Oración: “En la Comunión, Jesús es El Buen Pastor”.
Por Mervy Enrique González Fuenmayor.
Tomada de su versión original del viernes 05 de septiembre de 1997.
Trasladada a la red el sábado 10 de enero de 2009.
Ciudad y Municipio Maracaibo del Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur.
(Fragmentos elegidos de la sección: “MERVY GONZÁLEZ ESTÁ CONVERSANDO CON…” que formó parte de un programa radial en el que participó como conductor por espacio de cuatro años aproximadamente: 1996, 1997, 1998, 1999, que se trasmitía en una estación radioeléctrica ubicada en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, República de Venezuela, América del Sur).
— ORACIÓN —
Te descubro hoy, Jesús, Salvador mío,
mi debilidad para que la cures,
con el remedio inefable de tu suavísimo Sacramento.
Tú sabes, Señor, con cuánta facilidad
reincido en mi conducta pecaminosa.
Tú sabes, Señor Jesús, que mis pecados se han multiplicado
como las arenas del mar y me oprimen con su gran peso.
Pero Cristo, tu Sacramento es el alimento que nos has dejado
para fortalecer nuestro espíritu, nuestra vida.
Tu Sacramento, Señor Jesús, es remedio para la enfermedad
de nuestra naturaleza, que es el pecado.
Éste sacramento, Señor, que instituiste
a fin de que podamos subir
a tu Santo Nombre y hasta tu Monte Santo.
Dame Señor pues el gusto y el amor de la Santa Comunión.
Haz que yo suspire todos los días de mi vida por este pan celestial.
Enséñame a distinguir su espiritual sabor,
para que mi alma encuentre en él,
el gusto anticipado de las eternas delicias.
Amén y amén.
— APLICACIÓN A NUESTRA VIDA —
En la Comunión recibimos el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Pero a veces no logramos comprender la trascendencia de esa Comunión, de ese recibir la hostia consagrada. A veces también no lo involucramos entre los actos del Ser Humano que en esta vida terrenal son quizás los más importantes: la limpieza de nuestros pecados y la redención de los mismos, por intermedio de la hostia consagrada, pan y alimento de vida, de vida eterna. Jesucristo en el Santísimo Sacramento, hermano y hermana que me lees, es El Buen Pastor. “Yo soy El Buen Pastor” dice nuestro Divino Salvador en su Evangelio, y en efecto sólo Jesucristo ha sido y es para nosotros el pastor amable que llegó hasta dar la vida por sus ovejas. Él nos ha enseñado la celestial doctrina que trajo del seno de su Padre, con ella alimenta e ilumina nuestra inteligencia, que no puede vivir sino de la verdad de Dios. Nos encontró perdidos y nos atrajo con las invitaciones de su amor y para que pudiéramos vivir, dio él su vida por nosotros. Después que nos hubo resucitado con su sacrificio, nos preparó en la Santa Misa el divino pasto que debía sostener y aumentar en nosotros su gracia. Este pasto inmortal, no fue nuestro pastor a buscarlo en otra parte, sino que quiso que fuese su propio cuerpo y su propia sangre. ¡Oh prodigio inaudito!, ¡oh maravilla llena de dulzura y suavidad! Nadie hubiera podido concebir tal exceso de amor; solamente pudo caber en el corazón de Jesucristo y ser realizado por su omnipotencia. En el Santísimo Sacramento conocemos pues que verdaderamente Jesucristo es El Buen Pastor, el que aquí nos apacienta, vela sobre nosotros y nos discierne. ¿Cuántas veces, hermano y hermana, has despreciado tú al Divino Pastor de tu alma y has visto con repugnancia el alimento que su caridad infinita te había preparado? Te han agradado más los falsos pastores, los pastores mercenarios, que tenían su interés precisamente en extraviarte y perderte, y has saboreado con delicia culpable los pastos envenenados que ellos te ofrecieron. Pero hermano y hermana, si no has caído todavía en el abismo de la muerte eterna, aún asumiendo aquella conducta, es porque El Buen Pastor, nuestro Señor Jesús, ha querido esperarte con paciencia. ¡Vuelve!, ¡vuelve oveja descarriada, que Jesús nuestro Señor te tomará, te pondrá sobre sus hombros y te llevará al aprisco! ¡ÁNIMO!, ¡GOZO!, ¡ALEGRÍA!.
— NOTA DEL AUTOR —
AMIGOS Y AMIGAS, esta oración con comentario incluido, forma parte de una larga lista de ellas y que movido por el Espíritu Santo, ofrendaba al Señor de Lunes a Viernes a las siete de la mañana, en un programa radial de opinión, en el que participaba en compañía de una periodista, en el cual mi persona le dedicaba tres minutos o más (dependiendo de la Producción y/o de Máster) a orar y analizar esa oración aplicándola a la cotidianidad de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, tragedias, tribulaciones, bonanza, prosperidad, bienestar, etc. Todo con la intención de establecer como verdad aquella según la cual Dios siempre está con nosotros, que todo lo que nos ocurre es para bien, que existe un plan o proyecto de salvación para cada uno de nosotros diseñado por el mismísimo Dios, cuyo cumplimiento, decisión y elección depende de ti. Así que —parafraseando la escritura bíblica— “DIOS NOS HIZO SIN NUESTRO CONSENTIMIENTO, PERO NO NOS SALVARÁ SIN QUE LE OFREZCAMOS ESE CONSENTIMIENTO”. Es decir, nuestro permiso y autorización. El Señor es un caballero, y estará siempre a las puertas de nuestro corazón, para que le abramos y que pueda entrar para guiar nuestra vida y ofrecernos su santidad, gozo, alegría, discernimiento, sabiduría, y sus infinitos dones espirituales y materiales.







que era jovén conoci jesús por leer la palabra que la Biblia entonces cresi y ore, cante para su obras que mi Señor Jesus entonces es cojido como Siervo ó dispulo para crer sus palabras que Dios me en comenado comigo estoy siguiendo los caminos de su verdad.