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Posts Tagged ‘tomar en serio a Dios’


Oración: “Libérame, Señor, con tu Espíritu”.

Por Mervy Enrique González Fuenmayor.

Tomada de su versión original del martes 8 de julio de 1997.

Trasladada a la red el jueves 26 de marzo de 2009.

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).

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ORACIÓN —

Dame, Señor, discernimiento

para conocer tu signo.

Cuando contemplo detenidamente

tu muerte en cruz y tu resurrección,

siento una luz de Pascua

crecer en mi interior.

No necesito más milagros,

tú eres mi signo radical de Dios.

Tu cruz gloriosa es signo

y fiesta de mi salvación.

Estoy contigo señor.

Tu Evangelio despierta mis sentidos

a la luz de la verdad.

Tú eres mi Dios.

Quiero vivir en libertad.

Arranca de mi pecho, Señor,

cualquier espíritu del mal.

Estoy contigo y quiero caminar.

Tú eres, Señor, mi señal definitiva.

Tú eres mi signo, Señor.

Tus palabras son las huellas

de tus pies que caminan delanteros.

Yo te sigo por ellas.

No permitas, Jesús bueno,

que me ofusquen milagros de apariencias

y me olvide de tu cruz,

perdón seguro en mi verdad.

Libérame, Señor, con tu Espíritu.

Tu reino de justicia entró en mi corazón.

La noche oscura de mi mente

se encendió como el sol.

Sembraste de gracia y alegría

en Pascua de liberación.

Gracias por este nuevo día.

Hoy te confieso mi Señor.

Amén y amén.



— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —


¡QUÉ HERMOSO! ¡QUÉ SUBLIME! ¡QUÉ EXTRAORDINARIAMENTE BELLO ES HABLAR CON EL SEÑOR! Alabarle y bendecirle, glorificarle, pero al mismo tiempo colocar en sus manos toda nuestra vida. Seguirle y escucharle, pero también en este momento tomar en serio a Dios. Porque a veces nosotros solamente nos ocupamos de Dios cuando estamos en momentos de dificultad, cuando los problemas nos abruman y comenzamos a pedir, a solicitarle cosas. Pero olvidamos que el señor, Dios creador nuestro merece además de ese respeto sacramental una devoción infinita, una adoración vecina de todas las cosas. Merece que nosotros acatemos sus preceptos y mandatos. En la palabra que vamos a extraer del Evangelio según san Mateo capítulo 5 versos 33 al 37, el Señor nos dice: Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: no jurarás falsamente y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo ni por el cielo que es el trono de Dios ni por la tierra que es el estrado de sus pies. Ni por Jerusalén que es la ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando ustedes digan sí, que sea sí y cuando digan no, que sea no. Todo lo que se dice de más viene del maligno. Y en esta Palabra del Señor, amigo y amiga que me lees, debemos tomar la siguiente inquietud: tomar en serio a Dios, porque es necesario tomar a nuestro Creador en serio. Con frecuencia somos irresponsables, le pedimos irreflexivamente, como que si Dios fuese nuestro empleado, le prometemos cosas como que si Él no nos conociera. Oímos sus palabras y fácilmente las olvidamos. No le prestamos mayor atención. Conocemos sus obras y no le damos importancia. Tratamos lo sagrado que nos dejó como ritos vacíos. A veces oramos sin pensar repitiendo trozos de memoria. También a veces culpamos a Dios. Nos rebelamos contra Él. Nos excusamos para no ocuparnos de sus asuntos y casi siempre estamos buscando que Él cumpla nuestra voluntad. Lo invocamos en momentos de apuros pero no por fe ni por amor sino por desesperación. Si nosotros, hermano y hermana, tomáramos en serio a Dios, si creyéramos todo lo que Cristo dice, si creyéramos en sus actos, hoy mismo el mundo sería el reino de Dios. Cristo quiere sinceridad, autenticidad. Quiere que le seamos fieles. Que no tengamos nada que ocultar. Que seamos puros de corazón. Que la voluntad de Dios se pueda reflejar en cada uno de nosotros como en agua cristalina. Seamos, hermanos y hermanas, veraces ante Dios. Él, quien nunca nos engaña, y al que nosotros nunca podemos engañar. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!



— NOTA DEL AUTOR —


AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.

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