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Vídeo Reflexivo: “El Niño Jesús regresó a Nazareth”.

Grabado el viernes 08 de enero de 2009.

Trasladado a la red el lunes 02 de febrero de 2009.

Comentario de Mervy Enrique González Fuenmayor

Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

LAS SIGUIENTES LÍNEAS DE MI AUTORÍA, pero ya utilizadas como parte de un artículo que escribí hace poco tiempo, fungen como explicación e introducción al presente Video Reflexivo, el cual nos permite inferir que el regreso de Jesús posee diversas proyecciones e interpretaciones, que ojalá el Espíritu Santo nos permita discernir:


“La interrogante que encabeza este artículo a modo de título, no es de reciente data, además la referida interrogante debe vincularse necesariamente con otra atinente a preguntarse sobre la existencia de Dios mismo, por ello antes de abordar el tema sobre la doble identidad de Jesús como hombre y como Dios, es menester estar sobreseguro de la existencia de Dios, por ello le dedico estas breves líneas a tal asunto, ya que en algunos otros títulos de mi producción intelectual he analizado éstos a aspectos, no obstante reitero la reflexión sobre la existencia de Dios ¿Realmente existe Dios?. Esta pregunta ha venido rondando la mente del Hombre desde que tuvo conciencia de su propia existencia, de sus vacíos, de la necesidad de encontrar las respuestas trascendentales de su vida y fundamentalmente las vinculadas con él: ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Por qué?, ¿Para qué?, ¿Dónde?, ¿Cuál?, ¿Para dónde?, etc. Y dentro de esas grandes, importantes y complejas interrogantes nos encontramos con una que es sustancial a la existencia, esencia, origen y destino del Hombre. Por supuesto se trata de la existencia de Dios como Creador del Hombre. Esta ha sido suficientemente debatida y además respondida no solamente desde el punto de vista teológico sino también desde el punto de vista racional y por ello ya hoy ha perdido casi sustancia, la inquietud, pregunta o búsqueda de los argumentos demostrativos de la existencia de Dios. Es tan evidente la ratificación de la existencia de nuestro buen Dios que las investigaciones científicas desarrolladas con ocasión de los viajes planetarios, arrojan como resultado una profunda convicción en la existencia de un ser superior o cuando menos de una fuerza, de una energía o de alguien o algo que constituye el principio de la Vida. De tal forma que poco importa que nombre hayas escogido tu para referirte al señor, a Dios, a YAHVÉ.

Otros problemas plantean las respuestas que pueda ofrecerse a la interrogante que encabeza este artículo: ¿Por qué Cristo puede ser Dios? Precisamente en los mismos términos se efectúa la pregunta el autor Herbert Madinger y para asegurarnos de sus afirmaciones y no errar en las mismas, con vuestra licencia, aquiescencia y consentimiento, me auxiliaré una cita que algunos de sus fragmentos te he extraído de su obra Cien Preguntas a los Católicos (Editado por EDICIONES PAULINAS, Caracas. Venezuela. 1991. p 133-135) Veamos los detalles de su percepción, reflexión y criterio, los cuales comparto en su totalidad:

“Jesucristo se nos presenta como un hombre completo, de carne y hueso, traído al mundo por una madre, acongojado hasta la muerte, agotado, sudando sangre, con una voluntad humana propia. Más aún: Él hasta tiene que luchar para someter esa voluntad humana a la voluntad del Padre: “…pero no se haga mi voluntad, si no la tuya” (san Lucas 22:43) Jesucristo es un hombre auténtico que se hizo en todo igual a nosotros, exceptuando el pecado.

(…)

“Pero Jesucristo se nos presenta también al mismo tiempo como el Dios eterno. Él se denomina asimismo el hijo eterno de Dios, que bajó del cielo y que existía ya antes de que existiese el mundo. Tan sólo en calidad de Dios eterno puede perdonar él los pecados y unir a los hombres con Dios por medio de su cuerpo de su sangre. Únicamente como Dios eterno puede tener él aquella y omnisciencia y omnipotencia que le convierten en juez del universo. Solamente en calidad de Dios eterno tiene el derecho a exigir de los hombres: “Quien ama su padre mas que a mi no es digno de mi (san Mateo 10:37). Tal como dicen los teólogos, en la persona de Jesucristo existen evidentemente dos “naturalezas” distintas: humana y divina”.

(…)

“En ambos casos, Cristo dice: “YO”. Jesucristo dice “YO” cuando habla como el hombre que tomó carne de María. Pero del mismo modo, Jesucristo dice “YO” cuando habla como el Hijo eterno del Padre, nacido de Dios desde la eternidad. Por lo tanto mediante ese “YO” se juntan y se unen las dos naturalezas de Jesucristo: un misterio impenetrable.”

(…)

“Los teólogos llaman: “UNIÓN HIPOSTÁTICA” a la unión de las dos distintas naturalezas en el “YO” de Cristo, es decir en la persona de Jesucristo. La palabra griega: “hipostática” es voz que significa “personal”. Por lo tanto la expresión “UNIÓN HIPOSTÁTICA” quiere aclarar que las dos naturalezas de Cristo están reunidas en el “YO”, o sea en la persona de Jesucristo. Por lo mismo el Hijo de Dios adoptó una naturaleza humana en su “YO” eterno. Ese “YO “, ese Dios eterno, no ha experimentado cambio alguno por ello”.

(…)

“Este misterio es sólo accesible a nuestra fe. No obstante, podemos comprender hasta cierto punto este misterio es la profunda experiencia de la oración, experimentando también al mismo tiempo que el ser humano “se une” a Dios en la oración profunda, en la oración mística. El Hombre se vivencia como una gota de agua que se fusiona con el vino uniéndose estrechamente a él. El rezador se vivencia a si mismo como un trozo de hierro puesto al fuego de Dios y uniéndose a ese fuego divino, en tal modo que ya no puede ser diferenciado del fuego. Es decir que él conserva su naturaleza férrea, pero ha adquirido a la vez la naturaleza del fuego. Aquí el hombre vivencia como una corazonada su “participación” en la naturaleza divina (2ª carta de san Pablo 1:4). Sin embargo la gracia de nuestra “participación” en la naturaleza divina es solamente un débil reflejo de aquella unión mucho más profunda aún entre la naturaleza humana y la divina en la persona de Cristo. Esa unión la hemos de vivenciar en un modo más íntimo aún en la plena contemplación espiritual de Dios, estando unidos a Dios. La gracia que ahora es solamente un “pago a cuenta” de aquella plena participación de la naturaleza divina, debe arder en un auténtico incendio. Después entenderemos de una manera más honda aún en qué modo inimaginable está unida con Dios la naturaleza humana de Jesucristo. Cristo, que es Dios mismo, sigue siendo para nosotros, un misterio impenetrable. Pero hoy sabemos que todas las realidades últimas y más profundas se sustraen a nuestra imaginación y a nuestro entendimiento. No podemos tocar con nuestras manos el misterio de Cristo. Sólo podemos aguardar a aquel instante en que la fe se sumerge en la contemplación. Cristo es uno solo y, a pesar de todo, hombre y Dios”.

(MADINGER, Herbert. Citado por GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique en La Nota Corta: ¿Por qué Cristo puede ser Dios? SPE / SPI. 2008 Disponible en http://www.inemegf.blogspot.com).

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