Oración: “Enséñame a ser hermano”.
Por Mervy Enrique González Fuenmayor.
Tomada de su versión original del martes 15 de julio de 1997.
Trasladada a la red el domingo 5 de abril de 2009.
Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.
(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).
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— ORACIÓN —
Dame un corazón grande para amar.
Todo momento es paso
y gracia de Dios que cura y sana.
¿Quién dicta el calendario del amor?
El sol regala al día la luz
que fragua en sus entrañas,
dando amor se despierta
y dando amor descansa.
Ilumina señor mi entrega,
con el calor de tu Palabra.
Hazme sencillo, Señor.
Cada mañana admiro
la humildad cariñosa de la aurora.
Realiza su misión
y deja caminar al día.
Enséñame señor Jesús,
a caminar con alegría y sencillez.
Enséñame a ser hermano.
Qué bello es ser amigo,
ser simplemente amigo.
Vivir con alegría humana.
Amar con atención sincera.
Ser luz, ser sal.
Ser fuente de agua,
dar vida al caminar
y ser como el ocaso
que muere de amistad.
Llévame a tu casa, Señor.
Qué gozo despertar
con esta luz de carne humana,
me siento sobre tus hombros
oveja rescatada.
Qué insondable tu amor conmigo.
Me buscas, me perdonas
y me salvas.
Gracias, Señor, por la alegría
de sentirme camino de tu casa.
Amén y amén.
— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —
CUANDO GLORIFICAMOS Y SANTIFICAMOS AL SEÑOR, y sostenemos con Él una conversación que está matizada por la paz, el amor y la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, todo un torrente de ternura de misericordia, de cariño, de paz, de tranquilidad y de sosiego nos toma suavemente, nos ilumina y nos da sabiduría, discernimiento, fuerza y mucha paz para poder iniciar el camino del tiempo y también para poder llevar sobre nuestros hombros, con el auxilio del Señor y con la intercesión de nuestra madre la virgen María, cualquier adversidad y pena. En este momento, hermano y hermana que me lees, le hemos requerido al Señor que nos enseñe a ser sal, pero también que nos enseñe ser fuente de paz, que nos enseñe a ser hermano, que nos enseñe a amar al prójimo como a nosotros mismos y a amar al Señor por encima de todas las cosas. Por ello amarás a quien se cruce en tu camino. Señor Jesús, cercano amigo, tú nos enseñaste a dar buena respuesta a la pregunta ¿Quién es mi prójimo? En tu parábola del buen samaritano aprendimos que el prójimo era el cercano necesitado. El que teníamos a nuestro lado. El que transitaba por nuestra vereda. Ese samaritano bueno tiene que haberse sentido feliz al poder ayudar a un judío herido y en desgracia. ¿Cuántos hay en mi camino que necesiten un prójimo?¿Cuántos hermanos se me presentan como posibles prójimos míos ¿Por qué a veces me afano en ayudar a los que están lejos, olvidándome de mi familia, de mis amigos, de mis compañeros de trabajo? Señor Jesús, amigo cercano, la calle está llena de hombres tristes. Concédeme la felicidad de ser su consuelo. La calle, Señor, está llena de hombres violentos, concédeme la felicidad de ser su paz. La calle está llena de hombres pobres, concédeme, Señor, la felicidad de ser su riqueza. Señor Jesús, cercano aun de los lejanos, dame la felicidad de llevar un poco de ternura a los corazones endurecidos, dame la felicidad de ser cercanía para quienes viven lejos de todos. Dame la felicidad de ser paño de lágrimas para muchos corazones tristes. Dame la felicidad de ser esperanza teniéndote en mis labios para quienes han desesperado de tu padre y de los hombres. Dame la felicidad de ser hogar, de ser fuego para quienes han enfriado su amor. Señor Jesús, tú abriste tus brazos en la cruz para abrazar al mundo entero. Dame la felicidad de caber en tu abrazo y dame la felicidad de saber abrazar bien a otros. ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!
— NOTA DEL AUTOR —
AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.





