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La Nota Corta: “Una elección importante: ¿Conocimiento o sabiduría?”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Publicada en la Red el miércoles 1 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

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SOLICITARLE AL SEÑOR QUE NOS DÉ SABIDURÍA es un privilegio y un beneficio que hemos obtenido por el sacrificio de Jesús, pues si bien es cierto que por el pecado de un hombre entró la muerte a todos los hombres, también por el sacrificio limpio, puro, sin mancha, desde donde sale el sol hasta el ocaso, entró la gracia y el perdón, ese sacrificio de nuestro buen Jesús, que nos redimió tanto de las culpas pasadas, como de las presentes y también de las futuras. Todas esas razones nos llevan a afirmar que es muy importante la sabiduría en el ser y esa sabiduría no llega del conocimiento humano; la sabiduría es un tesoro que proviene de lo alto. No importa cuál sea tu situación, ve y pídele al Señor sabiduría, serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedes cambiar; aunque tú hagas los esfuerzos que hagas, aunque tú proyectes y programes lo que a bien tengas, hay cosas que no podrás cambiar nunca. Pero entonces, también pídele al Señor que te dé valor, valor para cambiar aquéllas cosas que sí puedes cambiar. Pero todas estas invocaciones, imploraciones y solicitudes que le haces al Señor no serían válidas, no serían legítimas, si no le ruegas al Señor que te dé la sabiduría para distinguir entre aquellas cosas que no puedes cambiar y aquellas que sí puedes cambiar. Y en estas últimas, también debes rogar al Señor para que te dé la fuerza suficiente, el valor necesario, para emprender el cambio de esas cosas. A veces son realidades exteriores a nuestra vida, pero la mayor parte de ellas son realidades de nuestra interioridad. El cambio viene de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro. Debemos cambiar nosotros mismos para poder obtener una transformación exterior y del mundo que nos rodea. Cambiar la pobreza en riqueza de espíritu, la injusticia en justicia, lo malo en lo bueno, lo oscuro en luz, el hambre en abundancia física y espiritual. El secreto de todo está en comprender el gran problema de la vida y la misión que a cada uno nos ha asignado el Hacedor Supremo. El problema de la vida lo conoces bien. Somos viajeros del tiempo que vamos camino a la eternidad. Dios nos ha dado a cada uno el tesoro inapreciable de la vida. Encerrando en la cárcel de un cuerpo de barro, la realidad de un espíritu inmortal. Nuestra misión, que llamaríamos interna, no puede entonces ser otra que la de cuidar y hermosear nuestra alma, la de purificarla, aquilatarla y llenarla de los supremos encantos del amor divino. La misión externa la debes deducir del medio ambiente en que te encuentras, del malestar social, familiar, que tu alrededor adviertas, de las necesidades morales o materiales que vayas palpando, y también de tus propias inclinaciones, actitudes y aptitudes para aliviar el mal de los demás, bien sea espiritual, religioso, moral o económico. Es necesario comprender las obligaciones que impone el precepto de Cristo de amarnos los unos a los otros. No somos partículas sin cohesión, dispersas y perdidas en la sociedad, sin obligaciones sociales. Somos células vivas de una sociedad en marcha, no podemos despreocuparnos de su mejoramiento ni de su bienestar, ya que éstos son el resultado lógico de la colaboración de todo el organismo, de cada una de sus partes y de cada una de sus células. Tu misión como cristiano debe ser, entonces, el apostolado de la verdad y del bien, la irradiación de la luz y de la belleza, de la bondad y del amor del divino Evangelio de Jesús. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

(Tomado parcialmente de GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Oración “Espíritu de Sabiduría”. Venezuela. 2008. SPE/SPI [En línea] http://mervyster.blogspot.com).

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Vídeo Reflexivo: “Jesús busca a Felipe”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el jueves 12 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

EL CONTENIDO DE ESTE VÍDEO REFLEXIVO nos sugiere a la serie de interrogantes vinculadas con nuestra actitud, conducta y posición frente a Dios, frente al individuo, frente a la sociedad:

¿Has reflexionado sobre el llamamiento y la búsqueda que Jesús hace de ti?

¿Cuál ha sido tu reacción frente a la búsqueda que Dios hace de ti cotidianamente?

¿Cuál es tu función y papel en el servicio Dios, al individuo y a la comunidad?

¿Estás satisfecho con tus actitudes y conductas frente a las realidades que te ha tocado vivir?

¿Cómo evalúas tú los aspectos relativos a la solidaridad, caridad, justicia y verdad, en tu vida, y con las cuales se distingue el vivir de un cristiano?

¿Quién fue Felipe el Apóstol?

“San Felipe Apóstol era originario de Betsaida de Galilea. Según parece, formaba parte del reducido grupo de judíos piadosos que seguían a San Juan de los apóstoles, pero San Juan habla de él varias veces y narra, en particular, que el Señor llamó a Felipe al día siguiente de las vocaciones de San Pedro y San Andrés. Un siglo y medio más tarde, Clemente de Alejandría sostuve que Felipe fue el joven que respondió al llamado del Señor, con estas palabras: “Permite que vaya, primero, a enterrar a mi padre”. A lo cual contestó Cristo: “Deja que los muertos entierren a los muertos; tú ven a predicar el reino de Dios” (Luc. 9:50). Es probable que Clemente de Alejandría no tuviese más argumento que el hecho de que el Señor había dicho en ambos casos: “Sígueme”. De todas maneras, tanto en el evangelio de San Lucas como en el de San Mateo, el incidente parece haber tenido lugar algún tiempo de que Cristo había empezado su vida pública, cuando ya los apóstoles estaban con él. Por otra parte, consta que San Felipe fue llamado antes de las bodas de Caná, a pesar de que, como lo dijo el mismo Cristo, Su hora no había llegado aún, es decir, todavía no había empezado su vida pública.

Su primer encuentro con Jesús ocurrió al día siguiente del que tuvieron Juan, Andrés, Simón Pedro y Santiago. Sorprende la ausencia de preámbulos para el llamamiento que le hará Jesús: “Al día siguiente determinó (Jesús) encaminarse hacia Galilea y encontró a Felipe. Y le dijo Sígueme” . Y le siguió. No fue insensatez por parte suya, sino generosidad y quizá sentirse respaldado por el ejemplo de sus amigos y convecinos seguidores de aquel desconocido de Nazaret. Había escuchado las palabras del Bautista, junto a la voz del cielo que nombraba a Jesús como el Hijo amado, pero seguir a Jesús como discípulo no era fácil. Ya conocemos la exigencia de la llamada contenida en el consejo-mandato de seguir a Jesús que lleva a dejar todo y convertirse en discípulo de un maestro sin títulos y sin más autoridad que la recomendación del Bautista junto a su prestancia personal. No parece su caso como el de Juan y Andrés que buscan al “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, ni recibe las explicaciones de Pedro y Santiago por parte de sus hermanos. Pero un leve dato ilumina lo que debió ocurrir para que Jesús le llamase sin excesiva preparación, y lógicamente sin imprudencia, lo dice el evangelio de Juan: “Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro”, y también de Juan y Santiago. Luego era amigo de los cuatro primeros.

Pero no queda aquí la cosa, pues el mismo Felipe es protagonista de un suceso que llenó de gozo a Jesús cuando ya estaba cercana la Pascua en que viviría su Pasión y muerte. Ya Lázaro había sido resucitado y el nombre de Jesús estaba en todas las bocas; muchos iban tras Jesús, la oposición de los importantes era más intensa. Muchos contaban los milagros del Señor, otros sus palabras y sus discusiones en el Templo y unos griegos que habían subido a adorar a Dios durante la fiesta desean ver y hablar con Jesús. No es fácil saber si eran judíos que vivían en Grecia o griegos que conocían y aceptaban la fe de los judíos, o si incluso eran prosélitos, pero no les resultaba fácil acercarse a Jesús para poder hablar en un aparte en confianza sin el tumulto de la muchedumbre, cuando se dan cuenta de que uno de los íntimos de Jesús es Felipe que les inspira confianza y, como es natural, acuden a él: “éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea y le rogaban diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. Fue Felipe y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús”. Es lógico que sea así, pues cuando hay lazos de lengua, de aficiones y de amistad las barreras son menores para todo, también para acercarse a Dios.

Fue invitado, junto al apóstol San Bartolomé a las bodas de Caná. El territorio de su apostolado fue Frigia y especialmente la ciudad de Hiesapólis, donde sufrió el martirio. Sus restos fueron trasladados a Roma donde reposan, junto con los de Santiago el Menor, en la Iglesia de los Santos Apóstoles. Porta una cruz de plata, como símbolo de la Santa Madre Iglesia. Manto azul y en su credo se alude: “Creo que ha de venir a juzgar a vivos y muertos”.

Al igual que la mayoría de los apóstoles poco se conoce con certeza sobre su vida con posteridad a Pentecostés. Los testigos de la tradición lo confunden a veces con Felipe el Diácono. Según el testimonio de Eusebio en su Historia eclesiástica habría muerto en Hierápolis al norte de la actual Asia Menor, lo mismo que dos de sus hijas vírgenes. Papías, obispo de Hierápolis, las había conocido y escuchado de ellas el relato de la resurrección de un muerto. Según otra tradición de la que se hace eco el Breviario romano, había predicado el evangelio primero en la Escitia y en Lidia, antes de pasar a Frigia, donde todos los documentos colocan su martirio en Hierápolis bajo Domiciano crucificado cabeza abajo y rematado luego a pedradas . Una inscripción de su posible tumba en Hierápolis dice: al glorioso apóstol y teólogo Felipe.. Sus reliquias habrían sido trasladadas a Roma, donde se veneran junto a las de Santiago el Menor en la iglesia de los Doce Santos Apóstoles”.

(La cita de los párrafos que preceden es de manejo público. Esta información se encuentra disponible en los textos de La Santa Sede).

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La Nota Corta: “¿Tenemos un Yo sagrado?”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor

Miércoles 21 de enero de 2009

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


despertando


CADA UNO DE NOSOTROS, en algunos momentos de carencias racionales, espirituales y emocionales, hemos dudado de nuestra esencia de santidad, y como consecuencia de ello la negación de nuestro propio yo sagrado y que de manera incuestionable, indiscutible e indubitable ha quedado categóricamente establecido por las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo contenidas en los diferentes Evangelios y diseminadas a lo largo del Nuevo Testamento.

He vuelto a leer algunas de las obras de WAYNE W. DYER y al darme cuenta del giro que le ha dado a sus creencias, tesis y opiniones, he creído prudente —salvaguardando por supuesto nuestros dogmas de fe Cristiana Católica—, someter a la consideración de mis lectores algunas líneas de su libro: “TUS ZONAS SAGRADAS”, aspirando que sean de gran utilidad, cuando se hayan leído y asimilado pasándolas por el tamiz de las verdades irrefutables de nuestra profesión de fe Católica. Solamente así se puede justificar o al menos comprender que se le traiga a esta vigía:


“Imagine esta escena si es tan amable. Dos bebés se encuentran en el útero, confinados en las paredes del seno materno, y mantienen una conversación. Para entendernos, a estos gemelos les llamaremos Ego y Espíritu. Espíritu le dice a Ego: —sé que esto va a resultar difícil de aceptar, pero yo creo de verdad en que hay vida después de nacimiento. Ego responde: —no seas ridículo. Mira a tu alrededor. Esto es lo único que hay. ¿Por qué siempre tienes que estar pensando que hay algo más aparte de esta realidad? Acepta tu destino en la vida. Olvídate de todas esas tonterías de vida después de nacimiento.


Espíritu calla durante un rato, pero su voz interior no le permite permanecer en silencio durante más tiempo. —Ego, no te enfades pero tengo algo más que decir. También creo que hay una madre. —¡una madre! —Exclama Ego con una carcajada—. ¿Cómo puedes ser tan absurdo? Nunca has visto una madre. ¿Porque no puedes aceptar que esto es lo único que hay? La idea de una madre es descabellada. Aquí no hay nadie más que tú y yo. Esta es tu realidad. Ahora cógete a ese cordón. Vete a ese rincón y deja de ser tan tonto. Créeme no hay ninguna madre. Espíritu deja, con renuencia la conversación, pero la inquietud puede con él al cabo de poco. —Ego —implora—, por favor, escucha, no rechaces mi idea. De alguna forma, pienso que esas constantes presiones que sentimos los dos, esos movimientos que a veces nos hacen sentir tan incómodos, esa continua recolocación y ese estrechamiento del entorno que parece producirse a medida que crecemos, nos prepara para un lugar de luz deslumbrante, y lo experimentaremos, pronto.


—Ahora sé que estás completamente loco —replica Ego—. Lo único que has conocido es la oscuridad. Nunca has visto la luz. ¿Cómo puedes llegar a tener semejante idea?. Esos movimientos y presiones crecientes son tu realidad, eres un ser individual e independiente. Este es tu viaje. Oscuridad, presiones, una sensación de estrechamiento a tu alrededor constituyen la totalidad de la vida. Tendrás que luchar contra eso mientras vivas, ahora aférrate a tu cordón y por favor, estate quieto. Espíritu se relaja durante un rato, pero el fin no puede contenerse por más tiempo—. Ego, tengo una sola cosa que decir, y luego no volveré a molestarte. —Adelante— responde Ego, impaciente—. Creo que todas estas presiones y toda esta incomodidad no sólo van a llevarnos a una nueva luz celestial, sino que cuando eso suceda la vamos a encontrarnos con la madre cara a cara, y conocer un éxtasis que superará todo lo que hemos experimentado hasta ahora.— Estás realmente loco. Ahora sí que estoy convencido”.



Lo que usted ha leído hasta este momento es la adaptación efectuada por WAYNE W. DYER, de la historia relatada por Henry J. M. NOUWEN, y la intención de aquel es transportar a los lectores a esa resplandeciente luz celestial, para hacérsela conocer, al tiempo que también les motivará y aguzará el conocer la maravilla de que su noble Yo triunfe sobre las demandas de su EGO, que sobre todo no quiere.

WAYNE W. DYER, organizó su libro: “TUS ZONAS SAGRADAS” (Barcelona-España no editorial Grijalbo. 2001. Pág. 13-15) en torno a las siguientes premisas:


1.- Usted es sagrado y con el fin de saberlo debe trascender del viejo sistema de creencias que ha adoptado.


2.- Es un ser divino llamado a conocer su Yo más sublime mediante el dominio de las claves de una conciencia superior.


3.- Su Yo más sublime puede triunfar sobre las identidades de su Ego y convertirse en la fuerza dominante de su vida.


4.- Puede irradiar esta conciencia más allá de sus propios límites y transmitirla a todos los habitantes de nuestro planeta.

Esas premisas configuran los principios de las cuatro partes en que se divide el libro mencionado. Cada capítulo está escrito por el autor con el propósito de ayudarle a conocer esos principios.

Siempre hemos de salvaguardar nuestras opiniones y nuestros principios por encima de los que el referido autor expresa. Ello es y será, puesto que las verdades y dogmas de nuestra fe Cristiana Católica, no dan para más y porque al vivir esta profesión de fe, nuestro Padre Celestial, su hijo amado Jesús, el Espíritu Santo, nuestra virgen madre María, todos los profetas, ángeles y arcángeles, todos los santos y los benditos del señor, sentimos y vivimos una alegría indescriptible, barnizada por la suavidad espiritual y celestial que llena los sentidos y extasía nuestros cimientos. Gracias, Señor, por permitirnos amarte, bendecirte, glorificarte, y postrarnos ante ti para adorarte y reconocerte como único Dios nuestro, en la Santísima Trinidad. De allí que, solamente por la circunstancia del giro que ese autor dio, gracias a la acción esclarecedora y salvífica del Espíritu Santo, lo trajo al redil de la Salvación Eterna. Pero aun así, todavía debe leerse con cierto aseguramiento de nuestros principios de fe, en virtud de que todavía subsisten en él, algunas tremulidades de la carne y de la racionalidad combatientes de las verdades absolutas pronunciadas por el propio Jesús, expresada por algunos profetas y resguardada por nuestra madre y Santa Iglesia Católica. Ruego a Dios que esta Nota Corta sirva para esclarecer y ayudar a nuestros hermanos en el enriquecimiento del conocimiento de Dios y de sus misterios. ¡ÁNIMO! ¡GOZO! ¡ALEGRÍA!

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