La Nota Corta: “Reputación cuestionada… ¡Agua derramada!”.
Por Mervy Enrique González Fuenmayor.
Redactada el martes 14 de abril 2009
Publicada en la Red el domingo 26 de abril de 2009.
Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.

LO MÁS FÁCIL EN UNA CONVERSACIÓN es destruir la reputación, el honor y el patrimonio moral de una persona. Suele ocurrir en las diversas conversaciones que se dan, bien cuando acudimos a alguna fiesta, a reuniones de tipo social, de tipo académico o de cualquier otra especie. Somos muy ligeros al momento de calificar, apreciar y valorar las conductas, actitudes y hechos de otras personas. No medimos la gravedad de lo que estamos haciendo ni de lo que le pueda ocurrir a esa persona de la cual estamos hablando o sometiéndola al escarnio público. Ojalá fuésemos así para calificar lo positivo, lo meritorio, lo favorable, lo agradable de otras personas. Es más fácil destruir que construir. Esta desafortunadamente es una de las grandes verdades de nuestro tiempo. Por ello debemos ser muy cuidadosos cuando nos toque responder acerca de la conducta, la actitud, los valores y forma de conducir de nuestros amigos, de nuestros vecinos o de otras personas. Nuestro filamento lingual es muy rápido y veloz para la crítica artera y por el contrario es lento, pausado, llegando casi a la parálisis, cuando se trata de corroborar, acentuar, divulgar y refrendar el ejemplo, los valores, la ética, la justicia y la conducta paradigmática de nuestro prójimo. El honor de las personas es su patrimonio de mayor valor. Y así como no nos gusta que se refieran a nosotros utilizando epítetos, maledicencias, murmuraciones y que nos coloquen en el banquillo de los acusados y bajo el escrutinio recriminatorio de la sociedad, de esa misma manera debemos evitar arrojar la sombra de las dudas, de las falsas imputaciones, de lo falsos rumores y de las medias verdades sobre nuestro prójimo. Debemos pedirle al Señor que mantenga nuestra lengua aletargada y adormecida cuando nos toque referirnos a los demás, lo mismo que conserve nuestra mente, racionalidad, espíritu y cuerpo siempre en santidad, para no cometer errores de lo cuales tengamos que arrepentirnos después… ¡Animo! ¡Gozo! ¡Alegría!
(Tomado de GONZÁLEZ FUENMAYOR, Mervy Enrique. Comentario al Vídeo Reflexivo: Respetar el honor ajeno. SPE/SPI 2008. Disponible en http://www.inemegf.blogspot.com).





