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La Nota Corta: “Cuatro pasos para alcanzar el triunfo: orar, creer, actuar y tener fe”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactada el lunes 6 de abril de 2009

Publicada en la Red el jueves 9 de abril de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.


http://herokids.files.wordpress.com/2008/03/perseverance.jpg


EN NOSOTROS NO HAY SOLAMENTE SANTOS Y BUENOS DESEOS, sino también la voluntad de poder perseverar en el bien. Porque a veces, tenemos muy buenas intenciones y queremos mantenernos en el camino de la bondad, de la justicia, de la solidaridad. A veces iniciamos una buena obra y lo hacemos con mucha fuerza, con mucho empuje, y así continuamos, pero con el correr del tiempo algo inusitado comienza a ocurrirnos, y es la situación de que perdemos ese empuje y esa fuerza, entonces dejamos a un lado lo que ya habíamos comenzado. Por ello es importante, no tanto comenzar una obra de bien, un proyecto, una idea, un deseo que se tenga, sino materializar los mismos en conductas, en hechos, en obras, para que el final del camino y por la fuerza del Señor todo sea culminado. Por ello las santas y buenas intenciones son buenas, pero mejores son los frutos. No seas tú como el Iscariote, quien comenzó bien, siguió bien, pero al final se perdió. Por ello en esta mañana es necesario que reflexionemos sobre la constancia, pues el mundo está lleno de fracasados, de voluntades que comenzaron, de almas que arrollaron cuando hallaban en los principios el camino y hallaban allí fuerza, hallaban inquietudes y así iniciaron su camino, pero después no quisieron tener más fuerzas, ni realizar más heroísmos, en definitiva, no se habían vinculado con el Señor, o tal vez su vinculación fue muy efímera o superficial, se creyeron débiles, incapaces y se sentaron a la vera de los senderos para ver pasar la muchedumbre de los que ríen y de los que lloran. Las cosas que veían antes han perdido para ellos el encanto que los sugestionaba. Los horizontes se han tapiado de sombras descorazonantes. Es que se ha perdido la visión de las alturas y también de las distancias. Se había creído que el cielo se tocaba con sólo levantar la mano en un instante, y ante la decepción de muchos esfuerzos realizados con poca fe, que no rindieron sus frutos como los pregustaba el paladar han desmayado, han dudado del camino y como los ciegos se han sentado junto a él, para sentir pasar la caravana de las multitudes y poder alargar la mano mendigando una sonrisa, un placer, un trocito de lodo perfumado con esencia. La inconstancia ha sido siempre la generadora de todos los fracasos, no se tiene valor para sobrellevar una decepción, una aridez espiritual, una sequedad sensible, y se abandonan todos los buenos propósitos, todos los buenos comienzos, para correr detrás de lo que halaga la vista o los sentidos. No seas nunca así, amigo y amiga. No dudes jamás de tu camino aunque encuentres sombras y espinas, desiertos o guijarros, Jesús esta contigo y con él llegarás con seguridad a la glorificación de las alturas. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

(Esta reflexión ha sido tomada parcialmente de la oración “PERSEVERAR HASTA EL FINAL” de Mervy Enrique González Fuenmayor publicada el del 22 de octubre de 2008).

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Artículo: Perezosos Mentales

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Redactado el lunes 30 de marzo de 2009

Publicado en la Red el martes 31 de marzo de 2009

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia. República de Venezuela. América del Sur

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¿CUÁNTA GENTE HABRÁ VISTO, TRATADO Y/O ESCUCHADO USTED que solamente se expresa en términos, palabras y actuaciones negativas y derrotistas? Seguramente dirá que son muchísimas, y está en lo cierto, pues un porcentaje muy elevado de la población mundial vive en una continua y permanente sombra de ignorancia, apatía, fracaso y desesperanza. Han olvidado que son seres vivos, criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios, que han nacido para ser prósperos, exitosos, triunfadores, para alcanzar cualquier meta o propósito que se hayan trazado. Los seres humanos están dotados de inteligencia, de capacidad mental, de facultades extraordinarias tanto sensoriales como extrasensoriales, para vencer cualquier obstáculo o adversidad. Por allí existe una máxima que repiten aquellos que utilizan su mejor esfuerzo para cumplir sus ideales: “QUERER ES PODER”. Aclaro que cuando utilizo el vocablo extrasensorial no necesariamente me estoy refiriendo a la parapsicología, al espiritismo, al esoterismo, a la cábala, al rosacrucismo, a la Nueva Era o a cualquier otra secta reñida con mi profesión de fe católica. A lo que me refiero son a los dones del Espíritu Santo: el don de ciencia, el don de la palabra, el don de piedad etc.

Tal como lo has leído… “SI LO QUIERES… LO PUEDES”. Lo primero que debes hacer es establecerte una meta o fin, algo que quisieras lograr: un titulo profesional, el triunfo o campeonato en algún deporte, ser un empresario próspero, ser un destacado sacerdote, distinguirte por tu solidaridad con los demás, el reconocimiento social por la justicia con la que actúas, ser auténtico seguidor de Cristo, alcanzar la presidencia u otro cargo político de importancia, ser un buen docente, profesor o maestro. Una vez que hayas delimitado tu aspiración, es tiempo entonces de realizar todas aquellas actividades tendentes a facilitar su logro. Es muy, pero muy importante el ejercicio de una facultad con la cual Dios nos dotó: la facultad de imaginar, de hacer representaciones mentales, de visualizar aquello que deseamos. Mientras más vívida sea la visualización mental, mientras más te vincules con ella, más deseos e inquietudes te sobrevendrán para materializarla. Hay que soñar despierto. Soñar despierto es vivir interna e intensamente lo que deseamos y queremos.
Pero siempre hay perezosos mentales que son incapaces de generar un sólo esfuerzo para alcanzar algo. Son como aquel personaje del chiste que se cuenta en mi ciudad de Maracaibo, que fue a buscar trabajo, el patrono le dijo que efectivamente contaba con una vacante y que debía comenzar desde ese mismo momento, a lo cual este personaje contestó: ¡EL TRABAJO QUE BUSCO NO ES PARA MÍ, SINO PARA MI HERMANO!. Aquí la pereza además de mental es física. Para ser un ciudadano digno, ejemplar, capaz y decente, se requiere en principio ser un buen cristiano, y además ejercitarnos con asiduidad en el gimnasio de la fe, de la esperanza y del esfuerzo.

A continuación tomo prestadas las siguientes líneas, tendentes a reforzar lo que ya expuse:


“LA EFICACIA DE LA ORACIÓN: ¿Por qué pedimos y no recibimos?


Dios no necesita que le expongamos nuestras necesidades, dice el Evangelio. “Bien sabe vuestro Padre lo que necesitáis” (Lc. 12, 30), pero en la práctica quiere que humildemente se las expongamos como si no las conociera; que le pidamos con fe (oración de corazón) y humildad todo cuanto necesitemos, pero dejando en Sus manos la solución.


En el Evangelio se dice que TODO CUANTO PIDIEREIS EN LA ORACIÓN. Observen que dice “Todo cuanto pidiereis en la oración, como tengáis fe de conseguirla, se os concederá” (Mc. 11, 24). Dos cosas son necesarias: 1º Fe y 2º No vacilar.


Muchas personas se preguntan: ¿por qué Dios no responde a nuestras oraciones? O en otras palabras: ¿por qué nuestra oración no es siempre eficaz, o por lo menos parece no serlo?


Entre los católicos, unos dicen que no somos oídos porque no oramos con la debida humildad; otros porque nos falta la perseverancia; otros porque no nos resignamos a la voluntad de Dios; y la verdadera razón, si no la única de que nuestra oración deje de ser eficaz, es pura y llanamente PORQUE ANDAMOS VACILANDO. Y esto no es opinión nuestra, es sentencia de Cristo: “En verdad os digo que, si tenéis fe y no andáis vacilando, no solamente haréis lo de la higuera, sino que, aun cuando digáis a ese monte, arráncate al mar, así lo hará, y todo cuanto pidiereis en la oración, si tenéis fe, lo alcanzaréis” (Mt. 21, 22)

Y a Sor Josefa Menéndez la reveló particularmente esta misma doctrina que estamos enseñando, al decirle: “Si vacilan, si dudan de Mí, no honran mi Corazón. Pero si esperan firmemente lo que me piden, sabiendo que sólo puedo negárselo si es conveniente al bien de su alma, entonces me glorifican”


Cristo no puso un límite ni a su omnipotencia ni a nuestra confianza. Dios quiere que le pidamos como a Padre, con entera confianza de hijos. Al Padre le toca discernir si las concede o no.


Basados en estos mismos principios de Fe y Esperanza, Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, le hicieron aquella famosa petición que tanto molestó al resto de los apóstoles. “Maestro, quisiéramos que nos concedieses TODO CUANTO TE PIDAMOS”. Y el Señor, sin reprenderlos en lo más mínimo por la palabra TODO, les preguntó: ¿Qué cosa deseáis que os conceda? Y cuando la oyó, les contestó: “No sabéis lo que pedís” (Mt. 20, 22). Sin embargo, a pesar de que “no sabían lo que pedían”, sacaron al final un asiento muy elevado en el reino de Dios: “Os sentaréis (les dijo a los doce) sobre doce sillas, juzgando a las doce tribus de Israel”. Y en la última cena, cuando instituyó la Eucaristía, el Sacramento del Amor, se sentaron uno a la derecha y el otro –según revelaciones de Anna Catalina Enmerich- a la izquierda.


Muy pocas personas hay en este mundo que, de una manera constante y ordinaria, sepan pedir lo que ellas mismas quieren en las diversas ocasiones de la vida. El andar vacilando de una cosa a otra es lo más común, y aunque en ocasiones tomemos una resolución que aun a nosotros mismos nos parezca definitiva, todavía pasa, con demasiada frecuencia que “llevamos la procesión por dentro” temiendo que hayamos hecho un disparate. Es el “no sabéis lo que pedís”. O dicho de otro modo: “vacilamos en nuestra oración”, pues algo nos dice en nuestro interior que esa petición estaba viciada de pasión o ambición personal desde la raíz.


¿Por qué Dios, decimos en ocasiones, no ha escuchado mi oración? Esto es lo que se llama el problema de la oración no respondida. Nuestra respuesta es la de Santiago: “Pedimos y no recibimos, porque pedimos mal” (St. 4. 3). Y pedimos mal, porque pedimos –entre otras cosas- sin la debida fe, y sobre todo porque andamos vacilando, amén de querer satisfacer nuestras pasiones poco ordenadas.

EN DIOS NO HAY EXCLUSIÓN DE PERSONAS


Cuando Jesús dijo: “Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá” (Mt. 7, 8), no hizo exclusión de ninguno, fuera israelita, romano o cananeo; y así Cristo, admirando la fe de la mujer sirio fenicia (de religión pagana), le concedió inmediatamente lo que pedía, obrando un portento a favor, no de ella, que era la que creía, sino a favor de la hija (creyera o no), por la cual la madre, llena de fe, suplicaba.


Nadie puede considerarse excluido. Todo el que pide con fe, sin andar vacilando, recibe, aunque no sea cristiano, sea protestante, o sea un católico muy pecador. Queda, pues, echada por tierra la objeción de algunos: ¿Cómo voy yo a pedirle a Dios tal o cual cosa, si soy un desastre que le fallo a Dios constantemente?


Sobre estas almas, que por haber pecado se sienten alejadas del Señor, dice algo muy consolador el propio Jesús a Sor Josefa Menéndez: “Estas almas no me conocen; no han comprendido lo que es mi divino Corazón…porque precisamente sus miserias y sus faltas son las que inclinan hacia ellas mi Bondad. Si reconocen su impotencia y debilidad, si se humillan y vienen a Mí llenas de confianza, me glorifican mucho más que antes de haber caído”

Todos, por tanto, hombres y mujeres, justos y pecadores, católicos, protestantes, moros o judíos están incluidos en aquellas palabras de “el que pide, recibe”. Dios quiere que todos los hombres se salven, sean justos o pecadores, todos son obra de sus manos, y todo el que pide con fe, sin vacilar, le da Dios ampliamente y con generosidad. La eficacia de la oración está en razón directa de nuestra confianza.


Pero hacemos notar que no se trata de la confianza en la oración, sino de nuestra confianza en Dios. No hay que tener fe en nuestra fe, sino fe en Dios. Creer en la bondad de Dios Padre, que me ha prometido darme todo lo que necesite, si se lo pido sin vacilar. Pero el problema que se suele dar es que el que vive en pecado habitual, el que es consciente de estar separado de Dios por un concreto estado de pecado, y más aún si el pecado concreto es de caridad (odiar o sentir rencor por otros) influye en que disminuya su confianza, y que por tanto su oración sea ineficaz. Por eso el santo es el que más recibe, no porque sea santo, sino porque confía más que nosotros en el amor de Dios. Está más unido a Él y conoce bien su infinita Bondad y su deseo de dar.


“Por medio de la confianza obtendrán copiosísimas gracias para sí mismas y para otras almas. Quiero que profundicen esta verdad porque quiero que revelen los caracteres de mi Corazón a las pobres almas que no me conocen” (El Señor a Sor Josefa Menéndez)


Hay personas que afirman: Le he pedido a Dios que me diera dinero para poder atender a mi hijo que estaba muy enfermo y no me ha escuchado. Conclusión: Dios no me ha oído, luego no existe. Y desde entonces su confianza actual en Dios se ha reducido a cero.


NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA


Si tú tienes la fortuna de saber de un modo cierto “lo que realmente quieres”, tendrás mucho adelantado al hacer tu oración, pues no andarás vacilando de una petición a otra.


Suponiendo que sepas lo que quieres, queda aún por averiguar: ¿Es esto lo que te conviene? Aquí entran de nuevo las vacilaciones. Cristo Nuestro Señor no se comprometió a darte siempre lo que más te conviniera, sino lo que le pidieras con confianza. Por ejemplo. San Francisco de Borja, antes de entrar a jesuita, rezaba por la salud de su esposa enferma con total confianza. El Señor se le apareció y le dijo: “Te concedo lo que me pides: la salud de tu esposa, pero te advierto que ni a ti ni a ella os conviene”. El santo entonces, aceptó con generosidad la voluntad de Dios y su esposa falleció a los pocos días. Por eso, cuando pedimos a Dios algo –sobre todo si es material o de orden natural- conviene que añadamos, al igual que San Francisco de Borja o el mismo Jesús en el Huerto de los Olivos, “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. O bien: “Que se haga, Señor, como tu dispongas”.


Había un padre muy querido en una poderosa ciudad. Enfermó de tifus, y, a pesar de haberle dado la mejor asistencia, siendo asistido por los mejores médicos, su fin se acercaba irremisiblemente, en opinión de los facultativos. Pero fueron tantas y tan fervientes las oraciones que por su salud se hicieron, que finalmente sanó, siendo el caso considerado, por muchos, como milagroso. La oración había triunfado….Dos años más tarde moría en un sanatorio mental, presa de una locura espantosa… Una de las personas que más había rogado, nos decía compungida: “¡Cuánto mejor hubiera sido que muriera de tifus!”. (Cf. Padre Heredia. Pág. 91 Una fuente de Energía)


De aquí deducimos una cosa bien clara: si al orar no nos ponemos en las manos de Dios, diciéndole: “Hágase tu voluntad”, llevamos siempre las de perder, aun en el caso de que nos conceda lo que pidamos.


Sobre esto, en concreto, dice San Agustín:


<>. Luego –concluye San Agustín en uno de sus sermones- no siempre es bueno recibir lo que se pide.


Esto no quiere decir que no pidamos. Todo lo contrario. Hay que pedirle muchas cosas, todas las que necesites, pero mostrándole en esta petición, nuestro sincero deseo de que se cumpla sólo Su santa Voluntad, demostrando con este gesto lo mucho que nos fiamos de Él. La Voluntad de Dios es siempre lo mejor y el mayor bien para el hombre. Este ejercicio continuo de pedir y dejarnos en sus manos irá formando en nosotros el verdadero hábito de la oración y de la confianza. Y esto nos dará paz. Paz aun en medio de la tribulación, la enfermedad o la soledad. Hay personas que nunca tienen paz, porque no terminan de confiar en Dios, y porque creen que sólo si Dios les da lo que ellas creen bueno estarán contentas. Debemos, por tanto, acostumbrarnos a pedir y a depender después de Dios en nuestra petición, que es lo que Cristo nos enseñó de palabra y con el ejemplo.


Pero si, a pesar de todo, nosotros queremos hacer nuestra propia voluntad y continuamos pidiéndole a Dios lo que queremos, considerando que nuestra felicidad está en que me dé aquello y sólo aquello que yo interpreto como lo mejor para mí, puede ocurrir que Él, en algunas ocasiones, te lo conceda, pero…no te quejes después si el resultado no era como tú habías imaginado. Como dice el refrán: “Tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten”(sic).

(por mariamensajera @ 14:41).

Finalmente hay que permitir que Dios entre en nuestra corazón, en nuestra mente y en nuestro espíritu, pero esa entrada debemos desearla, quererla sinceramente, espontáneamente, decisivamente, solamente así tendremos la seguridad de que el proyecto de salvación elaborado por Dios para nosotros se cumpla. ¡Ánimo! ¡Gozo! ¡Alegría!

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Vídeo Reflexivo: “La sanación de la suegra de Simón (Pedro)”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el martes 31 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

EN ESTE EPISODIO BÍBLICO PODEMOS NOTAR cómo nuestro Señor Jesucristo apenas cuando le dijeron que la suegra de Simón estaba enferma, no hizo reparo alguno en acudir a la casa donde permanecía para sanarla. Muestra esta actitud de Jesús no solamente su preocupación por los que están frente a él, por los que se relacionan con él, sino también por lo que están ausentes, por aquellos que sufren sus penalidades sin que la mayor parte de las personas se enteren de ello. Por eso Jesús acude a sanar a la suegra de Simón Pedro, no tanto para dejar constancia de su poder sino para que quede como una enseñanza de que las bendiciones, los frutos y los beneficios materiales o espirituales pueden ser recibidos de Dios padre, de Jesús y del Espíritu Santo sin necesidad de que se tenga una vinculación presencial con ellos. Basta tener fe y tener fe como un granito de mostaza para poder asegurar que nuestras oraciones, nuestros pedimentos, nuestras solicitudes, llegarán al conocimiento de Dios, siempre que estén envueltas en una fe infinita, en una subordinación, en un amor y en un afecto sin límites hacia Dios. Nos enseña también este fragmento de la palabra de Dios, la gratitud que debe permanecer en la persona que ha sido beneficiada con el amor de Dios. Es común ver el poco agradecimiento, la ingratitud y la falta de reconocimiento por los favores que se han alcanzado. Una vez que la persona ha recibido el auxilio divino, se olvida de él muy pronto y regresa a su vida pecaminosa, licenciosa y ajena a la orientación de Dios. Es así que la suegra de Simón, al ser sanada inmediatamente se puso a servirles, lo cual habla muy bien de su amor, fe y agradecimiento a nuestro Señor Jesús.

Por considerarlo un interesante, me permito transcribir los siguientes trozos de texto, que podrían ser de gran utilidad para mis lectores:


“La suegra de Simón (Mc 1,29-39)

Nos cuenta el Evangelio d que Jesús se fue a la casa del futuro jefe de los apóstoles y “la suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos”.

Es una sanación más que hace el Maestro, dejando evidente que el Reino de Dios no es solamente algo espiritual, o solamente algo para “la otra vida”, sino que nos compromete con las realidades concretas de este mundo.

El sanó la suegra de Pedro y varias otras personas, sea de enfermedad física, sea de enfermedad psico-espiritual: es un gesto de amor de Dios hacia nosotros, gesto que muestra que nuestras inquietudes le interesan.

Notemos la expresión “se lo dijeron”, para enseñar que hemos de mantener un diálogo fluido con Jesucristo, presentándole también la situación de otras personas a quienes queremos bien.

El Señor nunca se pone indiferente delante de las miserias humanas y toma la iniciativa de hacer algo para mejorar la situación. En este caso, se puso más cerca, la tomó de la mano y este contacto la hizo restablecerse.

La reacción de la suegra de Simón Pedro es ejemplar: “se puso a servirlos”.

Está siempre latente el riesgo de uno de pedir cosas, como sanación, beneficios económicos y tranquilidad y, después de recibir muchas bendiciones de Dios, se olvida de todo, se muestra ingrato y lo que es peor: vuelve a su egoísmo de antes.

Es hermoso pedir con fe por nuestras necesidades y las de los demás también, pero es sumamente necesario ser agradecido al Señor. Y le agradecemos cumpliendo sus mandamientos.

Otro aspecto interesante es la persona de la “suegra”, figura, a veces, tan polémica dentro de las familias.

Hay suegras que son verdaderas hadas y ejercen una benéfica influencia para la pareja, pues saben mantener conveniente distancia, son fervorosas en la oración por los otros y les agrada ser disponibles.

Infelizmente, hay también la otra cara de la moneda: suegras que se meten demasiado en la vida de la pareja, estimulan en el hijo una “eterna mamitis” y les gusta decir que todo lo que la nuera hace está mal, porque no cuida bien de la casa, no sabe cocinar, gasta mucho en la peluquería, etc.

A todos de la familia es fundamental considerar: Jesús nos sana gratuitamente, por lo tanto, levantémonos y pongámonos al servicio de los demás.

(hnojoemar@bol.com.br , Hno. Joemar Hohmann).

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Vídeo Reflexivo: “Sanación del hijo del funcionario”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el jueves 26 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

CON MUCHA FRECUENCIA OLVIDAMOS que la palabra de Dios tiene poder y que si nosotros confiáramos más allá de cualquier duda en esta gran verdad, todos nuestros problemas resultarían resueltos, o en el peor de los casos minimizados, todo conforme al proyecto de salvación que Dios tiene particularmente para cada uno de nosotros. En el episodio bíblico que se narra en este vídeo, relacionado con la sanación del hijo del funcionario real, con marcada nitidez resalta la humildad y la fe con la cual este funcionario le pide a Jesús que sane a su hijo que está muriendo, y por otra parte destaca el gran poder del Hijo de Dios cuando le dice “ponte en camino, que tu hijo vive”. El hombre sin añadir más, se pone en camino y logra comprobar que su hijo mejoró en la hora en la que Jesús se lo manifestó. Ojala todos nosotros tengamos esa clase de fe, que no permite que la duda la impacte, la neutralice, la extinga. Es necesario volvernos hacia Dios, para reencontrar la sensatez, la prudencia, la justicia, la verdad, la paz, la alegría, que esta sociedad materialista y en decadencia ha proscrito.

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Vídeo Reflexivo: “Creer sinceramente en Dios”.

Grabado el miércoles 4 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el jueves 26 de marzo de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

LA PALABRA DE DIOS NOS REITERA que el Señor Jesús le dijo a sus discípulos que todo aquel que en Él crea tendrá Vida Eterna. Esta gran verdad, este regalo inmerecido que Dios nos hizo, no obstante nuestra desobediencia y transgresión, pareciese resultar una tarea muy fácil. Lo cierto es que los hechos y las situaciones que ocurren en la vida cotidiana muestran otras realidades: EL CULTO A SECTAS SATÁNICAS, PRÁCTICAS DE OCULTISMO, EL ESPIRITISMO, EL ESOTERISMO, LA CÁBALA, LA CIENTOLOGÍA, LA CREACIÓN DE IGLESIAS PARTICULARES, EL ROSACRUCISMO, EL ATEÍSMO, THE NEW AGE Y OTRA FORMAS DE NEGACIÓN DE DIOS Y SUS MANDATOS. La pregunta que debemos formularnos es ¿Cuál ha sido nuestra posición y proceder respecto de estos cultos y creencias? ¿Estamos dispuestos a volver a nuestra Iglesia Católica para reconciliarnos con Dios y ejercer nuestra fe dentro de la única y universal Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo?

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Oración: “Creo en ti, Dios de la Vida”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del miércoles 04 de junio de 1997.

Trasladada a la red el miércoles 25 de febrero de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).


Fe-en-Jesus.jpg picture by skyeyes_photo

ORACIÓN —

¡Cómo disfruto al escuchar tu Palabra!

Hazme sentir tu gracia, Señor,

al paso de la brisa matinal.

Eres Palabra de hombre

pronunciada con voz de eternidad.

Habla señor.

Quiero escucharte y nada más.

Enséñame a amar.

Labra en mi corazón y mis entrañas

el mandamiento de tus labios.

¡Qué bello es adorarte! ¡oh! Dios.

Lavando los pies a todos los olvidados.

¡Qué lindo es proclamar tu nombre

con gestos de servicio a los demás!

Revélame tu cuerpo en mis hermanos

y que te adore en el amar.

Soy tu imagen, Señor.

En la moneda de mi cuerpo

brilla la imagen de tu rostro.

Soy tuyo. A ti me elevo.

Té eres mi César, mi único Señor.

Toma mi vida entre tus manos.

Haz de mí lo que tú quieras.

Si soy moneda de tu amor,

¿puedo acaso tener mayor riqueza?

Creo en ti, Dios de la Vida.

Yo creo firmemente

que tú eres Dios de amor,

en ti no hay muerte

ni sombra de condenación.

Eres Dios de la luz.

El gozo de mi eterno amanecer.

Eres Dios de la vida,

Pascua Florida de mi salvación.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡QUÉ HERMOSO! ¡QUÉ MARAVILLOSO ES PLATICAR CON EL SEÑOR. Es manifestarle al Señor nuestro gozo. Es declararle al Señor nuestra gratitud por el inmenso amor que Él nos dio, nos da y nos dará. Por ello llegamos al punto exacto de todo este hermoso misterio que es la revelación del Él mismo, escondido en los siglos, en Jesús. Jesús, que es la plenitud de los tiempos y la consumación de la obra creadora. Es Jesús el significado profundo de su Pasión y el porqué de la presencia del Espíritu Santo en cada uno de nosotros. Se trata nada menos que de realizar la unión entre la criatura y el creador. Entre el Padre que es Dios y sus hijos que somos nosotros. Y esta unión no es una unión natural, sino una unión vital. El hombre tiene que esforzarse por entrar en la Vida, en la Vida Divina. En aquella definida por Jesús como conocimiento sobre todo. No puedo amar lo que no conozco y Dios que lo sabe mejor que yo, no pudo llamarme a su amor, y menos aún, obligarnos a Él, justamente con el primer mandamiento: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, sin hacernos posible previamente su conocimiento. Es decir, conocemos al Señor aunque no lo veamos, porque su presencia está en nosotros por siempre y para siempre. Pero no se trata de un conocimiento natural o racional de Dios, ni un conocimiento analógico al que tengo acceso por la razón y el buen sentido. Aquí se trata de ese conocimiento verdadero que nos viene por intermedio de la fe. Es el mismo conocimiento que tendré, cuando rasgado el velo de la fe contemple a Dios, cara a cara, y solamente Dios puede darme este conocimiento, porque solamente Él puede decirme lo que es. Amontonando todos los razonamientos humanos sobre Dios, no lograré elevarme ni siquiera un centímetro sobre mi estatura, pero aceptando su revelación, hermano y hermana, entro de lleno en el misterio, participo en su filiación y vivo en su misma vida. La verdadera dimensión del cristiano es la Vida Divina, que se halla en Él. La verdadera preocupación, amigo y amiga que me lees, es el conocimiento de Dios. Es la preocupación de los cristianos, porque esta preocupación por conocer a Dios nos arrastrará hacia los caminos de amor, de caridad, que tal y como dice San Pablo: es un bien superior a cualquier otro, pues consiste en la presencia de Dios mismo en nosotros ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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Vídeo Reflexivo: “Para que la felicidad sea verdad”.

Grabado el martes 30 de diciembre de 2008.

Trasladado a la red el miércoles 21 de enero de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

SIN HACERNOS SOLIDARIOS con las opiniones del filósofo Blas Pascal, presentamos como nota introductoria de este Vídeo Reflexivo, algunas de sus reflexiones, que por lo polémicas e impactantes, merecen ser analizadas.


Blas Pascal, ilustre matemático, físico y filósofo francés, considerado como una de las mentes más brillantes de la historia intelectual occidental, nació en Clermont el 19 de junio de 1623.


Hasta 1646, la familia de Pascal se ajustaba estrictamente a los principios de la religión Católica Romana; en ese año, una enfermedad de su padre lo puso en contacto con dos discípulos del abad de Saint-Cyran, quien, como director del convento de Port Royal había introducido los austeros conceptos morales y teológicos del jansenismo a la vida e ideas del convento.


Después de salvarse de morir en un accidente donde viajaba, en 1655 ingresó a ese convento adoptando el Jansenismo, donde él tuvo una vida rigurosamente ascética hasta su muerte ocho años después. En 1656 él escribió las famosas 18 cartas provinciales (Cartas Provinciales), en que él atacó a los Jesuitas por sus intentos de reconciliar el naturalismo del siglo XVI con el Catolicismo Romano ortodoxo. Su declaración religiosa más positiva apareció póstumamente (él murió el 19 de Agosto de 1662); se publicó en forma fragmentaria en 1670 como Apologie de la religion Chrétienne (Apología de la Religión Cristiana). En estos fragmentos, que luego fueron incorporados a su trabajo principal, él defendió las alternativas de salvación potencial y condenación eterna, con la implicación de que solamente por la conversión al Jansenismo podría lograrse la salvación. Pascal afirmó que si se logra o no la salvación, el destino final de la Humanidad es una vida venidera perteneciente al reino sobrenatural que puede conocerse solo intuitivamente. El trabajo final más importante de Pascal era el “Pensées sur la religion et sur quelques autres sujets” (Pensamientos sobre la Religión y sobre Otros Temas), también publicado en 1670. En el Pensées, Pascal intentó explicar y justificar las dificultades de la vida humana por medio de la doctrina del pecado original y él mantuvo que la revelación puede comprenderse solamente por la fe, que a la vez es justificada por la revelación. Los escritos de Pascal urgen que la aceptación de la vida Cristiana contiene frecuentes aplicaciones de los cálculos de probabilidad; él razonó que el valor de la felicidad eterna es infinito y que aunque la probabilidad de ganar tal felicidad por medio de la religión puede ser pequeña pero que es infinitamente mayor que por medio de cualquier otro camino de la creencia o conducta humana. Una reclasificación del Pensées, un trabajo cauteloso comenzado en 1935 y continuado por varios eruditos, no reconstruye el Apologie, pero permite al lector seguir el plan que Pascal por sí mismo habría seguido.


A Pascal se le atribuyen también estos pensamientos:

«Si el hombre no hubiese sido jamás corrompido, gozaría de su inocencia, de la verdad y de la felicidad con toda seguridad. Y si el hombre hubiera estado siempre corrompido, él no tendría idea alguna ni de la verdad ni de la beatitud. Somos incapaces de dejar de desear la verdad y la felicidad y no somos capaces de conseguirlas. Este deseo se nos ha dejado tanto para castigarnos como para hacernos sentir desde qué condición hemos caído»


«La religión es una cosa tan grande, que es justo que los que no quieran tomarse la molestia de buscarla, sean privados de ella. ¿Por qué esas quejas si es tal que buscándola puede ser encontrada?»

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