, Señor, a veces creo en la magia y en la posibilidad de ciertos males y pavas, y me pregunto: ¿qué lugar ocupas Tú en todo esto? ¿No eres Tú acaso más grande que los magos?, ¿no eres más poderoso que los hacedores de males?, ¿no eres Tú, Señor, más inteligente que las curanderas que descubren mi pava? Soy un infeliz en el sentido propio de la palabra. No he sabido descubrir que Tú eres la sabiduría y que sólo Tú eres capaz de llenar mis ansias de felicidad, así como capaz eres de atenuar mis miedos. No me he dado cuenta, a pesar de los años que llevo de bautizado, que en tu Palabra debo encontrar mi paz, y mi salvación. Que sólo allí está revelado todo lo que necesito para saciar mis deseos y más allá del hambre de Dios que llevo en mí. Señor Jesús, nuevamente hazme feliz, barre con mi idolatría, y mi superstición. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

(Esta reflexión ha sido tomada parcialmente de la oración “ERES QUIEN ERES, SOBRE TODO” de Mervy Enrique González Fuenmayor publicada el 8 de febrero de 2009).

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La Nota Corta: “Algunos falsos cristianos”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el miércoles 18 de marzo de 2009.

Publicada en la Red el martes 24 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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EN LA PALABRA DE MATEO en su Capítulo 7 versos 15 al 20, el Señor nos dice: tengan cuidado de los falsos profetas que se presentan cubiertos de pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces, por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los d espinos e higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Al árbol que no produce frutos buenos se le corta y se le echa al fuego, por sus frutos, entonces, lo reconoceréis. Esta es la palabra del Señor y en ella se encierra una gran enseñanza: el verdadero cristiano es un árbol que produce frutos. Hay cristianos falsos que ocupan terrenos inútilmente, son parásitos de los demás, no han descubierto para qué los creó Dios. Cada ser humano es una obra pensada por el creador y debe cumplir su misión, debe dar frutos, por su frutos los conoceréis. Porque hay frutos buenos y frutos malos. Hay quienes alimentando intereses egoístas se afirman en el dinero y en sus ganancias, en el sexo y sus placeres, en el poder y sus privilegios, aquí, los frutos son destructivos del hombre, porque no alimentan su trascendencia sino el momento presente. Estos frutos, hermanos y hermanas, no son los que Dios espera, porque Cristo nos enseña que estamos aquí para reconstruir lo dañado y presentarlo a Dios. Estamos aquí para aplicar la redención a los hombres de nuestros tiempos enseñando a vivir la fe que se expresa en la caridad, creando unidad fraternal bajo la paternidad de Dios, construyendo un reino que sacia plenamente las ansias de felicidad del genero humano. Estos son los frutos que Dios espera. Estos son los frutos de los verdaderos cristianos. ¡ÁNIMO! ¡GOZO! ¡ALEGRÍA!

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Vídeo Reflexivo: “Trabaja por la paz”.

Grabado el jueves 11 de diciembre de 2008.

Trasladado a la red el viernes 09 de enero de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

Dada la vinculación estrecha entre el contenido de este vídeo  con las reflexiones que hace algún tiempo dejé impresas en el artículo de mi autoría y que se trasladó a la red en martes 22 de abril de 2008, intitulado: “ACTITUDES Y MANIFESTACIONES DE UN FALSO CRISTIANO”, decidí con la debida aquiescencia y consentimiento tácito de mis lectores reproducir algunos fragmentos que, seguro estoy, devendrán en utilidad a los efectos de la difusión de la presente reflexión audiovisual y los mensajes contenidos en ella, cuya consideración presento a vuestro escrutinio:

“Así son estos falsos cristianos, se ufanan dándose golpes de pecho en las misas dominicales, y algunos de comunión diaria van a presentarle al Señor sus respetos todos los días. Sin embargo apenas si salen de la presencia de Dios —yo creo que nunca han estado— inician, o mejor dicho, continúan su malvivir, anteponiendo sus intereses personales, su afán de riqueza, su poca solidaridad, su ausencia de misericordia y un gran olvido de la enseñanza y mensaje de la Palabra de Dios que debe privar en todos los actos de nuestra vida, incluyendo las actitudes espirituales y respeto por los valores morales y éticos que deben regir la vida en particular y la vida social. No se le hace daño al prójimo con estas actitudes, el principal perdedor es quien actúa de esa forma. En la palabra de Dios tenemos para estos especímenes lo siguiente: “¿De quiere valer al Hombre ganar la vida… si con ello pierde el alma?”. Una vez más el ser humano ha equivocado su caminar, su transitar, su recorrido vital, al hacer predominar su pequeña percepción del mundo y de la vida sobre la contenida en las enseñanzas de nuestro buen Dios.

En el catecismo de la santa iglesia católica encontramos algunas notas que por riqueza y su carácter pedagógico resulta interesante transcribir, veamos:


Artículo 3

LA LIBERTAD DEL HOMBRE

1730 Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. “Quiso Dios ‘dejar al hombre en manos de su propia decisión’ (Si 15,14.), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a El, llegue libremente a la plena y feliz perfección”(GS 17): El hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue creado libre y dueño de sus actos. (S. Ireneo, haer. 4, 4, 3).


En el párrafo anterior no se necesita hacer ningún tipo de esfuerzo cognitivo para concurrir que el hombre está dotado por Dios de libertad, es decir del libre arbitrio para poder elegir sus decisiones, sus actitudes, sus conductas y en consecuencia elegir entre lo bueno y lo malo. No obstante es preciso que determinemos con la mayor claridad posible, cuáles son las precisiones conceptuales que deben tomarse en cuenta para poder afirmar de manera contundente que alguien ejerció su libre albedrío, su libertad de pensar y de actuar en los asuntos concernientes a su ciclo existencial. Aunque para los letrados esto es muy importante, creo que para un buen cristiano bastará con amar a Dios con todas las fuerzas de su corazón y por encima de todo las cosas y al prójimo como a sí mismo, para tener las bases suficientes de una conducción sana, productiva, agradable, alegre, solidaria y en franca armonía y conciliación con Dios y con la Humanidad. No obstante para llenar también las “necesidades intelectuales de los que se endilgan la condición de cristiano letrado o preparado” transcribiré algunos pasajes de ese catecismo de nuestra Iglesia Católica, que es como ya he dicho anteriormente un manantial de riqueza sin cuyo auxilio se nos hará más difícil la interpretación, entendimiento y aplicación de la palabra de Dios contenida en la Santa Biblia. Aquí es pertinente recordar que en virtud de la institución del apostolado, Jesús fundó la verdadera y única iglesia en Pedro que fue nuestro primer pontífice y Papa y de allí en adelante nuestra Santa Iglesia Católica tiene perfectamente organizada y sustentada la sucesión de papas hasta la presente fecha. Tampoco debe olvidarse que Jesús les atribuyó a sus apóstoles la facultad de perdonar los pecados así como instituyó otros sacramentos, para los cuales también les dio facultades. Éstos, cuando se produjo la ascensión del Señor al cielo, también fueron bendecidos y facultados para invertir nuevos apóstoles, de allí que nuestros sacerdotes reciben la bendición y reconocimiento del Santo Padre. Y éste a su vez directamente de nuestro Señor Jesucristo. Afirmar otra cosa es manipular la verdad. Pero disfrutemos de la transcripción siguiente:


I Libertad y responsabilidad

1731 La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza.

1732 Hasta que no llega a encontrarse definitivamente con su bien último que es Dios, la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. La libertad caracteriza los actos propiamente humanos. Se convierte en fuente de alabanza o de reproche, de mérito o de demérito.

1733 En la medida en que el hombre hace más el bien, se va haciendo también más libre. No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia. La elección de la desobediencia y del mal es un abuso de la libertad y conduce a “la esclavitud del pecado”(cf Rm 6, 17).

1734 La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son voluntarios. El progreso en la virtud, el conocimiento del bien, y la ascesis acrecientan el dominio de la voluntad sobre los propios actos.

1735 La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales.

1736 Todo acto directamente querido es imputable a su autor:
Así el Señor pregunta a Adán tras el pecado en el paraíso: ‘¿Qué has hecho?’ (Gn 3,13). Igualmente a Caín (cf Gn 4, 10). Así también el profeta Natán al rey David, tras el adulterio con la mujer de Urías y la muerte de éste (cf 2 S 12, 7-15).
Una acción puede ser indirectamente voluntaria cuando resulta de una negligencia respecto a lo que se habría debido conocer o hacer, por ejemplo, un accidente provocado por la ignorancia del código de la circulación.

1737 Un efecto puede ser tolerado sin ser querido por el que actúa, por ejemplo, el agotamiento de una madre a la cabecera de su hijo enfermo. El efecto malo no es imputable si no ha sido querido ni como fin ni como medio de la acción, como la muerte acontecida al auxiliar a una persona en peligro. Para que el efecto malo sea imputable, es preciso que sea previsible y que el que actúa tenga la posibilidad de evitarlo, por ejemplo, en el caso de un homicidio cometido por un conductor en estado de embriaguez.

1738 La libertad se ejercita en las relaciones entre los seres humanos. Toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable. Todo hombre debe prestar a cada cual el respeto al que éste tiene derecho. El derecho al ejercicio de la libertad que una exigencia inseparable de la dignidad de la persona humana, especialmente en materia moral y religiosa (cf DH 2). Este derecho debe ser reconocido y protegido civilmente dentro de los límites del bien común y del orden público (cf DH 7)”.

Finalmente tengo que referirme a la moralidad de los actos humanos. Usualmente vamos por la Vida anunciando no la Buena Nueva, sino más bien nuestros valores, nuestra moralidad y vendiéndonos como que si fuésemos el segundo Jesucristo, el nuevo Mesías, el propietario de una moralidad a toda prueba, un ser sin pecado, pues. Vámonos bajando de esa nube, sin renunciar a ser lo más perfecto posible, tal como el señor lo quiere cuando afirma: “Sed perfectos como mi Padre lo es”.

(GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Actitudes y Manifestaciones de un Falso Cristiano. SPE / SPI / 2008 – Disponible en http://justicerman.blogspot.com).

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