Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘apóstoles’


Artículo: “¿Jesús Resucitó?”

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado y publicado el sábado 11 de abril de 2009

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur.


https://i2.wp.com/img410.imageshack.us/img410/3597/937354hl7.jpg


NO SOLAMENTE LOS INCRÉDULOS sino también los creyentes —en algunas oportunidades—, han dudado de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Esto sucede cuando no se tiene una fe vigorosa, cuando no hay una verdadera conversión, cuando decimos que creemos en Dios, pero “por si acaso”, “de que vuelan… vuelan”, implicando tal afirmación la debilidad de nuestra fe y la creencia en más de un solo señor, creer en brujos, hechiceros, espiritistas, rosacruces, etc. Algunos han calificado a este tipo de personas como verdaderos positivistas, es decir, personas que creen únicamente en lo que ven y en aquello que puede ser probado. Son también —según afirman los expertos—, escépticos, que dudan de todo y no creen en nadie, no obstante que pudieran andar frecuentemente predicando incluso la Palabra de Dios, con la Biblia bajo el brazo, pero dudando de lo que predican y de la certeza de la Palabra del Señor.

Existe una expresión según la cual “la duda mata la fe”. Esta sentencia afecta la estructura, la base, el fundamento y los postulados supremos del cristianismo. La catolicidad, la doctrina cristiana, presumen la existencia de dogmas de fe, que deben aceptarse sin cuestionamientos. A nadie se le obliga a ser católico cristiano, y si aceptamos serlo, por ese sólo hecho debemos también aceptar los dogmas de fe. Dios nos concedió libre albedrío, libre arbitrio, la posibilidad de decidir, de escoger, de admitir cualquier idea, creencia, fe o inclinación. De allí la respuesta a la proliferación de las numerosas sectas que hoy invaden a la Humanidad. Hay “iglesias” para todos los gustos, colores y sabores. Muchos “pastores” de esas falsas iglesias, de esas sectas, manipulan, interpretan y acomodan la Palabra de Dios según su propia conveniencia, que en definitiva no es más que una conveniencia económica. La Humanidad, la Historia y la Sociedad, han dado cuenta de estas falsas doctrinas que terminan siempre con el descubrimiento de que las cabezas visibles de esas sectas son estafadores de oficio, engañadores, tramposos, embaucadores y personas que llevan una doble vida. Por supuesto deben hacerse excepciones, que son aquellas relacionadas con los individuos que realmente creen que su predicación es la que acertadamente se conforma al Texto Sagrado, aunque sabemos que están equivocados, porque Dios fundó una sola iglesia en la cabeza de Pedro, primer pontífice de la Iglesia Universal Católica Cristiana. Todas las demás “iglesias” son fundadas por hombres y en consecuencia no son verdaderas, ni legítimas, ni auténticas, ni mucho menos fundadas por Dios. De allí que haya de afirmarse de una manera categórica y precisa que la única iglesia documentada, acreditada y legitimada por las Santas Escrituras, es nuestra Santa Iglesia Católica.

La interrogante sobre la resurrección de nuestro Señor Jesucristo generalmente surge de individuos y personas que están alejadas de las enseñanzas del Señor, o aquellas que siendo creyentes poseen una fe débil y enclenque, además de no participar en su profesión de fe, están alejados del cumplimiento de los mandatos de Dios, no celebran la eucaristía de manera frecuente y cuando lo hacen, son o asumen la actitud de los convidados de piedra, de asistentes a una fiesta de la cual no participan, son aguafiestas, meros espectadores de la realidad circundante. Por otro lado se trata también de gentes que no escudriñan la Palabra de Dios, que no oran, que no se preocupan por conocer aún más de la grandeza, de la misericordia y del amor de nuestro buen Jesús, el Hijo de Dios. Son analfabetas bíblicos o analfabetas cristianos. Desconocen la importancia, la trascendencia y la necesidad de vincularse con la Palabra de Dios. Todas estas situaciones se combinan para dilatar, engrandecer y generar mayores dudas sobre la resurrección de Jesucristo.

Quienes se encuentren en esta situación, necesariamente no cuentan con una sólida base de cognición espiritual para sostener y defender en cualquier foro, lugar o rincón, la certeza, la firmeza, la categórica e irrefutable verdad sobre el hecho o situación de que Jesucristo resucitó al tercer día después de su muerte. Sin embargo, se podrá incluso carecer de los conocimientos bíblicos necesarios para creer en esa resurrección y aún así aceptar que la misma ocurrió, bastando para ello la tenencia o posesión de una fe firme, fuerte y resistente ante cualquier duda o contrariedad. Algo así como la fe de Moisés, de Pedro, de Job, del centurión romano, de Jairo, del paralítico, de Bartimeo, de Pablo, etc.

De manera que negar la resurrección de Jesucristo es una necedad y una posición que no resiste ni el más leve análisis. Jesucristo resucitó según las profecías. Dan cuenta de ello las apariciones que hizo después de su muerte. Así como las continuas investigaciones arqueológicas que se han venido desarrollando a lo largo de estos últimos 2000 años.

De seguidas transcribiré algunos párrafos extraídos de el libro “CIEN PREGUNTAS A LOS CATÓLICOS” del autor HERBERT MADINGER (Caracas Venezuela. Ediciones Paulinas. Págs. 136-138), que permitirán al lector adquirir algunas informaciones elementales sobre algunos hechos y circunstancias vinculados con la resurrección de nuestro señor Jesucristo.

“Tú te preguntas si hay realmente milagros. Sí, efectivamente ocurren milagros hechos por Cristo y su iglesia es una prueba de que Dios está actuando.

Jesucristo se remite en varias ocasiones a sus milagros: “si no hago las obras de mi Padre, no me creáis” (San Juan 10:37). “Las obras que Yo realizo dan testimonio de mi, que es el Padre quien me ha enviado” (San Juan 5:2.36). Estas obras de Cristo son auténticos milagros. Las curaciones a distancia, la resurrección de un muerto que llevaba ya cuatro días en el sepulcro, la multiplicación de los panes, etc. Son obras imposibles de realizar por un ser humano, pues los hombres no somos omnipotentes.


El milagro más decisivo y más importante de Cristo es su resurrección. La fe de la iglesia primitiva se basó especialmente en este milagro. La resurrección de Cristo de entre los muertos fue el tema esencial de la predicación en la comunidad primitiva cristiana. Las predicaciones de San Pedro y las cartas del apóstol San Pablo conservadas hasta el presente se remiten continuamente a la resurrección de Cristo. Los apóstoles casi consideraron como su verdadera misión dar testimonio de la resurrección de Cristo. Por esa razón en la elección del nuevo apóstol Matías exige San Pedro: “es pues necesario que de en medio de los varones que nos han acompañado durante todo el tiempo en que entre nosotros entró y salió el señor Jesús, se haga con nosotros testigo de su resurrección” (Hechos de los apóstoles 1: 22). Por ese testimonio ellos abrazaron también la muerte.

En su predicación San Pedro se remite de continuo a la resurrección de Jesús como prueba de que Cristo es realmente el Mesías. En el discurso de Pentecostés, en el interrogatorio ante el Sinedrio, en la instrucción para el bautismo de Cornelio, en la curación de un tullido de nacimiento, etc., San Pedro predica constantemente: “a quien Dios ha levantado de entre los muertos; de lo cual nosotros somos testigos” (Hechos de los Apóstoles 3:15).


Del mismo modo, las predicaciones San Pablo en Antioquia, Tesalónica, Atenas y Cesárea, reseñadas en los Hechos de los Apóstoles, pregonan continuamente la resurrección de entre los muertos. En su primera carta a los corintios, escrita en el año 56, San Pablo se remite incluso a 500 hermanos en Cristo a los que se les apareció el Señor repentinamente y Pablo escribió en aquella ocasión: “de los cuales la mayor parte viven hasta ahora” (primera carta a los corintios 15:6).


La Biblia describe con gran insistencia la muerte real de Jesús, su última exclamación, la lanzada abierta en su costado, para asegurarse de su muerte; el desprendimiento, la sepultura, la colocación de la losa sepulcral y la guardia del sepulcro.


DOCE APARICIONES DE JESÚS, DESPUÉS DE SU MUERTE, DOCUMENTADAS EN LA SANTA BIBLIA:


Total, la Biblia nos habla del 12 apariciones del resucitado:1.- A María Magdalena “el primer día de la semana” (domingo de la resurrección); 2.- A las mujeres que fueron a visitar el sepulcro; 3.- A los discípulos de Emaús; 4.- A Pedro el domingo de resurrección; 5.- A los once apóstoles reunidos en el cenáculo el día de la resurrección; 6.- A los discípulos en la reunión durante la cual San Pedro fue instituido pastor supremo del rebaño de discípulos —incluido Tomás—, ocho días después; 7.- La aparición junto al mar de Tiberíades; 8.- La aparición en el monte de Galilea, durante la cual Cristo transfigurado impartió la orden de la misión; 9.- Los últimos avisos del resucitado en Jerusalén 10.- La ascensión a los cielos ; 11.- La aparición a los 500 hermanos; Al Apóstol Santiago; y 12.- finalmente el Señor transfigurado se le apareció aún a Saulo delante, camino de Damasco.


Los apóstoles no eran hombres crédulos. Dudaron continuamente de los relatos de las personas a las que se había aparecido el Señor. Pero estos relatos aparecieron ante los ojos de ellos como un delirio, y no les dieron crédito (San Lucas 24: 11). “…pero tampoco a ellos les creyeron” (San Marcos 16: 13). Y cuando Jesús aparece repentinamente a sus discípulos, “ellos creían ver un espíritu” (San Lucas 24:37). Jesús tiene que comer y beber con sus Apóstoles, dejarse tocar por ellos y mostrarle su manos y sus pies antes de que ellos crean. Pese a todas éstas pruebas, Tomás duda aun: “si yo no veo en sus manos las marcas de los clavos, y no pongo mis manos en su costado, de ninguna manera creeré” (San Lucas 20:25). Ocho días después: “Alarga tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino creyente” (San Lucas 20:27. Sólo podemos pedir al Dios que también nosotros podamos responder con Tomás en un modo cada vez más profundo: “¡Señor mío y Dios mío!” (San Juan 20:28).”

Termino con una frase extraída del Nuevo Testamento: “DICHOSOS AQUELLOS QUE CREEN EN MÍ SIN HABERME VISTO” ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

Anuncios

Read Full Post »


Vídeo Reflexivo: “Jesús calma la tempestad”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el domingo 05 de abril de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

HE TRAÍDO ESTE TEXTO en su versión libre de la Internet, texto que resume los acontecimientos ocurridos con ocasión de la tempestad que se presentó cuando encontrándose Jesús durmiendo en la popa de la barca, en compañía de sus discípulos, regañó al viento y al lago le dijo: “¡silencio!, estate callado”. Pero además recriminó la conducta cobarde de los apóstoles y su carencia de fe. Hoy, dos mil años después, la mayor parte de nosotros seguimos apáticos, con miedo a seguir las enseñanzas de Jesús, y enfrentarnos a las injusticias, a los abusos y a todas las enfermedades sociales que a quejan a la Humanidad.

“Discípulos aterrorizados (Mar. 4: 35-41)

Jesús llamó a los discípulos a que aprendieran de él antes de salir a predicar y a exorcizar demonios. Cuando los hechos descritos en Marcos 4 sucedieron, lo habían seguido por unos dos años, pero aprendían lentamente, tenían dificultad para comprender y tenían problemas para transferir lo que habían aprendido de una situación a otra. Una vez, después de un agitado día de enseñanza, Jesús los llevó en un viaje en barco a través del Mar de Galilea. Cansado y deseando descansar, Jesús se preparó un lugar para dormir en la papa del barco, y muy pronto se quedó dormido.

Los evangelios sinópticos dicen que, de repente, se levantó una tormenta en el lago. Esto es típico, ya que “el mar de Galilea es pequeño; mide solamente unos 21 kilómetros de largo y 13 de este a oeste, en su parte más ancha. El valle del Jordán sigue la línea de una profunda falla en la corteza terrestre, y el Mar de Galilea es parte de esa depresión. Está a unos 210 m debajo del nivel del mar. Esto hace que su clima sea cálido y agradable, pero también tiene sus peligros. Sobre el oeste, hay montañas con quebradas y valles; cuando soplan los vientos fríos del oeste, estos valles y quebradas actúan como gigantescos ventiladores. En ellos, el viento se comprime, por así decido, y baja sobre el lago con una violencia inusitada, haciéndolo, además, repentinamente. En un instante, la calma puede convertirse en una pavorosa tempestad”.

En el medio de la tormenta, los discípulos despertaron a Jesús. Tenían miedo, y le preguntaron si se preocupaba por ellos, que estaban a punto de perecer. Como pescadores, deberían haber conocido estas tormentas repentinas, pero su reacción implicaba pánico y terror. Tener a Jesús, el Maestro, en el barco con ellos, no significaba nada para ellos.

Después de que Jesús calmó la tormenta, regañó a los discípulos por su temor y falta de fe. Esto indica que Jesús había esperado que ellos hubieran crecido, y se chasqueó por lo que evidentemente era la ausencia de crecimiento (en el peor caso) o su aumento lento (en el mejor caso).

Cuando los discípulos vieron el poder de Jesús sobre los elementos, estuvieron sorprendidos y se preguntaban entre sí: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4: 41). La primera parte del pasaje los describe aterrorizados, llenos de pánico, lentos para comprender el poder de Jesús. Al final, los discípulos exhiben un temor reverente y admiración. ¿Lo llena de admiración y reverencia el poder de Dios en su vida?

Compare y contraste la respuesta de Jesús a la tormenta con la de los discípulos. ¿Ha crecido su discipulado hasta el punto en el que puede dormir en medio de una tormenta? ¿Qué hará usted para asegurarse que su discipulado produzca mejores resultados que los que tuvieron los primeros discípulos de Jesús?”

Read Full Post »


Vídeo Reflexivo: “La sanación de la suegra de Simón (Pedro)”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el martes 31 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

EN ESTE EPISODIO BÍBLICO PODEMOS NOTAR cómo nuestro Señor Jesucristo apenas cuando le dijeron que la suegra de Simón estaba enferma, no hizo reparo alguno en acudir a la casa donde permanecía para sanarla. Muestra esta actitud de Jesús no solamente su preocupación por los que están frente a él, por los que se relacionan con él, sino también por lo que están ausentes, por aquellos que sufren sus penalidades sin que la mayor parte de las personas se enteren de ello. Por eso Jesús acude a sanar a la suegra de Simón Pedro, no tanto para dejar constancia de su poder sino para que quede como una enseñanza de que las bendiciones, los frutos y los beneficios materiales o espirituales pueden ser recibidos de Dios padre, de Jesús y del Espíritu Santo sin necesidad de que se tenga una vinculación presencial con ellos. Basta tener fe y tener fe como un granito de mostaza para poder asegurar que nuestras oraciones, nuestros pedimentos, nuestras solicitudes, llegarán al conocimiento de Dios, siempre que estén envueltas en una fe infinita, en una subordinación, en un amor y en un afecto sin límites hacia Dios. Nos enseña también este fragmento de la palabra de Dios, la gratitud que debe permanecer en la persona que ha sido beneficiada con el amor de Dios. Es común ver el poco agradecimiento, la ingratitud y la falta de reconocimiento por los favores que se han alcanzado. Una vez que la persona ha recibido el auxilio divino, se olvida de él muy pronto y regresa a su vida pecaminosa, licenciosa y ajena a la orientación de Dios. Es así que la suegra de Simón, al ser sanada inmediatamente se puso a servirles, lo cual habla muy bien de su amor, fe y agradecimiento a nuestro Señor Jesús.

Por considerarlo un interesante, me permito transcribir los siguientes trozos de texto, que podrían ser de gran utilidad para mis lectores:


“La suegra de Simón (Mc 1,29-39)

Nos cuenta el Evangelio d que Jesús se fue a la casa del futuro jefe de los apóstoles y “la suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos”.

Es una sanación más que hace el Maestro, dejando evidente que el Reino de Dios no es solamente algo espiritual, o solamente algo para “la otra vida”, sino que nos compromete con las realidades concretas de este mundo.

El sanó la suegra de Pedro y varias otras personas, sea de enfermedad física, sea de enfermedad psico-espiritual: es un gesto de amor de Dios hacia nosotros, gesto que muestra que nuestras inquietudes le interesan.

Notemos la expresión “se lo dijeron”, para enseñar que hemos de mantener un diálogo fluido con Jesucristo, presentándole también la situación de otras personas a quienes queremos bien.

El Señor nunca se pone indiferente delante de las miserias humanas y toma la iniciativa de hacer algo para mejorar la situación. En este caso, se puso más cerca, la tomó de la mano y este contacto la hizo restablecerse.

La reacción de la suegra de Simón Pedro es ejemplar: “se puso a servirlos”.

Está siempre latente el riesgo de uno de pedir cosas, como sanación, beneficios económicos y tranquilidad y, después de recibir muchas bendiciones de Dios, se olvida de todo, se muestra ingrato y lo que es peor: vuelve a su egoísmo de antes.

Es hermoso pedir con fe por nuestras necesidades y las de los demás también, pero es sumamente necesario ser agradecido al Señor. Y le agradecemos cumpliendo sus mandamientos.

Otro aspecto interesante es la persona de la “suegra”, figura, a veces, tan polémica dentro de las familias.

Hay suegras que son verdaderas hadas y ejercen una benéfica influencia para la pareja, pues saben mantener conveniente distancia, son fervorosas en la oración por los otros y les agrada ser disponibles.

Infelizmente, hay también la otra cara de la moneda: suegras que se meten demasiado en la vida de la pareja, estimulan en el hijo una “eterna mamitis” y les gusta decir que todo lo que la nuera hace está mal, porque no cuida bien de la casa, no sabe cocinar, gasta mucho en la peluquería, etc.

A todos de la familia es fundamental considerar: Jesús nos sana gratuitamente, por lo tanto, levantémonos y pongámonos al servicio de los demás.

(hnojoemar@bol.com.br , Hno. Joemar Hohmann).

Read Full Post »


Vídeo Reflexivo: “Jesús busca a Felipe”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el jueves 12 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

EL CONTENIDO DE ESTE VÍDEO REFLEXIVO nos sugiere a la serie de interrogantes vinculadas con nuestra actitud, conducta y posición frente a Dios, frente al individuo, frente a la sociedad:

¿Has reflexionado sobre el llamamiento y la búsqueda que Jesús hace de ti?

¿Cuál ha sido tu reacción frente a la búsqueda que Dios hace de ti cotidianamente?

¿Cuál es tu función y papel en el servicio Dios, al individuo y a la comunidad?

¿Estás satisfecho con tus actitudes y conductas frente a las realidades que te ha tocado vivir?

¿Cómo evalúas tú los aspectos relativos a la solidaridad, caridad, justicia y verdad, en tu vida, y con las cuales se distingue el vivir de un cristiano?

¿Quién fue Felipe el Apóstol?

“San Felipe Apóstol era originario de Betsaida de Galilea. Según parece, formaba parte del reducido grupo de judíos piadosos que seguían a San Juan de los apóstoles, pero San Juan habla de él varias veces y narra, en particular, que el Señor llamó a Felipe al día siguiente de las vocaciones de San Pedro y San Andrés. Un siglo y medio más tarde, Clemente de Alejandría sostuve que Felipe fue el joven que respondió al llamado del Señor, con estas palabras: “Permite que vaya, primero, a enterrar a mi padre”. A lo cual contestó Cristo: “Deja que los muertos entierren a los muertos; tú ven a predicar el reino de Dios” (Luc. 9:50). Es probable que Clemente de Alejandría no tuviese más argumento que el hecho de que el Señor había dicho en ambos casos: “Sígueme”. De todas maneras, tanto en el evangelio de San Lucas como en el de San Mateo, el incidente parece haber tenido lugar algún tiempo de que Cristo había empezado su vida pública, cuando ya los apóstoles estaban con él. Por otra parte, consta que San Felipe fue llamado antes de las bodas de Caná, a pesar de que, como lo dijo el mismo Cristo, Su hora no había llegado aún, es decir, todavía no había empezado su vida pública.

Su primer encuentro con Jesús ocurrió al día siguiente del que tuvieron Juan, Andrés, Simón Pedro y Santiago. Sorprende la ausencia de preámbulos para el llamamiento que le hará Jesús: “Al día siguiente determinó (Jesús) encaminarse hacia Galilea y encontró a Felipe. Y le dijo Sígueme” . Y le siguió. No fue insensatez por parte suya, sino generosidad y quizá sentirse respaldado por el ejemplo de sus amigos y convecinos seguidores de aquel desconocido de Nazaret. Había escuchado las palabras del Bautista, junto a la voz del cielo que nombraba a Jesús como el Hijo amado, pero seguir a Jesús como discípulo no era fácil. Ya conocemos la exigencia de la llamada contenida en el consejo-mandato de seguir a Jesús que lleva a dejar todo y convertirse en discípulo de un maestro sin títulos y sin más autoridad que la recomendación del Bautista junto a su prestancia personal. No parece su caso como el de Juan y Andrés que buscan al “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, ni recibe las explicaciones de Pedro y Santiago por parte de sus hermanos. Pero un leve dato ilumina lo que debió ocurrir para que Jesús le llamase sin excesiva preparación, y lógicamente sin imprudencia, lo dice el evangelio de Juan: “Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro”, y también de Juan y Santiago. Luego era amigo de los cuatro primeros.

Pero no queda aquí la cosa, pues el mismo Felipe es protagonista de un suceso que llenó de gozo a Jesús cuando ya estaba cercana la Pascua en que viviría su Pasión y muerte. Ya Lázaro había sido resucitado y el nombre de Jesús estaba en todas las bocas; muchos iban tras Jesús, la oposición de los importantes era más intensa. Muchos contaban los milagros del Señor, otros sus palabras y sus discusiones en el Templo y unos griegos que habían subido a adorar a Dios durante la fiesta desean ver y hablar con Jesús. No es fácil saber si eran judíos que vivían en Grecia o griegos que conocían y aceptaban la fe de los judíos, o si incluso eran prosélitos, pero no les resultaba fácil acercarse a Jesús para poder hablar en un aparte en confianza sin el tumulto de la muchedumbre, cuando se dan cuenta de que uno de los íntimos de Jesús es Felipe que les inspira confianza y, como es natural, acuden a él: “éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea y le rogaban diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. Fue Felipe y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús”. Es lógico que sea así, pues cuando hay lazos de lengua, de aficiones y de amistad las barreras son menores para todo, también para acercarse a Dios.

Fue invitado, junto al apóstol San Bartolomé a las bodas de Caná. El territorio de su apostolado fue Frigia y especialmente la ciudad de Hiesapólis, donde sufrió el martirio. Sus restos fueron trasladados a Roma donde reposan, junto con los de Santiago el Menor, en la Iglesia de los Santos Apóstoles. Porta una cruz de plata, como símbolo de la Santa Madre Iglesia. Manto azul y en su credo se alude: “Creo que ha de venir a juzgar a vivos y muertos”.

Al igual que la mayoría de los apóstoles poco se conoce con certeza sobre su vida con posteridad a Pentecostés. Los testigos de la tradición lo confunden a veces con Felipe el Diácono. Según el testimonio de Eusebio en su Historia eclesiástica habría muerto en Hierápolis al norte de la actual Asia Menor, lo mismo que dos de sus hijas vírgenes. Papías, obispo de Hierápolis, las había conocido y escuchado de ellas el relato de la resurrección de un muerto. Según otra tradición de la que se hace eco el Breviario romano, había predicado el evangelio primero en la Escitia y en Lidia, antes de pasar a Frigia, donde todos los documentos colocan su martirio en Hierápolis bajo Domiciano crucificado cabeza abajo y rematado luego a pedradas . Una inscripción de su posible tumba en Hierápolis dice: al glorioso apóstol y teólogo Felipe.. Sus reliquias habrían sido trasladadas a Roma, donde se veneran junto a las de Santiago el Menor en la iglesia de los Doce Santos Apóstoles”.

(La cita de los párrafos que preceden es de manejo público. Esta información se encuentra disponible en los textos de La Santa Sede).

Read Full Post »