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Vídeo Reflexivo: “Jesús calma la tempestad”.

Grabado el jueves 19 de marzo de 2009.

Trasladado a la red el domingo 05 de abril de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

HE TRAÍDO ESTE TEXTO en su versión libre de la Internet, texto que resume los acontecimientos ocurridos con ocasión de la tempestad que se presentó cuando encontrándose Jesús durmiendo en la popa de la barca, en compañía de sus discípulos, regañó al viento y al lago le dijo: “¡silencio!, estate callado”. Pero además recriminó la conducta cobarde de los apóstoles y su carencia de fe. Hoy, dos mil años después, la mayor parte de nosotros seguimos apáticos, con miedo a seguir las enseñanzas de Jesús, y enfrentarnos a las injusticias, a los abusos y a todas las enfermedades sociales que a quejan a la Humanidad.

“Discípulos aterrorizados (Mar. 4: 35-41)

Jesús llamó a los discípulos a que aprendieran de él antes de salir a predicar y a exorcizar demonios. Cuando los hechos descritos en Marcos 4 sucedieron, lo habían seguido por unos dos años, pero aprendían lentamente, tenían dificultad para comprender y tenían problemas para transferir lo que habían aprendido de una situación a otra. Una vez, después de un agitado día de enseñanza, Jesús los llevó en un viaje en barco a través del Mar de Galilea. Cansado y deseando descansar, Jesús se preparó un lugar para dormir en la papa del barco, y muy pronto se quedó dormido.

Los evangelios sinópticos dicen que, de repente, se levantó una tormenta en el lago. Esto es típico, ya que “el mar de Galilea es pequeño; mide solamente unos 21 kilómetros de largo y 13 de este a oeste, en su parte más ancha. El valle del Jordán sigue la línea de una profunda falla en la corteza terrestre, y el Mar de Galilea es parte de esa depresión. Está a unos 210 m debajo del nivel del mar. Esto hace que su clima sea cálido y agradable, pero también tiene sus peligros. Sobre el oeste, hay montañas con quebradas y valles; cuando soplan los vientos fríos del oeste, estos valles y quebradas actúan como gigantescos ventiladores. En ellos, el viento se comprime, por así decido, y baja sobre el lago con una violencia inusitada, haciéndolo, además, repentinamente. En un instante, la calma puede convertirse en una pavorosa tempestad”.

En el medio de la tormenta, los discípulos despertaron a Jesús. Tenían miedo, y le preguntaron si se preocupaba por ellos, que estaban a punto de perecer. Como pescadores, deberían haber conocido estas tormentas repentinas, pero su reacción implicaba pánico y terror. Tener a Jesús, el Maestro, en el barco con ellos, no significaba nada para ellos.

Después de que Jesús calmó la tormenta, regañó a los discípulos por su temor y falta de fe. Esto indica que Jesús había esperado que ellos hubieran crecido, y se chasqueó por lo que evidentemente era la ausencia de crecimiento (en el peor caso) o su aumento lento (en el mejor caso).

Cuando los discípulos vieron el poder de Jesús sobre los elementos, estuvieron sorprendidos y se preguntaban entre sí: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4: 41). La primera parte del pasaje los describe aterrorizados, llenos de pánico, lentos para comprender el poder de Jesús. Al final, los discípulos exhiben un temor reverente y admiración. ¿Lo llena de admiración y reverencia el poder de Dios en su vida?

Compare y contraste la respuesta de Jesús a la tormenta con la de los discípulos. ¿Ha crecido su discipulado hasta el punto en el que puede dormir en medio de una tormenta? ¿Qué hará usted para asegurarse que su discipulado produzca mejores resultados que los que tuvieron los primeros discípulos de Jesús?”

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